[..] Sin una espiritualidad revolucionaria y sin una ética de la entrega, no hay ni habrá nunca revolución.
[..] Pero
la espiritualidad revolucionaria no aparece por obra y gracia del espíritu
santo. La espiritualidad revolucionaria es necesario construirla
de manera consciente. Es preciso estructurarla de manera colectiva y
socialmente.[..] (Negrillas nuestras). Toby Valderrama, La Gaviota Humanocrática (Propuesta ideológica para la
discusión) http://www.ungranodemaiz.blogspot.com/
Dependiendo del concepto de cultura asumido, en momentos de transición revolucionaria, de rápidos cambios, surgen, en el seno de la sociedad cambiante, en sus actores y actrices, -aún dentro de aquellos y aquellas cuyo compromiso político y militante con el proceso en curso no está en cuestionamiento-, visiones, más allá de lo conceptual, en relación al hecho cultural.
Unos-as lo conciben, como dicta la tradición, solo desde la creación artístico-literaria, en todas sus expresiones: plásticas, escénicas o musicales, y aunque con un mensaje indudablemente comprometido, desde la intencionalidad, implica consecuentemente la presencia de élites que con sus “saberes especializados” irradian revolución, son avanzadas pretendidamente esclarecidas del proceso transformador, hacen la revolución al pueblo, lego en las “artes” como sinónimo de cultura (en relación a la canción “comprometida” Alí Primera decía, dizque protesta) para éstos-as no existen, o son intrascendentes, las luchas por la existencia diaria, como generadoras de cultura e identidad populares.
Otra visión, donde también militan creadores y creadoras, tal como en la tradición conceptual de cultura pero con la militancia popular liberadora mediante plantea un panorama más amplio, más antropológico, mas de lo humano, más colectivo que resumimos con el Presidente Chávez en: lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser, como pueblo, como nación nuestramericana (en el canto, en la artesanía, en la poesía irreverente, en las fiestas y celebraciones populares: Luis Mariano Rivera, Pío Alvarado, Alí Primera, Zobeida -La Muñequera-, Gino González, la Kafunga que no agotan el largo etcétera); por supuesto esto sugiere muchas vertientes a desarrollar, muchas interrogantes que responder ( por ejemplo: ¿Es verdad que Venezuela Ahora es de Todos? ¿Quiénes somos esos Todos?) pero mas allá de la interpretación y comprensión de esas realidades, lo importante: Todo un mundo que transformar.
Entre estas dos miradas del hecho cultural se plantea un debate que podrá conducir, -a quienes arman y articulan las políticas culturales del gobierno bolivariano-, dada la no linealidad de la historia, a navegar entre esas dos aguas, Juanita dixit, avanzando o retrocediendo hacia una u otra hasta hacer puerto, bajo la orientación participativa de los poderes creadores del pueblo, pero con éste como protagonista, en las políticas que conduzcan al desmontaje de la ideología capitalista.
La política cultural revolucionaria –y el concepto de cultura- debe ser capaz de definir, junto a los creadores y creadoras del pueblo, no solo las pautas de las expresiones artísticas en todas sus manifestaciones, sino influir, desde la dialéctica popular del día a día y desde lo histórico, en los patrones de consumo alimentario, en los patrones de producción, en la salud del pueblo, en el habitat, en la conservación ambiental y equilibrio ecológico en fin en toda la sociedad como hecho cultural constituyente, como expresión del desarrollo humano integral consustancial al socialismo que aspiramos a construir.
Es desde este enfoque que asumimos al proceso revolucionario bolivariano como el hecho cultural mas relevante y trascendente, creador de dignidad y soberanía que comenzado hace 200 años empieza a concretarse en este siglo XXI.
El proceso de la Revolución Bolivariana plantea la unificación de los objetivos de mejoramiento humano con los de liberación nacional y social. Es allí donde podrá referenciarse la grandeza, la fuerza y los aciertos de la Revolución, y también como oxígeno renovador, una parte de sus debilidades y errores.
Entre esas debilidades y errores, sin duda que la escasa organización de las bases populares, así como la insuficiente formación político-ideológica de sus integrantes son los vientos que traen estas tempestades y hacen imperativo superar esta situación so pena de naufragar la nave aún con un buen capitán.
Nuestra patria y nuestro continente pertenecen a una región sometida al subdesarrollo por las potencias industriales y comerciales de Europa y los Estados Unidos de Norteamérica, la entrega que las oligarquías autóctonas les hicieron, luego de nuestra independencia del poder colonial español y portugués, permitió que el capitalismo se enseñoreara, es por ello que para marchar en el sentido de la historia nuestros pueblos deben derrotar al capitalismo y construir el socialismo.
Pero ¿dónde y cómo debemos derrotar al capitalismo? Sin ninguna duda en la conciencia, en la inter-subjetividad, en la espiritualidad de nuestros pueblos, desde nuestros referentes históricos, construyendo una nueva ética ciudadana, una nueva estética de lo nuestramericano, educándonos en el amor a la policromía cultural ¿latinoamericana? y caribeña, desterrando las falsas ideas del desarrollo economicista y sus íconos del consumismo, del despilfarro y el individualismo, de la sociedad del bienestar material individual predominando sobre el bienestar espiritual colectivo, con los falsos valores de la estética de las élites que propagan y sostienen que cultura son solo las manifestaciones creativas de vocación artística, de “calidad”, valoraciones que nos fueran impuestas desde la época colonial.
En suma, la transformación cultural, como proyecto revolucionario, es atar el lazo imprescindible entre la justicia social, como prioridad de la libertad y la liberación de todas las dominaciones y el florecimiento de todas las capacidades humanas como cultura concreta. Como colectivos nos es impostergable.
La Misión
Cultura, como colectivo, como combatientes de la ideología, los y las
que estamos en la línea de fuego—y no en la dulce retaguardia--,
somos orgullosos protagonistas señeros de esa transformación.