La transición hacia el Socialismo del Siglo XXI

Transición es la acción o efecto de pasar de un modo de ser a otro. La adolescencia es la transición ente el niño y el adulto. La condición de estudiante constituye una etapa de transición hacia el profesional. En este caso a partir del conocimiento ya adquirido por el aspirante se establece un programa de aprendizaje para alcanzar el nivel profesional. De no ser así se fracasa.

Al igual que en las reacciones químicas pueden haber factores externos e internos que aceleren o retarden las transiciones con resultados impredecibles. Cuando por ensayo y error se logran las condiciones optimas para que un catalizador regule un proceso químico, se obtienen magníficos resultados. Los catalizadores en los procesos sociales son inciertos y los experimentos no se pueden repetir si hay un errores.

En el siglo pasado la guerra fue el procedimiento con el que vanguardias revolucionarias organizadas alcanzaron el Poder para catalizar cambios sociales. Pero esas vanguardias no pudieron construir ninguna sociedad socialista ya que todas actuaban en forma semejante y por ello cometieron errores similares.

En la Unión Soviética el proceso de transición llegó a su más alto nivel. Se había eliminado la propiedad privada de los medios de producción. La rémora al cambio revolucionario representado por las clases sociales era inexistente porque con la guerra civil, habían desaparecido. La Educación y la Salud eran gratuitas y de excelencia para todos, sin excepción. El aparato armado había alcanzado un alto grado de eficiencia y poder, capaz de disuadir a cualquier enemigo de invadir el país. El Partido Comunista de la Unión Soviética creía que había logrado construir la sociedad socialista y que estaban viviendo la transición hacia la sociedad comunista, donde no existiría el Estado.

¿Por qué se fracasó y hubo una involución hacia la sociedad capitalista?

La respuesta es que el Poder real estaba en manos de una elite política, burocratizada, excluyente, engreída y con rasgos de corrupción, que lo decidía todo. La sabiduría del colectivo popular fue desechada y no participaba del Poder.

Si profundizamos en el análisis de los procesos de transición, es evidente que hay leyes universales a tomar en cuenta cuando intentamos catalizar las transiciones sociales. El catalizador en estos casos es la conciencia de la necesidad del cambio en parte importante de la sociedad, la fijación de objetivos -por una vanguardia- que sean de aceptación general y procedimientos acertados para alcanzar los objetivos. La conciencia del cambio por sí sola no basta. Si no hay objetivos pre-establecidos el fracaso es seguro, porque el proceso de cambio se anarquiza, tal. como ocurrió con la Revolución francesa. Si lo objetivos no son de aceptación general, el proceso se estanca y puede haber una involución como pasó en la Unión Soviética. Si hay errores en los procedimientos para alcanzar los objetivos, el proceso tiende a estancarse.

De donde podemos sacar como conclusión que en la transición revolucionaria hacia una sociedad socialista es imprescindible que el colectivo sea quien realmente ejerza el Poder, para que haya conciencia colectiva del cambio y sean de aceptación general los objetivos trazados así como los procedimientos para alcanzarlos y haya menos posibilidades de errores.

Si socialmente se quiere pasar de un modo de ser a otro, sin los errores del pasado, es fundamental que la vanguardia revolucionaria conozca primero quienes son en relación a la capacidad para promover cambios, evaluando el potencial de las fuerzas que se oponen al cambio y las que lo promueven; calibrando instrumentos y conocimientos con los que se cuenta, para poder poner en términos reales la posibilidad de lograr el cambio.

¿Sabemos en Venezuela lo que realmente somos?

Yo personalmente creo que no. La capacidad para cambiar en nuestra sociedad se podría evaluar con datos estadísticos confiables, pero no existen. Sólo se pueden hacer estimados personales “grosso modo”, con datos electorales y encuestas poco fiables.

De acuerdo a los resultados electorales, pareciera que sólo el 50% de la población es proclive a adquirir conciencia para un cambio. De este porcentaje la inmensa mayoría está formada por gente en el nivel de pobreza y el más bajo nivel educacional.

Para crear las condiciones para construir el socialismo se necesita productividad. Es necesario mucho dinero para poder establecer educación y salud, enteramente gratuitas y de calidad para todos. También mucho dinero para impulsar la producción agropecuaria e industrial y mucho dinero para establecer un sistema de defensa disuasivo y eficiente contra cualquier agresión externa.

¿Puede PDVSA sola impulsar el proceso de transición? Es muy difícil.

La productividad agro-pecuaria e industrial que requiere la etapa de transición al Socialismo, además de mucho dinero, requiere aportes tecnológicos y científicos en áreas diversas. Para que los pobres de hoy sean capaces de incorporarse a los procesos de cambio con posibilidades de hacer aportes verdaderos a la ciencia y tecnología, se tardarán varios años. Un estudiante con conocimientos de bachiller tarda 3 a 4 años para graduarse de técnico y empezar a conocer el oficio en una empresa industrial y entre 5 a 6 años en una carrera universitaria y por lo menos 4 años de postgrado para poder iniciarse como investigador en el campo científico. Lo cual quiere decir que una persona después de obtener un grado de técnico o científico, potencialmente estaría en capacidad de aportar conocimientos nuevos útiles al desarrollo industrial después de unos años de trabajo. ¿Debemos esperar más de diez años para formar la masa crítica de científicos y técnicos para acelerar el proceso de transición hacia el socialismo?

En la clase media que representa casi el 50% de la oposición al gobierno revolucionario, hay obreros calificados, técnicos medios y superiores, profesores universitarios, la mayoría de los médicos, la mayoría de los ingenieros y arquitectos, investigadores científicos, administradores de empresas y estudiantes en proceso de terminar sus carreras,. Es decir, gente que participa en el proceso productivo nacional de carácter neocolonial o en proyectos impulsados por el gobierno a través de contrataciones, que no comparte los objetivos revolucionarios que actualmente se podrían plantear con facilidad los pobres.

Lo que significa que en un proceso de transición hacia el socialismo, la clase media es una rémora. ¿Qué hacer con la clase media? ¿Eliminarla o ganársela?. Intentar eliminarla significa el decreto de una guerra civil, porque la pasión revolucionaria de los que nada tienen se desborda rápidamente hacia la anarquía y eso sería desastroso. Entonces no queda otra alternativa que convencer a la clase media de que un cambio revolucionario hacia el socialismo bolivariano le resultaría más beneficioso que su actual permanencia en situación intermedia, con más posibilidades de pasar al nivel de los pobres que de los ricos.

¿Cuáles son los objetivos económicos, políticos y sociales a corto, mediano y largo plazo del gobierno revolucionario bolivariano para acelerar el proceso de transición hacia el socialismo bolivariano?

-Un poco difusos, según mi apreciación. Puede ser que Chávez los tenga claro, pero su entorno no da muestras de ello.

¿Tenemos un partido de gobierno cuyos dirigentes tienen claro los objetivos sociales y políticos a corto, mediano y largo plazo? -Tampoco, porque la mayoría tiene cargos importantes tanto en el gobierno como en el partido. No tienen tiempo de pensar en otra cosa que resolver los problemas del día a día de sus cargos en el gobierno.

¿Hay una parte sustancialmente importante de la población que tiene claro los objetivos sociales y políticos del gobierno? -Si el gobierno como un todo no los tiene, es imposible que una parte de la población lo tenga.

Es necesario enfatizar que tener claro los objetivos no significa que se tenga claro como lograrlos.

Hay dos objetivos políticos fundamentales: la integración de los países latinoamericanos en el que cual se han dado pasos importantes y el logro de una sociedad de iguales, autogestionaria y descentralizada.

Para facilitar una labor integracionista de naciones que disminuya la vulnerabilidad ante la voracidad neocolonialista imperial, es necesario que el país entero sea solidario consigo mismo y con los ciudadanos del resto del mundo en situación de indefensión ante los países que dominan la economía y la política mundial. ¿Cómo hacerlo? -Los medios de comunicación al servicio de la revolución deben mostrar mucha creatividad y los dirigentes revolucionarios a patear la ciudad y más que hablar, oir a la gente sin discriminaciones políticas y encontrar respuestas concretas a sus inquietudes, para minimizar la avalancha mediática de los enemigos del cambio.

Lograr una sociedad de iguales en derechos y deberes, sin distinción de sexo, raza, religión o pensamiento político, es un proceso largo y difícil. En primer lugar porque significa deshacerse de dogmatismos que ciegan a la gente. El dogmatismo en lo ideológico caracteriza a la burguesía y sus aliados naturales, la nobleza europea y las religiones dominantes en el mundo, y eso les ha aportado jugosos beneficios así mismo como crisis severas. Pero lo más importante para nosotros es conocer que el dogmatismo fue la causa del fracaso de la construcción del Socialismo en el siglo XX. Si no nos despojamos de dogmatismos tampoco se podrá construir el Socialismo en este siglo.

Hay que entender que la naturaleza toda, sin excepción, está en permanente proceso de cambio, independientemente de los deseos de los humanos que nos creemos por encima de las leyes de la naturaleza. Ayer fue ayer, hoy es hoy y mañana es mañana.

Señalar a la clase obrera como vanguardia revolucionaria hoy, cuando la clase obrera europea y la de Estados Unidos están dispuestas a trabajar de gratis para evitar la bancarrota de las empresas en que trabajan, es andar a la cola de la historia. Señalar como constructores del socialismo del siglo XXI a la clase obrera venezolana, la que labora en PDVSA y en las Empresas Básicas del Estado, que se asimila a la clase media venezolana en sus aspiraciones y en su vida práctica, es hablar sin tener clara idea de la realidad.

Hablar de plusvalía en términos marxistas, no tiene sentido en el momento que las personas más ricas del mundo no son industriales ni financistas, si no jóvenes que con su talento y creatividad ingresaron al mundo de la informática impulsando una revolución tecnológica, tales como Bill Gates y Pau Allen de Microsoft, Steve Wozmak y Steve Jobs de Apple, y otros muchos más.

El factor negativo interno más importante para canalizar un proceso de transición social en Venezuela, es la carencia de ideas concientes favorables al cambio.

Hay una buena parte de la población que vive en ranchos en los cinturones de miseria de las ciudades que ha interiorizado una condición de minusvalía tal que les impide realizar alguna acción para salir de la miseria. No creen en ellos mismos y mucho menos en los demás. Otra parte está formada por la clase media, gente que hace grandes sacrificios para subsistir en el mundo del consumismo, pero al igual que los pobres de los ranchos no creen que ellos puedan cambiar esa situación y mucho menos que otros lo hagan por ellos. Sólo se quejan y esperan un milagro ¡Ganar un kino millonario!

Entre la gente que dice apoyar el proceso revolucionario hay un abanico de posiciones, que van desde los que parecen convencidos de que la pluralidad de partidos políticos da la pauta para sacar a los pobres de la pobreza y al país del subdesarrollo, hasta los que piensan que en el marxismo-leninismo está la clave para llegar a la ansiada sociedad socialista. Muy pocos piensan en la parte democrática y bolivariana del socialismo que queremos crear.

El rasero es que todos piensan en un partido hecho a la medida de cada quien. Cada grupo está atrincherado en posiciones dogmáticas y quiere imponer sus puntos de vista a rajatabla, sin discusión. Sin embargo, como cosa contradictoria, todos dicen estar de acuerdo con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que proclama la participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública como medio necesario para lograr el protagonismo que garantizaría su desarrollo individual y colectivo. Una formulación concluyente, que entra en contradicción con la existencia de los partidos políticos hasta ahora conocidos, los cuales por definición son excluyentes y cuya praxis así lo demuestra.

La base positiva son los revolucionarios verdaderos, que no son una clase social sino personas provenientes de los diferentes estratos sociales, principalmente de la clase media. Son individualidades que sienten la necesidad de los cambios socio-económicos y por ende políticos, y creen firmemente que es posible promoverlos en esta etapa de fracaso del capitalismo, para vivir en un mundo más justo.

Hugo Chávez Frías, el máximo líder del proceso de cambio en este momento, ha dicho que la sociedad venezolana debe caminar hacia un socialismo democrático y bolivariano. Además, que es necesario discutir las formas para crearlo porque no podemos copiarnos de nadie.

Si somos honestos, eso en verdad no ha ocurrido ni está ocurriendo.

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