2 y 3 de junio en el Centro Internacional Miranda
(VIDEOS) Conozca lo que dijo Santiago Arconada en el encuentro “Intelectuales, Democracia y Socialismo”
Por: Aporrea.org / CIM
Fecha de publicación: 16/06/09
Santiago Arconada, luchador social de reconocida trayectoria
Credito: Prensa Alcaldía Libertador
Centro Internacional Miranda (CIM)
16 de junio de 2009.- Les compartimos a continuación la intervención de Santiago Arconada en el encuentro "Intelectuales, Democracia y Socialismo:
A manera de introducción quisiera compartir
con ustedes algunas sensaciones muy humanas de esta invitación que
agradezco al Centro Internacional Miranda y en concreto al compañero
Luis Bonilla. Esta invitación me confrontó con el paso del tiempo,
porque era la primera vez en mi vida que me invitaban a algo como
intelectual. Y eso era para mí motivo de mucha preocupación. Para
explicarles eso, en los años 70 y 80 de mi formación política en
el mundo sindical y obrero, la denominación de intelectual era una
acusación gravísima, era bastante cercana a ser algo verdaderamente
maquiavélico, y se acusaba a los intelectuales de todos los males
de la clase obrera. Y en definitiva no era nada de lo que uno podía
sentirse muy orgulloso en realidad. De manera tal que la primera cosa
que me pasó a mí por la cabeza con la invitación fue la pregunta
de cuándo eso de ser intelectual dejó de ser tan malo, y qué fue
lo que yo hice para ser identificado como intelectual. Eso era lo que
más me preocupaba.
En todo caso, de ese ejercicio saqué
la conclusión de que mi responsabilidad es aportar a esta reunión
las preocupaciones. Cuando en el material preparatorio se nos plantea
que hay que evaluar el proceso bolivariano, sus luces y sus sombras,
yo creo que es bastante comprensible que cuando nos ha sido dado
poder ir afuera y estar, por ejemplo, con el movimiento internacional
contra la privatización del agua —del cual las mesas técnicas de
agua de Venezuela forman parte—es muy lógico que uno trate de
hablar de las luces, porque es políticamente lo adecuado. Del mismo
modo, seria un poco autocomplaciente que en esta reunión habláramos
de las luces y no de las sombras.
Yo voy hablar de la que es una
situación bien complicada para mí en lo personal, después de diez
años de impulso al trabajo de organización popular entorno a los
problemas del servicio de agua potable y saneamiento, diez años que
he compartido con un equipo humano excelente, con el cual he vivido,
de alguna manera, una experiencia política muy valiosa, muy profunda
y es desde esa experiencia desde donde yo quiero manifestar mi
preocupación por algo que creo que es uno de los problemas centrales
del proceso revolucionario bolivariano.
1. El PSUV aplasta a las otras organizaciones de
base
Creo que actualmente existe el riesgo
de un aplastamiento por parte del PSUV de las formas de organización
de base, las cuales tienen que existir de manera independiente. Estoy
convencido de que la organización política no puede
instrumentalizar ni colonizar a las organizaciones de base. Las
organizaciones sociales de base tienen derecho a contar con toda la
diversidad posible y no pueden ser encasilladas.
La relación adecuada entre la
organización política y las organizaciones de base constituye un
problema que tiene que ser afrontado. Esta sería una de las
rectificaciones, a mi juicio, más necesarias de este momento.
2. Confusión entre partido y poder popular
Pienso que la razón por la cual se ha
producido esta equivocación profunda en las actuales organizaciones
políticas y, en este caso concreto, en el PSUV, es porque no
reconocen diferencias entre el ámbito de un consejo comunal, el
ámbito de una mesa técnica de agua, el ámbito de una mesa técnica
de telecomunicaciones, informáticas y servicios postales, el ámbito
de una mesa técnica de energía, y el ámbito de lo político
propiamente dicho.
Esto es uno de los elementos más
característicos de eso que he llamado “el síndrome de los novatos
y de los conversos” que hacen aparecer el socialismo como algo
obligado. Yo creo que el más flaco favor que se le puede prestar al
proceso revolucionario bolivariano es hacer aparecer el socialismo
como algo obligatorio. Y a eso contribuye de una manera muy efectiva
la expresión que, lamentablemente, no he sido el único en escuchar,
y que resume de manera dramática este problema: “Vamos a hacer un
consejo comunal, los que no sean socialistas se pueden ir”.
Eso que parece un chiste no está
siendo un chiste. Esa confusión respecto de lo que tenemos que
construir esta hoy impidiéndonos desarrollar, por un lado, las
características propias de una organización revolucionaria como
tiene que ser el partido y, por el otro, nos esta impidiendo
desarrollar adecuadamente los espacios propios del conjunto del
pueblo que, si es comunidad, es por esencia, diverso. No solamente
diverso en términos de ser chavista o ser de la oposición, sino
diverso también en la posibilidad de ser apático respecto a la
política y estar solamente preocupado del problema de la cloaca. Si
esa posibilidad no existe, se reduce drásticamente el espacio en el
cual es posible desarrollar este proceso.
Quisiera aportar otra arista de esta
reflexión en otro terreno. Este problema que acabo de denunciar
está muy cercano a mi práctica y es probable que yo haya
incorporado elementos no tan racionales y bastante más pasionales,
en su discurso.
Se están afectando gravemente años de
trabajo, años de consolidación de espacios públicos que pertenecen
a todos, porque eran espacios que, confiaban en ese principio del
Libertador: “Dios concede la victoria a la constancia” y por eso
los consejos comunitarios son cada tantos días, y no pierden la
regularidad para efectivamente constituirse como espacios de poder
públicos, periódicos y permanentes.
Después haber pasado diez años
construyendo espacios públicos, periódicos y permanentes, donde se
construye el poder popular, es muy hiriente, por no encontrar otra
palabra, encontrarse con directrices políticas que obvien ese
problema y sencillamente aluden a las mesas técnicas de agua del
PSUV, a los consejos comunales del PSUV como si eso fuese posible.
Como si eso no fuese a la vez el modo en que esa expresión
comunitaria se desnaturaliza, y en su desnaturalización se pierde,
se muere, deja de ser lo que tiene que ser.
Por qué yo hablo del “el síndrome
de los novatos y de los conversos”. Para imponerse ¿qué tiene que
hacer un novato? Desconocer la experiencia. El novato, para poder
imponer su audacia, para poder imponer su apabullante personalidad,
¿que tiene que hacer? Desconocer el pasado. Por eso uno siente
cuando está hablando de las experiencias de organización de los
años 70 y el novato dice: “No me hables de éso, éso está muy
lejos”, “no te vayas tan allá”. Y lo dice porque necesita
desconocer la experiencia.
Esto de lo que hablo no es un dogma. La
razón por la cual la organización política revolucionaria reconoce
que no debe fagocitar, que no debe colonizar a las organizaciones de
base, es el resultado de una larga experiencia de los movimientos
revolucionarios a través del tiempo. Es un error que cometimos y al
que no queremos regresar, es un error que ya evaluamos, que ya lo
vivimos. No es un dogma, es parte de nuestra experiencia.
3. La deconstruccion de la historia oficial
Uno de los lugares de enfrentamiento
más significativos que hemos tenido con la oposición, a lo largo de
estos diez años, es lo referido a los currículos educativos, esto
es, los contenidos de los programas de estudio de la infancia,
adolescencia y juventud en las instituciones educativas. La
oposición desnaturalizó y caricaturizó este debate diciendo: “Le
van a enseñar a los muchachos el marxismo-leninismo!” Y he sentido
siempre que desde la perspectiva nuestra, la perspectiva del proceso
revolucionario bolivariano, lo que había era una intención de
denunciar que lo que hemos tenido hasta ahora como contenidos de
formación han sido francamente sesgados, parciales y absolutamente
ideológicos; con objetivos hegemónicos absolutamente establecidos
como, por ejemplo, reconocer que Colón representaba al bien, no al
mal. Por el contrario, nosotros, desde nuestra perspectiva histórica,
para oponernos a esa visión formulamos un currículo educativo que
la cuestionase efectivamente y, para seguir con el ejemplo de Colón,
teníamos que representar en este señor toda la operación de
invasión que produce Europa sobre América. Y por lo tanto,
entenderlo como un representante de las fuerzas de la dominación.
4. Cuestionamiento de fechas históricas
Uno espera de un proceso revolucionario
la fuerza para deconstruir la historia oficial y pareciera que eso no
está siendo así. Se nos echa encima la racha de bicentenarios de
las fechas predilectas del guión de la historia que nos enseñaron
en la escuela. Ya viene el 19 de abril de 2010, le sigue el 5 de
julio de 2011, en el 2013 son los doscientos años de la Campaña
Admirable y en el 2014 es el segundo centenario de la rebelión
popular más atronadora y contundente de nuestra historia.
¿Qué haremos?
¿Vamos a conmemorar como primera
tentativa de independencia al 19 de abril de 1810 por sobre la gesta
de José Leonardo Chirinos, por sobre el sacrificio de Manuel Gual y
José María España, por encima de los comuneros? Los indicadores
parecen decir que sí. Esos hechos históricos que marcan
definitivamente la comprensión que hemos tenido de lo que nos pasó
es muy complicado cuestionarlos, porque si los cuestionamos mucho nos
quedamos sin fiesta. ¿Cómo vamos a celebrar el bicentenario si
resulta que no tenemos nada que celebrar? Lo que tenemos es que
averiguar cómo puede prostituirse de tal manera la historia, cómo
puede hacerse tan acomodaticia para que un evento que revela lo peor
de lo peor del mundo colonial español, pueda ser interpretado como
la primera tentativa de independencia? Si eso pasa con el 19 de
abril, qué no irá a a pasar con el 5 de julio de 1811, cuando las
manos enguantadas del Marqués del Toro, al firmar el Acta de la
Independencia, lo que firmaron era un nuevo marco operacional que
permitía exportar su cacao en condiciones más ventajosas, sin
cuestionar en lo más mínimo la sórdida esclavitud que lo
cultivaba. Entonces mi planteamiento es que teniendo la posibilidad,
teniendo el espacio político y el espacio histórico para una
revisión cruda de elementos que marcan nuestra historia, la inercia
pesa más, y por encima de visiones críticas, y por encima de
espacios críticos se impone la celebración del bicentenario en su
carácter de ratificación de la fecha patria de la historia oficial.
5.- Sólo tres raíces y no otras
Finalmente quiero referirme a algo que
también es una cosa de sentimiento. Yo no se si los intelectuales
pueden expresar mucho sus sentimientos pero yo quiero terminar mi
intervención expresando sentimientos. Tengo un sentimiento de
hartazgo muy grande respecto de la percepción que algunas voces le
hicieran sentir a uno de que ésta es una revolución bate quebrado,
que no ha tenido los paredones que hacen de las revoluciones,
revoluciones verdaderas. Estoy hasta la coronilla de un sentimiento,
de una especia de visión de nosotros que tienen algunos que
parecieran decir “¡Hasta cuando vamos a seguir los venezolanos
enmarañados en esas tonterías pequeño burguesas” como las
elecciones”
Esa visión contradice nuestro
compromiso con la historia, nuestro compromiso con América Latina
que es ser originales. Que aquí, con la intención de darle
organicidad al proceso revolucionario bolivariano se propuso el árbol
de las tres raíces: Simón Bolívar, Simón Rodríguez, y Ezequiel
Zamora, a más nadie… a más nadie. No tenemos otra raíz, no la
queremos, además. Y esas raíces nos obligan a ser originales, nos
obligan a apostar a nuestra originalidad, a reconocer que lo inédito
de nuestro proceso es el mejor aporte que podemos hacer a los pueblos
del mundo.
Era con ese sentimiento que quería
cerrar mi intervención. Gracias.”
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