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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

(VIDEO) Pedro Pérez Páez en el CIM sobre la Crisis Econónica Mundial: Salida de crisis multidimensional exige transformaciones multidimensionales

Autor:
Fecha de publicación:
Pedro Páez Pérez, ex-ministro de Economía de Ecuador.
Credito: HÉCTOR CASTILLO

6 de julio de 2009.- A finales de 2008 se llevó a cabo una Conferencia sobre la Crisis Económica Mundial, a continuación les presentamos la intervención de Pedro Páez Pérez, Presidente de la Comisión Técnica Presidencial de la República del Ecuador sobre la Nueva Arquitectura Financiera Internacional para la Creación del Banco del Sur:

Quisiera iniciar ubicando ciertos niveles de abstracción en el análisis teórico que hacen referencia a la profundidad y a la gravedad de la crisis, que hacen relación a la magnitud de los cambios necesarios para relanzar el proceso de trabajo: hay unos temas que tienen que ver con depuraciones internas del sistema, las llamadas crisis endógenas, otros que tienen que ver con crisis de carácter “exógeno”, como catástrofes naturales o eventos fruto de comportamientos individuales aislados, pero hay algunos elementos que en la teoría tradicional no han sido enfocados o simplemente han sido dejados de lado y que requieren conceptos intermedios para entender el funcionamiento del modo de producción capitalista en esta etapa de su ciclo vital.  

Creo que nociones como las de modo de regulación y régimen de acumulación son muy convenientes para ubicar la dimensión de los retos que tenemos adelante, el carácter histórico y el sentido de las mutaciones del capital ahora, así como los horizontes políticos que debemos explorar con respecto a los cambios que requiere el sistema.  

No obstante, hay indicios muy graves que hacen suponer que salir de esta crisis multidimensional que vivimos exigirá transformaciones también multidimensionales que ponen en cuestionamiento la lógica esencial del modo de producción capitalista y del propio modo de vida que impera en la actualidad. 

Dadas las limitaciones de espacio, referiré muchas de las reflexiones teóricas que pongo a consideración del lector a ilustraciones empíricas con respecto a EEUU y América Latina, pero las ambiciones son de un horizonte mundial. 
 

Excesos y autodepuración

Hay crisis que, desde lo sintomático, pueden meramente ser asumidas como estragos depurativos del sistema, por ejemplo, al pretender que la crisis es fruto de la “exuberancia irracional”: una serie de especuladores, de agentes financieros, de innovaciones, que van más allá de lo que la cautela recomendaría y que saldrían de los rangos de normalidad. En esa perspectiva, hay un proceso de destrucción creativa provocada por la lógica auto-correctora del mercado contra aquellos segmentos del capital que no alcanzan a cuajar o que no tienen un  comportamiento que aporte al vigor del capitalismo. En un proceso de selección natural, en un proceso darwinista, entrarían a reforzarse ciertas fracciones del capital y ciertos estilos de negocio mientras los otros desaparecen o son castigados.  

Ese proceso de autodepuración, de purga interna del capitalismo, sería, según varias lecturas, un elemento muy saludable para el continuo funcionamiento del sistema. No cabe duda que hay nombres y apellidos concretos que deberían afrontar las acciones penales por su corrupción e incompetencia. A lo mejor la crisis actual pone en el orden del día la eliminación de esos excesos, pero creo que la superación de las tendencias depresivas va a exigir cambios que van más allá de la autodepuración y que atañen, por ejemplo, a lo que desde mi punto de vista podría conceptuarse como un modo de regulación; es decir, al conjunto de instituciones básicas de la economía moderna y de combinaciones de políticas que hacen viable determinadas formas de actuar y de operar del capitalismo bajo un régimen de acumulación específico. 

Crisis del modo de regulación neoliberal

Las políticas neoliberales estarían definiendo la vehiculación de una forma de existir del capitalismo, que marca determinadas tendencias específicas, como respuesta a la tendencia secular de la caída de la tasa de ganancia y como conjunto coherente de alternativas y configuraciones de los mercados que permitan operar en contra tendencia a dicha caída. Entre los elementos institucionales que definen la forma de operar de esos mercados están algunos que son claves como la moneda, las formas de concurrencia, el tipo de relación asalariada, el tipo de relación del capital con el trabajo, el tipo de intervención del Estado en la economía, las formas de inserción y de organización de los mercados internacionales, y por tanto, la forma de operación en el escenario internacional, la forma de operación y de manipulación de la teoría del valor de los espacios nacionales como contraste o como contra distinción a la formación de un espacio de sanción del valor a nivel internacional. El que el modo de regulación neoliberal haya retrocedido en muchas de las grandes conquistas históricas del capitalismo es evidencia de que expresa los síntomas de decadencia del sistema. 

La desregulación financiera, las políticas económicas monetaristas y de flotación cambiaria, la ofensiva contra los sindicatos y la deslocalización industrial, la apertura indiscriminada de la cuenta de capitales y la desgravación arancelaria generalizada, forman parte de un recetario fuera de toda discusión en uno de los procesos de imposición de un pensamiento único más rápidos y exitosos de toda la historia de la humanidad. Es claro que el propio capital necesita dar marcha atrás en muchas de esas políticas, introducir algo de regulación y retomar una versión espuria de “keynesianismo” ligado al oscuro y multimillonario salvataje del aparato financiero y al gasto militar, especialmente.    

Estos elementos estarían presentes en los distintos intentos por relanzar el crecimiento económico en varias naciones independientemente del signo político de sus gobiernos. La bancarrota ideológica, técnica y operativa del neoliberalismo es patente. Sin embargo, resultaría muy difícil que la eufemísticamente llamada “facilitación cuantitativa” en el plano de la política monetaria y la expansión fiscal tradicional sean suficientes para superar problemas de solvencia estructural, el estancamiento de la productividad en el centro y la deficiencia crónica del consumo que está en el origen del problema que ahora revienta. 
 
 

El régimen de acumulación financiarizado como respuesta a la crisis estructural del fordismo-keynesiano 

Podemos caracterizar a un régimen de acumulación como el conjunto coherente de regularidades marcan la forma en la que empieza a reproducirse el capital en los ritmos, en las dimensiones, en la orientación y en las prioridades de los sectores de acumulación del capital que están ligados a ciertas dinámicas de los mercados y por tanto a la distribución del ingreso (doméstica e internacional), a la articulación del capital con otras formas no capitalistas, a la capacidad del capital de postergar el apremiante y permanente asedio por el aumento de la composición orgánica sobre la formación de la tasa de ganancia.  

Revisemos, como ilustración del grado de concatenación de diversos vectores dentro de un régimen de acumulación, el nacimiento del régimen de acumulación que podríamos llamar fordista-keynesiano (aunque difícilmente Ford y Keynes se identifiquen uno a otro ni necesariamente con la forma de existencia del capital en el centro desarrollado durante sus dorados años luego de la Segunda Guerra Mundial). 

Si revisamos la distribución del ingreso en los Estados Unidos desde 1913 hasta esta década, vemos cómo la fuerte concentración del ingreso hasta los años 30 (entre el 15 y el 20% del ingreso declarado para el pago del impuesto a la renta en manos del 1% más rico) que solamente cambia con la política del New Deal y con las políticas del Estado de Bienestar a partir del gobierno de Roosevelt hasta estabilizarse por debajo del 8% en los años 70 y principios de los ochenta. Esto define un patrón en la distribución del ingreso que establece la dinámica del mercado interno norteamericano y por tanto también del consumo (consumismo) de las masas trabajadoras en el eje fundamental del sistema de la acumulación. Por eso se conoce como regulación fordista al hecho de que cada vez es más importante el papel de los trabajadores, no solamente como un costo de producción, sino también como un mercado.  

En este periodo, el reto para el capital, individual y colectivamente, es generar mecanismos internos, endógenos, para sobreponerse a la caída de la tasa de ganancia por el aumento de los salarios, en las posibilidades de ampliación del mercado orientado a cambiar la forma de disputa entre los distintos capitales sobre la base de la masa de ventas, de la proporción del mercado, de un mercado en crecimiento antes que a partir de un incremento de los precios.  

Este elemento se convierte en una circunstancia fundamental que incluso marca el umbral entre el centro, la semi-periferia y la periferia del sistema en la etapa del desarrollo del capitalismo monopolista de Estado, que luego del período de consolidación entre las dos guerras mundiales, se convierte en un elemento irreversible en el funcionamiento del sistema, no solamente por el papel del estado en la dinámica de porciones crecientes de la demanda, sino en tanto elemento corrector de los desequilibrios sectoriales en la formación del producto, el valor y la ganancia, en la absorción creciente de segmentos de reproducción de la fuerza de trabajo así como en la reducción del riesgo sistémico de la inversión productiva y financiera.  

Las decisiones descentralizadas y rivales de competir a través de mayores inversiones establecen una sobrecapacidad productiva que tiende a bajar los precios finales en correspondencia con el abaratamiento de los costos medios directos de la producción manufacturera, pero a dificultar la realización de los costos fijos tanto por los efectos unitarios de una capacidad instalada ociosa creciente como de la cada vez más acelerada obsolescencia moral de los equipos y las tecnologías.  

Los vectores de mayor vigor de ese régimen de acumulación pronto se convierten en sus límites más aviesos. Las contradicciones internas del régimen se combinan y empiezan a hacer inviable un modo de regulación basado en políticas keynesianas, debido al impacto que tiene la contracción temporal de las ganancias por la saturación del mercado laboral. En ese momento del capitalismo monopolista de estado, la “venganza” del capital consistía en postergar las inversiones, lo que se traducía en fases de expansión y contracción del capital, estableciendo una situación cíclica que es recogida por la teoría económica convencional con la curva de Phillips y que lleva a una situación de límite a la relación entre capital y trabajo en el pacto social demócrata y el del Estado de Bienestar que caracteriza a los países del Norte durante el periodo y que empieza a ser resuelto en términos de una política antilaboral.  

A nivel diacrónico el trabajo podía tener el nivel de presión importante con la lucha sindical y otras formas institucionalizadas, pero a nivel sincrónico el capital se “desquita”, disminuyendo la tasa de inversión productiva, pero a medida que va globalizándose la economía y empiezan a desarrollarse zonas productivas, aparecen espacios de la semi-periferia, para donde se traslada el problema al auspicioso amparo de dictaduras más o menos abiertas. Entonces, con un juego en el tiempo y en el espacio, el capital logra postergar el enfrentamiento de clases y los efectos por la tasa de ganancia.  

Esto empieza a configurar un nuevo régimen de acumulación, que para ser viabilizado justamente requiere de un modo de regulación basado en las políticas neoliberales; es decir, desde la apertura comercial indiscriminada, desde desregulación de los mercados de capitales, desde la financiarización de la economía, desde una  nueva correlación de fuerzas entre el capital financiero y el capital productivo, entre el centro, la periferia y la semi-periferia, entre las formas productivas capitalistas y las no capitalistas.  

Se prioriza, por tanto, una nueva forma de intervención del Estado y de un capital estatal monopolista, de las viejas funciones que entran a reclamar tasas de ganancias por debajo de las que los capitales privados con los mismos montos hubieran requerido a niveles muy altos, se pasa a una situación en que se crean las condiciones para que los nichos más jugosos del aparato productivo pasan de ser controladas por el Estado a manos privadas.  
 

Modos de regulación neoliberal y régimen de acumulación financiarizado

Se empieza a configurar poco a poco un proceso de globalización y fragmentación productiva, con desindustrialización en el centro, desfalco de la fuerza de trabajo y la naturaleza en la periferia y localizaciones manufactureras en la semiperiferia basadas en costos laborales y regímenes fiscales. La nueva geografía de la producción define desequilibrios macroeconómicos que son compatibles con una nueva distribución del ingreso similar a la anterior a los años 30 (nuevamente en los EEUU se registran concentraciones por encima del 15% para el 1% más rico en la última década) y con esta nueva dinámica de los capitales ligado a un aumento importante de los distintos instrumentos financieros asfixiando el crecimiento del aparato productivo.  

El nuevo régimen de acumulación, financiarizado y globalizado, que se estructura sobre la base de distintos modos de regulación neoliberal, resuelve para una fracción del capital el problema de la rentabilidad pero no relanza el tema de la productividad del trabajo. Debido a los límites de la demanda solvente, a escala mundial el tamaño del pastel no crece mucho (con la notable excepción de la nueva semiperiferia) y se exacerban las tareas de redistribución sobre la base del intercambio desigual y la exacción financiera. Incluso dentro del centro priman las rentas y las tareas de reparto por sobre la dinámica productiva de otras épocas. Durante los primeros años del nuevo régimen, lo mejor del pastel le toca a Europa; luego, durante los ochenta, le va mejor a Japón y desde los noventa, el premio retorna a los EEUU. El manejo macroeconómico cumple un papel decisivo en esas ventajas en el margen. 

Hay algunos indicadores del papel estructural de la hipertrofia financiera en la forma de ser del capital en esta etapa. En EEUU, por ejemplo, las ganancias financieras pasan del 5% del total de las ganancias en 1980 al 47% en 2005. La financiarización es omnipresente: cada vez son mayores las porciones de los ingresos financieros de las grandes corporaciones no financieras, el endeudamiento creciente de la economía norteamericana y que además contagia al corazón del sistema. Para muestra recalquemos el contraste entre la tasa de crecimiento del Producto Bruto mundial, que no solamente es declinante sino que se vuelve cada vez más volátil con la aplicación de las políticas de corte neoliberal, frente a una de las mediciones, todavía muy parciales e imperfectas de la hipertrofia del aparato financiero, como es el crecimiento exponencial de los instrumentos derivados.

Esta hipertrofia del sistema financiero, propio del régimen de acumulación basado en el neoliberalismo, asiste débilmente al aparato productivo y por tanto desestimula las capacidades industriales de revolución de la base, del proceso de trabajo en el centro del sistema. Ejemplo de eso es el debilitamiento de la competitividad de los Estados Unidos que define un nuevo rol de los Estados Unidos, con una composición del Producto Interno Bruto y de la estructura productiva cada vez más orientada hacia los servicios y más basada en la formación de ventas monopólicas venidos de la creación de monopolios de la propiedad intelectual, de las patentes, del control del conocimiento, etcétera.  

La retroalimentación positiva de este proceso con la deslocalización y despliegue de la inversión productiva hacia otros segmentos, otras geografías y por tanto otra forma para el capital de articularse con la economía no capitalista hacia distintos polos en el tiempo: el milagro japonés, los tigres y los elefantes asiáticos, y ahora últimamente China, lo cual precipita el déficit comercial y la posición externa de los Estados Unidos de manera exponencia.

La definición de los ritmos y límites de la semiperiferia está directamente vinculado con los temas de sostenibilidad del hueco comercial de los Estados Unidos que está siendo financiado por el resto del mundo y configura el corazón de la vulnerabilidad del sistema global de reservas y de la hegemonía macroeconómica de EEUU. Los distintos grados de vulnerabilidad de la economía norteamericana producidos por la deuda total y por el proceso de desnacionalización de la economía, del capital norteamericano tiene importantes consecuencias e implicaciones en términos del control político y de la creciente polarización del poder político y la dictadura práctica de una oligarquía financiera ligada al complejo industrial, militar y petrolero, que hoy por hoy define los destinos del mundo desde las superpotencias.  
 
 

Hipertrofia y parasitismo financieros

La distribución del ingreso que permite la relación de fuerzas resultantes de la imposición de modos de regulación neoliberales debilita las características fundamentales del funcionamiento del mecanismo fordista. Como contraparte, en la redefinición del capitalismo monopolista de estado no se reduce el peso del sector público en el centro, a riesgo de reducir aún más la dinámica general del sistema, aunque pierde dinamismo como vector de demanda que había tenido décadas atrás.  

La apuesta resultante en los mercados externos sufre un problema de falacia de composición: aunque el ritmo de crecimiento del comercio mundial ha sido mayor que el del PIB, no todos pueden ganar indefinidamente. Aquí, de nuevo, el papel de la gestión macroeconómica y de la hegemonía monetaria resulta crucial en el reparto de los beneficios.  

Recordemos que el grado de apertura de los Estados Unidos en los años 70 no llegaba al 10%. El eje fundamental de su dinámica estaba orientado hacia un mercado interno en donde las masas de trabajadoras eran los protagonistas. El deterioro del salario real, el despegue del ritmo de crecimiento del salario real con respecto a la productividad física del trabajo, empieza a definir no solamente una disminución de la dinámica de salida para buena parte de la producción norteamericana, sino también las posibilidades de ruptura de un pacto social, de un tipo de relacionamiento entre las clases. En definitiva el debilitamiento estructural de un bloque histórico de consecuencias de larga duración.  

La forma de responder ante esta situación es el endeudamiento que llega en estos momentos a representar o a sustentar el 25% del consumo de los hogares en los Estados Unidos y que requiere, en esta lógica de hipertrofia, un proceso de piramidación, de estructuración e innovación de los distintos y sofisticados instrumentos financieros, en condiciones en que los activos financieros originadores van perdiendo la traza, van siendo cada vez más ocultos en todo el esquema que se construye sobre ellos, y que se convierte entonces en un elemento central de la dinámica del nuevo régimen de acumulación.  

Entonces la hipertrofia financiera no es una excrecencia de este régimen de acumulación postfordista, sino que es una esencialidad del funcionamiento actual del capitalismo. El hecho de que abunden esas actitudes imprudentes, esas  innovaciones desreguladas que llevan un nivel de riesgo de fábula y que ahora explotan desde las hipotecas subprime, y los bonos basura, no constituyen sino la punta del iceberg de un proceso mucho más intrínseco a la lógica del sistema, que tiene que ver con el nuevo rol de la deuda en el centro, sobre todo en los Estados Unidos, con la desproporcionada circulación de capital ficticio en la especulación cambiaria (carry trade) y de bienes básicos en el comercio exterior, lo cual distorsiona estructuralmente el mecanismo de precios relativos y la estructura de incentivos que eventualmente estaba llamada a corregir, aún si parcialmente las desproporcionalidades sectoriales. 
 

Tendencias de la crisis, leyes de la ganancia y profundidad de los cambios

De lo anterior se desprende que, en primer lugar, el tipo de corrección y de depuración que se requeriría para sortear crisis y para poder relanzar el crecimiento y la reproducción ampliada del capital no se contentaría de ninguna manera con ciertos arreglos cosméticos, ni con un mejoramiento de la regulación, ni con meter presos y hacer escarmiento a los malos elementos de Wall Street. Estamos haciendo referencia a elementos estructurales que atañen a la formación y la viabilidad de un nuevo régimen de acumulación, frente a la mutilación de lo que eran las herramientas de operación de las contra-tendencias a la caída de la tasa de ganancia durante el exitoso régimen de acumulación fundado en el fordismo y en las políticas keynesianas. Las estructuras de poder y el despliegue científico y tecnológico no dan lugar para un retorno al dorado pasado fordista e implican un proceso de gestación social conflictivo e incierto.  

En segundo lugar, esta situación no solamente tiene efectos perniciosos en el centro, sino que tiene un rol fundamental en la geografía mundial. Hay una de las caracterizaciones del proceso de globalización implicado en este régimen de acumulación post-fordista o financiarizado que incluye un proceso de diferenciación y de polarización mucho más marcada en las naciones de la periferia, no solamente con la aparición de estas nuevas economías industrializadas de la semi-periferia, sino con el hecho de que aparezca un cuarto mundo. Es decir, el hecho de que existe una subclase dentro del Sur, que podría estar formada, por ejemplo, por algunos países de África y América Latina, muy directamente ligada, no solamente a una permanente reinstalación del proceso de acumulación originante del capital, incluyendo a lo que Harvey llamaría “el capitalismo de la desposesión”, sino también ubicado en términos de un nuevo rol del intercambio desigual en las formas en que se relaciona el capital con el pre-capital, en las formas de organización internacional de los mercados y por tanto en la forma como opera la ley del valor a nivel mundial.  

Entonces, estos efectos en el Norte, de polarización social, de reducción de los mercados internos y por tanto del debilitamiento de la dinámica de la acumulación en el aparato productivo, se reproducen, insisto, diferenciadamente también en la periferia de manera fractal y jerarquizada. De nuevo, el rol del manejo macroeconómico y de las políticas de desarrollo es aquí fundamental. Las políticas neoliberales estructuradas bajo distintos ensayos de modos de regulación, todos ellos fallidos desde las perspectivas domésticas, se caracterizan en el Sur por un desmantelamiento sistemático de la capacidad de decidir, del espacio de política económica. 
 

Neoliberalismo y régimen de acumulación en la periferia

El régimen de acumulación fordista tuvo su correlato en el Sur, sobre todo en América Latina, con un régimen de acumulación basado en la sustitución de importaciones; el traspaso a este nuevo régimen de acumulación de la financiarización globalizada a través de la imposición de diversos ensayos de modos de regulación neoliberal, también tiene su período específico en América Latina, con sus antecedentes en las dictaduras militares del Cono Sur, con excepción de Brasil, consolidándose luego en todo el continente a raíz de la crisis de la deuda y el apalancamiento y el chantaje de la condicionalidad cruzada del Fondo Monetario y del Banco Mundial.

Para tener una idea, la tasa de inversión en América Latina pasa de niveles que están ubicados en promedio por encima del 23% a niveles que están por debajo del 18% durante los últimos 25 años. El proceso incluye un sistemático esfuerzo cualitativo por debilitar la infraestructura productiva, propiciar la desindustrialización y la precarización laboral en el continente (con obvias excepciones de ciertos polos industriales). Las tasas de acumulación empiezan a recuperarse en los últimos años, aún con la inercia de las políticas neoliberales, no solamente por la mejora de los términos de intercambio, sino que es también fruto de la transformación política que se va dando por la acumulación de frustraciones, el nivel de lucha y de conciencia de la gente.  

Queda clara la relación entre los temas que sólo analíticamente se podrían distinguir entre los económicos y los que son meramente políticos. En los ritmos de la acumulación intervienen factores de lucha de clase y factores que tienen que ver con el manejo en el tiempo y en el espacio de las condiciones de reproducción ampliada del capital en la división internacional de la producción y específicamente tienen relación con la gestión de la fuerza de trabajo. Obviamente si se invierte menos en el mediano y el largo plazo, los efectos sobre el ritmo de actividad económica también se afecta y las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto en América Latina de los años 60 y 70 disminuyen de manera sustancial durante el periodo neoliberal y no solamente en magnitud, sino por un aumento significativo de la volatilidad y la frecuencia de los períodos de recesión.

Neoliberalismo, vulnerabilidad externa y macroeconomía en la periferia

La capacidad de gestión macroeconómica se reduce radicalmente con el impulso de los ensayos neoliberales. La gran crítica que se hacía del régimen de acumulación basado en la sustitución de importaciones en términos de la sostenibilidad del mercado externo, con deterioro permanente y sistemático de la balanza de pagos, no son superados a pesar de los dolorosos procesos de ajustes que se dan con las políticas neoliberales y más bién el tema de la sustentabilidad externa América Latina sigue siendo un tema en cuestión bajo los distintos modos de regulación aplicados, a pesar de esta coyuntura favorable de los últimos años con el aumento de los precios de las materias primas.  

¿Qué es lo que está reflejando esto? Que, con la globalización, la apertura de un nuevo expediente para el manejo de las contra-tendencias a la caída de la rentabilidad sobre la base de la deslocalización, empieza rápidamente a encontrar sus límites, a agotarse. Esto se expresa en el hecho de que no solamente tenemos una situación de dependencia tecnológica, sino que la penetración de los mercados en las economías en desarrollo sobre la base de la desregulación y de la apertura indiscriminada establece una dinámica insostenible a largo plazo en los respectivos sectores externos.  

Esta contra-tendencia, entonces, rápidamente se convierte en su contrario, en un elemento más de crisis y de conflicto. La adhesión a la Organización Mundial del Comercio, a los tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio y de protección de inversiones define una apertura insensata de las cuentas de capitales y de bienes y servicios y establece en la periferia un dominio de capital financiero transnacional asentado en el corazón del sistema y termina definiendo una situación macroeconómica insostenible, inclusive con las políticas e instrumentos tradicionales basados en la devaluación. El peso creciente de la volatilidad de la cuenta de capitales, los efectos del interés compuesto en la dinámica de la deuda externa y las exacciones netas de la inversión extranjera directa perpetúan la debilidad de un rol en la división internacional del trabajo básicamente primario-exportador. 
 

Exploraciones post-neo-liberales en el Sur

Hay al menos tres grandes períodos en el caso de América Latina que definen su trayectoria histórica reciente: uno basado en el gradualismo, en un proceso de contracción de la presencia del Estado, desregulación de los mercados y precarización laboral y permanentes políticas de ajuste, hasta principios de los años 90. Luego un período que se pasa a un nivel de mayor profundización de las reformas neoliberales, ya no solamente del Consenso de Washington a nivel de las políticas macro en general, sino las políticas de cambio estructural de profundización de las privatizaciones, mayor desregulación del aparato financiero, un nuevo tipo de inserción en los mercados internacionales y por tanto mayor exposición a la turbulencia financiera internacional. La quiebra de esas políticas desde van desde la crisis de México, el efecto tequila, el efecto caipiriña, la crisis en el sureste asiático, los intentos de pasar de procesos acelerados de devaluación a otros más bien de tipo de cambio fijo, como el caso del Ecuador con la dolarización, y el agotamiento sucesivo de los distintos modos de regulación de estas distintas combinaciones de políticas económicas y de instituciones, básicamente, lleva a una situación política que devela la decadencia ideológica y operativa del neoliberalismo y conlleva un intento de exploración de otro tipo de políticas en toda América Latina a partir de los años 2000. Eso básicamente marca el escenario donde estamos en esta tercera etapa.  

Las consecuencias de esta situación se reflejan en la quiebra de la vieja arquitectura financiera, en una temporal menor dependencia, toda vez que, al disminuir el ritmo de devaluación sistemática de la producción latinoamericana, la deuda externa en América Latina va adquiriendo un peso menor más manejable a nivel macroeconómico. Esto no solo que no implica una solución estructural al problema  la deuda interna y externa para nuestros los países, sino que siempre está ligado a una situación de inserción internacional, crecientemente vulnerable, cuya respuesta ha venido dada de manera muy onerosa, por el lado de la ingente acumulación de reservas.

De todas maneras, es una situación de vulnerabilidad en la que los resultados positivos, más que ser efectos de las políticas macroeconómicas ortodoxas como claman sus pontífices, tienen mucho que ver con el ciclo de los términos de intercambios en los productos fundamentales para cada uno de los países.  

La crisis internacional no va a perdonar al Sur. Las tendencias centrales del capital tiene fuertes preferencias “geográficas” en las que la capacidad de respuesta macroeconómica marca la diferencia en la transferencia de los costos de la colosal destrucción de capital ficticio y productivo en ciernes. En este contexto, las condiciones de financiarización son tan medulares al funcionamiento del capitalismo actual y a la dinámica de la acumulación que no es posible hablar de una mera crisis purgatoria. El relanzamiento de la acumulación ampliada va a requerir transformaciones mucho más profundas con dimensiones que rebasan lo meramente económico e incluyen un nuevo horizonte político y cultural en el que el rol de lo multipolar y lo regional será necesariamente crucial.  

La Nueva Arquitectura Financiera Regional como herramienta del cambio

No hay una determinación mecánica de cuál va a ser el resultado o el curso de los acontecimientos futuros, pero como referente al menos podría establecerse una bifurcación en dos escenarios posibles. En uno, con más de lo mismo; es decir, una salida a la crisis desde la lógica y el interés de las mismas oligarquías guerreristas, especulativas, ligadas al control de los recursos naturales desde las guerras de rapiña, que están instaladas en el eje anglosajón del centro. Su consolidación no daría lugar a un proceso de revitalización del sistema capitalista porque estamos en una fase declinante y senil del desenvolvimiento vital del modo de producción capitalista y más bien implicaría una situación de dictadura del capital cada vez más desembozada, un relacionamiento de las clases mucho más violento, con consecuencias en el centro, pero con especiales condiciones para la periferia y la semi-periferia a partir del poderío militar del centro y una situación de deterioro de las condiciones de vida de las masas trabajadoras a nivel planetario.  

El otro tipo de resultado, cuya base sería justamente la movilización social, la conciencia, la lucidez de propuestas, de agendas viables en el corto plazo que permitan ir construyendo un amplio proceso de acumulación de fuerzas. Su resultado depende no solo de la movilización de las fuerzas populares, y no solamente involucra al Sur. Se trata de una apuesta por la paz y por el desarrollo que convocaría también a sectores del gran capital en el centro, que podría estar ligado al desarrollo de un nuevo pacto de convivencia, un nuevo pacto social. Por tanto, es la apuesta de un nuevo bloque histórico que defina un nuevo tipo de relacionamiento entre las clases que abra las puertas a otras lógicas productivas, a otros paradigmas de producción y de consumo, a otras relaciones entre las naciones.  

Esta nueva situación de excepcionalidad de un capitalismo reformista estaría signado por otra circunstancia histórica, que a mi modo de ver resulta irreversible: la capacidad de absorción que tenía el capitalismo de hace 50 ó 70 años, que luego del triunfo de las fuerzas democráticas de la Segunda Guerra Mundial, permitió establecer un pacto social demócrata con las clases trabajadoras en el centro y dio lugar a un proceso de industrialización limitada en la periferia y en la semi-periferia, se ha agotado. Las reformas tendrían un significado histórico distinto en la actual fase, dado que el capitalismo, internamente, en su esencia, ha cambiado. Sus capacidades reales, en los planos económico, político e ideológico, de absorber las reformas son menores, y el peso político que podrían tener las iniciativas progresistas de diversos signos, tanto en el centro como en la periferia y la semi-periferia, estarían orientadas hacia un horizonte postcapitalista. 

La posibilidad de esa alternativa se construye, en primer lugar, desde la defensa de la capacidad de los pueblos de decidir. Como he sugerido en este trabajo, un elemento crucial de esa capacidad depende de los márgenes de maniobra con que cuenten las naciones en el plano macroeconómico. El papel histórico del neoliberalismo en el desmantelamiento de esas capacidades y en el debilitamiento de los aparatos productivos y las fuerzas sociales en el Sur debe ser respondido con la creación colectiva y simultánea de nuevas capacidades desde el desarrollo de una soberanía de nuevo tipo: ya no basada en los pequeños estado-nación del pasado, sino en el fortalecimiento de identidades supranacionales, continentales y regionales, como pilares constituyentes de un mundo más democrático y multipolar. 

Si la hegemonía del dólar norteamericano y el monopolio mundial del señoriaje constituyen factores clave del poderío de esa oligarquía especulativa que ha marcado la pauta de la crisis hasta el momento, un eje central de la construcción de esa nueva soberanía de los pueblos pasa por la Nueva Arquitectura Financiera que desde las regiones redefina las capacidades de decisión en el planeta de manera desconcentrada y democrática, sostenga la posibilidad de políticas contracíclicas también en la periferia y la semi-periferia y permita convertir a esas políticas en una alternativa de desarrollo.  

La Nueva Arquitectura Financiera desde las regiones requiere una banca de desarrollo de nuevo tipo, con otras prioridades basadas en la construcción supranacional de soberanías alimentarias, energéticas y en la producción de medicamentos, de financiamiento de la economía popular, de constitución de una masa crítica de ciencia y tecnología en un diálogo de saberes entre los conocimientos ancestrales y lo mejor de los avances occidentales, de despliegue de otro tipo de infraestructura para propiciar la complementariedad de los aparatos productivos. Requiere también de un sistema nuevo de banca central, superando el dogmatismo neoliberal y desarrollando una soberanía monetaria y macroeconómica con la conformación de Fondos de Estabilización y Desarrollo alternativos al FMI, que desplieguen medios de pago alternativos a nivel supra y subnacional para auspiciar otras lógicas productivas en una red de redes que establezcan las bases de un nuevo orden monetario en cada región. Aquí, en América Latina, los proyectos del Banco del Sur, del Banco del ALBA, la moneda regional y el Fondo del Sur, por ejemplo, marcan esa esperanza. 

No creo que pueda salir por las buenas el capital de este aprieto. No creo que pueda relanzarse el proceso productivo, el ritmo de acumulación del capital de esta crisis, sin que pase por un cambio en los patrones de distribución muy radicales. Es decir, hay un agotamiento estructural definitivo del régimen de acumulación basado en la financiarización.  

Hay nichos de mercados sin duda muy rentables. Las drogas, las armas, y las guerras siempre serán rentables, y no faltarán espacios de valorización muy puntuales sobre la base del rentismo especulativo en la esfera de la circulación financiera. Se está troquelando una forma de ser del capital basada, a estas alturas de la historia y del desarrollo de la capacidad productiva, en un proceso cada vez más universal, más social de la producción y una concentración cada vez más privada de la riqueza, con consecuencias políticas innegables, de un proceso cada vez menos democrático que entra en contradicción con las propias conquistas históricas de la burguesía.  

En ese sentido, creo que el tipo de retos que se está planteando en la elaboración de una agenda desde el campo progresista, son muy profundos. No creo que la actual crisis acabe, en sus exigencias de cambio, solo en un nuevo régimen de acumulación. Es necesario, sin duda un régimen de acumulación distinto, pero, insisto, dada la senilidad del sistema, dada la rigidez del capital, del avance inexorable de las contradicciones que despliega su propio desarrollo, cada vez se comprometen más los elementos del funcionamiento del modo de producción y del propio modo de vida. Es decir, en el proceso de reforma, la lógica contestataria va comprometiendo cada vez más la coherencia de la lógica interna de la acumulación sobre la base de la rentabilidad, en condiciones en que las exigencias jerarquizadas de rentabilidad por los grandes capitales se vuelven cada vez más exorbitantes e inviables.  

En la literatura económica de épocas pasadas se hablaba de tasas razonables de ganancias del capital que estaban entre el 3 y el 8%, las tasas de ganancias que reclama el capital hoy y sobre todo las que son jerarquizadas por la competencia monopolística están en el 25 y el 30%. Y ese es el nivel normal de ganancia que requiere el capital para poder orientar sus inversiones! Es claro la posibilidad real de relanzar la reproducción de la vida humana desde la perspectiva del valor de uso, en su única forma de organización actualmente concebible, desde la perspectiva “normal” del capital, es decir, desde la formas de la rentabilidad exorbitante del valor de cambio, queda totalmente comprometida.  

El desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con su forma actual de organización, con la lógica de quienes definen el verdadero ritmo y orientación de la acumulación y la posibilidad no sólo del relanzamiento de la producción, sino de la producción de valores de uso, de satisfactores en la perspectiva de la continuación de la vida.  

Las reformas de hoy reclaman una profundidad que va más allá del cambio del régimen de acumulación, que plantea horizontes post-capitalistas y que define de alguna manera el principio de un cambio civilizatorio en el cual son las fuerzas progresistas, desde su organización y desde su lucha, las que definirán las reales posibilidades de esta alternativa. La otra posibilidad, también es real y muy factible de continuar el actual curso de los acontecimientos, se construirá sobre la base del capitalismo de la exclusión, del capitalismo de la recesión, del capitalismo de la expulsión y del capitalismo de la guerra.


Pedro Páez Pérez

(Ecuador) Presidente de la Comisión Técnica Presidencial de la República del Ecuador sobre la Nueva Arquitectura Financiera Internacional para la Creación del Banco del Sur; miembro de la Comisión de Expertos convocada por el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas y presidida por Joseph Stiglitz; Ministro Coordinador de la Política Económica (2007-8), Subsecretario General de Economía del Ministerio de Economía y Finanzas (2006); técnico del Banco Central del Ecuador (1983-2007) y Profesor de Postgrado en diferentes universidades en el Ecuador, Estados Unidos y Francia. Agradezco la ayuda de Fredy Trujillo en la preparación de los gráficos.



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