La exclusión política

Los momentos más terribles de la exclusión política nos tocó vivirlos como militantes del PCV; pues en los momentos electorales se movía todo un aparataje económico, mediático, electorero, cultural para sacar a los comunistas y otras organizaciones de izquierda del mundo electoral.

Aquello fue bautizado como la polarización AD-Copei y siempre fue presentado como una respuesta del pueblo a las opciones que tenía en cada elección; cuando en realidad era algo milimétricamente construido por los factores más poderosos de una sociedad capitalista, injusta, excluyente e ideológicamente orientada a la estupidización del venezolano.

Fue la manera de ocultar ante los ojos de los electores la posibilidad de elegir rostros distintos a los promovidos por los medios. ¿Qué candidato presentado por las mafias adeco-copeyanas estaban a un nivel de un Héctor Mujica o un José Vicente Rangel, por ejemplo? Estas opciones presentadas por los comunistas y otros aliados fueron víctimas de la aberrante polarización. Tan monstruosas eran las campañas para promover la tal polarización y el “los demás no cuentan” que la mayoría de los venezolanos no tuvo la posibilidad de ver y sopesar tan extraordinarias alternativas como fueron en su momento estos dos venezolanos.

Como tal situación no se daba sólo en Venezuela, uno supone que fue una política impuesta desde los Estados Unidos, de manera que cuando un Jacobo Arbenz en Guatemala o un Juan Bosh en República Dominicana o un Salvador Allende en Chile, por citar tres casos recodados y sentidos, rompía con la tal polarización, los gringos se dejaban de pendejadas e intervenían de manera directa con marines u otra manera tan cruel como la bota gringa.

De allí que haya sido un rol de los poderosos, de los sectores más reaccionarios de la sociedad, de los más miserables y ruines operadores políticos el imponer la polarización desde los medios. De esta manera se excluye a quienes pueden estar presentando una opción de cambio o se muestran como un rostro fresco, nuevo y distinto.

Contra la aparición de ese rasgo perverso debemos estar alertas quienes pretendemos ser militantes de un proceso revolucionario. No podemos tener esa aspiración de ser revolucionarios y acudir a recursos fascistas, de exclusión y de inmoralidad política.

Si llevamos esta reflexión a la situación actual, consideramos que los camaradas que han propuesto sus nombres para ser los candidatos definitivos del PSUV a las próximas elecciones, deben ser los primeros en enfrentar tales aberraciones.

Entendemos que apoyando a algunos camaradas se mueven esas especies de sigüis que se prestan a cualquier maña, si consideran que tales mañas o aberraciones benefician a su jefe político. Contra estos sigüis (que no deberían formar parte de un proceso de cambios) les corresponde actuar los propios beneficiarios de su bajeza.

La decisión de permitir que cada militante del PSUV tuviese la posibilidad de proponer su nombre como aspirante, resulta extraordinaria. Es una muestra de apertura, de búsqueda de nuevos rostros como los de un Arnaldo Cogorno en Nueva Esparta, de mirar hacia la militancia de base; un verdadero golpe contra la exclusión.

No es posible que un paso tan grande empiece a ser entorpecido por estos sigüis de segunda que se aterran ante la presencia de lo nuevo y honesto. Es inaceptable que se hable de votos poralizados entre dos figuras y se desprecie la presencia de los otros.


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