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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

Gestión obrera, desarrollo humano y socialismo
Por: Michael A. Lebowitz
Fecha de publicación: 24/07/08
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¿Fueron las nuevas fábricas cooperativas del siglo XIX una alternativa al capitalismo? La respuesta de Carlos Marx es negativa porque, según él, reproducían «todos los defectos del sistema existente». Se limitaban a la búsqueda de ganancias y a la competencia; y si bien abolían la oposición entre el capital y el trabajo, la producción cooperativa continuaba siendo un sistema aislado, basado en intereses antagónicos individuales, donde los trabajadores asociados «se habían convertido en sus propios capitalistas» al usar los medios de producción para «valorizar su propio trabajo».1 También destacó que en las «formas diminutas» inherentes a los esfuerzos privados de los trabajadores individuales, las cooperativas «nunca transformarían la sociedad capitalista». En 1875, Marx observaba en la Crítica al Programa de Gotha que los trabajadores deseaban «crear las condiciones para la producción cooperativa a escala social, y ante todo a escala nacional, en su propio país porque están trabajando para revolucionar las condiciones actuales de producción». Ello exige algo más que casos aislados, ya que «para transformar la producción social en un gran sistema armonioso de trabajo libre y cooperativo se necesitan cambios sociales generales.2

Ese sistema cooperativo exigía un proceso de coordinación consciente -como cuando «sociedades cooperativas unidas […] reglamentan la producción nacional en un plan común, asumiendo así el control». En lugar de un sistema fundamentado en intereses fragmentados y antagónicos, en «la sociedad cooperativa basada en la propiedad común de los medios de producción», los productores asociados emplearían «diferentes formas de poder obrero totalmente conscientes de constituir una sola fuerza laboral social». De esa forma, la solidaridad entre todas las extremidades del trabajador colectivo es lógica cuando la producción de seres humanos libremente asociados «se halla bajo un control consciente y planificado».3


Entonces, ¿por qué Marx afirmó que el surgimiento de las fábricas cooperativas era una «victoria»? Habida cuenta de los defectos que tenían, ¿por qué las consideró, incluso, una «mayor victoria» para la economía política de la clase obrera sobre la del capital, que el proyecto de ley de las diez horas?4 En la práctica, esas cooperativas evidenciaron que el trabajo combinado en gran escala

podría perder su «naturaleza contraria» y «llevarse a cabo sin la existencia de una clase de patronos que diera empleo a una clase de obreros». Era evidente que los trabajadores no necesitaban a los capitalistas ya que «para dar frutos, los medios de producción no tienen que estar monopolizados como un medio de dominio sobre, y exacción contra, el trabajador mismo».5 Además, estas cooperativas apuntaban a una nueva relación entre productores. Por esa razón y a pesar de sus defectos, las fábricas constituyeron «los primeros ejemplos del surgimiento de una nueva forma». Como observara el propio Marx, «cuando el trabajador coopera de forma planificada con los demás, se despoja de las cadenas de la individualidad y desarrolla las aptitudes de la especie».6

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Michael A. Lebowitz


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