Formación ideológica y praxis revolucionaria (XXIII)

Mentes inquisidoras, elecciones regionales y decisiones populares

Sólo mediante las preguntas correctas se puede llegar a las soluciones adecuadas. Sin tener en cuenta el tiempo, los espacios, los protagonistas con sus fuerzas y sus capacidades, el estado del entorno mundial, las tendencias y los procesos que se entrecruzan y se sobreponen en su desarrollo a saltos, y la naturaleza socioeconómica de todo ello, resulta imposible tener una idea clara del presente, del futuro inmediato y mucho menos del largo plazo. No valdrían las técnicas de análisis matricial. Y las mismísimas elucubraciones post modernistas donde casi todo se esconde tras la complejidad agnóstica se revelarían más impotentes.

Es importante reconocer que en una revolución social como la bolivariana hay que tener muy en cuenta la proyección del líder y su impacto sobre los protagonistas porque es en quien el pueblo –el más importante protagonista- deposita su mayor confianza, sus más sensatas esperanzas y sus más caras expectativas, y lo va haciendo cada vez más en la medida en que éstas se van realizando, con el transcurrir de los meses y los años. El sabio pueblo sintetiza en su líder su propia fuerza y sus propios deseos, y lo aprecia como juez y como guía. Lo sigue y está dispuesto a defenderlo a como sea. Lo hace de forma consciente y afectuosa, y por ello, no es enajenación, ni cosa por el estilo. “Este socialismo lo estamos inventando entre todos….lo estamos construyendo desde abajo”, ha dicho reiteradamente en el último año el Comandante Chávez, ante miles y millones de seguidores -asistentes a los actos de la campaña electoral- que lo vitorean y lo aclaman; donde se visualiza claramente cómo se está tejiendo la amplia red del poder popular y cómo el pueblo está ejerciendo la democracia revolucionaria. Esa es la Venezuela actual, la histórica y la concreta, y negarla es imposible. Uno de los secretos del ingenioso Marx –el autor más leído de la historia humana- fue siempre analizar las condiciones histórico-concretas de los sucesos o acontecimientos políticos.

¿Quién puede afirmar hoy, con sensatez y objetividad, a pocos días de las elecciones regionales, que el pueblo venezolano está atomizado, desintegrado, frustrado o desvinculado desigualmente del propio proceso revolucionario? ¿Quién puede afirmar con evidencias y sinceridad que en alguna gobernación podrá ganar la oposición contrarrevolucionaria y no ganarán los candidatos propuestos democráticamente por los miembros del partido creado por el líder de la Revolución Bolivariana?. ¿Quién puede afirmar o insinuar que la mayoría del pueblo venezolano ignora todos los avances del proceso revolucionario, su proceso, y que él es un real protagonista de una de las páginas más dignas de la historia de Venezuela?.

¿Podría algún partido que no sea el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ganar una gobernación y por tanto haber ganado la mayoría de las alcaldías de ese estado? ¿podrá lograrlo alguno de los partidos derivados de AD o COPEI? ¿podrá hacerlo a nivel nacional Primero Justicia?. Ello sólo es probable según la teoría estadística, pero no como opción social como la del PSUV, independientemente que se mantengan en algunos escenarios electorales los candidatos del Partido Patria para Todos o del Partido Comunista de Venezuela (ambos de la llamada Alianza Patriótica) o algún otro que abandonó a las mayorías o que “saltó la talanquera” como se dice popularmente.

La población votante hay que estudiarla y analizarla desde varias perspectivas. Hay dos que son necesarias aplicar, combinar y mezclar. Una de ellas es analizar la población como grandes grupos de generaciones coexistiendo: los jóvenes, los adultos jóvenes, los adultos mayores y los adultos de la tercera edad. Ahí podrán encontrarse varias claves del proceso bolivariano. Y otra perspectiva es de estudiar a la población según los grandes grupos en su relación con los medios de producción y el papel que desempeñan en el proceso de producción y los servicios: los trabajadores manuales, los trabajadores intelectuales, los trabajadores de servicios, los capitalistas industriales, los capitalistas financieros, los capitalistas comerciales, entre otros. ¿Qué intereses tiene cada grupo?, ¿qué se proponen alcanzar?, ¿cómo se articulan o no a los proyectos nacionales?, ¿cuáles son sus expectativas?, ¿cómo se relacionan y qué papel desempeñan en el proceso de transformaciones revolucionarias? ¿con qué fuerzas lo hacen?¿cuál es la naturaleza y esencia de esas fuerzas?.

Son muchas las preguntas que los analistas deben hacer en el análisis teórico y luego de ello, proyectarse sobre la práctica diaria e ir a las preguntas respecto a problemas concretos, y desde uno u otro extremo de las posibilidades reales. Veamos algunas de ellas.

¿Quién osaría pensar que la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de un municipio –salvo del tipo de Chacao donde hay una composición humana vinculada directamente al comercio y al protagonismo de la explotación capitalista- van a apoyar y a votar por sus “verdugos históricos”? ¿qué comunidad en Venezuela pudiera ser mayoritariamente tan desagradecida o ignorante para desconocer la vinculación estrecha entre los logros populares de la Revolución Bolivariana, el futuro independiente de Venezuela y los candidatos del PSUV seleccionados por el pueblo y apoyados por Chávez? ¿qué mayoría de ciudadanos o ciudadanas que han reflexionado en estos últimos diez años sobre las realidades del capitalismo y las atrocidades del imperialismo van a optar y seleccionar a los defensores y compinches del asesino Mr. Bush? ¿qué mayoría de venezolanos o venezolanas va a escoger una alternativa de Alcalde o de Gobernador que vaya a crear condiciones para una guerra civil o propicie la muerte y los enfrentamientos entre grupos de fascistas y “paracos” contra las agrupaciones y movimientos sociales? ¿habrán tantas personas irresponsables, ignorantes y antipatrióticas como para crear una mayoría ganadora de apoyo al capitalismo en las elecciones municipales o regionales? ¿habrán tantos jóvenes votantes que no se interesen por sus mejores expectativas juveniles ni por la mejoría de la vida de sus abuelos y abuelas proporcionada por el proceso bolivariano como para constituir una mayoría de jóvenes contra la Revolución? ¿o más bien será todo lo contrario?.

Responder afirmativamente a esas preguntas es como si se afirmara también que en el pueblo predominan los tarados, los masoquistas y los parásitos. Todo lo contrario: tarados, masoquistas, parásitos, delincuentes, explotadores, ladrones, corruptos, asesinos y terroristas son los menos, y los menos no ganan elecciones en un proceso revolucionario donde sus líderes se han preocupado y ocupado del desarrollo de las familias, del desarrollo integral del país y han garantizado la paz social, aún cuando esos grupúsculos minoritarios sigan causando muertes o daños a la familia venezolana y los medios privados continúen ensalzándolos con el culto a la violencia de las películas hollywoodenses al estilo “Prison Break” o “Arma Letal” o se mantengan de espaldas a los inmensos logros populares del gobierno bolivariano y continúen colocando su atención en los mismos defectos y males creados en décadas y décadas de explotación capitalista para endosárselos al actual proceso revolucionario. ¡Tamaña desfachatez oposicionista quedará condenada por el pueblo, y así lo hará notar el pueblo en las elecciones del 23 de noviembre!.

Quién no evalúe sosegada e integralmente el desarrollo ideológico del pueblo venezolano y cómo se han fortalecido los valores socialistas, en los últimos meses, desde aquel 2 de diciembre en que afloraron síntomas de negligencia de algunos aparentes bolivarianos para hacer fracasar el referendo constitucional, hasta hoy en que el pueblo ha constatado la voluntad del Comandante Chávez para depurar las filas bolivarianas e ir ganando terreno con la verdadera democracia popular, participativa y protagónica a favor del pueblo, podría hacer cálculos personalistas y subjetivos alejados de la realidad. Grandes sectores sociales tienen hoy una mayor conciencia política y comprenden plenamente al Comandante cuando dice que “vamos a gobernar pero obedeciendo al pueblo”(1). Sin dudas, estamos ante un cambio cualitativo de orden subjetivo.

Las elecciones en todas o en la inmensa mayoría de más del 90% de las alcaldías y en el 100% de las gobernaciones, las ganará el pueblo trabajador, ese que no desea la guerra, ese que quiere vivir en paz y armonía con sus congéneres y con la naturaleza, ese pueblo que construye a diario la nueva Patria, esa patria bolivariana defensora de la gratuidad al usar los servicios de salud, de educación, de cultura y de deportes, que son las cuatro esferas más importantes para hacer crecer la familia, y para garantizar –junto al pleno empleo- a los hijos y a los nietos un presente y un porvenir de felicidad.

En claro contraste, ahí están los sufridos capitalistas vinculados a los grupos de la oligarquía que creyeron, más en los bancos norteamericanos que en la banca venezolana, y han mantenido alejados sus dólares de las necesidades nacionales, y ni han favorecido el desarrollo integral impulsado por los bolivarianos. Esos mismos grupos oligarcas ahora tratan de presionar al gobierno revolucionario para que devalúe el bolívar fuerte, dadas sus pérdidas dolarizadas en Estados Unidos y los millones de dólares que aún les quedan, pues sus criticas situaciones, ahora pretenden paliarla con el dinero bien habido del pueblo trabajador venezolano, como lo hicieron en época de Herrera Campins, Carlos Andrés o Lusinchi. “¡Si guardó su plata con los gringos, que Wall Street le eche el salvavidas!” escuché decir a una profesora en un acto social de la tercera edad.

¿Con qué argumentos Rosales, Capriles, Calderón o cualquier otro candidato de la contrarrevolución van a tratar de convencer al pueblo elector de que el paradigma capitalista y la vinculación a Estados Unidos va a garantizar una vida mejor? ¿con qué argumentos van a ganar estos pitiyanquis si los propios estadounidenses están cambiando sus propias preferencias electorales y están a punto de tener a un gobernante joven y negro que anuncia paz y cambios sociales, aún cuando él mismo sepa que el sistema en que gobernará terminará bloqueándolo y agotándolo?.

Parece ser que en este 2008 tendremos varias elecciones históricas. Las nuestras en Venezuela serán también históricas. En todas las gobernaciones y en la gran mayoría de todas las alcaldías, ganará el bolivarianismo. En cada comunidad venezolana avanzará más la revolución, porque –salvo los exiguos casos antes mencionados- en ninguna se impondrá la voluntad imperialista ni la de sus lacayos capitalistas dependientes, y ello será una de las características sustanciales de la nueva situación revolucionaria (2) a la que entra o en la que está inmersa Venezuela y América Latina y otras sociedades del mundo del sur. “Estamos entrando a una nueva fase” dijo hace unas horas el Comandante Chávez ante más de sesenta o setenta mil personas reunidas en San Cristóbal, Táchira, uno de los Estados –junto al Zulia, Carabobo, Bolívar y Mérida- donde la CIA ha puesto sus aviesos ojos de buitre imperial.

¡Hay que estudiar, estudiar y estudiar! nos dice continuamente el líder bolivariano porque es la única forma de poder explicar con capacidad de persuasión, no con ánimos de dominación ni de imposición. Si compartimos estas ideas, si las debatimos, si intercambiamos reflexiones profundas, con los trabajadores, en la familia, con los jóvenes y con las comunidades, y si los intelectuales orgánicos en que se convierten o deberían convertirse todos los voceros de batallones, todos los coordinadores de movimientos sociales, todos los directores, subdirectores o jefes de departamentos de los ministerios, instituciones, fundaciones y organismos que impulsan las transformaciones sociales, hacen su papel, desempeñan su rol, entonces el triunfo bolivariano será por un amplio margen pues se aceleraría la formación de una nueva hegemonía, la del pueblo. Este continuará dejando de ser en sí para convertirse cada día más en un sujeto para sí.

(1) Discurso del Comandante Hugo Chávez en San Cristóbal, Táchira, el 3 de noviembre de 2008.

(2) El siguiente nro. XXIV de esta serie de artículos trata de la “nueva situación revolucionaria”.

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Ernesto Wong Maestre


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