¿Es posible
que ambas cosas se den en el mismo momento y lugar? Definitivamente
sí. El primero rige las prácticas económicas en el país y el otro
empapa los discursos de los dirigentes del Psuv, de los funcionarios
del gobierno y del propio presidente Chávez. Antes de 1998, cuando
quienes nos ubicamos en la izquierda denunciábamos la corrupción recibíamos
como respuesta que era un problema estructural; si denunciábamos la
existencia de la pobreza crítica, la inseguridad, el auge de la delincuencia
y demás males, nos respondían con lo mismo. Tal respuesta ubicaba
los problema en la indomeñable genética social, y de verdad
que lo era y lo sigue siendo, lo que no queremos es seguir recibiendo
la misma respuesta y, peor aún, la misma ausencia de acciones para
combatirlos.
La corrupción
administrativa deriva, precisamente, de la supremacía del capital,
la posibilidad de poder robar porque se puede pagar a quienes deben
vigilar para que esto no ocurra. Desde el gobierno nos impulsan
a luchar contra la corrupción, y eso nos parece importante, puesto
que la actitud y la disposición para combatirla deben empezar en el
hogar. Es sabido, también, que no hay un solo tipo de corrupción,
y si continuamos así, este país aportará nuevas formas de ella. Si
estamos en un consejo comunal podemos enfrentarla, si asistimos a nuestros
batallones también, en nuestro trabajo, en los ámbitos de nuestra
comunidad. Pero, ¿qué puede hacer usted y yo para combatir la corrupción
en un ministerio, en una institución gubernamental, en una esfera distante
de nuestro control inmediato? Realmente poco. Uno la sospecha en tal
o cual lugar, la olfatea, pero aparece la mejor manera de seguir ocultándola
cuando te piden pruebas, ¿cómo puede usted conseguir pruebas?, ¿debe
abandonar su trabajo, su familia y demás obligaciones, investirse de
detective para entrar vía internet a cuentas y manejos de capital,
o tomar su linterna y ropa negra, cuerdas y ganzúas para llegar a gavetas
y computadoras. Eso ocurre en muchas series estadounidenses con las
que saturan la televisión por cable.
A esa sentencia
que dice que estar enamorado o con tos es difícil de ocultar hay que
agregarle la corrupción. Usted se para delante de una valla publicitaria
y ve un monto, además con 47 ó 53 céntimos, gira la mirada
y ve la obra: refracción de parada de autobuses tal y lo advierte sin
ser ingeniero, arquitecto o constructor. Algo le dice que lo están
jodiendo, algo le dice que las tres vallas que anuncian la obra cuestan
más que la obra misma.
El capitalismo
salvaje coloca al capital por encima del hombre y la mujer, por encima
del ambiente del cual formamos parte. Si no fuese porque la oposición
venezolana fuese visceral y malcriada, expresión genuina del berrinche
infantil, no estuviese muy preocupada por tumbar este gobierno que ha
hecho que los ricos se enriquezcan más y los pobres se empobrezcan
más, aunque a estos últimos les quede la cola en los mercales y la
asistencia de barrio adentro como consuelo, nada desdeñable este logro,
pero que no ataca el problema ahí, en la tan mentada estructura.
Cuando Chávez
llegó al poder, hace ya diez años, esperé acciones contundentes contra
los casinos y salas de juego. Hasta ahora, las leyes han mareado la
cuestión y las salas de juego continúan proliferando. ¡Si hasta en
una oportunidad nos pusieron a votar por un kino! Sí, por un kino,
recuérdelo. Han proliferado las loterías, las construcciones en zonas
que afectan el ambiente porque todo se puede comprar, desde los permisos
hasta la ola con la que nos bañamos el año pasado. Continuamos viendo
como infraestructuras del estado se deterioran, se sobreprecian obras,
los funcionaron exhiben una vida ostentosa nada acorde, en muchos casos,
con el sueldo que devengan, además sobra el dinero en unos casos que
escasea en otros. Sobran los ejemplos, usted, amigo lector, los conoce
tanto o más que yo. Mientras esto ocurre seguimos diciendo desde el
pueblo y desde el gobierno: “Hay que luchar contra la corrupción”.
Luis Malaver
C.I. V9300810
luismalaver64@hotmail.com