El llamamiento del presidente Chávez a organizar una nueva
internacional revolucionaria, la Quinta Internacional, ha provocado
discusión apasionada en las filas del movimiento obrero en América
Latina y en todo el mundo. Los marxistas no podemos mantenernos
indiferentes ante esta cuestión. ¿Qué actitud debemos tomar?
La primera pregunta que debemos responder es: ¿necesitamos una
Internacional? El marxismo es internacionalista o no es nada. Ya en los
orígenes de nuestro movimiento, en las páginas del Manifiesto
Comunista, Marx y Engels escribieron: "los trabajadores no tienen
patria".
El internacionalismo de Marx y Engels no era un capricho, ni el
resultado de consideraciones sentimentales, sino que se derivaba del
hecho de que el capitalismo se desarrolla como un sistema mundial -de
las diferentes economías y mercados nacionales surge una sola unidad,
indivisible e interdependiente- el mercado mundial.
Hoy en día, ésta predicción de los fundadores del marxismo ha sido
demostrada de manera brillante, se podría decir que en condiciones de
laboratorio. La dominación aplastante del mercado mundial es el factor
más decisivo de nuestra época. Ningún país, por grande y poderoso que
sea -ni los EEUU, ni China, ni Rusia-, puede mantenerse al margen de la
poderosa atracción del mercado mundial. De hecho, esto fue uno de los
motivos de la caída de la URSS.
La Primera y Segunda Internacionales
La Liga
Comunista fue, desde su inicio, una organización internacional. Sin
embargo, la formación de la Asociación Internacional de Trabajadores
(la Primera Internacional) en 1864 representó un salto hacia adelante
cualitativo. La tarea histórica de la Primera Internacional fue la de
establecer los principios, el programa, la estrategia y la táctica más
importantes del marxismo revolucionario a escala mundial. Sin embargo,
en su origen, la AIT no era una Internacional marxista, sino una
organización extremadamente heterogénea, compuesta por sindicalistas
reformistas británicos, proudhonistas franceses, italianos seguidores
de Mazzini, anarquistas, y demás. Gradualmente, combinando firmeza en
los principios con gran flexibilidad táctica, Marx y Engels ganaron a
la mayoría.
La AIT consiguió poner los cimientos teóricos para una Internacional
genuinamente revolucionaria, pero nunca fue una auténtica Internacional
obrera de masas. Realmente fue un anticipo del futuro. La Internacional
Socialista (Segunda Internacional), fundada en 1889, empezó dónde la
Primera Internacional había terminado. A diferencia de ésta, la Segunda
Internacional empezó como una Internacional de masas, agrupando y
organizando a millones de trabajadores. Tenía partidos y sindicatos de
masas en Alemania, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, etc. Además, por lo
menos de palabra, se basaba en el marxismo revolucionario. El futuro
del socialismo mundial parecía asegurado.
Sin embargo, el infortunio de la Segunda Internacional fue que se formó
durante un período prolongado de ascenso del capitalismo. Esto dejó su
huella en la mentalidad de la capa dirigente de los partidos y
sindicatos socialdemócratas. El período de 1871-1914 fue el período
clásico de la socialdemocracia. Sobre la base de un auge económico
prolongado, el capitalismo pudo hacer concesiones a la clase obrera o,
más correctamente, a su capa superior.
La formación de una casta numerosa de dirigentes sindicales, burócratas
del partido y carreristas parlamentarios llevó a un proceso de
degeneración en el que la burocracia cada vez estaba más divorciada de
las masas y de las bases de las organizaciones. Gradualmente, de manera
casi imperceptible, se perdieron de vista los objetivos
revolucionarios. Los dirigentes fueron absorbidos en la rutina diaria
de la actividad parlamentaria o sindical. Finalmente, encontraron
teorías para justificar este abandono de los principios.
Ésta fue la base material de la degeneración nacional-reformista de la
Segunda Internacional (Socialista), que quedó cruelmente al descubierto
en 1914, cuando los dirigentes de la Internacional votaron por los
créditos de guerra y apoyaron a "sus" propias burguesías en la
carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial.
La Tercera Internacional
La Tercera Internacional
(Comunista) empezó a un nivel cualitativamente superior al de sus dos
predecesoras. Al igual que la AIT, en el punto álgido de su desarrollo,
la Tercera Internacional defendía un programa revolucionario e
internacionalista claro. Al igual que la Segunda Internacional, tenía
una base de masas de millones de obreros. Una vez más, parecía que el
destino de la revolución mundial estaba en buenas manos.
Bajo la dirección de Lenin y Trostky, la Internacional Comunista
mantuvo una línea correcta. Sin embargo, el aislamiento de la
revolución rusa en condiciones de un espantoso atraso material y
cultural provocó la degeneración burocrática de la revolución. La
fracción burocrática de Stalin tomó el control, particularmente después
de la muerte de Lenin in 1924.
León Trotsky y la Oposición de Izquierdas trataron de defender las
tradiciones limpias de Octubre contra la reacción estalinista -las
tradiciones leninistas de la democracia obrera y el internacionalismo
proletario-, pero estaban luchando contra la corriente. Los
trabajadores rusos estaban exhaustos, después de años de guerra,
revolución y guerra civil. Por otra parte, la burocracia se sintió cada
vez más fuerte, empujó a un lado a los trabajadores y tomó control del
partido.
Con la última enfermedad de Lenin y su muerte, la burocracia, bajo
Stalin y Bujarin, dio un giro hacia la derecha, conciliándose con los
kulaks y otros elementos capitalistas en Rusia, tratando de llegar a un
bloque con los supuestos elementos burgueses progresistas en los países
coloniales (Chiang Kai-shek en China) y la burocracia obrera en
occidente (el Comité Anglo-Ruso.) Ésta política oportunista llevó a la
derrota sangrienta de la revolución china y a la pérdida de
oportunidades revolucionarias en Gran Bretaña en 1926 y, todavía más
importante, en Alemania en 1923.
Con cada derrota de la revolución internacional, los obreros soviéticos
quedaban más desanimados y desmoralizados, y la burocracia y la
fracción estalinista del Partido se fortalecían y adquirían más
confianza. Después de la derrota de la Oposición de Izquierdas de
Trotsky (1927), Stalin, habiéndose quemado los dedos con la política a
favor de los kulaks, rompió con Bujarin y dio un giro
ultra-izquierdista de colectivización forzada en Rusia, al mismo tiempo
que forzaba a la Internacional Comunista a adoptar la política loca del
"Tercer Período".
Trotsky y sus seguidores, los bolcheviques-leninistas, fueron
expulsados del Partido Comunista y de la Internacional. A continuación,
fueron calumniados, perseguidos, encarcelados y asesinados. Stalin
trazó una línea de sangre entre la burocracia que usurpó y traicionó la
revolución de Octobre y los trotskystas que lucharon por defender las
auténticas ideas del bolchevismo-leninismo.
La Oposición Internacional de Izquierdas
El enorme potencial de la Tercera Internacional fue destruido por el
ascenso del estalinismo en Rusia. La degeneración estalinista de la
Unión Soviética causó estragos en las direcciones inmaduras de los
Partidos Comunistas extranjeros. Mientras que Lenin y Trotsky veían la
revolución obrera internacional como la única manera de defender el
futuro de la revolución rusa y el Estado Soviético, Stalin y sus
seguidores eran indiferentes ante la revolución mundial. La "teoría"
del socialismo en un solo país expresa la limitación nacional del punto
de vista de la burocracia, que consideraba a la Internacional Comunista
como un simple instrumento de la política exterior de Moscú.
El peor resultado de ésta degeneración fue en Alemania. Trotsky hizo un
llamado al frente único de obreros comunistas y socialdemócratas ante
la amenaza Nazi. Pero sus advertencias a los miembros de los Partidos
Comunistas cayeron en saco roto. La clase obrera alemana fue dividida
por el medio. La política loca del "social-fascismo" dividió y paralizo
al poderoso movimiento obrero alemán, y permitió a Hitler llegar al
poder en 1933.
La derrota de la clase obrera alemana en 1933, como resultado de la
negativa del Partido Comunista a ofrecer un frente único a los
trabajadores socialdemócratas, fue un punto de inflexión. Trotsky sacó
la conclusión de que una internacional que era incapaz de reaccionar
ante una derrota de tal magnitud estaba muerta y que era necesario
forjar una nueva internacional. La historia le dio la razón. En 1943,
Stalin, después de haberla utilizado cínicamente como un instrumento de
la política exterior de Moscú, enterró sin pena ni gloria a la
Internacional Comunista, sin ni siquiera molestarse en convocar un
congreso. La herencia política y organizativa de Lenin recibió un duro
golpe para todo un período histórico.
La Cuarta Internacional
Bajo las condiciones más
difíciles de exilio, calumniado por los estalinistas y perseguido por
la GPU, Trotsky trató de reagrupar a las pequeñas fuerzas que se
mantenían leales a las tradiciones del bolchevismo y la revolución de
Octubre. Desgraciadamente, además de la limitación numérica de sus
fuerzas, muchos de los seguidores de la Oposición estaban confundidos y
desorientados y se cometieron muchos errores, particularmente de
carácter sectario. En parte esto era un reflejo del aislamiento de los
trotskistas respecto al movimiento de masas. Este sectarismo está
presente hoy en día en la mayoría de los grupos que se reclaman del
trotskismo, pero que no han sido capaces de entender las ideas más
básicas que Trotsky defendió.
Trotsky lanzó la Cuarta Internacional en 1938 sobre la base de una
perspectiva concreta, que, sin embargo, fue falsificada por la
historia. El asesinato de Trotsky por un asesino estalinista en 1940
fue un golpe mortal para el movimiento. Los otros dirigentes de la
Cuarta Internacional demostraron que no estaban a la altura de las
tareas que les planteaba la historia. Repetían las palabras de Trotsky
sin haber entendido su método y, como consecuencia, cometieron toda una
serie de errores que llevaron al naufragio de la Cuarta. La dirección
de la Internacional fue totalmente incapaz de entender la nueva
situación que había surgido después de 1945. La ruptura y las
escisiones del movimiento trotskista tienen sus raíces en este período.
No es posible en este texto entrar en más detalle en los errores de la
dirección de la Cuarta Internacional de aquel entonces, pero baste con
decir que Mandel, Cannon y los demás quedaron completamente
desorientados después de la guerra y eso les llevó a un abandono total
del auténtico marxismo. La llamada Cuarta Internacional degeneró
después de la muerte de Trotsky hasta convertirse en una secta
orgánicamente pequeño burguesa, que no tiene nada en común con las
ideas de su fundador ni con una tendencia auténticamente
bolchevique-leninista. La actitud sectaria de estas sectas
seudo-trotskistas hacia la revolución bolivariana es un ejemplo
particularmente burdo de esto.
La Segunda y Tercera Internacionales degeneraron en organizaciones
reformistas, pero por lo menos tuvieron a las masas. Trotsky, en el
exilio, no tenía una organización de masas, pero tenía un programa y
una política correctos y una bandera limpia. Era respetado por los
obreros en todo el mundo y sus ideas tenían una audiencia. Hoy en día,
la llamada Cuarta Internacional no existe como organización. Aquellos
que dicen hablar en su nombre (y hay unos cuantos) no tienen ni a las
masas, ni las ideas correctas, ni siquiera una bandera limpia. Sobre
estas bases está totalmente excluida cualquier resurrección de la
Cuarta Internacional.
El movimiento ha retrocedido
Lenin siempre fue
honesto. Su consigna era: decir siempre lo que es. En ocasiones la
verdad es amarga, pero siempre necesitamos decir las cosas cómo son. Lo
cierto es que, por una combinación de circunstancias, objetivas y
subjetivas, el movimiento revolucionario ha retrocedido y las fuerzas
del auténtico marxismo han quedado reducidas a una pequeña minoría. Ésa
es la verdad, y el que lo niegue simplemente se está engañando a sí
mismo y a los demás.
Décadas de crecimiento económico en los países capitalistas avanzados
han provocado una degeneración sin precedentes de las organizaciones de
masas de la clase obrera y al aislamiento de la corriente
revolucionaria, que en todas partes ha quedado reducida a una pequeña
minoría. El colapso de la Unión Soviética ha servido para sembrar
confusión y desmoralización en el movimiento y ha puesto el sello final
a la degeneración de los dirigentes ex-estalinistas muchos de los
cuales se han pasado abiertamente al campo de la reacción.
Muchos han sacado conclusiones pesimistas de esta situación. A ellos
les decimos: no es la primera vez que nos enfrentamos a dificultades y
éstas no nos asustan en absoluto. Mantenemos nuestra confianza
inquebrantable en la corrección del marxismo, en el potencial
revolucionario de la clase obrera y en la victoria final del
socialismo. La crisis actual deja al descubierto el papel reaccionario
del capitalismo y pone en el orden del día la revitalización del
socialismo internacional. Podemos ver el inicio de un reagrupamiento de
fuerzas a escala internacional, al que hay que dar una expresión
organizada y un programa, perspectivas y política claras.
La tarea a la que nos enfrentamos es aproximadamente análoga a la que
se enfrentaron Marx y Engels en los tiempos de la fundación de la
Primera Internacional. Como hemos explicado más arriba, esa
organización no era homogénea, sino que estaba compuesta por varias
tendencias. No obstante, eso no desalentó a Marx y Engels. Ellos se
unieron al movimiento general por una Internacional de la clase obrera
y trabajaron pacientemente para proporcionarle una ideología y un
programa científicos.
Lo que diferencia a la Corriente Marxista Internacional (CMI) de todas
las demás tendencias que dicen ser trotskistas es, por una parte,
nuestra actitud meticulosa hacia la teoría y, por otra, nuestra actitud
hacia las organizaciones de masas. A diferencia de todos los demás
grupos, nosotros partimos del hecho de que cuando los trabajadores
entran en acción, no lo harán a través de algún pequeño grupo al margen
del movimiento obrero. En el documento fundacional de nuestro
movimiento, Marx y Engels explicaron:
"¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en
general?
"Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos
obreros.
"No tienen intereses propios que se distingan de los intereses
generales del proletariado. No profesan principios especiales con los
que aspiren a modelar el movimiento proletario.
"Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más
que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una
de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y
peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad,
y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la
lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el
interés del movimiento enfocado en su conjunto.
"Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el
acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo;
teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su
clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados
generales a que ha de abocar el movimiento proletario." (Marx y
Engels, El Manifiesto Comunista, Proletarios y comunistas.)
¿Qué conclusión sacamos de esto? Sólo ésta: que los auténticos
marxistas no deben separarse de las organizaciones de masas. El dilema
de la época actual es que la dirección socialdemócrata del movimiento
obrero ha capitulado a las políticas burguesas, asfixiando las
aspiraciones de los trabajadores, pero sigue teniendo apoyo de masas en
muchos países. Es muy fácil declarar la degeneración de la dirección
oficial. Sin embargo, la tarea es construir una alternativa.
La Internacional no se construirá simplemente proclamándola. Sólo se
construirá sobre la base de acontecimientos, de la misma manera que la
Internacional Comunista se construyó sobre la base de la experiencia de
las masas en el período turbulento de 1914-20. Son necesarios
acontecimientos, acontecimientos y más acontecimientos para educar a
las masas en la necesidad de una transformación revolucionaria de la
sociedad. Pero además de acontecimientos, necesitamos crear una
organización con ideas claras y raíces firmes en las masas a escala
mundial.
Cómo defender a la revolución venezolana
En su
discurso en Caracas, Hugo Chávez señaló que todas las Internacionales
anteriores habían tenido su base en Europa, cómo reflejo de las
batallas de clase en ese continente, pero que hoy el epicentro de la
revolución mundial se encontraba en América Latina, y especialmente en
Venezuela. Es un hecho innegable que, por lo menos hasta el momento, la
revolución en América Latina ha ido más allá que en ninguna otra parte
del mundo. La CMI explicó esta perspectiva hace diez años, y ha sido
confirmada ampliamente por los acontecimientos.
Al señalar este hecho innegable, Chávez de ninguna manera negó la
existencia de un potencial revolucionario en el resto del mundo,
incluyendo Europa y Norteamérica. Al contrario, él mismo ha hecho
repetidos llamamientos a los trabajadores y a los jóvenes de estos
países a unirse al movimiento por la revolución socialista. También ha
apelado directamente a los trabajadores, los pobres y los afro
americanos en los EEUU a apoyar la revolución venezolana. Esto no tiene
nada en común con la demagogia reaccionaria del "tercer mundismo" que
intenta contraponer "América Latina" a los "gringos". Es la voz del
auténtico internacionalismo, que hace ya muchos años lanzó la
inspiradora consigna de "trabajadores del mundo, ¡uníos!".
El imperialismo está decidido a poner fin al proceso revolucionario que
se está desarrollando en América Latina. Venezuela es sin duda la
vanguardia de este proceso y las políticas internacionalistas de Chávez
y sus repetidos llamados a la revolución mundial se han convertido en
un punto de referencia para los luchadores anti-imperialistas de todo
el mundo. La revolución venezolana representa un peligro mortal para
las clases dominantes en toda América. Esto explica por qué el
imperialismo estadounidense ha tomado nuevas medidas para controlar la
situación: la instalación de bases militares en Colombia, el golpe de
Estado en Honduras y, finalmente, pero no por ello menos importante, el
acuerdo para instalar bases militares en Panamá, completando el cerco
de Venezuela con una presencia militar de los EEUU.
Para la revolución venezolana, el internacionalismo no es una
consideración secundaria sino una cuestión de vida o muerte. En última
instancia, la única manera de paralizar la mano del imperialismo de los
EEUU es construir un poderoso movimiento de masas a escala mundial en
defensa de la revolución. Es importante construir este movimiento en
América Latina, pero es mil veces más importante construirlo al norte
del Río Bravo. Por este motivo la CMI lanzó y ha apoyado
consecuentemente la campaña internacional Manos Fuera de Venezuela. La
campaña MFV puede estar orgullosa del trabajo que ha hecho para
movilizar a la opinión pública del mundo en apoyo a la revolución
bolivariana. En su haber cuenta con la aprobación unánime de una
resolución de los sindicatos británicos en apoyo a la revolución
venezolana, el acto de masas con 5.000 jóvenes en Viena para oír al
presidente Chávez, entre otros logros.
Desde unos modestos inicios, la campaña está ahora presente en más de
40 países. Estos son logros importantes, pero es sólo el inicio. Lo que
se necesita es algo más que una campaña de solidaridad. Lo que
necesitamos es una internacional revolucionaria contra el imperialismo
y el capitalismo, por el socialismo y en defensa de la revolución
venezolana. Lo que necesitamos es una auténtica Internacional
revolucionaria.
¿Reformismo o revolución?
El Compromiso de Caracas
se basaba en la idea de una lucha mundial contra el imperialismo y el
capitalismo, y por el socialismo. Esa es una base suficiente para
unir a los sectores más combativos del movimiento obrero internacional.
Sin embargo, hay que señalar que este llamamiento ha sido recibido con
reacciones variopintas, incluso por parte de algunos de los dirigentes
que estaban presentes en el congreso del PSUV y el Encuentro
Internacional. A los reformistas y socialdemócratas no les hizo ninguna
gracia la insistencia del presidente de que la Quinta Internacional no
podía ser solamente anti-imperialista, sino que debía ser también
anti-capitalista y socialista. Esto levantó ampollas. Algunos de los
representantes presentes en el Encuentro de Partidos de Izquierdas en
Caracas se opusieron a esta idea con al argumento de que "ya tenemos el
Foro de São Paulo" y que una agrupación internacional no debía ser
abiertamente anti-capitalista.
Las repetidas reuniones del Foro de São Paulo han dejado claramente al
descubierto las limitaciones de este tipo de encuentros, que al final
no son más que meras tertulias: un sitio en el que todo tipo de
reformistas se reúnen para lamentarse de las injusticias del
capitalismo, pero que no ofrecen ninguna alternativa revolucionaria y
mucho menos defienden el socialismo. Al contrario, abogan por el método
reformista de reformas parciales, que no cambian nada en lo sustancial.
No es por casualidad que los organismos internacionales del
imperialismo, como el Banco Mundial, ven con buenos ojos este tipo de
cosas y activamente colaboran y financian a las ONGs como un medio para
desviar la atención de la lucha revolucionaria por la transformación de
la sociedad.
Organizaciones como el Foro de São Paulo y el Foro Social Mundial no
hacen avanzar la lucha internacional contra el capitalismo ni un solo
paso. Por este motivo Chávez propuso la formación de la Quinta
Internacional, que representa una ruptura radical con este tipo de
movimientos. En su discurso, Chávez dijo que la amenaza real al futuro
de la humanidad es el propio sistema capitalista. Refiriéndose a la
crisis internacional del capitalismo, condenó los intentos de los
gobiernos occidentales de salvar el sistema con millonarios rescates
bancarios estatales. Nuestra tarea, dijo, no es salvar al capitalismo
sino destruirlo.
Chávez también añadió que el llamamiento se hace a partidos,
organizaciones y corrientes de izquierdas. En Venezuela esto ha abierto
un debate masivo y lo mismo ha sucedido en partidos y organizaciones de
izquierdas en toda América Latina y más allá. Obviamente, éste debate
ha generado divisiones, pero estas divisiones ya existían. Son las
divisiones que siempre han existido en el movimiento: la división entre
los que simplemente quieren introducir unas pocas reformas para
embellecer el capitalismo, y aquellos que quieren abolirlo de raíz.
En El Salvador, por ejemplo, el Presidente Funes, que es formalmente
miembro del FMLN, se ha opuesto a la Quinta Internacional declarando
que él no tiene nada que ver con el socialismo. Sin embargo, el FMLN se
ha posicionado abiertamente a favor de la Quinta Internacional. En
México la idea ha encontrado un eco en sectores del PRD y otras
organizaciones de masas. En Europa sin duda esto será motivo de
discusión en los partidos comunistas, ex-comunistas y en la izquierda
en general. Más pronto o más tarde, todas las tendencias tendrán que
tomar posición al respecto.
¿Qué actitud debemos adoptar los marxistas?
¿Cuál
debe ser la postura de los marxistas? Como marxistas estamos
incondicionalmente a favor del establecimiento de una organización
internacional de masas de la clase obrera. Actualmente no existe
ninguna Internacional de masas cómo tal. Lo que fue la Cuarta
Internacional fue destruida por los errores de sus dirigentes después
del asesinato de Trotsky y, en la práctica, sólo vive en las ideas,
métodos y programa que defiende la CMI. La Corriente Marxista
Internacional defiende las ideas del marxismo en las organizaciones de
masas de la clase obrera en todos los países. Es precisamente dentro de
estas organizaciones donde hay que promover la discusión sobre la
Quinta Internacional de manera urgente.
Es demasiado pronto para saber si el llamamiento a una Quinta
Internacional llevará en la práctica a la formación de una auténtica
Internacional. Eso depende de muchos factores. Sin embargo, lo que sí
está claro es que el hecho de que este llamamiento venga de Venezuela y
del presidente Chávez significa que va a encontrar un eco entre muchos
jóvenes y trabajadores, empezando en América Latina. Este llamamiento
va a generar muchas preguntas en las mentes de los trabajadores y la
juventud sobre el programa que debería tener la Internacional, y sobre
la historia de las anteriores Internacionales, los motivos de su auge y
su posterior caída.
En este debate los marxistas tenemos el deber de participar
activamente. La CMI, que ya se ha ganado un reconocimiento por su papel
a la hora de organizar la solidaridad con la revolución venezolana y
analizarla desde un punto de vista marxista, debe tomar partido. Y así
lo hemos hecho. En la reunión del Comité Ejecutivo Internacional de la
primera semana de marzo, con la presencia de más de 40 camaradas
representando a 20 países de Asia, Europa y América (incluyendo Canadá
y los EEUU), la CMI votó por unanimidad participar en la construcción
de la Quinta Internacional.
Declaramos abiertamente nuestro apoyo a la formación de una
internacional revolucionaria de masas, y vamos a hacer propuestas
concretas sobre cuáles creemos que deberían ser el programa y las ideas
de la nueva Internacional. No queremos imponer nuestros puntos de vista
a nadie. La Internacional y sus componentes elaborarán sus posiciones
políticas a través del debate democrático y también sobre la base de la
experiencia común de lucha.
¡Por un frente único anti-capitalista y
anti-imperialista!
¡Por la revolución socialista internacional!
¡Por un programa marxista!
¡Viva la Quinta Internacional!
Trabajadores del mundo, ¡uníos!