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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

¡Por siempre Comandante!
Por: Mirla Sandoval*
Fecha de publicación: 22/06/08
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La única manera como podemos recibir la “veracidad” noticiosa acerca de la agonía de Fidel publicada en un periódico de circulación nacional y sus “verdades”, es con mucha nostalgia. Nostalgia porque se pretende cobardemente convertir en noticia lo que es natural y probable, le ocurra a un hombre cuya existencia data de más de 80 años. Si, me refiero al compañero Fidel, al Comandante Fidel Castro, a quien la ferocidad imperialista le ha doblado las campanas más de una vez. Nos dicen en este periódico, que ahora si verdaderamente nuestro amigo Fidel está al final de sus días y que se encuentran preparando su funeral. Al escritor de la columna, “el caramelo” de esta noticia le quebranta lo revolucionario y el capitalismo le gana la batalla, cuando de vender se trata. Pero para quienes respetamos y valoramos la obra de Fidel, la noticia tiene otros matices.

Por años el imperio ha usado a la Cuba sometida, como “el ahorcado en la puerta del pueblo”, ejemplo para quienes osaran desafiar su poderío. Contrario a lo que se esperaba y con mucha dificultad es innegable, el pueblo cubano ha trascendido la idea del líder impuesta por el capitalismo. Fidel se ha vuelto pueblo, Cuba es Fidel. De este modo. Cuba ha resistido y fortalecido su conciencia y valor, ha ideado técnicas y desarrollado una cultura desde su realidad, desde su necesidad, que le ha permitido el lugar en la puerta que quiso darle el imperio, pero como ejemplo de valentía y superación.

Nuestra América ahora asume el ejemplo y camina entre bombardeos de una orquesta internacional mediática, huelgas absurdas al estilo del mundo al revés de Galeano, paros, atentados, entre otros eventos, pese a los cuales busca salidas a la crueldad imperial. Ahora los ricos del mundo protestan porque los pobres y excluidos de siempre comienzan a tener oportunidades, porque es posible llegar a ser presidente, porque se puede comer. Conscientes están, que sus grandes acumulados de bienes dependen de que los demás no tengan nada. Ante esa realidad, nuestros pueblos han abierto los ojos, se han robustecido en el pensamiento de grandes revolucionarios de nuestra América y del mundo y en su propia conciencia. El imperio se resiente, reacciona, ataca, ante lo que representa nuestra fortaleza integradora, con la amenaza que les significa la posibilidad de reeditar nuestra propia historia soberana y libertaria.

En este sentido, el compañero Fidel ha medido cuidosamente cada palabra pronunciada a fin de lograr el efecto necesario. Según expertos esto es fundamental, ya que sólo el 10% de lo que ocurre no lo controlamos nosotros, el otro 90% depende de nuestra reacción. Entonces una palabra sabía y bien pronunciada es la clave de una buena reacción. Sin embargo el dicho popular “las palabras no se recogen”, no se corresponde con el discurso del compañero Fidel y quienes siguen su línea de pensamiento. Conociendo la Obra de Fidel nos atrevemos a decir, que las palabras son semillas y la cosecha depende de su calidad, de dónde y cómo se siembran, y por supuesto de su abono.

Es evidente entonces que Marx, Engel, Lenin, Bolívar, Allende, el Che, Mariátegui, Túpac Amaru, Alí, entre otros muchos revolucionarios, sembraron su pensamiento en el corazón y la mente de los pueblos que les leen, ven o escuchan, y al morir, sus cuerpos sólo sirvieron de abono a está causa. Es por ello, que la cosecha debe tener la esencia de la siembra, y el trabajo de abonar debe asumirse con mística revolucionaria. Es así que para estos hombres, el acudir a la cita inevitable con la muerte es también un acto revolucionario, muchas veces acelerada por el enemigo pero muy en contra de lo que esperan, ha servido y servirá para cumplir el deber de abonar sus palabras, de alcanzar su esencia.

De esta manera, la diferencia entre un imperialista y un revolucionario está en su obra, en su siembra, en su cosecha. El primero siembra mentira, barbarie, egoísmo, dinero y abona con opulencia, basura, chatarra, dolor. Al contrario el revolucionario siembra justicia, igualdad, paz, vida y abona con amor, valor, esperanza, solidaridad, respeto y sabiduría. Por lo tanto, el imperialista recoge guerra, muerte, pobreza, dolor y el revolucionario recoge justicia, amor, pueblo y patria.

En consecuencia, la obra de estos revolucionarios quedó sembrada para siempre, vive y vivirá en todos nosotros, en cada pueblo que se revela contra la opresión y la injusticia que le aqueja, contra de la desdicha de sus hijos. Cuando llegue el momento, como es normal, vamos a entristecer mucho, sentiremos que el cuerpo del compañero Fidel no se encuentre más entre nosotros y algunos con toda seguridad lloraremos. Pero es que, en realidad Fidel nos acompaña hoy más que nunca y así continuará. Las alcabalas que impedían estudiar su pensamiento están cayendo en América latina y más allá, y a su voz se han unido la de nuestro Comandante Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Cristina Fernández (Argentina), Lula da Silva (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay), Daniel Ortega (Nicaragua), entre otros mandatarios, y los pueblos que pese a sus gobiernos, comparten nuestros ideales y luchan por su libertad.

Ya no es posible que muera Fidel, como tampoco morirán los demás. No creemos en sus muerte, por cuanto no es el cuerpo lo que trasciende sino su obra. Nuestro ejercito crece en este mundo y se fortalece más allá. Pronto seremos uno en América y los hijos de nuestros hijos y sus hijos y los otros, vivirán.



Prof. UNESR

mirlasand15@gmail.comEddy Rafael Guzmán
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Mirla Sandoval*


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