El psiquiatra
y novelista Francisco Herrera Luque fue uno de los primeros en considerar
con método que la violencia caraqueña provenía de los genes españoles.
Su primer libro Los viajeros de Indias, buscaba servir de explicación
a la sevicia expresada en los asesinatos de pleno siglo XX ocurridos
en nuestro país y publicados por las crónicas policiales de la prensa;
el éxito editorial de la obra se verifica con las dos ediciones producidas,
la primera es de 1961. Al terminar de leer el libro se salía
a la calle abrumado por la idea de que estábamos condenados, nuestros
ancestrales padres transmitieron a sus hijos, nuestros hermanos, conductas
reprobables que impulsaban a la destrucción.
Quien escribe
no aprueba ni piensa que es válida la tesis planteada por el susodicho
autor, de ser esta explicación cierta no es posible la revolución
y las Misiones Barrio Adentro, Negra Hipólita o los Simoncitos, Consejos
Comunales, etc. estarían condenados al fracaso. Los éxitos editoriales
muchas veces lo único que demuestran son inquietudes sociales y buen
cálculo de oportunidades que aprovecha la industria cultural.
Para quienes
queremos saber la historia de Caracas estas consideraciones sobre su
fundación no son más que una compilación de compilaciones que poco
ayudan a saber qué más pasó en aquellos años. Para quienes queremos
a Caracas poco nos importa el día de la fundación, nos basta saber
que hace más de un milenio hombres y mujeres se amaron en esta tierra
y de ella surgieron y surgirán pueblos.
La palabra
“fundación” ha sido una trampa semántica que ha llevado a generaciones
de investigadores a buscar un papel, una partida de nacimiento que hace
olvidar gran parte de nuestro pasado y nos vincula a una cruenta historia,
porque la fundación española de Caracas no fue un proceso coronado
un 25 de julio de 1567 como la tradición y la obstinada historia oficial
del pasado nos han hecho creer.
Es reconocido
que Diego Losada pasó todo el año de 1566 haciendo los arreglos para
impulsar la población española de la zona central de nuestro país.
Desde 1559 lo habían intentado otros, muriendo muchos en el intento
y todavía en la década de 1570 los capitanes españoles se adentraban
a pacificar y vivían desconfiados de las pocas poblaciones aborígenes
que quedaron tras la guerra y enfermedades. La gran mayoría de los
que vinieron a Caracas fueron veteranos con décadas de luchas e intentos
de colonización en las tierras occidentales de nuestro país. Más
de 130 cuentan las crónicas y hasta los nombres tenemos en larga lista,
pero sólo el número de 800 indígenas es lo que poseemos por parte
de quienes acompañaron esta hueste.
A pesar del
énfasis por la historia bélica del proceso fundacional español, pocos
esfuerzos han impulsado una visión más integral de nuestra historia
para que discutamos y comprendamos que el imperialismo de ese entonces
introdujo, por ejemplo, aspectos del naciente capitalismo, del cual
España y Portugal eran representantes privilegiados por el Papa desde
el siglo XV. La historia nos enseña que la crueldad sobre un pueblo
sólo se aplica para explotarlo. De ahí que los conquistadores y gobernadores
de ese entonces fuesen mucho más que caricaturas de horror. Muchos
eran encomenderos, vale decir que aprovechaban, impulsaban y explotaban
la mano de obra aborigen para apropiarse de los frutos y minerales de
la tierra. Pero este usufructo no sería posible sin algún tipo de
comercio y contactos políticos de importancia, otra heredad de la manzana
europea. Los que tuvieron muchos encomendados tenían mayor prestigio
y mejores negocios, como el comercio con Margarita y La Española, hoy
República Dominicana. Por lo tanto nuestros conquistadores eran también
comerciantes, negociantes y traficantes de influencias, es decir, conocían
las leyes de la época y buscaban la manera de violarlas.
Lo que no barrió
la guerra y quien no logró huir, quienes estuvieron obligados a los
tratos impuestos tuvieron que atragantarse con la religión y la lengua
española, una lobotomía social y un exterminio cultural del que no
existe parangón en nuestra historia, ni la anterior a la española
ni la posterior a ella. Su estudio ha de ser publicado con insistencia
porque en ella se encuentran los mecanismos imperiales, los mismos que
actúan ahora a través de la industria cultural, los bloqueos económicos
y las guerras preventivas.
rodrigoberrios@cantv.net