Es necesario señalar que la construcción de una
organización eficaz, democrática, al servicio de los trabajadores y de todos los hombres que sueñan en
serio con una sociedad diferente, no es una tarea fácil. Será laboriosa, con
muchas dificultades y contrariedades. Sólo podrán
hacerla hombres con una gran confianza en la vida y en las posibilidades y
cualidades creadoras del hombre para encontrarse a sí mismo y realizar sus
sueños de bienestar y felicidad; con los conocimientos, la experiencia y la
sabiduría para rectificar sus errores, aprendiendo de las derrotas para
encontrar los caminos escondidos entre la madeja de la politiquería y el brillo
fatuo de la charlatanería, el dogmatismo, la arrogancia y la prepotencia; con la
modestia y la valentía para ser los más comunes, los constructores y elaboradores de proyectos, de sueños. Por ahora, lo que sabemos con alguna certeza, es cómo no puede
ni debe ser, esa
organización:
Primero: no
puede ser un partido político tradicional que dé instrumentos para la
participación popular, devinieron en "chatarra de las necesidades
modernas, se anquilosaron bregando por sus propios intereses y olvidaron los
comunes. Alimentándose de su minúsculo universo, espacio de narcisismo grupal.
Respirando el aire contaminado del sectarismo; se convirtieron en un fin de sí
mismos, luchando por pequeñas parcelas de gobierno, por prebendas y privilegios
que les permitan seguir medrando, para sobrevivir en base al clientelismo,
el reparto de dinero y ser activistas profesionales de la
política, que "viven" y se mantienen, económicamente, con esa forma manida y
absurda de hacer política, donde el carnetismo priva sobre al talento; el
tráfico de influencias y el incondicionalismo, frente a la capacidad y la
preparación; la solidaridad automática, ante la lealtad, la consecuencia y la
integridad.
Segundo: Tampoco se pueden reproducir
las organizaciones de origen y formación
comunista descritas por Alfredo Maneiro como organizaciones "con una gigantesca
capacidad para triturar internamente al adversario que se atreve a emitir una
opinión diferente a la de la dirección, que no "coge línea", que se resiste a ser "borrego" y piensa con su propia cabeza. Lo cargan
de motes ridiculizantes: los anarco, los utópicos, los pragmáticos. Hacen gala
de una creatividad y construcción lingüistica increíbles para anatematizar, con
adjetivos que envilecen la polémica y desvirtúan toda discusión, convirtiéndola
en una guerra destructiva, que despedaza a las personas y nunca llega a saberse
por qué fue, ni dónde fue sustituida
la polémica franca, por la discusión bastarda, de que no se quién se robó una
plata, de no se quién se acuesta con la mujer de fulano, de que no sé quién
tiene un carro o una casa que no se corresponde con su condición de militante:
Todo tipo de intrigas, rumores, calumnias, chismes, comadreos y patrañas que
precisamente se hacen para eludir la discusión seria y fecunda.( NOTAS
NEGATIVAS. Alfredo Maneiro). Así que no les queda otra alternativa que la de
dividirse o peor , desintegrarse o disgregarse entre los
diversos partidos que representan la fauna de la politiquería
venezolana.
Es posible que la verdadera causa de la degeneración de
los partidos políticos esté en las derrotas no asimiladas. La de los años
sesenta. Que algunos consideran la "derrota de la izquierda", pero fue la
derrota de todo un pueblo que por un momento de su historia se apropio de sus
sueños, derrocó la dictadura de Marcos Perez Jimenez y construyó, a fuerza de
heroísmo, de grandes esfuerzos y sacrificios, una esperanza, que los errores de
su dirección y la fuerza de sus enemigos, se encargaron de arrebatarle. Durante
la década de los sesenta el movimiento popular logró importantes avances en los
sindicatos y organizaciones civiles y militares, el movimiento estudiantil, casi
en su totalidad, estaba incorporado a la lucha contra las injusticias sociales,
el entreguismo de los gobiernos de turno, y la perversión de la democracia.
Caímos en una trampa y decretamos una guerra que la gente no quería, nos
provocaron y permitimos que nos colocaran
en el dilema de rendirnos o empuñar las armas. Optamos por lo segundo y nos
equivocamos, porque la otra opción no era rendirse, pero así nos lo hicieron
creer, porque otros intereses extraños a la lucha de los venezolanos
intervinieron y nos involucraron en pugnas internacionales en las que no
teníamos ni arte ni parte y en las que sólo éramos peones de las grandes
potencias. Después de iniciada esa guerra era muy difícil dar marcha atrás. Cada
acción nos comprometía más, la persecuciones, encarcelamientos, asesinatos y
torturas aplicadas por el gobierno, nos cegaba de ira y la impotencia ante la muerte
de entrañables compañeros amigos y
familiares. Sin embargo, esta
experiencia dejó varias lecciones que, lamentablemente, muy pocos asimilaron y
la historia les ha ido cobrando. El "Porteñazo" (alzamiento militar en Puerto
Cabello). El "Carupanazo" y
todas la consecuencias negativas que tuvieron no nos enseñaron nada y así el 27 de febrero, 20 años después, el
pueblo sin dirección ni organización, sale a las calles y una acción que debió
ser calibrada y prevista por las organizaciones existentes, para canalizarla y
evitar que se convirtiera, como efectivamente pasó, en una revuelta para saquear
y drenar la ira, la frustración y el hambre inmediata de la gente, pero sin
objetivos políticos claros. La masacre y el terror, fríamente calculados,
planificados y desatados por el
gobierno produjo más inhibiciones. La desaprensión y aislamiento de las
organizaciones populares: más
incredibilidad, pasividad y decepción.
Después de un año del 4 de febrero, la desesperación de
algunos dirigentes aborta un golpe de estado,dirigido por Hugo Chávez, que no
estaba maduro. Ni en los sentimientos y la conciencia de la gente y ni siquiera
entre los militares que lo
dirigieron. Fue una especie de " Eyaculación Precoz", muy propia de la llamada
"Izquierda Venezolana" incapaz de calibrar y razonar con propiedad y
lucidez. Y para que no quede duda
de la tozudez y que los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetir
la historia y de que el hombre es el único animal que choca dos veces con la
misma piedra, el 27 de noviembre, otro intento de golpe militar termina de
poner, de nuevo, la gran torta y nuevas fuerzas populares dentro y fuera de los
cuarteles son desmanteladas, neutralizadas, amellados su filos o embotonado su estoque. Se
repite la historia de los años sesenta. Con algunas diferencias importantes para
el análisis concreto pero irrelevante desde punto de vista
histórico
Sin embargo lo pueblos nunca se rinden. Es mentira que la
pasividad y la decepciones nos invadan por completo. Siempre una llama sigue
encendida y en las elecciones de Diciembre de 1993 el pueblo reacciona y obtiene
en las urnas electorales una mayoría que la permanente conspiración de militares
atrasados, partidos políticos y sectores económicos ligados a los grandes medios
de comunicación, desconoce y burla con tracaleras desaparición y manejo de urnas
y votos que jamás aparecieron. Todavía hoy no se conoce con exactitud los
resultados de esas elecciones; pero existe una percepción generalizada de quien
sacó mas votos fue Andrés Velásquez y no Rafael Caldera. Esta fue otra derrota
cuya magnitud todavía no se termina de evaluar y mucho menos de asimilarla, con
el espíritu crítico que debe privar para saber rectificar, corregir y seguir
avanzando. Pero de nuevo queda demostrado que el pueblo no es renuente a
participar, que cuando siente o presiente opciones válidas está dispuesto a
luchar por ellas, que la ceguera es de los dirigentes impacientes o contaminados
de la cultura política impuesta por los partidos políticos tradicionales. El
triunfo electoral del 93 se convirtió en una gran derrota para el movimiento
popular. Mucho más grande e importante de lo que la mayoría admitimos. Fue una
consecuencia de los errores cometidos antes del proceso, entre los cuales
debemos anotar los golpes militares
extemporáneos y fuera de contexto tanto en el plano interno venezolano, como en
el de la situación internacional. La falta de previsión y la desaprensión frente
al resultado de las elecciones, fue parte de la equivocación que convirtió un
triunfo en las urnas en otra derrota política. Los hechos posteriores lo han ido
demostrando: la deformación del movimiento que obtuvo ese gran caudal de votos,
que no se puede catalogar solamente como un "fenómeno electoral" pasajero ni tampoco, por supuesto, pasar
por alto la circunstancias que lo rodearon. Su posterior división y la
posibilidad de su desintegración, la sustancial pérdida del caudal electoral
demostrada, pero prevista y anunciada por individualidades que propusieron un
repliegue de las fuerzas para defender las posiciones obtenidas y no ir a una
derrota segura en elecciones parciales de
95, donde se disputaban solo
parcelas de gobierno y no estaba en juego el poder. Las advertencias y
prevenciones fueron ignoradas por una dirección arropada y entregada a las
luchas fraccionales, el triunfalismo, la arrogancia y la prepotencia en un
enfrentamiento interno, que convirtió a las elecciones del 95 en una pugna
interna que, desde luego, contribuyó en gran medida a consolidar la derrota política del 93.
No existen derrotas permanentes y muchos menos pueblos
rendidos Ejemplos sobran en la historia. La nuestra y la de muchos pueblos de
mundo. Nuestra lucha por la independencia tuvo muchas derrotas pero al final la
victoria coronó esfuerzos que se hicieron; los Israelitas lucharon miles de
años sin rendirse y ahora tienen
una patria y una tierra propia.
La lucha continúa. ¡Que nadie se
rinda!
jose-salerno@hotmail.com