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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

Las violencias que se desataron con la fundación española
Por: Rodrigo Berríos
Fecha de publicación: 23/07/08
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El psiquiatra y novelista Francisco Herrera Luque fue uno de los primeros en considerar con método que la violencia caraqueña provenía de los genes españoles. Su primer libro Los viajeros de Indias, buscaba servir de explicación a la sevicia expresada en los asesinatos de pleno siglo XX ocurridos en nuestro país y publicados por las crónicas policiales de la prensa; el éxito editorial de la obra se verifica con las dos ediciones producidas, la primera es de 1961. Al terminar de leer el libro se  salía a la calle abrumado por la idea de que estábamos condenados, nuestros ancestrales padres transmitieron a sus hijos, nuestros hermanos, conductas reprobables que impulsaban a la destrucción.

Quien escribe no aprueba ni piensa que es válida la tesis planteada por el susodicho autor, de ser esta explicación cierta no es posible la revolución y las Misiones Barrio Adentro, Negra Hipólita o los Simoncitos, Consejos Comunales, etc. estarían condenados al fracaso. Los éxitos editoriales muchas veces lo único que demuestran son inquietudes sociales y buen cálculo de oportunidades que aprovecha la industria cultural.

Para quienes queremos saber la historia de Caracas estas consideraciones sobre su fundación no son más que una compilación de compilaciones que poco ayudan a saber qué más pasó en aquellos años. Para quienes queremos a Caracas poco nos importa el día de la fundación, nos basta saber que hace más de un milenio hombres y mujeres se amaron en esta tierra y de ella surgieron y surgirán pueblos.

La palabra “fundación” ha sido una trampa semántica que ha llevado a generaciones de investigadores a buscar un papel, una partida de nacimiento que hace olvidar gran parte de nuestro pasado y nos vincula a una cruenta historia, porque la fundación española de Caracas no fue un proceso coronado un 25 de julio de 1567 como la tradición y la obstinada historia oficial del pasado nos han hecho creer.

Es reconocido que Diego Losada pasó todo el año de 1566 haciendo los arreglos para impulsar la población española de la zona central de nuestro país. Desde 1559 lo habían intentado otros, muriendo muchos en el intento y todavía en la década de 1570 los capitanes españoles se adentraban a pacificar y vivían desconfiados de las pocas poblaciones aborígenes que quedaron tras la guerra y enfermedades. La gran mayoría de los que vinieron a Caracas fueron veteranos con décadas de luchas e intentos de colonización en las tierras occidentales de nuestro país. Más de 130 cuentan las crónicas y hasta los nombres tenemos en larga lista, pero sólo el número de 800 indígenas es lo que poseemos por parte de quienes acompañaron esta hueste.

A pesar del énfasis por la historia bélica del proceso fundacional español, pocos esfuerzos han impulsado una visión más integral de nuestra historia para que discutamos y comprendamos que el imperialismo de ese entonces introdujo, por ejemplo, aspectos del naciente capitalismo, del cual España y Portugal eran representantes privilegiados por el Papa desde el siglo XV. La historia nos enseña que la crueldad sobre un pueblo sólo se aplica para explotarlo. De ahí que los conquistadores y gobernadores de ese entonces fuesen mucho más que caricaturas de horror. Muchos eran encomenderos, vale decir que aprovechaban, impulsaban y explotaban la mano de obra aborigen para apropiarse de los frutos y minerales de la tierra. Pero este usufructo no sería posible sin algún tipo de comercio y contactos políticos de importancia, otra heredad de la manzana europea. Los que tuvieron muchos encomendados tenían mayor prestigio y mejores negocios, como el comercio con Margarita y La Española, hoy República Dominicana. Por lo tanto nuestros conquistadores eran también comerciantes, negociantes y traficantes de influencias, es decir, conocían las leyes de la época y buscaban la manera de violarlas.

Lo que no barrió la guerra y quien no logró huir, quienes estuvieron obligados a los tratos impuestos tuvieron que atragantarse con la religión y la lengua española, una lobotomía social y un exterminio cultural del que no existe parangón en nuestra historia, ni la anterior a la española ni la posterior a ella. Su estudio ha de ser publicado con insistencia porque en ella se encuentran los mecanismos imperiales, los mismos que actúan ahora a través de la industria cultural, los bloqueos económicos y las guerras preventivas.

rodrigoberrios@cantv.net

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Rodrigo Berríos


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