Bolívar asume la dictadura, el atentado de 1828

Luego del fracaso de la Convención de Ocaña, donde se reunieron los Congresistas para quitarle el mando. El Congreso quedó sin efecto y como la Constitución de Cúcuta había sido derogada no había más autoridad que él. Un levantamiento popular en Bogotá capitaneado por el gobernador de Cundinamarca, que había recibido su mandato del Consejo de Ministros y del propio Congreso, declaró sin lugar la Convención de Ocaña y lo había declarado dictador.

Por decisión de la Asamblea Nacional convocada por el gobernador de Cundinamarca, y con el apoyo del pueblo y de las Fuerzas Vivas, el Libertador entró a Bogotá asumiendo la dictadura. Tanto Páez como Santander han podido ser movilizados en sus planes de separar a Venezuela y Nueva Granada de la Gran Colombia llevados por sus ambiciones personales, y no obstante al mismo tiempo se abrogan ser voceros ejecutores de la voluntad popular. El bien a la Patria es secundario a la ambición personal. Las oligarquías de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador no querían fundirse en una sola y gran nación. Cada una quería coger por su lado... por más que el Libertador en genial abstracción pensase lo contrario... De ahí el éxito de las tendencias separatistas del santanderismo en Colombia, y del paecismo en Venezuela. Bolívar, en un gesto magnifico se sobrepone a las dificultades que le oponen la oligarquía a través de Páez y Santander, que dicen ser sus voceros. Por esos momentos, antes de entrar a Bogotá donde lo esperaba el pueblo para aclamarlo, se despide de su “amigo”, pariente y secretario Carlos Soublette, a quien envía como emisario al general Páez. Antes le había dicho a Perú de La Croix: la presencia del general Soublette en Venezuela nos seria útil, sí Soublette fuese otro hombre es decir dotado de energía, más desprendido y menos egoísta; nadie mejor que el para dirigir a Páez y mantenerlo en sintonía conmigo; pero temo que Páez al contrario sea quien dirija a Soublette y lo haga entrar en sus miras el día que quiera ponerlas en ejecución.

Bolívar en Bogotá se dirige a la Catedral a rezar, lo acompañan el Gabinete, la Suprema Corte, el alto Clero, y toda la oficialidad. El pueblo afuera continúa ovacionándole, luego de rezar sale a la plaza y a una señal suya calla la multitud: ¡Colombianos! Asumo la responsabilidad que me pedís. La dictadura es perniciosa para los pueblos, que se acostumbran a vivir bajo un gobierno dictatorial... Pero la dictadura puede ser gloriosa cuando tapa el abismo de una revolución...

Ha menos de un mes de haberse declarado Bolívar dictador por aclamación general, su popularidad sufrió un giro de 180 grados. Los manejos de la oligarquía a través de sus medios de difusión mediática (El Universal, El Nazzional) que se oponen al Libertador, cambian la mentalidad del pueblo predisponiéndolo contra él. La gente a su paso guarda un silencio hostil. Muchos se dan la vuelta al verlo. ¡Cuán rápido cambia la voluntad de los pueblos! No saben cuán desgraciado me siento al hacer este papel de dictador que la salud de mi Patria me obliga a asumir.

El legionario británico Fergusson entra muy agitado a casa de Manuela Sáenz, y le muestra el incombustible; mirad lo que dicen estos papeluchos sobre el Libertador. Manuela iracunda: ¡El incombustible! El periódico del viejo Azuero y de Florencio González... A Florencio González no se le pasa la dentera de que su mujer la Bernardina haya sido amante del Libertador...

La noche del 25 de septiembre de 1828. Bolívar, en su alcoba del Palacio de San Carlos en Bogotá, se encuentra recluido en su habitación preso de un terrible resfriado. Manda a buscar a Manuela, con su mayordomo José Palacios. El Libertador le comenta: Esta mañana me enteré, que Santander es el jefe de una conspiración contra mí, lo nombré Embajador en los Estados Unidos... Manuela le comenta al Padre de la Patria. Mira que esta gente es bien malagradecida. Están furiosos contigo porque saliste de Santander.

De pronto en la calle gritos de alarma, un tropel de gente armada corría hacia la habitación del Padre de la Patria. Manuela le dice ¡Corre Simón! Vienen a matarte salta a la calle por el balcón, al frente de los conspiradores está el militar venezolano Pedro Carujo, Bolívar no está aquí le dice Manuela, entra el legionario Fergusson, y Carujo lo asesina de un pistoletazo. ¡Huyamos! Los asesinos huyen por los corredores. Se oyen disparos por todas partes. Bolívar, al huir del Palacio de San Carlos, se refugia bajo el puente de San Agustín. El agua helada le llega hasta la cintura. Grupos de gente armada pasan sobre donde él está dando mueras a su nombre. Una descarga cerrada en el otro extremo hace huir a sus enemigos. Son tropas adictas que dan vivas al Libertador. Sale de su escondite, pide un caballo y, rodeado por las fuerzas leales, llega al Palacio de San Carlos. Llama a Manuela y le dice: ¡Manuela! Eres desde ahora la Libertadora del Libertador.

La gente al saber la noticia, inunda el Palacio de Gobierno para darle su apoyo al Libertador. Entre los primeros que llegan está el propio Santander: y le dice dios sea loado por haber metido su mano, salvando a su Excelencia de tan viles asesinos, Santander tendió la mano al Libertador y este se la rechazó con desprecio. Manuelita encolerizada le grita: no seas hipócrita, (Uribe) perdón, Santander. Todo esto es obra tuya. Eres el jefe de la conspiración y de los asesinos.

Bolívar acompañado de sus generales, se encierra en su despacho. Córdoba le comunica que afuera tiene a dos de los conspiradores Hormant y Pedro Carujo. Entran los dos prisioneros llevados a empellones por la guardia. Bolívar, melancólico, les pregunta: ¿Qué os he hecho, para que queráis destruirme? Hormant le dice no es a vos a quien queremos destruir, sino el sistema de Gobierno. Pedro Carujo, se arrodilla suplicante, le dice perdonadme, señor, fui victima de la intriga. Yo os diré el nombre de todos los conspiradores: Santander y el Almirante Padilla son los jefes; Florencio González, el marido de la Bernardina, es el otro. Bolívar acusa el impacto de la acusación. No tanto por Santander sino por Padilla, el héroe de la Batalla Naval de Maracaibo, su leal amigo y compañero desde los tiempos de Jamaica. El vencedor de los españoles en Cartagena. El segundo almirante, a quien le otorgó el titulo.

Un consejo de guerra encuentra culpables a Santander, Padilla y sus compinches. La sentencia es la pena de muerte. Los ministros del gabinete interceden por el ex-Vicepresidente: Apelamos a vuestra magnanimidad para que conmutéis la terrible sentencia por destierro a perpetuidad. La paz pública así lo exige. ¿Por qué he de perdonar a Santander cuando no me pidieron lo mismo para con Piar, ni ustedes hicieron otro tanto con el Negro Leonardo Infante, ni con Padilla? ¿Será por el hecho de que estos sean venezolanos? Un ministro le dice: hace un año perdonasteis a Páez, que era vuestro compañero y tan culpable como Santander. El Libertador contesta, sea todo por la paz de Colombia. Santander será expulsado de por vida del territorio nacional.

El General Urdaneta, le comenta: el día que perdonasteis a Páez condenasteis a muerte a la Gran Colombia; vuestra decisión sobre Santander es el final.

A Padilla y los otros culpables se les ahorca en la Plaza Mayor. Las malas noticias se van sucediendo una tras otra: El general Antonio José de Sucre ha sido echado de Bolivia por una insurrección. Está mal herido, los peruanos han invadido Colombia. Obando y López (Baduel, Bobolongo Otero, Andrés Rata y Ravel) han traicionado a la Patria y se han sumado al invasor. El Libertador, acompañado de Sucre y de Córdoba, avanza contra los insurrectos. Córdoba responde insolente al Libertador y se aleja a caballo...

Al poco tiempo Sucre le informa: El general José María Córdoba se ha levantado en armas contra Vuestra Excelencia y ha proclamado la separación del Ecuador de la Gran Colombia. El Libertador, pesaroso: Los diadocos se reparten el imperio antes de que muera Alejandro. O’Leary, salid de inmediato a enfrentar a Córdoba. Un correo al tiempo le informa: El general Córdoba ha sido derrotado y muerto... El Libertador indaga: ¿Córdoba, muerto? ¿Murió en combate? No. Libertador, murió asesinado, por un legionario de apellido Hans, que según se dice huyó a Venezuela. El general Córdoba fue herido durante el combate. Se encontraba en su cama del hospital cuando entró Hans borracho y le clavó su bayoneta, hay algo más Libertador. Hans recibió instrucciones del general O’Leary de asesinarle y la gente murmura que fue recibiendo instrucciones vuestras. ¡Dios, no hiciste de Colombia excepción! La revolución devora a sus hijos.

Páez y Soublette (Globovisión, Venevisión, RCTV, Televen) acusaron al Libertador de quererse coronar rey y declararon la separación de Venezuela de la Gran Colombia. A iniciativa de ambos se lanzó un decreto prohibiéndole entrar a Venezuela. Los neogranadinos se reunieron y declararon a su vez la separación de su país de Venezuela y eligieron por sucesor a personas afectas a Santander. Ecuador al poco tiempo declaró su autonomía. El 8 de mayo de 1830 salió de Bogotá hacia su último destino. Pudo decir con toda propiedad. “He arado en el mar”.

Cita de Mario Briceño: “Bolívar reclama su puesto en nuestra Patria. No un puesto en el Panteón, como difunto venerable. Pide campo donde crezcan sus ideas. Pide horizontes para sus pensamientos deslimitados. Aspira a que los hombres nuevos sean capaces, como lo fue él. Quiere hombres sin miedo a la verdad. Quiere en las nuevas generaciones un sentido de inteligencia social que haga posible la realización de sus ideas de libertad y de dignidad humana...”

“Y el mismo Bolívar, llevado de su magnifica generosidad y de su gratitud sin distingos, los alabó y los absolvió en la persona ondulante del Marqués de Casa León. Desde entonces persiguen las penumbras y las puertas entornadas...”

Como le dijo aquel alcalde indio en el Alto Perú: Con el paso de los tiempos vuestra fama seguirá creciendo, “como crecen las sombras cuando el sol declina”.

Salud Camaradas Bolivarianos.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria. Socialismo o Muerte.

¡Venceremos!


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