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Dirigentes de la Corriente CCURA enviaron un documento a la Comisón Promotora del PSUV en donde solicitan ser parte de esta organización en proceso de construcción. En este documento fijan posicón sobre las visiones que tienen sobre el socialismo del Siglo XXI, sobre la conformación del PSUV y la forma democrática de constituirlo. A continuación el texto de este documento:
Caracas, 20 de marzo de 2007
Compatriota Hugo Rafael Chávez Frías Camaradas de la Comisión Promotora del PSUV
Reciban ante todo un saludo clasista, socialista y bolivariano por parte de los trabajadores y dirigentes sindicales que formamos parte de la “Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma” (CCURA) de la Unión Nacional de Trabajadores. Como nos habíamos comprometido en la reunión, que la semana pasada tuviera nuestro vocero nacional, Orlando Chirino, con integrantes de la Comisión Promotora, les hacemos llegar algunas de nuestras opiniones y propuestas sobre el Socialismo del siglo XXI, la conformación del PSUV, sus fundamentos, funcionamiento interno y formas democráticas para su constitución.
Pretendemos, con este material, darles una primera y modesta idea sobre el conjunto de estos temas, que en sucesivas reuniones, eventos, nuevas cartas o documentos, desearíamos desarrollar más a fondo. Estamos abiertos a escuchar sus ideas y comentarios, al igual que los planteamientos de otras fuerzas sociales y organizaciones que hacen parte del proceso revolucionario, con el propósito común de contribuir con propuestas para la construcción una organización política que sepa conducir la conquista de la Venezuela Socialista que soñamos.
El aporte de este material se asienta en el hecho de que nuestra corriente sindical, en sus plenarios de enero y febrero de este año 2007, votó y ratificó sumarse al proceso de construcción y a todos los debates en torno a la conformación del PSUV. Cumpliendo con esa decisión, traemos nuestras opiniones y las ponemos en debate. Mientras tanto, seguimos cotidianamente en nuestra actividad de lucha y organización sindical, esforzándonos por restablecer el marco unitario al interior de la UNT, tarea en la que debemos continuar conjuntamente con nuestra acción política, por la responsabilidad que tenemos con los trabajadores del país, así como para la defensa y profundización del proceso revolucionario.
Nuestra visión sobre el socialismo
Es evidente, que tras más de un siglo de luchas y experiencias de quienes levantamos las banderas del socialismo, no hemos llegado aún a derrotar al capitalismo. Este sistema decadente todavía domina el mundo y lleva a millones de personas a la muerte, el hambre, la desocupación, la destrucción de la naturaleza y otros males que sufrimos millones y millones de seres humanos, aunque los pueblos nunca desisten en su batallar y estamos seguros de que estamos ahora, y muy especialmente con la revolución bolivariana y latinoamericana que está en curso, en excelentes circunstancias para avanzar con éxito en esa dirección. De las experiencias socialistas del siglo XX hay muchas cosas positivas para rescatar, mas también muchos errores, déficits y traiciones, que necesitamos superar. Ningún movimiento revolucionario puede ignorar las bases que otras generaciones han levantado. Pero tampoco puede quedarse en ellas, sino que es necesario superarlas, apoyándose en lo positivo y marcando a fondo todo lo que consideramos ajeno a la lucha por el socialismo, aunque se haya realizado en su nombre.
Desde esta perspectiva es que, en primer lugar, seguimos creyendo que el socialismo que necesitamos construir en este nuevo milenio, debe basarse en la fuerza de las mayorías y en las organizaciones democráticas de los trabajadores, los campesinos y los sectores populares. Ningún otro sector social dominante, ni capas burocráticas, ni políticos profesionales puede sustituir a la gente del pueblo que construye el país todos los días, y quienes a la vez son los que sufren los males cotidianos del capitalismo.
En segundo lugar, creemos que en la lucha por avanzar al socialismo, debemos impulsar, apoyar y respetar el despliegue de la iniciativa del pueblo con su poder creador, la mayor organización democrática posible de sus organizaciones de base, la más amplia difusión de las propuestas, ideas y proyectos que emergen desde abajo, y el respeto por la autonomía de todas estas organizaciones, donde el Estado Socialista que queremos construir esté al servicio de ellas, como expresiones del poder del pueblo, y apoyado en ellas, para que vayan suplantando a las viejas instituciones burguesas que todavía hoy dominan al Estado de nuestro país. Estamos hablando de las organizaciones sociales, de distinto tipo, obreras, campesinas, populares, indígenas, medios comunitarios y alternativos, comités locales que se desarrollan en los barrios y se agrupan en los Consejos Comunales, los organismos de los trabajadores que ocupan y controlan fábricas cerradas por los patronos, etc.
El Presidente Chávez dijo en un Aló Presidente, semanas atrás, que “hay que construir un Estado, pero no burgués, sino obrero, campesino, social”. Para eso debemos elevar el poder de las organizaciones obreras, populares y comunales, por encima de las instituciones existentes, para que sean ellas quienes pasen a tener el poder de decisión ante cada hecho fundamental de la vida política, económica y social.
No es nuevo el peligro que se cierne sobre el proceso revolucionario y el proyecto socialista, que le demos importancia a todo lo referente al burocratismo en el Estado, los partidos, los sindicatos y otros ámbitos. De la experiencia de otras revoluciones, surge con claridad que el burocratismo, el autoritarismo, el control militar desde el Estado, las persecuciones y la “satanización” de las opiniones diferentes y otros males, han sido algunas de las causas fundamentales del fracaso de revoluciones como la Rusa y las del Este Europeo. Y parte de esto se vive aún hoy –por tomar un ejemplo actual- también en China.
En nuestra novel revolución también sufrimos a diario fuertes elementos de burocratismo, de corrupción, de intentos de controlar la sana iniciativa del pueblo. De su seno brotan frecuentes denuncias. El propio presidente Chávez lo ha advertido. Seguramente el Presidente Chávez lo habrá sentido en sus recorridos por el país y en la última campaña electoral. Lo sienten así quienes participan en las comunidades en los Consejos Comunales, lo sentimos así nosotros en la vida sindical cuando funcionarios del estado irrespetan derechos constitucionales y laborales, o los campesinos cuando no se respetan sus derechos sobre la tierra.
La combinación del impulso a la autodeterminación de las organizaciones de base, y la lucha frontal contra todo indicio de burocratismo, corrupción y parcelas de poder, es necesaria e imprescindible para la victoria de un nuevo modelo socialista en Venezuela. Los dirigentes de nuestra corriente aspiran ser parte de toda instancia y propuesta que ayude a derrotar este flagelo.
En tercer lugar, la definición de las relaciones de producción es otro hito crucial para avanzar al socialismo. Aunque el presidente ha manifestado su opción por el predominio de formas de producción con propiedad social o colectiva, y hay avances significativos, como las recientes nacionalizaciones; hoy por hoy, todavía no hemos roto con la gran propiedad capitalista en Venezuela y hay quienes debaten sobre la coexistencia de la propiedad Estatal, social y privada (sin detallar los límites de su magnitud) en la transición al Socialismo del Siglo XXI. Vivimos un proceso complejo, no exento de problemas, como todo lo referente a las trabas que surgen en la aplicación de la cogestión, en el control de los trabajadores en la producción o las contradicciones del cooperativismo. Partiendo desde el estadio actual, deberíamos avanzar progresivamente hacia la eliminación del poder de los grandes grupos económicos, de las grandes industrias privadas, a un cambio radical del sistema financiero actual, a la eliminación del latifundio en el campo y también del poder de los medios privados de comunicación, sustituyéndolo por formas de propiedad en las que intervenga el Estado, con control de los trabajadores y control comunitario o donde la propiedad esté directamente en manos de la colectividad.
Aquí también vemos importante tomar elementos de la experiencia del siglo XX. Si Cuba logró vencer el hambre, y elevarse hasta los mejores sistemas de salud y educación, no se puede negar que necesitó poner el conjunto de sus riquezas bajo una planificación socialista. Bajo las mismas medidas, en los comienzos de la revolución China, se derrotó el hambre milenario del gigante asiático. Iguales medidas tomó la Revolución Rusa para conseguir la paz, vencer el hambre y salir del atraso zarista del que provenía y de las desastrosas consecuencias de la primera guerra mundial. Está es sin duda la parte victoriosa y exitosa de estas experiencias, que no puede ser negada por la aparición de ningún tipo de deformación simultánea o posterior.
Como contrapartida, todas las experiencias que se quedaron a mitad de camino, terminaron por reestablecer un dominio burgués y profundizar los niveles de miseria. La revolución sandinista fue, lamentablemente, un ejemplo cercano. No existió decisión o comprensión de la necesidad de avanzar, y donde no avanzan los trabajadores y los pueblos, se recomponen las fuerzas del capitalismo. Eso condenó a Nicaragua a ser uno los países más pobres del continente, independientemente de la apertura de una nueva etapa política con el retorno de Ortega y del Sandinismo, después de bastantes años. El peronismo en Argentina, que partió hace más de 50 años de fuertes medidas nacionalistas, tampoco pudo trascender al sistema. Quedó atado a la estructura capitalista, no rompió con ésta, y se transformó en un gran aparato burocrático a nivel de los sindicatos y el partido. El capitalismo argentino hoy, sigue haciendo padecer a las mayorías todos sus males. Valga un último ejemplo, sobre el sistema impuesto por el Partido Comunista Chino, que acaba de votar igualar los derechos de la propiedad privada con la propiedad social y estatal. No es un avance, sino un retroceso a una concepción de derecho capitalista. Esto, lamentablemente, lo pagan a diario los millones de chinos que viven en zonas especiales, bajo un régimen de trabajo semi-esclavo.
En cuarto lugar, es evidente que la conformación de una organización política revolucionaria, sigue siendo una necesidad real para la lucha por el socialismo. En estos años pasados hemos visto como los partidos del Bloque del Cambio no han podido ser los motores más positivos en cuyo seno el pueblo se organice; más bien, por el contrario, la gran mayoría los sigue viendo como cúpulas alejadas de sus intereses, independientemente de que hayan servido para canalizar los votos que le pertenecen al presidente Chávez. Mal podríamos enfrentar a las fuerzas del imperialismo y el capitalismo sin un cambio rotundo en materia de organización política.
La razón de un partido revolucionario unido, debe ser organizar, formar y orientar con dirección política el combate de las masas contra la opresión capitalista e imperialista, ser espacio democrático para la expresión y la síntesis de sus ideas en función de la revolución y de la transición socialista, del desarrollo de su participación y ser forjador de la contundencia de su acción como fuerza social transformadora. Pero de la misma manera que tenemos esa visión del partido, creemos que la acción del gobierno que ha de responder a ese partido, debe afincarse en la participación y consulta más plena, con verdadero peso en la toma de decisiones, por parte de las organizaciones sociales y populares de los trabajadores, campesinos y demás sectores que luchan, no sólo en el plano local-comunal, sino en la determinación del rumbo de las políticas nacionales e internacionales.
Para terminar, todo lo referente al saber, a la concientizacion, al estudio y la construcción de una moral revolucionaria es imprescindible. Así como saludamos el comienzo del tercer motor “Moral y Luces” creemos necesario no demorar el debate sobre la jornada de las 6 horas de trabajo, que no solo permitiría elevar la cantidad de trabajadores en actividad, sino también dar lugar a que los más postergados, puedan comenzar a acceder a nuevos saberes y a realizar sus propios aportes en el debate.
En resumen vemos necesario elevar a fondo el motor “Explosión del Poder Popular”. Jerarquizar dentro del mismo a los trabajadores como motor decisivo por el rol que juegan dentro de la revolución al tener en sus manos la producción del país. Vemos necesario dotar del mayor protagonismo a todas las organizaciones obreras y populares respetando sus decisiones. Y vemos imprescindible la práctica de la más absoluta democracia revolucionaria, y un conjunto de medidas políticas que trastoquen y debiliten progresivamente el poder capitalista hasta el momento del salto cualitativo definitivo.
El PSUV, su composición y funcionamiento interno
Sin duda este es un tema en el cual hay entre los trabajadores muchas dudas, debates y también propuestas. Son muy insipientes las opiniones hasta ahora vertidas. Partimos de no tener claridad sobre qué funcionamiento se busca. Sí hemos escuchado a Chávez -y compartimos- que en primer lugar sean las bases quienes elijan a los dirigentes.
Pero antes de desarrollar nuestras opiniones al respecto, creemos necesario abordar un tema importante: ¿Quienes van a componer el nuevo partido? No nos referimos a qué individuos, sino qué clases y sectores sociales serán los predominantes. En nuestro caso particular, fruto de la experiencia de décadas de lucha, no tenemos duda en considerar que el nuevo partido socialista, debería estar conformado fundamentalmente por los trabajadores, por los sectores populares y los campesinos. Es decir, los excluidos de siempre, así como debería de contar con la presencia militante de los intelectuales y profesionales comprometidos con el proceso, y la juventud, tan vigorosa y necesaria para un proyecto revolucionario, así como los sectores militares comprometidos a respetar y ponerse al servicio de las decisiones de la mayoría del pueblo.
No creemos ni útil ni acertado que haya sectores de capitalistas o latifundistas que lo integren. Si algo está comprobado por la historia, es que fuerzas antagónicas al pueblo no conducen al socialismo, sino que terminan debilitando y desmoralizando a los sectores sociales más desposeídos. Lo mismo sucede ante la burocracia. Creemos importante que, como una muestra convincente de querer construir algo distinto, apuntemos a alejar desde el principio a los dirigentes y militantes incursos en casos de corrupción o a quienes por los hechos hayan demostrado que exhiben las conductas típicas de burocratismo.
Sobre el funcionamiento interno, necesitamos una organización que sea lo suficientemente sólida para enfrentar a todos los enemigos de la revolución. Hace falta un partido que sea capaz de transformarse en instrumento de la lucha general por el socialismo, y de las luchas cotidianas de todos los sectores sociales de la revolución. Pero para encontrar esa solidez, se necesita una primaria conciencia de clase, de una ubicación anti imperialista, dentro de un régimen interno donde cualquier diferencia de criterio no se puede arreglar a partir del autoritarismo, del control desde arriba, de la censura, sino desde la democracia y el debate como base para la disciplina.
Pretendemos una organización donde exista la más absoluta democracia interna para expresar las ideas de cada uno, para el debate, para la construcción de acuerdos y para poder manifestar también las discrepancias. El socialismo, y la organización política que pretende ayudar a su concreción, no son sinónimos de pensamiento único sino de contraste de opiniones, de elaboración colectiva, de síntesis democrática forjada en la diversidad revolucionaria. Donde hay pensamiento monolítico es porque no hay un régimen interno que permita expresarse libremente. Lo mejor para las revoluciones son las organizaciones donde el pueblo se siente protagonista, donde puede opinar y decidir. O al decir de Lenin “luz, luz, y mas luz”. La mayor información para todos, la mayor libertad para opinar sobre todos los aspectos de la organización que uno elije construir.
Existe hoy un debate con los dirigentes de varios partidos que no se animan a disolver sus estructuras. Se ve en ese accionar que pretenden cuidar sus parcelas de poder, adquiridas en estos años. Repudiamos cualquier intento de proseguir con esa forma de hacer política. Más este hecho cierto no puede esconder otro también real: en un partido democrático y revolucionario debe existir el derecho a defender opiniones, a organizarse entre quienes tienen posturas comunes para apoyarlas en el debate, a poder expresar interna y públicamente lo que se opina. Nadie puede estar obligado a juntarse con otros dentro del partido, en torno a determinadas ideas o concepciones; pero tampoco nadie puede estar obligado a no hacerlo si lo cree mas conveniente, como una forma lícita de realizar su aporte para una elaboración política común. Sobre la base de un partido común y del respeto a las posiciones mayoritarias y minoritarias, pueden y deben existir formas internas democráticas que eviten que sectores con algunas divergencias tengan que quedarse por fuera.
Sobre la forma de elección de los nuevos dirigentes -como decíamos mas arriba- partiríamos de reivindicar la propuesta de que sean las bases quienes decidan democráticamente y a través de su voto. Apoyamos que se realicen en las comunidades populares y de los sectores medios, elecciones para elegir a los dirigentes. Pero queremos también traer aquí un aporte y propuesta. En nuestro caso -y creemos que en otros como pueden ser los Profesionales y Técnicos, los estudiantes, etc.- no puede aplicarse exclusivamente la elección territorial (por circuitos electorales), por la naturaleza de la organización y de los liderazgos en el movimiento obrero, que no se expresan necesariamente dentro del ámbito comunal, por lo que la elección de los voceros del sector social y productivo de los trabajadores, debería ser, en nuestros lugares reales de trabajo, actividad política, sindical y social. En este sentido es que proponemos que junto a las elecciones en las comunidades, los trabajadores y profesionales y técnicos, podamos organizar elecciones en nuestros lugares de trabajo (o en las respectivas zonas) y organizaciones, para elegir ahí los voceros o dirigentes políticos, vinculados a los gremios o sindicatos, para el nuevo partido. Sería la forma más democrática de construir un verdadero y democrático protagonismo. Además, incluiría realmente a esos liderazgos, en lugar de separarlos de su base real, o dispersarlos en el escenario de los circuitos territoriales, al sacar la elección de las fábricas, centros de trabajo o espacios sindicales y gremiales. El resultado sería que el partido no tendría en su dirección a los verdaderos líderes de sectores importantísimos, como por ejemplo las industrias básicas, la petrolera o el movimiento sindical organizado, puesto que su escenario primordial está en el centro o sector de trabajo o producción, en las instancias sindicales, y no en los lugares donde los trabajadores residen. No tomar en cuenta esto descompensaría políticamente el peso social y productivo de los trabajadores en las estructuras del partido, lo haría menos obrero y le restaría al partido su verdadera capacidad de incidencia sobre sectores claves. Por ejemplo, el campesino y el indígena van atados a la tierra, tanto en vida como en trabajo, pero hablar de “trabajadores” es hablar, sobre todo, de los medios de producción.
Sobre el método para ir construyendo y decidiendo
Para terminar, tenemos por delante meses muy importantes. Habrá el 24 de marzo un primer acto donde esperamos participar e incorporar a promotores de los trabajadores.
Creemos que el informe de todas las reuniones y los escritos que la Comisión Promotora ha recibido estas semanas, tendrían que hacerse públicos y ser repartidos –al menos un resumen- en todos los sectores sociales y comunales para que todos se sientan parte. Estos informes serían una herramienta durante un período de debate democrático, de asambleas, de reuniones, foros y otras instancias convocadas para tal fin en cada sector social, comunal y político.
Luego, cada uno de estos sectores podría elegir delegados para ir adelantando la elaboración y la discusión, participando de asambleas regionales conjuntas, eventos zonales donde debatir e intercambiar opiniones sobre el programa, el funcionamiento interno y la forma de escoger a la nueva dirección. Posteriormente, recoger todo este período de aportes en un gran evento nacional, un encuentro que podría realizarse en el Poliedro de Caracas, para ir dando forma y resolviendo sobre estos temas.
Finalmente, llegará el Congreso Fundacional de diciembre, que tendría que empezar por tomar en cuenta todo lo debatido previamente, y votar colectivamente todo lo referente a programa y funcionamiento interno. Un Congreso donde todos los sectores que hacen parte del proceso de construcción del nuevo partido estén representados. Tras el congreso, seguirá el debate de ideas y propuestas, para que construyamos una organización viva, dinámica y revolucionaria, con un proyecto definido pero abierta a ir modificando, de acuerdo a la realidad, todo lo que sea necesario.
Las elecciones por la base -donde elegir a los dirigentes- serán una actividad de primera importancia paralela a los eventos de discusión. Una forma democrática de terminar con los dirigentes elegidos a dedo, y que se exprese la opinión del conjunto. Como ya expresamos más arriba, agregamos nosotros la posibilidad de que, en el caso de los trabajadores, se vote en los centros de trabajo y sindicatos, además de en las comunidades.
Nuestra corriente sindical –que evaluamos como mayoritaria dentro de la UNT- pone todas sus fuerzas en la lucha por el socialismo, contra el poder capitalista e imperialista, y en apoyo a las luchas de los trabajadores y sectores populares en todo el mundo. Esta fuerza la ponemos a la disposición para la construcción del nuevo partido si el mismo se va convirtiendo en herramienta útil y democrática para los objetivos socialistas que hemos defendido todas nuestras vidas.
Reciban nuevamente un saludo revolucionario y clasista, quedamos a la espera de nuevas instancias y convocatorias para debatir estos temas.
Por la Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma:
Orlando Chirino – Stalin Pérez Borges – Rubén Linares – Richard Gallardo
(Coordinadores Nacionales de la UNT)
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