Carta a las autoridades y ministros que se sienten militantes revolucionarios y si la lee el Presidente no está de más

Venezuela 12 de Noviembre 2008

Carta a las autoridades y ministros que se sienten militantes revolucionarios y si la lee el Presidente no está de más

Compañeros….

A partir de una reflexión conjunta entre diferentes personas que hemos militado por largos tiempos en la lucha revolucionaria hemos considerado necesario hacer esta breve carta con el fin de sintetizar algunos elementos críticos que en estos momentos nos parecen de primera importancia dentro de las circunstancias y retos que vive nuestro país y muy especialmente la revolución bolivariana como intento de liberación profunda de las relaciones de dominio y explotación que han imperado.

Una y otra vez se oyen dentro de la inmensa mayoría de espacios organizados del pueblo dos opiniones que ya parecen ideas fijas e interiorizadas como matrices de compresión de los momentos que vivimos: una de ellas tiene que ver con la acentuada burocratización del proceso que además facilita, por un lado, la cristalización de la ineficiencia y la división del trabajo como norma de interna de vida dentro del estado, por otro,  la multiplicación de fenómenos de corrupción y formación de mafias internas  a las cuales se unen roscas empresariales que constituyen un cáncer mortal para cualquier proceso revolucionario. La otra idea tiene que ver con una consecuencia inmediata a esta primera circunstancia: la distancia cada vez más palpable entre las esferas de gobierno y la organización popular; distancia que a su vez jerarquiza en forma alarmante las relaciones entre pueblo y gobierno perdiéndose en una suma de actos protocolares donde uno habla y el otro escucha cual masa pasiva y sin papel protagónico dentro del proceso en curso. Cada vez mas se “instrumentaliza y electoraliza” la relación con las clases populares, repitiéndose la historia de la vieja república burguesa y colonizada. Estos dos hechos nos lleva a los bordes de otra realidad terriblemente dañina, esto es, la pérdida de credibilidad de la mayoría frente al proceso revolucionario y el desencanto de miles y miles de personas que desde los primeros momentos han constituido la militancia social, desinteresada y principal de la propia revolución. Esta situación fenoménica nos ha llevado a una conclusión central, razón entre otras que tomamos la iniciativa de escribir esta breve carta: estamos viviendo hoy en día una Crisis de Proyecto, una crisis que tiene que ver con la posibilidad misma de seguir avanzando en el propósito revolucionario si las raíces de ella nos son atacadas de inmediato y con toda decisión.

No queremos entrar en consideraciones ajenas a los objetivos de esta carta respecto a la naturaleza del estado venezolano, la lucha de clases en nuestra sociedad, las limitantes de la organización popular, las fallas políticas y de dirección cometidas, u otras que tienen que ver con matices ideológicos respecto al papel de lo orgánico popular, el partido, el papel de gobierno, nuestra realidad como nación dentro del orden global, el proyecto de integración continental, etc. Hechos muy importantes pero frente a los cuales podríamos discutir largo, transparentándose las posiciones propias de las distintas corrientes revolucionarias presentes en el proceso. Nos interesa más bien ir directamente al grano del asunto, punto donde es muy difícil que podamos encontrar diferencias de principio entre nosotros y nosotras en tanto socialistas y revolucionarios, ya que se trata de un asunto que es el nutriente común de todo el pensamiento ligado a la emancipación social desde que afloraron las primeras revoluciones anticapitalistas en el mundo: la transformación de las relaciones sociales de producción.  Además, punto desde el cual podemos visualizar las vías concretas para superar esta Crisis de Proyecto que actualmente vivimos.

Si tomamos como punto de partida los atascamientos de los cuatro escenarios principales desde los cuales se han intentado implementar los cambios principales en el orden de las relaciones de producción y en vistas al desarrollo de un nuevo orden socialista, estos son:

1.Los proyectos de carácter alternativo y colectivista que giraron alrededor de los Fundos Zamoranos y los proyectos cooperativos y de desarrollo endógeno ligados a todo el esfuerzo hecho por la misión Vuelvan Caras (iniciativas que salvo loables excepciones podemos considerar casi olvidadas). 2. La nacionalización de empresas estratégicas en manos de monopolios privados (industria eléctrica, telefónica, siderúrgica, centrales lecheras, centrales cementeras, bancos, y principalmente la renacionalización de la industria petrolera). 3. Los proyectos ligados a modelos cogestionarios donde han prevalecido los intentos hechos tanto en industrias básicas, agrícolas y principalmente aquellos donde se ha procedido a la expropiación del capital privado a raíz de las tomas de empresas por parte de los trabajadores  (iniciativas que utilizando uno u otro modelo de gestión pero teniendo como meta la cogestión como tal también han sido un fracaso en este campo). 4. Los actuales proyectos en curso donde resalta la línea de desarrollo de las “doscientas fábricas socialistas” o Proyecto Fábrica Adentro (proyecto a nuestro parecer de primera importancia pero que tiende a estancarse o limitarse a algunos convenios con distintos países –y empresas privadas de ellos- de gran importancia geopolítica pero donde se repiten en forma dramática las relaciones de dependencia frente al capital y la tecnología externa).

Todos estos proyectos de vital importancia política, económica e incluso civilizatoria si vamos a lo mas profundo y trascendente del propósito socialista, independientemente de su olvido, de su desarrollo o estancamiento, tienen como común denominador dos hechos principales:

 Primero, la ausencia del papel protagónico de la clase trabajadora en toda su diversidad y complejidad  en tanto sujeto pensante y dirigente dentro de los mismos. O si ese no es el caso como de hecho pasa con las empresas recuperadas o iniciativas colectivistas, lo que vemos es una contraofensiva burocrática sobre ellos a través de la cual se ha intentado despojar al trabajador politizado y actuante de su papel dirigente para imponer el mando burocrático sobre los mismos, repitiéndose la vieja historia de un socialismo que quizo ser “real” y terminó en la mas pura ficción despótica. O en el caso del cooperativismo allí donde ha sido sincera la intención de colectivizar y horizontalizar las relaciones laborales, se sobrecarga de condicionantes, papeles (sobretodo para todo lo que tiene que ver con el crédito y la ayuda de estado) y vigilancia burocrática hasta hacerse imposible, o cuando no simplemente se desplaza y se regresa a las viejas “contratas” privadas como es el caso actualmente de Guayana.

Segundo: todos estos proyectos, sobretodo aquellos que tienen que ver con empresas y proyectos medianos y pequeños están concebidos por fuera totalmente de la dinámica popular de organización y autogobierno con lo cual ellos mismos se quedan descolgados del conjunto de la sociedad y la sociedad en el sentido mas amplio queda anclada en la condición de consumidora o receptora cuando mucho de la asistencia por parte del estado, sometida como siempre a la condición de banco universal de fuerza de trabajo disponible para su explotación. De esta manera se alejan totalmente las fases de producción y reproducción de la riqueza en sus intentos liberadores, lo cual contradice totalmente todo propósito socialista y más bien nos hunde todavía más dentro del modelo rentista y petrolero que heredamos del siglo XX. En ese sentido vuelve con ella la misma lógica que tenemos en el campo de la producción: se impone el mando burocrático sobre los tan propangandizados “poderes populares”, manejados y diseñados  en oficinas de estado o sencillamente vemos como pierden su condición autónoma y de poder.

Toda esta secuencia de hechos, repetimos, tiene en nuestra consideración su razón principal en la sustitución del papel de los trabajadores ya no como clase en sí a la cual asignamos algún papel teológico, sino como conjuntos diversos de una misma clase que han asumido un papel político-revolucionario consciente tanto en el campo de la producción de riqueza como en el campo de la reproducción de las misma. Sustitución efectuada por parte de tecnocracias públicas y hasta privadas o por parte de la plutocracia política gobernante que intenta “representarla” y “dirigirla” desde afuera. Ello nos ha conducido necesariamente a desdibujar cada vez mas todo el propósito inicial libertario, movilizador, constituyente, autogobernante, que inspira la revolución bolivariana, imponiéndose un viejo esquema muy trajinado tanto por los viejos modelos estalinistas como socialdemócratas, el  de combinar el capitalismo de estado con el asistencialismo social y la promoción de la pasividad social.

 La propiedad común y social, la ruptura con el viejo estado burgués, el autogobierno del pueblo, que han sido bandera argumentativa en infinidad de discursos del mismo presidente, parte de todos o casi todos los preámbulos de los grandes proyectos de estado, palabra central del mismo Proyecto Simón Bolívar, hoy en día se disuelven entre variados esquemas estatizantes que además reinstalan las relaciones dependencia con el capitalismo global independientemente de la bandera nacional que los identifique. Viendo que a futuro, cuando se habla de proyectos socialistas, no existe ningún plan de convocatoria o de acercamiento fluido, directo y creador entre gobierno y clases trabajadoras para comenzar la obra pendiente en favor del desarrollo de un tejido productivo socialista, endógeno, sustentable y soberano, adjunto a toda una cantidad de espacios territoriales de organización y gobernabilidad popular de carácter constituyente. Por el contrario, vemos, y de allí su estancamiento, como se mapean uno tras otro proyecto, la mayoría quedándose en el papel, otros en veremos, donde solo participan en su concepción y ejecución comisiones formadas al interno de las oficinas gubernamentales, colándose no en pocas oportunidades intereses capitalistas de la peor naturaleza. Por más buena voluntad, capacidad e ilusión revolucionaria que exista entre estos funcionarios (porque en otros casos sobran los intereses de mafias que quieren hacer de ellos grandes proyectos fluidos en dólares y exquisitas contrataciones externas. O simplemente se trata de sujetos formados en las tradicionales escuelas de gestión capitalistas que envenenan todo debate y todo proyecto con sus prejuicios propios), sin duda que esto hace imposible avanzar por una senda de transformación real y profunda.

Consideramos entonces que si no se convoca al actor político-social salido de la clase trabajadora a tomar en sus manos los sueños emancipativos en el campo de la producción y a ser el principal sujeto intelectual y político que interactúe con el gobierno para sacar adelante dichos sueños no en calidad de acompañante formal y menos de espectador sino de protagonista central, seguro que esto morirá en el intento; son hoy proyectos sin sujeto, puramente instrumentales y externos a los saberes, luchas, necesidades y deseos colectivos. Por tanto, proyectos que solo podrían llevarse adelante y hacerse efectivos si implantamos un esquema despótico sobre el trabajo, cosa que sería el fin de la revolución misma; una sencilla estupidez siquiera plantearlo.

No dejemos de lado que tenemos hoy en día una situación muy particular que nos obliga por demás a tomar decisiones urgentes. El capitalismo global entra en una fase crítica y recesiva producto de las distorsiones financieras que impuso el neoliberalismo sobre los procesos de acumulación y concentración monopólica de la riqueza esta vez a nivel global. Más allá de los destinos de esta situación frente a los cuales también caben muchas opiniones y controversias, el hecho es que a partir del próximo año para nosotros como parte de ese sistema-mundo del capitalismo, se acabaron los paraísos presupuestarios donde de hecho se trabajó con un doble presupuesto: uno fijo y ordinario, calculado a un precio del petróleo mínimo y otro casi del mismo tamaño en cifras absolutas, basado en un superávit petrolero destinado en principio a la inversión social, productiva y de infraestructuras.  Sin caer en catastrofismos bien podemos advertir que a partir del próximo año ese superávit si no desaparece al menos es evidente que se va a reducir en forma drástica. Obviamente son muchas las obligaciones en el orden de la utilización concreta de los recursos fiscales que se imponen, pero además de ello, es el momento también de darle la oportunidad al no-estado, al no-capital, al trabajo vivo y productivo, al pueblo organizado y rebelde, para que tome las riendas del proceso revolucionario. Han sido casi diez años donde –quitando los años defensivos de conspiración y saboteo fascista- no se ha podido cambiar al menos en amplias y significativas zonas de vida social y productiva el viejo esquema del capitalismo rentista, populista, oligárquico y dependiente, por las razones ya explicada. Simplemente se ha “asistido” mas al pueblo, se han emprendido algunas obras importantes pero que han costado muy muy caras, y se han abierto compuertas innegables de libertad, derechos y participación, propias de una sociedad democrática sin más. Pues bien pensamos que llegó el momento exacto por razones internas y externas para romper por completo con los hábitos que tienen enfermo este proceso. Donde muchísimo más se puede hacer con mucho menos dinero (y mucho menos mafioso que termine deglutándolo), y sobretodo, se empiecen a liberar amplias zonas productivas y territoriales del yugo absoluto del imperio capitalista en todas sus versiones y dimensiones como de sus agentes transnacionales, nacionales o nacionalizados también en todas sus versiones y dimensiones, mafiosas y legales.

 Estamos hablando entonces de hacer del proyecto socialista un auténtico proyecto anticapitalista y no simplemente distributivo, mucho menos demagógico y populista, que convoque todos los saberes, voluntades, capacidades, experiencias, ideas, sueños, que están regados por toda la sociedad. Hechos presentes en muchísimas de las luchas concretas emprendidas en estos años, y que ya son patrimonio de una clase trabajadora que en la forma suigéneris en que esto se da dentro de las periferias del capitalismo central, ella también se ha socializado, se ha cualificado y sobretodo se ha politizado en franjas muy importantes. Una convocatoria que vaya hacia la concreción de proyectos societarios concretos, ayudados técnica y financieramente por el estado. Posibilidades hay millones todavía, tenemos el contexto político que guarda gran parte de su calor, movilidad y esperanza original (es lo mas importante), tenemos los recursos financieros mínimos indispensables, tenemos la infraestructura necesaria, un nivel instrumental y técnico con que contar que no es desdeñable, tenemos los recursos naturales de sobra, tenemos un mundo profesionalizado, técnico o simplemente enriquecido por la experiencia laboral y comunitaria de vida que ya es muy importante, tenemos además una parte de la juventud dispuesta a salir de la tragedia de la improductividad y el parasitismo en que la condena el capitalismo de hoy y a hacer el sacrificio de enseñarse y  aprender viviendo experiencias materiales de la ruptura con el viejo sistema. Tenemos aún un mundo mucho mayor que podría salir de su no-ser, de su condición pasiva y consumista, de su hambre también, que podría ganarse a la plena participación si se van concretando los proyectos de sueño y libertad cumplida. En fin, indistintamente de los miles de vicios y debilidades que tampoco nos faltan, aún estamos en condiciones de dar un salto gigantesco si hay voluntad política y si superamos la fiesta politiquera por fuera y el gerentismo burocrático  interno que se ha sembrado en este proceso. No intentarlo al menos con tantas condiciones actuales a la mano no es distinto a un acto de traición hacia nosotros mismos y hacia tantos pueblos que todavía ven en nosotros un ejemplo y una posibilidad real de liberación.

Para terminar entonces con esta carta ya entrando en el orden de las propuestas:

-Se impone, en función de un plan dirigido al desarrollo concreto de todo un tejido socializante de producción y reproducción de la riqueza, invertir por completo el modelo jerárquico, ostracista, gerencialista y burocrático impuesto. Mas que “pensar” en abstracto y fuera de los contextos reales de producción política, económica, cultural, de resistencia, de las clases trabajadoras, campesinas, indígenas, etc, proyectos “socialistas”, es imprescindible que:

Primero: Se haga una amplia verificación e inventario de proyectos y luchas socialistas sobre las cuales ya se ha avanzado. Reconocer sus sujetos concretos y potencialidades en todo el país, haciendo de ellos el punto de partida para el desarrollo de todo un plan productivo y socialista, donde sin duda no se descubrirán doscientas sino un número mucho mayor de posibilidades en vista a los incontables proyectos que se han quedado en el papel, en la promesa, estancados en situaciones de indefinición total dentro de los famosos “modelos cogestionarios” o simplemente aplastados por la complacencia con el patrón y el saboteo sindical y burocrático como es el caso de Sanitarios Maracay, entre otros. Proponemos como modelo genérico y de transición mientras no exista un orden legal preciso en lo que respecta a la propiedad social y común,  que la propiedad de estas empresas sea de carácter público, es decir del estado, pero que sean dadas en concesión bajo contraloría social y de gobierno. Esto quiere decir que se profundice en todas sus formas y de acuerdo a la realidad de cada contexto el modelo del control obrero y social de empresas que son públicas formalmente pero en la práctica pasan enteramente a propiedad y gerencia del común.

 Segundo: Que sobre este primer universo de proyectos, se planifique desde la base, desde el espacio popular mismo, el desarrollo de otros proyectos y empresas que vayan paulatinamente llenando los huecos aguas arriba y aguas abajo de todas las áreas de producción emprendidas o de nuevas áreas de acuerdo a las necesidades nacionales sobre las cuales se priorice y se discuta en forma pública y transparente. No queremos sobreestimar posibilidades, pero es evidente que el papelito de importadores y comerciantes de oficio que nos han impuesto uno y otro modelo de dominación, a estas alturas no sólo esta agotado por entero sino que nos ahoga en la “imbecilidad aprendida” de la cual no hemos salido después de diez años de “proceso”. Estamos seguros que bajo la modalidad de un diálogo abierto y realmente revolucionario entre gobierno y clases trabajadoras podemos convocar a cientos de miles de trabajadores, técnicos, profesionales, investigadores e incluso pequeños y medianos empresarios, y poner sobre sus hombros proyectos y metas de producción de un sinfín de insumos que estamos en plena posibilidad de cumplir, partiendo de necesidades, experiencias y sueños y no de de la lógica de mercado. Proyectos que necesitan visualizar posibilidades de alianza y transferencia tecnológica con cualquier parte del mundo, de países sureños y norteños, del tercer, segundo y primer mundo, porque en todos ellos hay hoy en día una multitud de saberes y emprendimientos concretos en manos de una nueva clase trabajadora o de pequeños empresarios, no muy diferenciados objetivamente a los primeros, que tienden a liberarse de las redes del capital monopólico o que aún no han sido absorbidos por el vampirismo de las empresas transnacionales y las oligarquías nacionales. Podemos sin duda aprovechar escenarios como el ALBA o incluso Mercosur para hacer esto, no bajo la fórmula mercantilizante de las “ruedas de negocios” sino del acercamiento clasista entre núcleos cooperativos y socializantes del trabajo cuyo espacio en el campo nuestramericano es ya muy amplio. Estamos seguros que bajo una planificación y dedicación sin pausa podemos en pocos años cambiar por completo la faz de nuestra sociedad, teniendo la posibilidad de adelantar escenarios de producción social de la más simple a la más compleja tecnología, liberándonos no solo como trabajadores en sí sino del orden de conocimiento y modelos de desarrollo que siguen inalterados.

Tercero: Consideramos imprescindible que el proceso de liberación del trabajo no sea externo al propio proceso popular y constituyente que en estos momentos se desarrolla en cualquier cantidad de territorios y espacios, dando nacimiento a nuevas relaciones de poder atravesadas por los códigos propios de una democracia revolucionaria. Se hace imprescindible ir creando los escenarios factibles para que estos espacios integrados en centenares de corredores territoriales dejen de vivir una relación de dependencia parasitaria con el presupuesto de estado como es actualmente el caso de los consejos comunales. Toda esta cantidad de proyectos productivos posibles, unidos al desarrollo de comunas libres y autónomas en su constitución y ejercicio, integradas a estos corredores territoriales, pueden perfectamente ser la base material de una nueva república socialista. Fusionada una cosa con otra de hecho muchas comunidades empezarán a desarrollarse a partir de los excedentes que dejen estas empresas, implementando su propio proyecto de “república libre e igualitaria”, haciendo de ellas verdaderas “comunas” donde empecemos a palpar integralmente lo que es el autogobierno del pueblo en el plano político y productivo. Tomando el caso de las salinas de Araya por ejemplo, empresa tomada en estos momentos por los trabajadores y que hasta unas semanas funcionaba como uno de los tantos guisos mafiosos del gobernador Ramón Martínez, de formarse una eventual “Comuna de Araya”, ella como empresa se puede desarrollar plenamente bajo control obrero, pero al mismo tiempo parte importante de sus excedentes pueden recaer en manos directas, incluida la distribución nacional de la sal, de esta comuna la cual se desarrollaría social, cultural y económicamente sin depender en forma absoluta del presupuesto de estado. Y más allá de ella incluso podría formarse una “Comuna Nacional de la Sal” que comprenda todas las grandes salineras incluidas las de las “Cumaraguas” en Falcón, dando pie a una verdadera “corporación socialista y autogestionaria” nacional cimentada en este caso sobre la sal. Casos como estos podemos emprender en todo el país, teniendo como condición la voluntad política de gobierno y la maduración de las condiciones socio-políticas necesarias en cada territorio. Incluso, la multiplicación de este tipo de realidades nos dará la posibilidad de ir creando las bases de una legalidad y una economía socialista creadas por los mismos “comuneros” que irán apartándose de los formalismos opresores del estado burgués. Igualmente podemos prever que la suma de estas realidades en sí mismas van a ir generando una nueva territorialidad revolucionaria totalmente inédita, con modelos constituyentes propios de integración entre sí y de relación con el continente y el mundo.

Cuarto: No podemos dejar de precisar que estamos partiendo de un presupuesto básico propio de la rebeldía del siglo XXI. Ya no podemos contar con modelos teóricos que predefinen los pasos a dar desde un determinado proceso revolucionario. La ciencia política de la transición hoy en día sólo puede contar con el ejemplo y el referente que van dejando los actos políticos concretos que determinadas colectividades de manera singular van emprendiendo. Podemos sin duda mapear los grandes trazados de un proceso y dejarlos plasmados en documentos consensuales como es el caso del Proyecto Simón Bolívar. No obstante ninguna visión totalizante por más completa que sea puede sustituir el acto mismo del quehacer revolucionario colectivo. Es sobre estos actos que se dibuja la nueva ciencia revolucionaria, visualizándose su verdadero programa y el verdadero y concreto sujeto de la revolución. En base a este principio queremos proponer la formación de una vasta red de investigación-acción que incluya muchachos y muchachas de liceos, mucha juventud, a partir de la cual podamos ir descubriendo, aprendiendo, proyectando, realizando, innumerables proyectos societarios, nuevas batallas que tienen que ver directamente con las luchas, las necesidades y la creación política que de manera permanente viene generándose y abriéndose nuevas posibilidades fuera de la lógica del orden burgués y colonizante que aún nos domina. Es otra universidad, otra política, otro pueblo… volvemos por todos los caminos.

Firmas:

Individuales:

Alida Toro Ci. 4887246

Ana Teresa Gómez (La Guara) Ci. 7455415

Antonio Torrealba (Catire Paez) Ci. 4608919

Alberto Monteagudo Ci. 24221452

Enrique Mendoza Ci. 5498744

Euclides Mendoza Ci. 10963918

Erik Del Búfalo Ci. 11668316

Guillermo Olivares Ci. 6355363

Ivo Rodríguez Ci. 4837201

Janis Denis Ci. 18269268

Jessie Blanco Ci. 11409862

Juan Vicente Martinez Ci. 6025921

Juan Carlos La Rosa (Juancho) Ci. 10610627

Juan García Ci. 649571

Luis Villafaña (El Negro) Ci. 4118859

Norma Guatarama Ci. 6163643

Osvaldo Leon (El Maracucho) Ci. 5808908

Pascual Estrada Ci. 5224552

Rogelio Lopez Ci. 3409401

Roberto Shaefer Ci. 22664693

Roberto Lopez Ci. 5965854

Roland Denis Ci. 5317913

Por el Corredor Territorial Camilo Cienfuegos (Barquisimeto)

Adela Davila Ci. 22654478

Aide Escobar Ci. 13180526

Carlos Sieveres Ci. 7387949

Dora Hurtado Ci. 7174831

Jose Onave Ci. 7587467

Maria Tua Ci. 4805088

Marlene Colmenares Ci. 4379202

Mari Querales Ci. 9542731

Patricia Carvajal Ci. 17104899

Roxana Perez Ci. 7329239

Raiza Moreno Ci. 5925573

William Rojas Ci. 7309271

Wilma Urbina Ci. 4369586

Por el Corredor Territorial Mar de los Caribes (Sucre-Nueva Esparta)

Angela Maestre Ci. 11375450

Carlos Acosta Ci. 6286750

Eladio Porras Ci. 4237110

Hugo Vasquez Ci. 5387318

Héctor Ramón Márquez Ci. 5707110

Orlando Flores Ci. 5080051

Por el Colectivo de Trabajo Revolucionario Pueblo Rebelde (Apure)

Freiman Paez Ci. 9252241

Luis Gonzalo Venegas Ci. 16155833

Miguel Enrique Cardoza Ci. 10133887

Oglis Ramos Ci. 14857995

Por el Movimiento Revolucionario Solidaridad (Lara)

Antonio José Gomez Ci. 1177281

Carlos David Vargas Ci. 15435411

Fredy Alberto Mogollón Ci. 7302567

Juan Carlos Murphy CI. 17035971

Johny Murphy Ci. 26303407

Juan Pastor Murphy Ci. 26303407

Victorio Villalobos Ci. 4532965

Por el Grupo Acontecimiento (Argentina)

Raul Cerdeiras Ci. 4402018


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