El misoneísmo del señor Baduel

El misoneísmo del señor Baduel (odio, rencor, envidia, resentimiento) contra el Presidente Chávez, motivado a que este señor quería que Chávez compartiera el poder con el y le diera una buena tajada, pero el Presidente le entregó todo el poder al pueblo y ambos no están dispuestos a compartirlo con nadie. Pronto lo veremos a priori como defensor entusiasta de la aristocracia. Usted general quiere emular a Páez, sabemos de sus andanzas con la oligarquía, usted ya robó y le quedo la boca dulce, conocemos de su ambición desmedida y estamos pendientes y que no se nos cuele por los palos, ya que perro que come manteca mete la lengua en tapara. Su cobardía evitó que se pronunciara el 4 de febrero y el 27 de noviembre del 92, en el golpe fascista del 11 de abril 2002, se pronunció obligado por la presión del pueblo que rodeó la unidad que usted comandaba y también por la presión de sus compañeros de armas porque si no lo hiciese lo iban a colgar por las muchísimas, así que déjese de estar hablando pistoladas de nuestro país en España, al periódico ABC soporte de la dictadura de Franco y del franquismo, y al periódico el País representante de la más rancia oligarquía española, ellos dicen de usted que le sobran muchos galones, pero que le falta tener cojones, usted siempre estuvo emboscado en la sombra para dar el golpe artero, estuvo esperando que el Tío San lo llamara, pero se nota que nunca confiaron en usted por cobarde, con todo y que ellos lo formaron en La Escuela de las Américas. General sin tropa, tú “eres un ex”, ya no representas a nadie, solamente representas a los amos que te compraron; “felón, cipayo que defiende los intereses del imperialismo yanqui y de la oligarquía”. Igual misoneísmo tienen las castas que han gobernado al país durante cuarenta años, quieren volver a gobernarnos, pero nunca más volverán, no podrán engañar más al pueblo con sus mentiras y baratijas.

Señor General: Según estudios de los entendidos en la materia misoneísmo significa:

“Una idea o un sentimiento nuevo cuesta fatiga el que se formen en el cerebro del hombre, porque tienen que abrirse largo paso y tal vez contra las ideas y los sentimientos ya existentes. Por esto es el hombre íntimamente conservador, y a menudo, cuando han cambiado las cosas profundamente en torno de él, sigue considerándolas con las ideas que tenía acerca de su estado precedente, y no las cree diversas. Así como ciertos locos se encuentran por la mañana como a primer objeto a una mujer y ven en todas las personas, durante el día todo, la cara de la tal mujer, así cuando el hombre se ha formado una cierta idea de un fenómeno dado, mantiene aquella idea durante largo tiempo, después de haber cambiado totalmente el fenómeno: lo ve como era en un principio, aunque sea del todo diverso”.

Esto es aplicable a todos aquellos que, educados en las concepciones políticas y económicos-sociales que dominaban hace diez años, cierran sus ojos a la evidencia y no ven que las doctrinas socialistas no son más que la explicación de lo que en derredor nuestro pasa. El socialismo, en efecto, provoca un movimiento en la dirección y en la vida social del pueblo, como no los provoca doctrina alguna; el socialismo no es nada más que la explicación y teorización de un movimiento que en virtud de internas necesidades se está produciendo en el seno de nuestro pueblo. El socialismo es la conciencia del proceso que, por lo regular, se cumple inconscientemente en las entrañas del pueblo, y la conciencia de un proceso cualquiera no lo provoca. Lo propio del pueblo es acomodar el ambiente a sí, hacerse un mundo, y no acomodarse al que encuentra hecho. Si hubiéramos siempre seguido este segundo sistema no saldríamos nunca del miserable estado en que estábamos. La tendencia a acomodarse al ambiente, a hacerse al mundo tal cual lo encontramos constituido, es la fuerza de la tradición, así como el impulso a hacernos un mundo, a modificar el que nos recibe, es la fuerza del progreso. De ambas fuerzas, la de la tradición y la del progreso, brota la marcha del pueblo, tradición conducente a progreso.

Señor Baduel: Nada más pueril y erróneo que el creer que las doctrinas económicas y sociológicas de éstos o aquellos pensadores y teorizantes han producido el actual movimiento del pueblo. Habríase éste producido de todos modos, si bien es una necesidad el que en casos tales siga la doctrina al hecho. Porque no hay proceso alguno vigoroso y fuerte que no llegue a conciencia. Creer que el socialismo, es decir, una doctrina científica, hace el movimiento del pueblo, es como creer que las teologías hacen las religiones. Tiene, sin embargo, profunda utilidad la doctrina. Cierto es que la fisiología no enseña a digerir, pero nos pone en camino de poder curar anormalidades y defectos de las funciones digestivas. Y así el socialismo puede servir para corregir desviaciones del movimiento social de emancipación del pueblo. Más entiéndase bien que, así como las reglas y normas que se deducen, también los principios que de las doctrinas socialistas se saquen para encauzar y regular el movimiento del pueblo, son nada más que inferencias de ese movimiento; es el mismo movimiento social el que se corrige y encauza por medio de los que lo estudian con buena fe y sana intención. No hay más fatal misoneísmo que el de querer oponerse a tal movimiento.

Señor Baduel: Tiene la tolerancia varias raíces, pero son las dos principales el estado de ánimo, que nos hace comprender la verdad de la relatividad de todo conocimiento, que todo conocimiento es relativo, y la mejor caridad, que es ayudar al pueblo a que siga sus propias ideas. Una idea no puede llamarse en rigor que sea verdadera, sino en aquel espíritu en que está en consonancia y acuerdo con las demás ideas, en que forma con éstas en todo orgánico y coherente, en aquel espíritu en que ha brotado como un mundo propio o a que se ha asimilado. En todo otro caso, la idea más exacta y verdadera puede llevar a un semillero de errores hasta tanto que modifique el conjunto todo de las ideas de un espíritu. Sucede que cada espíritu refleja a su manera el mundo y que todos nos entendemos a pesar de ello, importa poco que cada cosa no se refleje lo mismo. Es como variar la escala de un plano si no para todo él se varía. Estamos imbuidos de los más absurdos prejuicios respecto a la verdad, empeñados en verla en un fuera de nosotros mismos. Cuando se comprende y se siente al pueblo, se acaba por ser tolerantes y por ayudarle dentro de su especial manera de ser, esforzándose por ayudarle a que siga sus propias ideas.

Señor Baduel: El irse por esas tierras a meter a pueblos muy extraños del nuestro en espíritu y costumbres, ideas y doctrinas que son aquí el producto refinado de largos siglos de cultura propia, no es lo más conducente a defender nuestra idiosincrasia y nacionalismo. No es que se niegue la enorme influencia de un pueblo sobre otro y de una cultura sobre otra cultura, es que tal influencia es más fructuosa con tolerancia que sin ella. Para ir a predicar a alguien una doctrina, que le es nueva, es preciso que penetremos primero de la que tiene, y si parece no tener doctrina alguna, en el estado de espíritu de esa falta aparente de ella. Entérese todo socialista sinceramente de las doctrinas del individualismo burgués, tal como las profesa el señor Baduel y sus más leales e inteligentes propugnadores.

Señor general: Cuando se tiene la desgracia de tener personajes como usted, y otros “demócratas” que a las veces hablan de socialismo y no saben ni vislumbran lo que es, ni se preocupan de aprenderlo; cuando se tiene la desgracia de tener periodistas que despotrican, a cuenta de la “democracia” y todas las estupideces para uso de la politiquería; cuando se tienen todas estas desgracias y muchas más, es el pueblo el encargado de propulsar con sus exigencias el progreso, de abrir los ojos a los ciegos, de deshacer la estúpida labor de los politiqueros todos como usted. Si el pueblo no se resigna, como no debe resignarse, y pide más y más cada vez, todo ese dinero que iría a parar a las arcas de la oligarquía, de la corrupción y a lo improductivo tiene que ir a ayudar a la producción de artículos con que satisfacer la justa exigencia de la clase popular, y este se hará más activo y más enérgico y más inteligente y producirá más con menos pérdidas, y los oligarcas mejorarán sus métodos. Esto a fin de que establezcan comparaciones todos los positivistas que andan todavía dándoles vueltas a la lucha por la vida, la selección, la sobrevivencia del más apto, y otras cosas análogas, muy razonables, muy exactas, muy fecundas cuando se las entiende bien y por derecho, y nada más que superficialidades o brutalidades cuando se las entiende a lo burgués satisfecho, es decir, a lo animal. Todos ustedes olvidan el ambiente social y olvidan que lo que más diferencia al hombre de los demás animales es su mayor actitud para acomodarse el ambiente, crearse el medio, en vez de someterse pasivamente a él. ¡Tiene bolas que hable de sobrevivencia del más apto más de un bolsa ineptísimo que se ha robado unos cuantos miles de dólares del erario público!

Salud Camaradas Bolivarianos.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria. Socialismo o Muerte.

¡Venceremos!

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