Es un
canto de pueblo que se eterniza en la conciencia de quien sabe su
significado.
El
volver, no en el sentido físico, más bien es volver al espíritu que originó
su existencia; me refiero a su identificación con la necesidad de su
pueblo, me refiero a la convivencia casi perfecta con el hacer venezolano,
me refiero a volver la mirada y la atención al propio yo, a la esencia, al
ser venezolano.
Es no
perderse en el camino que le indica el pueblo, es corregir los pasos y
marcar distancia con el facilismo y la adulancia, es deslastrarse de todo
lo que contamina al ser y rechazar todo lo que semeje a corrupción, de lo
contrario este proceso se pudre y muere.
Es
necesario que vuelva sobre la ideología revolucionaria sin partición de
clases y distinciones que producen exclusión y exclusividad; sería la
victoria sobre una muerte anunciada: la corrupción del proceso. Saber que
hace daño la podredumbre de quienes se aprovechan de la necesidad de los
pobres y la inconciencia de los ricos, para ganar una posición en una
revolución que busca cambios en un mundo de igualdad de derechos pero con
tantas desigualdades de nacimiento. Conocer la verdad de quienes lo
acompañan en el ejercicio del poder, que dicen trabajar para un pueblo por
ideología pero que se dejan envolver por un sistema corrupto, conocer la
verdad sin necesidad de hacer un juicio público producto de una votación de
simpatías, es suficiente con evaluar la calidad de sus actos y la
inoperancia de sus gestiones, que se refleja en un gentilicio indiferente y
resignado.
Es
necesario buscar a aquellos venezolanos que participaron en el volver, los
que se alfabetizaron, los que se curaron, los que conocieron una Cuba y un
Fidel por voluntad de una misión (no por privilegio de viajar en primera
clase amparados por el poder constituido), los que aún viven de la
esperanza de una resurrección de la revolución.
La
historia nos enseña que no basta con la consigna, con la declaración
afirmativa de apoyo a las decisiones, a un número de identidad en una lista
de partidos, no basta con fotografías y libretos preparados, con
publicidades falsas de caras sonrientes de solidaridad, de programas
televisivos que simulan el cambio. Sea más exigente en el quehacer, en el
don, en la virtud y en la verdad; no es poca cosa lo que buscamos: nada más
y nada menos que la Revolución
Bolivariana; tamaña responsabilidad sobre los hombros de
un pueblo que exige cambios y que lo enseñaron a ejercer poder como hijos
de padres libertadores.
No
ensalce a quienes conocemos, busque primero la mirada de su pueblo llano y
su justicia, luego, su identidad con la necesidad de cambio le indicará
dónde esta la verdad, en quines confiar, a quienes llamar por su nombre y a
quienes cambiarles el nombre por su apodo; de lo contrario a quien llamaba
padre (de ideales) se convertirá en traidor.
Vuelva,
para poder gritar con emoción: ¡Volvió! No como una consigna, Si como una
aspiración hecha realidad.
Nimia
Ramírez
CI
8465303
nimiaramirezr@cantv.net