1.
Seremos
la fuerza más grande de la Asamblea Constituyente
H.D.
Este domingo es la votación para la Asamblea Constituyente:
¿Cuál es tu pronóstico?
R.C.
Hasta ahora vamos muy bien. Lograr la mayoría absoluta es
difícil, pero no imposible. Creo, que por lo menos vamos a
sacar, como vamos hasta ahora, cincuenta escaños, y con mucho
vamos a ser la fuerza más grande en la Asamblea. Lo ideal es
que saquemos los suficientes escaños para tener mayoría
absoluta y no tener que conversar ni llegar a acuerdos con nadie.
Esto
no es soberbia. Es que en la realidad de la política
ecuatoriana, el llegar a acuerdos, el negociar entre comillas es “yo
te doy y tú, cuanto me das”. Es un trueque, un comercio y
para esas cosas no nos prestamos. Pero esa será la decisión
del pueblo ecuatoriano. En todo caso, hasta ahora las cosas van muy
bien, pero no nos confiemos, porque eso también lo sabe la
derecha. Sabe que las cosas van muy bien para nosotros y no van a
estar dispuestos a dejarnos triunfar tan fácilmente. Ellos
saben que sería el principio del fin. Que la Asamblea Nacional
Constituyente en verdad empezará una nueva historia para el
país. En consecuencia, en los próximos días
debemos estar preparados para cualquier cosa: escándalos,
autoatentados, atentados, intentos de desestabilización,
destituciones, juicios etcétera. Debemos estar preparados para
cualquier cosa.
2.
Se
están fraguando atentados contra el Presidente
H.D.
¿Tú incluyes en este escenario la posibilidad de un
atentado contra tí?
R.C.
Sí. Por supuesto que es una de las posibilidades más
latentes y tenemos indicios en inteligencia que se están
fraguando algunos de esos casos.
H.D.
¿Y tu sistema de seguridad está a la altura del desafío
o estás solo artesanalmente preparado?
R.C.
No hay sistema de seguridad infalible. Creo que el equipo que me
rodea es muy profesional, pero creo que por mi propia forma de ser,
por nuestro propio estilo de gobierno es muy difícil dar
seguridad. Tú ves que me bajo del carro o saludo a la gente,
ando como libro abierto. Y si me quieren matar lo van hacer. Yo creo
que sería el mayor favor para la causa del Socialismo del
Siglo XXI, como ha sido en Chile frente a la caída de
Allende: “Podrán cortar las flores, pero no podrán
detener la primavera.”
H.D.
Te preferimos vivo.
R.C.
Mira, yo no soy alarmista ni tremendista. No es nuestro estilo. Pero,
efectivamente tengo que decir, que sí hay peligro y que sí
tenemos datos de atentados que se están fraguando. La derecha
está desesperada y no escatimará recursos para tratar
de impedir que lleguemos a la Asamblea Nacional Constituyente o que
ganemos la Asamblea.
3.
La
relación con Fidel, Hugo Chávez y demás
Presidentes latinoamericanos
H.D.
¿Cómo ves a Fidel y a Hugo Chávez?
R.C.
Fidel claramente es un líder fuera de serie. Lo que hizo pues,
en el momento en que lo hizo; todo lo que arriesgó. Es un
líder excepcional. Hugo Chávez también. Hugo
Chávez también es otra circunstancia. Creemos que en el
siglo XXI los cambios violentos ya no son dables. Tú habrás
escuchado algunas de mis conferencias y esto les choca mucho a
socialistas tradicionales. Yo cuestiono el materialismo dialéctico.
En todo caso, en el siglo XXI pues, obviamente el arma de los
revolucionarios debe ser el voto. Hugo Chávez también
es un líder excepcional con un apoyo enorme de su pueblo y que
ha logrado abrir nuevas sendas para toda América Latina.
H.D.
Inclusive entre presidentes la química humana es importante.
Tú eres costeño, eres cálido en cierto sentido
(se ríe), como Hugo Chávez.
R.C.
Hugo es un querido amigo. Para mi es una persona excepcional y existe
un profundo respeto y cariño hacia él. Pero, quiero
decirte que hay una profunda amistad con muchos presidentes de
América Latina. Por ejemplo, la propia Michelle Bachellet, la
quiero mucho. Tabaré Vásquez. Néstor Kirchner.
El propio Evo. Lula. Alan García. Entonces, existe una amistad
muy arraigada entre los presidentes de América Latina.
H.D.
Hugo Chávez apoya mucho, por ejemplo, con la Refinería
del Pacifico.
R.C.
Por eso te digo que es un ser excepcional. Esos afanes que tiene de
ayudar. El país que menos necesita integración
energética en Sudamérica se llama Venezuela, porque
tiene refinerías de sobra y tiene casi trescientos mil
millones de barriles en reserva. Quince veces más que toda
Sudamérica junta. Tiene reservas de gas, pero es el que más
promueve la integración. Por su afán de ayudar y yo sé
que es sincero ese afán de ayudar.
Obviamente
la mala fe va a decir que quiere el liderazgo regional, quiere
imponerse, quiere influenciar y que se descontenta con Lula. Todos
los que conocemos de cerca, de adentro la situación sabemos
que es puro cuento. Es un hombre sincero que quiere ayudar y ahora
esta apoyándonos muchísimo y vamos a emprender este
proyecto común, la Refinería del Pacifico.
4.
Líderes,
hombres de Estado y Pueblo en América Latina
H.D.
Un líder necesita ciertas cualidades para triunfar y un Jefe
de Estado posiblemente otras. La gente dice, que tú no eres un
hombre del aparato. ¿Cómo ves ese problema del líder
que se convierte en jefe de estado?
R:
No son cosas excluyentes. Uno de los problemas que hemos tenido es,
que los hombres de estado en América Latina no han sido
líderes, y la crisis de líderes de América
Latina ha sido clamorosa hasta inicio de este siglo. Hoy, mira los
líderes que hay en América Latina y la legitimidad que
tienen. En consecuencia, esos gobiernos gozan de un inmenso apoyo
popular. Yo creo que es necesario saber transmitir un mensaje,
convocar a todo un pueblo en función de una causa, si eso se
puede definir como liderazgo.
Eso
no excluye, en absoluto, las capacidades para manejar un estado.
Personalmente creo que soy bastante buen administrador, estamos
corrigiendo muchas cosas y muy rápidamente. Pero si Usted
quiere, en estos siete meses de gobierno me he convencido de lo que
es nuestro principal deber. Después de que el neoliberalismo o
la partidocracia trataron de robarnos con la comunicación
hasta la autoestima, hasta la esperanza, convenciéndonos que
no teníamos solución, que éramos los más
inútiles, los más corruptos, etc., me he convencido en
estos siete meses, que el principal deber mas allá de ejecutar
es motivar, animar: ser un animador, un motivador, un hombre
inteligente para levantar la moral. Porque un pueblo con la moral en
alto, motivado es capaz de muchas cosas.
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