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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI
Chávez, Revolución y Guerrilla
Reflexiones desde la izquierda
Por: Elio Córdova
Fecha de publicación: 22/06/08
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La revolución en si es un proceso que consiste en la toma del poder, para así lograr una transformación de la realidad. En este complejo proceso, impulsado por la lucha de clases, la vía armada ha sido y es uno de los mecanismos para emprender el camino hacia una revolución, que a su vez permita transformar lo que se esta mal y se quiere cambiar. No obstante, la dialéctica de los procesos históricos en el continente americano –desde nuestra perspectiva- ha roto con esa visión de la izquierda ortodoxa, pues la llegada del siglo XXI ha significado cambios estratégicos y de gran significación. Es así como hoy por hoy, en Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Paraguay y próximamente en el Salvador se están dando las condiciones objetivas y subjetivas, para que -a través- de la vía democrática ejerzan el poder gobiernos de izquierda, cada uno con sus matices particulares, que a su vez responden a realidades sociales concretas y específicas, pero en el fondo tienen su origen en un problema estructural común: En todos estos países ha existido y existe una clase social cansada de ser explotada por estarle vedado el acceso al capital.

El camino de cada una de estas naciones puede ser diferente, pero en un punto todas ellas tienden a converger, porque orientan sus esfuerzos hacia la construcción de una sociedad justa e igualitaria, donde todas y todos puedan comer, vestirse, recrearse, tener acceso a buena salud y educación.

Cada día, en el continente esta naciendo y creciendo a pasos agigantados una alianza estratégica, que resulta antagónica a los intereses del imperio del norte, lo cual lo evidenciamos en los discursos del aspirante supuestamente de avanzada (pero en realidad no menos fascista que el actual presidente-genocida Bush ) para ocupar la Casa Blanca Barack Obama, cuando éste le reclama al fascista de George W Bush que ha abandonado los intereses en el continente americano por una guerra en Irak, lo cual ha facilitado el advenimiento de fuerzas incompatibles al imperio en el tradicional patio trasero.

Es en este contexto que deben ponderarse los comentarios hechos recientemente por el Presidente Hugo Chávez, quien hace poco sorprendió a la opinión pública con su nueva tesis frente al conflicto colombiano:

“A estas alturas en América Latina está fuera de orden un movimiento guerrillero, y eso hay que decírselo a las FARC (…) La guerra de guerrillas pasó a la historia, y las Farc deben saber una cosa: se han convertido en una excusa del imperio para amenazarnos a nosotros. El día que se haga la paz en Colombia se le acaba la excusa al imperio (…) Les pido ayuda; ya basta de tanta guerra, llegó la hora de sentarse a hablar de paz”.1

Sin embargo la realidad colombiana es compleja, producto del Estado terrorista que se mantiene en el poder, por lo cual es aquí donde subyace el elemento que le da vida al conflicto armado entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Pese a ello, hay quienes piensan que están dadas las condiciones para una negociación, pues los objetivos políticos no sólo pueden conseguirse con las armas, también se pueden obtener a través del debate de las ideas en la arena política y conectando la situación colombiana con un escenario latinoamericano, que refleja una favorable correlación de fuerzas, bien podría inferirse que esa realidad continental lograría incidir favorablemente para el desarrollo de un hipotético acuerdo beneficioso entre las FARC y el mafioso Uribe.

Ello sería de capital importancia para disipar por fin el fantasma de la traición y las masacres de que fueron víctimas miles de guerrilleros que apostaron por la paz en las década de los 50, 60, 60 y 80. Todo comenzó con la muerte de Jorge Eleazar Gaitan en 1948 -“Bogotazo”- ése sería el punto de partida para la época denominada como La Violencia.2 Es en este momento cuando surgen un conjunto de grupos armados que se revelan ante el terrorismo de Estado que avasalló la voluntad de muchos colombianos. Inclusive, en reiteradas oportunidades se convino llegar a un acuerdo con los grupos armados, garantizándoles la vida, la inserción progresiva en la sociedad a cambio de desmovilizarse y deponer las armas. Las consecuencias ya son conocidas por todos, una vil masacre de centenares de seres humanos opositores al régimen.3 Estas acciones derivaron en un mayor apoyo de los campesinos al movimiento guerrillero.

En 1966 con Manuel Pérez se crea un grupo de intelectuales y universitarios: el Ejército de Liberación Nacional, un grupo más urbano, en relación a las FARC que eran campesinos en su mayoría. En 1970 surge otro grupo armado, denominado M-194. A través del cual se realizaron muchas acciones simbólicas. Sin embargo a principios de los 80 fue desmantelado y asesinado.

En 1982 se llega a una tregua con ciertos grupos armados, y de este proceso de armisticio surge la “Unión Patriótica”, un grupo político que va adquiriendo un fuerte apoyo popular, manifestado en un considerable protagonismo dadas sus ideas para acabar con el conflicto haciendo vida política. A raíz de esto, las oligarquías ven amenazados sus espacios de poder y arremeten -auspiciados por un Estado Terrorista- una vez más contra los dirigentes de esta alianza, asesinándolos a casi todos.5

A lo largo de este proceso las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se han consolidado en el territorio colombiano en 24 de los 32 departamentos de Colombia.6

En este breve intento por describir de manera hilada y progresiva la compleja realidad Colombiana, la cual pone de manifiesto una severa descomposición institucional, que se expresa a través de un Estado de represión social y una clase burguesa opresora de una clase popular, que sólo intenta revelarse ante las terribles injusticias de que es objeto7. En el marco de este drama humano surge otro actor temible, impulsado desde la ultra derecha colombiana, que se dedicó a matar y exterminar en masa: Las Autodefensas Unidas de Colombia o los “paramilitares”8, que no son otra cosa que un mecanismo que pretende socavar las bases -el pueblo- que apoya a las FARC mediante el terrorismo.9

En este contexto tan particular al resto de la América Latina, vemos muy complejo y poco seguro un acuerdo político en el cual las FARC, simplemente bajen las armas y decidan negociar.

A nuestro juicio sería mucho más viable, valiéndonos de la correlación favorable de fuerzas que actualmente existe en el continente, unirnos para generar una mesa de negociación que intervenga en el conflicto colombiano ejerciendo presión para la gestación de negociaciones que conlleven a la paz, garantizando la vida de los guerrilleros. Un primer paso para ese proceso sería la liberación de los rehenes en manos de las FARC en contrapartida con la liberación de los presos que se encuentran en las mazmorras infrahumanas del Estado Terrorista y también en las cárceles del Norte.

Para llegar al proceso de paz en Colombia, resulta necesaria una revisión tanto del método táctico, como los elementos estratégicos que se ejercen desde las FARC para hacerse del poder, pues para muchos, algunas acciones del grupo insurgente son consideradas contrarias a los principios por los cuales éstos luchan (los principios socialitas).

No obstante, en esta breve reflexión no podemos dejar de lado la presencia del imperio, pues Colombia es la cabeza del imperialismo en el continente (Plan Colombia, Plan Patriota). El imperio ha dotado de tecnología y armamento de última generación al ejército colombiano. Para muchos Colombia es el Israel de América Latina. Por ello es vital la unión entera del continente para luchar por la libertad de la hermana república.


Asociación Bolivariana de Economistas Socialistas

Eliocz21@gmail.com
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Elio Córdova


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