Se trata de un pacto y quiero que sepas que cuentas con nosotros.
Por eso no me calo esa de que “todos los que lo rodean son unos delincuentes”.
No lo tolero porque yo soy una de esos que te rodean y cumplo mi deber, porque hay quienes te rodean más de cerquita y han dejado la vida en esto, porque las generalizaciones son nefastas y más cuando parten de las excepciones.
Se trata de una frase que los infames han dejado colar y que muchos repiten como loros cumpliendo, sin saberlo, con la tarea de vulnerar nuestra estima revolucionaria.
Antes de irte a la reunión de los mercosureños te encontré en el pasillo de mis utopías. Estabas recostado a la ventana y llorabas…
Quería conversar contigo este asunto y adherir todo lo planteado en el programa del domingo pero tú llorabas, mi comandante…
Galopaban en tu alma los heraldos negros de Vallejo.
Llorabas y brotaban de tus ojos lágrimas como las que cantaba el Daniel Santos. Lágrimas negras.
Supongo que hablabas con un personaje de esos que “te rodean” pero que han sucumbido ante el canto de las sirenas porque le reprochabas que no había sido ejemplo de honestidad y le decías que en vez de maldecirte con justo encono, en mis sueños te colmo de bendiciones.
Y llorabas…
A pesar de que tú sabías que esto iba a ser así, mi negrito, de vez en cuando la tristeza te juega sucio. Sabes que la fortaleza ética es muy sensible y que hay muchos por ahí tratando de comprar conciencias. Sin embargo yo te garantizo que la mayoría de los que te rodeamos seguimos y seguiremos aquí, firmes en los principios socialistas. Contamos, además, con un ejército de relevo.
¡Ánimo, presidente!
Estamos comprometidos junto contigo a lograr la Patria Buena, convencidos en la certeza de corresponder a tu amor, a esa locura de vivir y amar, que es más que amor, frenesí…