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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

Formación desde la transformación de las condiciones de trabajopara la construcción del Socialismo

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I

Abriendo caminos para el ejercicio del poder en el ámbito de la salud y seguridad de los trabajadores y trabajadoras.

Siempre es importante recordar que el proceso de la revolución bolivariana se desencadena a partir de un acumulado de anteriores procesos sociales de cambio que desde distintos ámbitos (barrial, militar, campesino, indígena, educativo, del mundo de los trabajadores y trabajadoras, entre otros) generaron en una confluencia de fuerzas y factores que lograron en diciembre de 1998 el ascenso del comandante Chávez al poder ejecutivo nacional.

Una parte del movimiento obrero desde la década de los ochenta (80) orientó su accionar hacia la defensa de la vida y la salud en el trabajo, entendiendo que la lucha por los derechos laborales trasciende la discusión de convenciones colectivas y la lucha por un salario digno, sino que, sin negar la importancia de lo anterior, la necesidad de una lucha por condiciones de trabajo más humanas, en las que ya no se afecte la salud y la vida de trabajadores y trabajadoras, con ocasión de accidentes laborales y enfermedades originadas por las condiciones y el medio ambiente de trabajo.

Podemos recordar expresiones organizativas como: la Asociación de Trabajadores Incapacitados (ATRINCA) y  las Coordinadores Regionales por la salud y la vida en el Trabajo, como expresiones mas visibles. Estas movilizaciones generaron las condiciones favorables el desarrollo de cambios y transformaciones en la dinámica nacional, y su subsecuente impacto hacia procesos en otras naciones y pueblos.

Un hito fundamental es el momento de construcción de una nueva Constitución Nacional; el proceso constituyente expresado en un cambio en la superestructura de la sociedad venezolana, donde se dio cabida a todos los sectores de la sociedad, y donde por primera vez en la constitución se plasman conceptos como “derechos de los pueblos indígenas” “estado de derecho y de justicia” “república multiétnica y pluricultural” y así entre otros, adopta rango constitucional el derecho a un trabajo con “condiciones de seguridad, higiene y ambiente de trabajo adecuados”.

Es justo asumir como un logro de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras por la salud y la vida en el trabajo, la reivindicación de condiciones de trabajo dignas en la nueva carta magna.

Ello fortalece esta corriente obrera en defensa de la salud y la vida en el trabajo y logra anotarse otros logros en lo sucesivo, a saber: el gobierno declara la salud en el trabajo como un asunto de estado (2002), creación del Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (INPSASEL) (2002), reforma de la Ley Orgánica de Prevencion, Condiciones y Medio ambiente de Trabajo (LOPCyMAT), en la cual se crea la figura del Delegado de Prevención (2003), Creación del Reglamento Parcial de la LOPCyMAT (2005).

Hoy en día se espera por la aprobación en Consejo de Ministros del Reglamento Parcial de los Delegados y Delegadas de Prevención, el cual fue discutido por los Delegados y Delegadas a nivel nacional y que reviste gran importancia política, dado que contiene elementos que fortalecen la protección a la actuación de éstos y le da legalidad a una figura que se viene ensayando en distintas regiones del país, como lo es el Consejo de Delegados y Delegadas de Prevención, espacio propicio para generar el control obrero sobre los medios de producción, partiendo de la concreción de gestión y control de los procesos peligrosos existentes en los procesos de producción.

Entonces podemos observar en particular este escenario político vinculado al movimiento obrero, que se ha venido instalando en Venezuela, y con mayores posibilidades a partir del proceso de la Revolución Bolivariana.

II

Entendiendo la necesidad de asumirnos como sujetos llamados a impulsar los cambios necesarios desde nuestro puesto de trabajo.

 “… adaptarse al cambio en el mundo actual significa aceptar la realidad masiva de injusticia y desigualdad…”

Rosa María Torres[1] dibuja de alguna manera en esta idea la posibilidad de asumir dos maneras de actuar en la vida frente a la realidad; una, la que se explicita en la frase misma, es decir, “adaptarse al cambio” lo cual de por sí implica, por decirlo de manera radical, ser cómplice en alguna medida, concientemente o no, de la realidad de injusticia y desigualdad. Y la otra manera, trabajar para tratar de incidir en esos cambios.

La realidad de la explotación, y las condiciones insalubres de trabajo existen desde la época del esclavismo como modo de producción. Fray Bartolomé de las Casas, denunciaba ya en tiempos de la colonia las condiciones infrahumanas en las que obligaban trabajar a los indígenas. Y estas condiciones de trabajo evidentemente también a lo largo de la historia han sido sujeto de cambios; un gran impacto causó en ellas el desarrollo tecnológico, la aparición de máquinas y herramientas que hicieron evolucionar las fuerzas productivas. Para algunos el cambio implicó ser sustituidos por las máquinas quedándose sin trabajo, y para otros cambiar las condiciones de trabajo enfrentando nuevas herramientas, nueva tecnología, distinta infraestructura. Eso si, siempre con la misma finalidad: producir más y a menor costo.

Hasta ahora los cambios que se han generado respecto a las condiciones de trabajo en el modelo capitalista, de han traducido, como ya lo mencionamos por una parte en mayores posibilidades de acumulación de capital para la clase propietaria de los medios de producción y por otra parte en más daños a la salud en el caso de la clase que vende o alquila su fuerza de trabajo manual o intelectual.

Las estadísticas manejadas por la Organización Mundial del Trabajo, plantea datos alarmantes: 1,2 millones de muertes relacionadas con el trabajo al año, 250 millones de accidentes laborales anuales[2],  las cuales demuestran que hoy en día mueren más personas al año por accidentes de trabajo y enfermedades de origen ocupacional que producto de las guerras, y es innegable que en los últimos las muertes producto de la guerra alcanzan cantidades grotescas.

Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, en Latinoamérica y el Caribe mueren al año en accidentes de trabajo unas 27.270[3] trabajadoras y trabajadores. Dicho de otro modo, cada hora mueren tres trabajadores en nuestro continente a causa de la precariedad de las condiciones de trabajo.

Según las estadísticas más actualizadas que el INPSASEL publica en su página web[4], en Venezuela para el año 2006 el instituto registró 2066 enfermedades de origen ocupacional, y para el año 2007 se registraron 57.646 accidentes laborales, de los cuales 325 (casi uno diario) fueron mortales. Y vale comentar que no todos los accidentes laborales y enfermedades ocupacionales son declarados ante esta institución.

Por lo tanto podemos afirmar sin exagerar que es arriesgado adaptarse a los cambios en las condiciones de trabajo que impone el modelo de producción neoliberal.

Entonces no es posible asumir la postura de adaptarse a los cambios de nuestras condiciones de trabajo, sin resignarse a ser objeto de daños a nuestra salud, sea por accidentes de trabajo o por enfermedades que se originaron con ocasión al trabajo. Vale entonces recalcar lo que recoge Rosa María Torres en su doceava tesis; la educación debe recuperar su potencial transformador, y en caso de la educación que se den los trabajadores y trabajadoras, que ésta les permita “anticipar, controlar y orientar el cambio” de las condiciones de trabajo, no para lograr el objetivo histórico de seguir enriqueciendo a las clases dominantes, sino hacia el horizonte de un trabajo en condiciones de dignidad y justicia, y ello pasa por construir unas relaciones de producción que permitan condiciones de trabajo que no atenten contra la salud y la vida de trabajadores y trabajadoras.

III

Conocer más y poner el conocimiento al servicio de los intereses de la clase.

“Zapatero a su zapato” dice un viejo dicho popular, ¿Cuánto de Taylorismo encierra esta expresión? Lo cierto es que hemos visto,  como cada vez se hace más necesario “conocer más” de lo que meramente necesitamos para “producir”, si queremos transformar la realidad concreta que enfrentamos. Si el zapatero quiere y necesita mejorar sus condiciones de trabajo tendrá que ir más allá de su zapato.

Con la implementación de la flexibilización del trabajo, instrumento fundamental para el avance del capitalismo neoliberal, enfrentamos cada vez peores condiciones de trabajo, y hemos podido observar como por ejemplo,  un trabajador fijo de una planta reductora de aluminio centra su mayor preocupación en mejorar los beneficios de la convención colectiva (el regalo para los hijos en navidad, el seguro para el vehiculo, el seguro de hospitalización, cirugía y maternidad, entre otros) otro trabajador, posiblemente con la misma calificación técnica que el otro, que convive con él diariamente en las mismas áreas de trabajo; pero que es empleado de una subcontratista, centra sus preocupación en que no ha sido dotado de los más básicos equipos de protección personal, o de agua potable, por mencionar algunas condiciones.

Pudiera parecer sorprendente pero en los talleres metal-mecánicos de Ciudad Guayana, los trabajadores expresan que los problemas que quisieran resolver en su trabajo son los mismos que motivaron a la primera huelga en Venezuela en el sector petrolero en el año 1936, a saber: baños dignos y agua potable fresca[5].

Vale preguntarse entonces sobre la pertinencia o no de que tanto el obrero de la subcontrata en la planta reductora de aluminio, como el trabajador del taller metalmecánico, incluso el trabajador fijo de una empresa básica; “conozcan más” para poder transformar su realidad.

Este “conocer más” en el campo de la salud y la seguridad en el trabajo, para poder incidir en las condiciones y en el medio ambiente de trabajo, amerita el manejo de dispositivos metodológicos que permitan profundizar en la el contexto del trabajo y sus problemas, en las causas de éstos, en los efectos que éstos tienen en nuestra salud como trabajadores y trabajadoras, en las soluciones inmediatas y en las soluciones estructurales, en fin amerita el manejo de instrumentos que permitan ir sistematizando la realidad, la acción que como trabajadores vamos desarrollando para incidir en ella y el conocimiento que se va generando y acumulando en esa interacción dialéctica.

Es aquí donde cobra importancia vital lo que plantea Paulo Freire[6] sobre la necesidad de pasar de la “curiosidad ingenua” a la “curiosidad epistemológica”, es necesario que los trabajadores y trabajadoras pasemos de conocer sobre las tareas que cumplimos en la producción de bienes y/o servicios, a conocer cómo esas tareas pueden afectar nuestra salud, saber si hay otras posibilidades de realizar esas tareas y manejarnos frente a los procesos peligrosos, conocer las medidas necesarias para minimizar los factores de riesgo en el trabajo, conocer las razones por las que el trabajo está organizado de la forma como lo conocemos, conocer todo ello para crear las nuevas formas como asumir el trabajo, cómo incidir de manera realmente eficaz sobre nuestra realidad.

Freire insiste sobre la importancia de la “rigurosidad metódica” como un aspecto fundamental para pasar de la curiosidad ingenua a la curiosidad epistemológica. En este sentido hay un dispositivo metodológico que se ha venido instalando en nuestro país en el ámbito de la salud y la seguridad en el trabajo, es el Modelo Obrero, el cual tiene su origen en Italia en los años sesenta, partiendo una postura hegemónica de la clase obrera, en lo que respecta a la salud y seguridad en el trabajo.

Un método que incluye entre sus principios tres fundamentales: La no delegación en terceros los asuntos referentes a la salud de los trabajadores y trabajadoras, La “no monetarización” de la salud (la salud no se vende), por último, tomar en cuenta siempre los saberes y la experiencia de los trabajadores, es decir la autonomía del conocimiento.

En Venezuela y específicamente desde el Instituto Nacional de Prevención Salud y Seguridad Laborales (Inpsasel), se ha impulsado el Modelo Obrero como herramienta para la investigación y la acción de los trabajadores, entendiendo que permite desarrollar herramientas básicas para ello, entre las cuales podemos mencionar:

  • El “mapa de riesgos”, a saber, un instrumento que a partir de una representación gráfica del área de trabajo y con el uso de símbolos, los trabajadores, en colectivo y partiendo de sus experiencias y saberes van identificando los distintos factores de riesgo presentes en su medio ambiente de trabajo, los daños a la salud que estos pueden generar, así como las acciones tomadas por el empleador para contrarrestarlas y las acciones propuestas por los mismos trabajadores.
  • La “encuesta colectiva”  que parte de la ubicación de grupos homogéneos, tomando en cuenta trabajadores expuestos a factores de riesgo similares, donde se indaga sobre la visión de estos trabajadores sobre los riesgos a los que se encuentran expuestos, cómo estos pueden afectar su salud, y que soluciones de acuerdo a la experiencia podrían implementarse, entre otros aspectos que el colectivo considere pertinente incluir en la encuesta.
  • Y el “plan de trabajo”, que es una herramienta concreta con la que los trabajadores y trabajadoras asumen responsabilidades de cara a su realidad, partiendo del análisis y la investigación que han desarrollado.

 

IV

El Plan Nacional de Formación del INPSASEL, como elemento animador de los procesos orgánicos a lo interno de la clase trabajadora.

En el Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (INPSASEL) específicamente desde su Dirección de Educación, en el año 2009 se madura la propuesta del Plan Nacional de Formación, una propuesta novedosa en varios sentidos.

Por una parte es un plan que recoge los avances de la experiencia que la institución a sus apenas siete años de ser creada ha desarrollado; por otra parte novedosa porque partió no solo del aporte de los trabajadoras y trabajadoras, sino también del debate colectivo de los responsables de la formación a nivel nacional así como de funcionarios de las áreas de epidemiología, inspecciones, medicina ocupacional y el departamento legal, quienes fueron consultados; además se plantea de manera intencionada, transparente y clara el impulso desde este Plan Nacional de Formación el “Proyecto Nacional Simón Bolívar” primer plan socialista de la nación desde el sector de los trabajadores y trabajadoras.

 Un plan que parte del entendido de la estrecha vinculación que en materia de seguridad y salud en el trabajo tienen tanto los aspectos técnico-científicos, los político-ideológicos y los ético-morales. Y asumiendo a su la perspectiva de la educación liberadora, entendiendo que formación y acción transformadora no se conciben separadas, que la formación no puede tampoco estar desvinculada de “saberes, haceres y sentires” en este caso de los trabajadores y trabajadoras, inmersos en el mundo local, en el contexto de trabajo donde hay conocimientos técnicos y disciplinarios, así como el contexto de la comunidad, la familia y la dinámica social.

Un plan de formación que concibe entonces la acción formadora como un proceso de “construcción cultural” en palabras de Rolando Pinto una formación que permita la “liberación de la creatividad y de la capacidad de asumir la crítica y la búsqueda de soluciones a los problemas colectivos que afectan la calidad de vida de los sujetos sociales, en interacción dialogante”.[7] En concreto los problemas vinculados a la salud y seguridad en el trabajo.

 

Un plan de formación con estas características ha generado hasta ahora lo que podríamos ubicar como dos grandes efectos:

En primer lugar el empoderamiento de los trabajadores y trabajadoras de conocimientos, pertinentes para el desempeño de su rol como Delegados de Prevención, tanto en el ámbito técnico como político. El cuestionamiento a fondo de las causas de los problemas que enfrentan, y la consecuente acción de éstos de manera en unos casos más y en otros menos organizada, para revertir las problemáticas que viven.

Todo ello es causa entonces del segundo gran efecto: La reacción de la patronal que a través de sus medios masivos de comunicación han atacado el Plan Nacional de Formación del INPSASEL argumentando que es un plan de contenido antiimperialista, marxista y por tener una “visión desequilibrada” de la realidad. Esto lo podemos constatar en el trabajo periodístico del diario El Universal, en la segunda quincena de noviembre y principios de diciembre del 2009.[8] Donde FEDECAMARAS[9] ataca abiertamente al Plan Nacional de Formación.

Entonces es menester reivindicar esta propuesta de formación en tanto y cuanto estimula el protagonismo de los trabajadores y trabajadoras en los cambios de su realidad estimulando su organización autónoma, y también por el hecho de que sus principales detractores son los mismos que generan las condiciones que afectan la salud y seguridad de los trabajadores y trabajadoras.

“Si los perros ladran, es señal de que avanzamos”

Don Quijote



[1] Rosa María Torres. 12 tesis para el cambio educativo, justicia educativa y justicia económica. Fe y Alegría 2005.

[5] Estas problemáticas fueron expresadas por los Delegados de Prevención de los talleres metalmecánicos de la ciudad en un taller sobre análisis de empresa, facilitado por el Centro de Formación Guayana (CFG) en diciembre de 2009. el CFG es un centro que apoya desde 1984 la acción y formación autónoma de organizaciones comunitarias y obreras.

[6] Pedagogía de la Autonomía, saberes necesarios para la práctica educativa, Siglo veintiuno editores, 1998.

[7] Rolando Pinto, exposición titulada “La acción pedagógica como crítica humanizadora” presentada en el curso de la Maestría latinoamericana en Formación y gestión Universitaria. Sierra de Falcón, enero 2010.

[9] La principal organización del empresariado de Venezuela, abiertamente opositora al gobierno de Chávez.

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