El Liberalismo social, el Socialismo liberal

En tiempos de crisis tenemos que saber la esencia de ese Estado que nos
propone el liberalismo del norte, pero que no aplica dentro de sus
fronteras.

Dicho Estado en sus propuestas políticas aplica de más en más un mínimo de
redistribución social y de intervención en el mercado, y un máximo de
intervención policial y procesos jurídicos.

Esta corriente viene catalogada como «liberal» en cuanto estableciendo un
mínimo de intervenciones en el plano de los cambios económicos da lugar al
crecimiento del mercado privado y, por ende, al incremento del capital
privado. Desde este punto de vista el Estado se
presenta como un Estado débil.

El problema está en que por otra parte se desarrollan políticas estatistas
que presuponen una exagerada intervención estatal, y que se ven reflejadas
en la acción contra la inseguridad, a través de políticas de mano dura
policial y de leyes fuertemente punitivas que hacen del Estado un Estado
fuerte.

Los proyectos de privatización de la educación ofrecen, por ejemplo,
ventajas a los intereses individuales, obligando al Estado a no encaminar
políticas perfeccionistas miradas a «educar ideológicamente» a los
individuos, lo que para el libertarismo significaría dejar intactas sus
libertades. A través de estas medidas el Estado sería entonces de nuevo
Estado débil.

Pero por otra parte vienen invertidas grandes cantidades de dinero para
preservar las «garantías» en relación a la «soberanía del Estado», a
través de la compra o producción de armas de guerras y la puesta en
práctica de duras políticas de inmigración, medidas a través de las cuales
los individuos y el mercado son asegurados contra el peligro de una
inestabilidad que venga del exterior. Podemos decir sin lugar a dudas que
estas medidas hacen y presuponen entonces un Estado fuerte.

Podríamos hablar entonces de un proceso contemporáneo a través del cual
nos vamos acercando cada vez más a la creación de una definición de Estado
que en sí misma posee dos términos aparentemente incompatibles:
liberalismo paternalista. Dicho Estado reposa en una concepción
negativa de la libertad y los derechos individuales.

El problema radica en que una libertad, defendida como el valor que vale
la pena de ser instituido, si deja de un lado una rectificación de las
diferencias económicas y sociales entre los individuos, lleva
irremediablemente a la supresión de la libertad misma.

De todo esto surge entonces un liberalismo paternalista, es decir, la
mezcla de un Estado débil y un Estado fuerte, liberal y conservador que se
transfigura sólo para asegurar la libertad del mercado (liberalismo) y
suprimir los efectos negativos en la esfera social (paternalismo) a través
de duras políticas de control judicial y policial. En teoría, un Estado
débil que libere el mercado y un Estado fuerte que luche contra los
posibles peligros que vengan de las víctimas de dicho mercado.

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