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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Salvador Allende
Por: Prensa Latina / Agencias
Fecha de publicación: 26/06/08
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Salvador Allende
Santiago de Chile 26 de junio 2008. - A cien años de su nacimiento, los chilenos de hoy recuerdan a Salvador Allende desde la óptica de su proyecto mutilado y su heroísmo, aquellos que le conocieron, o como icono de una utopía los más jóvenes, que crecieron bajo la sombra de una imagen difusa.

Los chilenos que vivieron los mil días (1970-1973) en que este médico, socialista y masón procuró construir “un socialismo a la chilena, con sabor a empanadas y a vino tinto”, añoran "un Gobierno que dio la cara al mundo obrero", según Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

A juicio del dirigente y ex candidato presidencial humanista Tomás Hirsch, con Allende “nuestro pueblo vio amanecer una esperanza para nuestra patria, para el continente, para el mundo entero”.

Allende también tiene todavía detractores, encabezados, por supuesto, por quienes aún celebran o justifican el derrocamiento de quien “ quería imponer en Chile una dictadura comunista”, opinó el dramaturgo Marco Antonio de La Parra .

No obstante, antiguos adversarios han cambiado, como el ex presidente Patricio Aylwin (2000-2004), que públicamente ha lamentado no haber condenado el golpe de Augusto Pinochet en 1973, como hicieron otros miembros de la democracia cristiana y considera que Allende “fue un demócrata”.

Jorge Arrate, ex presidente del Partido Socialista y actual presidente del Directorio de la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (Arcis) escribió esta semana que: “Al intentar un pensamiento propio y renunciar a la mera imitación, Allende abrió nuevos caminos, siempre fundado en principios”.

Allende, que provenía de una familia de clase media acomodada, se destacaba también por su buen vestir, modales refinados y su fama de enamorado, que le llevó hasta a protagonizar un duelo a mediados del pasado siglo.

Estos rasgos le costaron ataques de sus adversarios políticos, que lo apodaban “Pije” (de la clase alta), pero si bien tenía aires de gran señor, sobre todo era un hombre “cercano a la gente”, dijo a la agencia EFE Enérico García, que lo conoció en la intimidad como miembro de su equipo de seguridad.

Recordó que una vez el Presidente eludió a su equipo de seguridad, integrado por jóvenes voluntarios de izquierda, y se fue el teatro Caupolicán junto a sólo tres escoltas, a ver una pelea de Godfrey Stevens, en ese entonces Ídolo del boxeo chileno.

“La gente enloqueció de entusiasmo cuando entró Allende, que subió al ring a saludar, situación que claramente lo exponía a algún atentado o agresión”, rememoró García.

La ex diputada socialista Carmen Lazo, para quien “los partidos que lo acompañaron no han seguido sosteniendo su recuerdo”, celebra la capacidad que tenía de Allende para reirse de sí mismo, especialmente del hecho de haber sido varias veces candidato presidencial sin éxito.

Para quienes nacieron después de su muerte, Allende es un ícono, aunque hay discrepancias sobre la vigencia de su ideario: “Evoca la experiencia de un país diferente al que conocemos, con proyectos colectivos, capaz de soñar, de luchar, de conquistar espacios (...) una experiencia posible de recuperar”, dijo la socióloga chilena Alejandra Espinoza (31 años).

“Encarnó el sueño de combinar cambio social profundo con libertad; compatibilizar socialismo y democracia”, expresó el ex vicepresidente, José Vicente Rangel, quien lo conoció de cerca.

“Es una historia demasiado lejana, aunque por vídeos y grabaciones me gusta como hablaba. Fue el presidente del pueblo, un luchador por las personas comunes, pero me decepciona cuando me dicen que se suicidó”, afirma en cambio la bailarina chilena Isabel Arenas.

La causalidad de su caída y muerte la describe Rangel: “La insaciable oligarquía chilena y los medios de comunicación envilecidos por el odio, pusieron de lado cualquier escrúpulo democrático y decidieron ahogar en sangre la hermosa experiencia que Allende lideró con grandeza, con dignidad”.

Las bombas que cayeron en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 honraron las palabras de su último discurso: “Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria”.


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