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De audaz y hasta temerario califica el licenciado Díaz Rangel en su página del pasado domingo 11 de mayo en Ultimas Noticias, el paso dado por el PSUV al descartar cualquier otro método para la escogencia de los candidatos a gobernadores y alcaldes y optar por las elecciones primarias. A renglón seguido argumenta evocando lo “traumáticas” que han sido similares experiencias para los partidos en Venezuela, con más razón para este partido con cinco millones de militantes. Para afirmar como colofón que si bien es verdad que es el método más democrático, hoy resulta ser el más riesgoso.
La más “traumática” que podamos recordar, de esas experiencias, lo constituyen sin duda alguna, aquellas primarias adecas de finales del gobierno de Raúl Leoni, que fueron transparente y abrumadoramente ganadas por el maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa. Pero aquel partido, de concepción centralista y democrática, cuyas bases campesinas y obreras protagonizaban el último gran intento por recuperar las banderas libertarias y antiimperialistas de la socialdemocracia, ya tenía entronizada desde hacía tiempo a la oligarquía lacaya del imperialismo en su dirección. No le temblaría la mano al traidor de Rómulo Betancourt para dividir a Acción Democrática. O en otras palabras, para acabar con el partido.
A mi manera de entender, salvo algunos intentos, casi todos infructuosos, por escoger candidatos para aquella colcha de retazos que constituíamos la izquierda en Venezuela. Los partidos a los que se refiere en su nota Díaz Rangel, que eventualmente recurrieron a las elecciones primarias para la escogencia de sus candidatos, son los grandes partidos de la derecha.
El cronista reconoce a las primarias como el método más democrático, pero el más riesgoso. Estamos hablando de una de las más sentidas consignas de la militancia bolivariana. Si impulsamos una democracia protagónica y ha sido la escogencia democrática por parte del pueblo en general, la vía para la construcción de la nueva sociedad, lo más coherente es que su vanguardia, es decir su partido, sea la más clara expresión de esa participación democrática. Lo que si sería verdaderamente riesgoso es que se continúe con el sistema que hasta ahora ha imperado, sea con el pulgar, el índice o el anular.
La premisa fundamental de la revolución es la confianza en las masas, en el pueblo. Con más razón en esa expresión de avanzada, altamente cualificada de ese pueblo que debe ser el partido. Se percibe un cierto tufillo de falta de fé en el pueblo y su vanguardia, en esa desconfianza en relación a su capacidad para asumir un compromiso de esta magnitud. Estamos construyendo un partido revolucionario, el cual seguramente tendrá en lo adelante muchas y más complejas tareas en la inmensa empresa de construir el socialismo. Un partido extraído de las entrañas de ese mismo pueblo que protagonizó la hazaña sin parangón del 13 de abril del 2002.
Para esa construcción tengamos presente el mensaje de Lenin: audacia, audacia y más audacia… recordando acciones hasta temerarias como la toma de las flecheras o el ¡vuelvan caras!!! de Las Queseras del Medio.
mundoiribarren@gmail.com
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