En
Venezuela se verifica una intensa lucha de clases. La sociedad capitalista
venezolana está tremendamente sacudida por la existencia, desde el gobierno y
desde diferentes sectores de la sociedad, de un proyecto en marcha que se
propone expresamente su transformación radical. No se trata de un cambio
formal, tampoco de un simple cambio de nombre o de los aspectos superficiales
de la vida social. Lo que está planteado es un cambio profundo de las estructuras
económica y social a la par, y también como consecuencia, de las
superestructuras política, jurídica y cultural. Este cambio estructural
está dirigido a superar las contradicciones fundamentales que impiden la
solución pacífica y progresiva de los problemas de la producción, distribución,
circulación y consumo de bienes y servicios vinculados a la existencia de las
mayorías populares, los cuales impiden una vida en bienestar y el desarrollo
integral de las capacidades de cada uno de los habitantes del país que les
permita ejercer a plenitud los derechos individuales: civiles y políticos, así
como los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Esta
situación de acción de un proyecto de transformación, el cual ha logrado
proponerse desde el gobierno y otros espacios del Estado con el apoyo
mayoritario de la población, intensifica la reacción de los intereses opresores
que se manifiestan con distintos grados de virulencia y bajo una estrategia
internacional y nacional dirigida a imponer, de nuevo, las condiciones de
absoluto sometimiento de las mayorías nacionales.
La lucha de clases es un producto de la
sociedad de opresión y explotación.
La
lucha de clases que tiene existencia en el país es similar a la que se
desenvuelve en cualquier sociedad capitalista dependiente y subdesarrollada
sometida a la dictadura del gran capital
transnacional, con todas sus implicaciones en los diferentes ámbitos de la
vida social. Esta lucha no es un deseo de los revolucionarios, no es el
propósito de la revolución, sino una realidad que surge de las contradicciones
que se producen como consecuencia natural de la división de clases que
caracteriza a la sociedad. De modo que es un grave error pensar que los
socialistas hemos inventado o creado la lucha de clases. Las investigaciones
sociales y el estudio de las sociedades históricas, realizados por los
científicos sociales y los teóricos del socialismo (principalmente Carlos Marx
y Federico Engels, entre muchos otros), revelan que desde que la sociedad se
dividió en clases dominantes y dominadas, se verifica una incesante lucha entre
ellas, la cual se convierte en motor de la historia. Esto es, en la fuerza motriz que transforma la sociedad
y que la hace avanzar de un sistema de producción a otro, en un
extraordinario y progresivo desarrollo de las fuerzas productivas que crean una
capacidad de producción cada vez mayor de los seres humanos para la producción
social de su existencia. Otros investigadores, incluso Adam Smith y David
Ricardo, dejan constancia reiterada de la existencia de clases sociales
diferentes y de una encarnizada lucha entre ellas. La existencia de intereses
distintos y contradictorios, propios de las particulares relaciones sociales
que cada clase tienen sobre o con los medios de producción es el elemento
esencial que da vida a la pugna entre esas clases. En síntesis, mientras no se
construya una sociedad en la cual ya no sea una práctica social necesaria la
explotación y la opresión, la lucha de clases se verificará con diversa
intensidad.
Los revolucionarios estamos al lado de
las clases y sectores oprimidos por el capitalismo.
Los
revolucionarios, al analizar la sociedad y en ejercicio de una postura de
justicia social, nos ponemos al lado de las clases oprimidas y/o explotadas,
impulsamos y defendemos sus intereses y derechos, con lo cual entramos en
controversia y lucha frente a los intereses de las clases explotadoras o/y
opresoras. No existe en esto una
confrontación o rechazo personal o humano, sino de clase y social, dirigido a
colocar en prioridad los intereses de las clases oprimidas y explotadas, en el
curso de la dinámica social y en los diferentes momentos históricos. Los
reaccionarios o conservadores se ponen de lado de los intereses de las clases
explotadoras y opresoras impulsando los intereses y derechos de esas clases. La
condición de clases dominantes se configura por el control y manejo de las
relaciones existentes en los planos económico y social de la sociedad,
relaciones estas que tienen su expresión en los planos político, jurídico y
cultural de la sociedad. Ese control se encuentra viabilizado, de alguna
manera, por el desarrollo de las capacidades intelectuales y técnicas personales
que, por la práctica social y la sistemática reflexión e investigación sobre la
misma, desarrollan los miembros más representativos o aventajados de las clases
dominantes en una dinámica de mutuo influjo, entre las condiciones sociales que
facilitan el desarrollo de las capacidades subjetivas y la acción de estas
capacidades sobre las condiciones objetivas.
El Marxismo va al fondo del problema
El Marxismo,
al analizar rigurosamente la dinámica material y dialéctica de la historia de
la humanidad, (el movimiento real de la confrontación-superación que se
verifica en cada época de la historia material de la humanidad) va al fondo del
problema y se adentra en descubrir las múltiples y complejas relaciones que se
producen en la sociedad de clases y postula una teoría sobre la revolución
basada en los supuestos de hecho descubiertos y en sus necesarias
consecuencias, dándole sustento concreto
y comprobable al Socialismo como propuesta de cambio social humanista
frente al capitalismo que es revelado como un sistema social contrario al cabal
e integral desarrollo de la humanidad. Incluso, el avasallador despliegue del
capitalismo, con su permanente avance tecnológico inexorablemente ensamblado a
la lógica de la acumulación y la concentración de capitales y aferrado a su
supervivencia como sistema a pesar de su agotamiento histórico, amenaza mortalmente
el destino de la humanidad a corto plazo.
¡Socialismo o Barbarie!
Es
por ello que se ha formulado desde principios del siglo XX por la recordada y
extraordinaria revolucionaria alemana, Rosa Luxemburgo, la angustiosa
advertencia de Socialismo o Barbarie; la
cual expresa que el capitalismo en su demencial ejecutoria nos arrastrará a la
barbarie a menos que se abra paso al Socialismo como proceso de transición
hacia una sociedad comunal, comunitaria o comunista que supere las
destructivas contradicciones
estructurales del capitalismo.
PD. Este lunes 14 de
Marzo se cumple un año más de la muerte de Carlos Marx, extraordinario defensor
de los trabajadores del mundo y promotor de una sociedad libre de explotación y
de opresión. Lo recordamos con su consigna: ¡Trabajadores del mundo, Uníos! Paradójicamente, también se cumplen
dos años de la brutal agresión contra
los trabajadores de SIDOR, quienes manifestaban pacíficamente a favor de
sus derechos por la firma de su Convención Colectiva, por parte de la Guardia
Nacional y la policía del Estado Bolívar, dependientes del Gobierno Nacional y
Estadal que se han proclamado como obreristas y socialistas. Aún no se han
establecido las responsabilidades, no se ha indemnizado a los trabajadores y se
mantiene un proceso penal contra más de medio centenar de trabajadores, en una conducta que contradice el pronunciamiento
de obrerista y socialista del gobierno.
Ciudad
Guayana, 11 de Marzo de 2010.