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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI
Desmontar el discurso de la oposición
El Discurso del Verdugo (II)
Por: Gustavo A. Hedmont
Fecha de publicación: 09/05/08
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Como no vamos a esperar a que los adversarios del proceso decidan librar contra nosotros una batalla pacífica de ideas, sin hacer uso de la manipulación mediática, vamos a adelantarnos a ellos en el debate, interno y hacia fuera, a través  de la Escuela Ideológica y Política del Sur de Valencia, y de otras iniciativas que puedan surgir del mismo pueblo:

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el proceder de los grupos que conspiran contra el gobierno legítimo de la nación, ha mostrado año tras año el uso de un mismo libreto que se puede ramificar en algunas variantes, pero que, en todo caso, sigue un mismo esquema básico. Tal esquema o formato, se puede considerar simplemente como la ‘receta’ de la conspiración, y la hemos podido observar en los hechos acaecidos en abril de 2002, y los que se suscitaron posteriormente (paro petrolero, guarimbas, etc.), incluidos por supuesto, los que acabamos de mencionar, con respecto al 2007.

Pero en poco nos ayuda identificar la receta de la acción conspirativa, sino comprendemos el fondo ideológico específico que la orienta, que por cierto, en este momento es más difícil de atacar que los sabotajes a los que nos tienen acostumbrados, ya que involucra elementos que para la mayoría de la población resultan muy sutiles, a pesar de que somos bombardeados a diario con este tipo de elementos que muchos, al parecer, consideran inofensivos o de “menor” impacto, cuando en realidad han venido operando de manera gradual, y si se quiere “lenta”, pero con un impacto que puede llegar a ser fulminante e irreversible.

Se trata de un arsenal discursivo que se sustenta principalmente, gracias a tres categorías conceptuales:

  1. El derecho a la propiedad inserto dentro de lo que se conoce como los derechos civiles.
  2. La Libertad.
  3. La Democracia.

Antes de proseguir es necesario advertir que estos tres pilares conceptuales no son considerados como “buenos”, ni tampoco “malos” en sí mismos. Vamos a enfocarlos desde el punto de vista del uso que le dan los distintos actores políticos, y más específicamente, según la forma como se presentan en cada una de las ideologías opuestas a saber: 1º.El Socialismo. 2º. La ideología burguesa o Liberalismo (de aquí se deriva el concepto que tanto hemos oído mencionar durante los últimos años: Neo-Liberalismo). El significado y la importancia que cada doctrina o ideología le confieren, determinan el efecto que tiene, o pueda llegar a tener su uso, sobre los intereses populares(o, si lo vemos  desde la orilla contraria, sobre los intereses capitalistas).

Ahora vamos a emplear como estrategia pedagógica  el método comparativo, para observar las diferencias entre el socialismo y la ideología liberal burguesa en la forma como se conciben la propiedad, la libertad y la democracia.

Lo que significa la Propiedad, la Libertad y la Democracia desde el punto de vista de la ideología liberal:

A modo de introducción al pensamiento Liberal, es importante destacar su papel histórico en la abolición del yugo monárquico que pesaba sobre los países europeos y sus colonias al momento de su surgimiento como doctrina filosófica y política de gran difusión. Estamos hablando de hace casi tres siglos (S. XVIII). La filosofía liberal inglesa, francesa, alimentada además por el aporte de filósofos norteamericanos durante la época en que se dio la Independencia norteamericana (1786), inspiró a Bolívar y en general a los próceres de  los procesos independentistas de nuestra América Latina a principios del siglo diecinueve, gracias a la forma como interpretaron las obras de quienes se consideran los padres del Liberalismo Político: Hobbes, Rousseau, Montesquieu, entre otros. En aquel momento la realidad social y política de lo que se conoce como el “mundo occidental”, estimuló el ascenso de una idea esencial: El papel del hombre en el universo, a diferencia de la preponderancia ideológica que durante los siglos anteriores se le otorgó a lo divino y lo religioso como eje fundamental de todos los asuntos humanos. Ello no se dio al azar. Coincidía con una serie de cambios materiales y espirituales de repercusión global (en relación con lo económico, lo científico, demográfico, político y cultural). Era la antesala de la Revolución Industrial que marcaría la germinación definitiva del capitalismo no sólo como sistema económico sino como orden estructurador de la sociedad moderna. Sin embargo, los seres humanos de fines del siglo dieciocho, no alcanzarían a experimentar las contradicciones sociales de este nuevo orden, y la filosofía de aquel entonces se impregnó principalmente de las promesas de un porvenir de prosperidad, desarrollo científico y cultural, pero sobre todo de autonomía individual, ante lo que se venía percibiendo como una larga historia de tabúes, y represión autoritaria asociadas a la vida tradicional y sus instituciones: La jerarquía eclesiástica, la familia y el Estado en primer lugar. Sin embargo en el siglo siguiente el Marxismo o Socialismo científico, emergería como teoría social, económica y política, que explicaría la raíz de las contradicciones de la nueva sociedad capitalista y cuestionaría el exagerado énfasis de la filosofía liberal en el interés individual, especialmente dentro de lo que se conoce como Liberalismo Económico. Es así como tiene lugar la crítica a la Economía  Política dominante en aquel momento. Entre tanto el Liberalismo Político se refugiaría en los grandes ideales de Libertad, Fraternidad y Justicia, y en otros, pero, con la siguiente característica: Una fuerte tendencia a negar o restarle importancia a las causas del deterioro de esos valores en la sociedad moderna. De ahí se deriva su tendencia marcada a considerar los derechos civiles desde un punto de vista individualista, a detenerse más en unos derechos que en otros, o ha enfatizar de manera exclusiva determinados aspectos puntuales de un derecho universal como lo es sin lugar a dudas, el de la Soberanía. Ello genera varias interrogantes, por ejemplo, el siguiente: ¿Los derechos se pueden poner en práctica sólo cuando se trata de derechos individuales, o acaso también es necesario vincular el derecho individual a un conjunto de derechos colectivos?

Las inconsistencias fundamentales de la filosofía liberal pudieron haberse solventado mediante aportes filosóficos posteriores dentro de la misma, de no ser porque la filosofía liberal se habría de convertir en la excusa perfecta de todo gobierno anti-popular, y de todo “títere” que desde la oposición o desde la presidencia (No me refiero a la Venezuela actual por supuesto), actúe a favor del capital transnacional. La excusa perfecta para “defender” la libertad, la soberanía, y la igualdad, mientras se condena a la mayor parte de la población a no tener nada, y por ende a desembocar, finalmente, en la esclavitud. Un rico (o un fuerte candidato a serlo) que quiera gobernar, jamás va a ser sincero en lo que realmente pretende. Hablará de libertad, de “mejorar las condiciones de vida”, de autonomía, etc., pero jamás dirá: “Lo que quiero es ganar la mayor cantidad de dinero, de la manera más fácil e instantánea”. 

Lo anterior explica en parte, la razón por la cual se afirma que el liberalismo es la ideología propia de la clase dominante. Por ello no le conviene aceptar públicamente la explotación de una enorme clase popular por una reducida clase dominante. Observemos que esto no es ajeno a la realidad incontrastable del capitalismo: Los ricos cada vez más ricos, y una inmensa mayoría de pobres a nivel planetario que cada día crece más y más.

Pero a pesar de que el Liberalismo es la ideología de la burguesía, ha tenido un enorme éxito en venderle sus vanas ilusiones, y sus valores, al resto de la población. ¿Por qué ocurre esto? Porque apela al egoísmo que todos guardamos por dentro.

La Escuela de Formación Ideológica y Política avanzará posteriormente en el análisis de las diferentes ideologías, y específicamente, en lo que respecta al origen y la influencia del Liberalismo y el Neoliberalismo  en la realidad actual del continente y del mundo. Pasemos entonces a referirnos a la propiedad, la libertad y la democracia, desde la visión liberal-burguesa.    

Propiedad

La propiedad es sin lugar a dudas un derecho inalienable de toda persona, la cuestión es que el discurso que ha venido predominando, desde hace décadas en los medios de comunicación (canales de televisión, prensa escrita, internet, imágenes publicitarias, etc.) no suele reconocer la enorme diferencia existente entre los bienes de uso y de consumo personal, y la gran propiedad privada de los monopolios y los oligopolios de la producción y la comercialización.

Los bienes de uso y de consumo coinciden con los derechos esenciales de todos los seres humanos:

Derecho a la vida, al trabajo, a una vivienda digna, a la educación, y a la salud, y a la sana recreación y el esparcimiento.

Libertad.

La Libertad es un derecho vital, más importante incluso que la propiedad, o por lo menos es un requisito indispensable para que ésta se pueda desarrollar.

La filosofía liberal ha vinculado la libertad con la propiedad, afirmando que la propiedad es necesaria para realizar el ideal de la libertad, lo cual no está del todo mal. El problema viene dado por el empeño de la clase dominante en negar que toda sociedad humana presenta un choque de intereses, lo cual se da por que esos intereses son contradictorios entre sí, y ello ocurre con más razón cuando se trata de una sociedad capitalista como la actual, donde las contradicciones se agudizan cada vez más, generando los grandes desequilibrios que hoy por hoy se pueden observar en un mundo donde realidad humana y natural parece deteriorarse continuamente.

Tales desequilibrios solo encuentran solución en una serie de cambios estructurales en todos los órdenes. Una transformación de semejante magnitud nos exige ante todo un cambio trascendental de los paradigmas más arraigados que haya podido albergar nuestro ser. Es un esfuerzo colectivo y al mismo tiempo individual. Estamos hablando de la manera de alcanzar la Libertad. Hasta ahora la libertad no se ha dado efectivamente, ni en los espíritus, ni en los pueblos empobrecidos de América Latina, que precisamente, en éste momento, se encuentran atravesando una de las etapas cruciales de su proceso de liberación. 

En la doctrina liberal se confunde la búsqueda eterna de la libertad absoluta inherente a todo ser humano, con una definición que termina reduciéndola a aspectos funcionales de la acumulación de capital: La libre empresa, y el libre comercio, con el inconveniente de no ubicar en su justa dimensión  el problema de la explotación del hombre por el hombre, del que se derivan todo una gama de injusticias que sólo encuentran respuesta desde el punto de vista liberal, en otro de sus grandes soportes filosóficos: El concepto de  competencia, elevado al rango de máximo valor por encima de la solidaridad humana. Fijémonos de nuevo en algo:

Si consideramos la libre empresa y el libre comercio, al igual que la competencia, no observamos para nada un carácter negativo o “maléfico”. Pero no hay que perder de vista el énfasis que suele hacer en éstos,  la sociedad actual a nivel mundial, con una absoluta falta de claridad, y podríamos decir que con altas dosis de hipocresía:

¿Cómo podemos explicar que se pretenda presentar como normal la competencia “natural” entre los grupos empresariales más poderosos del planeta con empresas nacionales que se encuentran “a miles de años luz de distancia” de aquellas, en lo concerniente a tecnología, o capital por ejemplo, sobre todo cuando se trata de empresas medianas y pequeñas, o incluso microempresas familiares o cooperativas que apenas acaban de crearse con los modestos ahorros de sus socios?

El sistema capitalista en lugar de fomentar la capacidad productiva y el libre acceso de las personas a la propiedad, lo que hace es quebrar a las empresas menores, y condenar a sus integrantes a la incertidumbre crónica del desempleo  o a convertirse prácticamente en esclavos que deben limitarse a obedecer las órdenes de sus potenciales rivales comerciales. Y lo hace bajo la promesa de disminuir el precio de los productos.

Entre las múltiples inquietudes que el capitalismo o liberalismo salvaje (léase neoliberalismo) suscita, surge otra muy común:

¿Cómo se explica que en el maravilloso mundo del libre mercado, se estimule la libre circulación de mercancías (lo cual no es cierto, pues lo que en realidad ocurre es que se tiende a facilitar el paso de productos provenientes de los países desarrollados hacia el resto del mundo, pero no en dirección inversa) y al mismo tiempo se le coloquen cada vez mayores obstáculos al acceso de las personas provenientes de los países pobres o dependientes, a los llamados “países del primer mundo”?

Democracia

Los Estados Unidos de América invaden o presionan a la mayoría de las naciones del mundo declarándose defensores de la Libertad y la Democracia. El Liberalismo Político se ha encargado de darle “un rostro humano al capitalismo”. Los símbolos han sido fundamentales para dicha ideología desde sus orígenes en el siglo XVIII: No es casualidad que la meca del capitalismo mundial se identifique con la estatua de la Libertad.  

La democracia desde el punto de vista liberal no es más que una democracia formal. Es decir “pura forma” y nada de fondo. Los liberales consideran como una “democracia sólida o estable” los sistemas políticos de cualquier país en el que se hayan realizado “elecciones libres” durante veinte, treinta, o más años. No importa que se trate de países con indicadores aterradores en el tema de los derechos humanos (records en el asesinato de periodistas y sindicalistas, por ejemplo), regímenes monopartidistas, o bipartidistas absolutamente corruptos, con gobernantes impuestos a través de la intimidación de grupos fascistas, o mediante el fraude electoral y la compra de conciencias, o simplemente países donde cualquier protesta social tiende a ser criminalizada y fuertemente reprimida a pesar de que la mayor parte de sus habitantes se hallan justo en el límite que separa la pobreza de la miseria.  

Lo que significa la Propiedad, la Libertad y la Democracia desde el punto de vista de la ideología socialista:

Propiedad

Hay que hacer énfasis en la propuesta de reforma constitucional hecha por el Presidente en 2007, que poco a poco se irá retomando, pero que solo se hará si las venezolanas y los venezolanos comprendemos la esencia de ese gran cambio. Recordemos que el proyecto socialista que está poniendo en práctica el gobierno bolivariano, y que además necesita ser profundizado, jamás ha contemplado la eliminación de la propiedad privada.  Lo que ha hecho es sencillamente, proponer, junto a la propiedad privada, otros tipos de propiedad, que en la mayoría de los casos ya existen en la realidad, sólo que con la reforma constitucional se les daría reconocimiento por parte del Estado, para garantizar que se respeten en el futuro, y en todo el territorio nacional, independientemente de que se dé la posibilidad de que algunos gobiernos municipales o estadales  no compartan el proyecto revolucionario. Hacemos referencia a la propiedad estatal pública (o propiedad social indirecta), la propiedad social directa y la propiedad comunal y ciudadana. Con respecto a la propiedad privada, hay que ser repetitivos hasta el cansancio en esto: no podremos comprender  en qué consiste el socialismo sin conocer dos conceptos que le son totalmente contrarios: el concepto de Monopolio y Oligopolio. En tal sentido, hagamos mención de un caso concreto, que fue citado con anterioridad en uno de los talleres semanales de la Escuela de Formación Ideológica y Política del Sur de Valencia: la reciente nacionalización del Hato “El Frío”, que consta de 63.000 hectáreas pertenecientes a una sola familia, o a lo sumo a una pequeña junta de socios. Se trata de un medio de producción estratégico para los intereses del país: La tierra. ¿Será lo mismo monopolizar la tierra a través de los Latifundios, que poseer una propiedad, digamos de veinte hectáreas? La información es poder: Sepamos que de los 26 millones de habitantes que tiene Venezuela, ni siquiera un millón cuentan por lo menos con una hectárea de terreno para la producción, el esparcimiento o para uso de vivienda. Pero voy más allá: La mayoría de los venezolanos no cuenta ni siquiera con treinta metros cuadrados de vivienda, y ese gran conjunto de personas se tiene que conformar con recurrir al alquiler o  habitar una vivienda precaria, y soportar de ese modo las inclemencias del ambiente prácticamente a la intemperie. La prohibición de los monopolios está contemplada en la constitución de 1999.

Libertad

Una de las estrategias más usuales de los sectores de derecha, es apropiarse de nuestro lenguaje. ¿Qué tanto nos hemos percatado de ello?

Durante una de las grandes rebeliones populares de la historia universal, la Revolución Francesa, que tiene como episodio crítico en sus inicios a la toma de la cárcel de La Bastilla en 1789, la libertad emergió como concepto revolucionario que permitió acabar con el dominio de la Monarquía sobre el pueblo. Pero no tardaría en serle arrebatado por la nueva oligarquía burguesa, una vez eliminada del juego la aristocracia vinculada al poder Real, y la realeza como tal. La reacción de los nuevos sectores dominantes ante la marea popular desatada en aquellos tiempos en aquel país europeo, condujo a la implantación de un régimen que eliminó por completo a quienes encabezaban el movimiento revolucionario dentro del gobierno francés. La gran revolución popular desembocó finalmente en algo distinto: Lo que sería años más tarde, el gobierno imperial de Napoleón Bonaparte. Sin embargo los vencedores de aquel entonces se siguieron valiendo del lema  “Libertad, igualdad y fraternidad” para legitimar su dominio. A  partir de ese momento histórico, la derecha no solo en Francia, o en Venezuela, sino a nivel mundial, esconde su desaforado afán de lucro con un falso discurso en pro de la libertad y la democracia, y otros grandes valores de la humanidad, como la justicia.

Una vez devaluada la palabra “Libertad” (como tantas otras, especialmente la palabra “democracia”), las luchas libertarias (la revolución cubana entre ellas, y los procesos independentistas del Africa) de los últimos cincuenta años  adoptaron un término que se deriva de ella: “liberación”, lo cual resultó bastante pertinente, puesto que la libertad no es algo dado de antemano, sino que se va alcanzando mediante un proceso que concierne además, al espíritu.

Democracia

Para el socialismo la democracia no se limita a lo puramente electoral, va más allá, pues el socialismo es una doctrina que ha venido comprendiendo, a lo largo de la evolución que ha experimentado en su teoría y sus métodos (puestos a prueba y mejorados de manera permanente bajo la realidad de los distintos pueblos), que la participación del pueblo no se reduce a votar, u opinar a favor o en contra de las decisiones que otros toman, sino que es necesario partir de la organización de tod@s  aquell@s que basan su porvenir y el de su familia, principalmente en el trabajo propio ( y no en  el trabajo de los demás). Con mayor razón aún si se encuentran desempleados. Este pueblo mayoritario, explotado, o desempleado, debe ser el que dictamine que tipo de acciones debe tomar un gobierno, sea éste nacional, estadal, municipal, etc., y debe llevar a cabo con eficiencia la supervisión de  toda gestión gubernamental, y sustituir dicha gestión en la mayor medida posible, para que no quede en manos de una burocracia lenta e incapaz, o en manos de actores privados que lo único que pretenden es enriquecerse a través de los ingresos del Estado. Todo esto se expresa en la idea (que no podemos aceptar que se desgaste perdiendo su valor y sentido original) de que la sociedad requiere pasar, de la democracia representativa de la vieja república, a la democracia participativa y protagónica. Por eso es necesario entender que el peor enemigo de la Revolución (más peligroso que la acción del mismo imperio y la oligarquía vende-patria) es que los revolucionarios caigan en la apatía, o el desencanto por las acciones u omisiones de nuestros compañeros, o simplemente de otros, que a pesar de vestirse de rojo, jamás lo han sido. Es muy fácil caer en la pasividad. Nuestro adversario no se detiene, y obtiene enormes beneficios de la pasividad de quienes no se organizan o intentan hacerlo, pero decaen en cuanto aparece la primera dificultad. 

ghedmont@yahoo.es
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Gustavo A. Hedmont


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