Como no vamos
a esperar a que los adversarios del proceso decidan librar contra nosotros
una batalla pacífica de ideas, sin hacer uso de la manipulación mediática,
vamos a adelantarnos a ellos en el debate, interno y hacia fuera, a
través de la Escuela Ideológica y Política del Sur de Valencia,
y de otras iniciativas que puedan surgir del mismo pueblo:
Lo primero
que hay que tener en cuenta es que el proceder de los grupos que conspiran
contra el gobierno legítimo de la nación, ha mostrado año tras año
el uso de un mismo libreto que se puede ramificar en algunas variantes,
pero que, en todo caso, sigue un mismo esquema básico. Tal esquema
o formato, se puede considerar simplemente como la ‘receta’ de la
conspiración, y la hemos podido observar en los hechos acaecidos en
abril de 2002, y los que se suscitaron posteriormente (paro petrolero,
guarimbas, etc.), incluidos por supuesto, los que acabamos de mencionar,
con respecto al 2007.
Pero en poco
nos ayuda identificar la receta de la acción conspirativa, sino comprendemos
el fondo ideológico específico que la orienta, que por cierto, en
este momento es más difícil de atacar que los sabotajes a los que
nos tienen acostumbrados, ya que involucra elementos que para la mayoría
de la población resultan muy sutiles, a pesar de que somos bombardeados
a diario con este tipo de elementos que muchos, al parecer, consideran
inofensivos o de “menor” impacto, cuando en realidad han venido
operando de manera gradual, y si se quiere “lenta”, pero con un
impacto que puede llegar a ser fulminante e irreversible.
Se trata de
un arsenal discursivo que se sustenta principalmente, gracias a tres
categorías conceptuales:
- El derecho a la
propiedad inserto dentro de lo que se conoce como los derechos civiles.
- La Libertad.
- La Democracia.
Antes de proseguir
es necesario advertir que estos tres pilares conceptuales no son considerados
como “buenos”, ni tampoco “malos” en sí mismos. Vamos a enfocarlos
desde el punto de vista del uso que le dan los distintos actores políticos,
y más específicamente, según la forma como se presentan en cada una
de las ideologías opuestas a saber: 1º.El Socialismo. 2º. La ideología
burguesa o Liberalismo (de aquí se deriva el concepto que tanto hemos
oído mencionar durante los últimos años: Neo-Liberalismo). El significado
y la importancia que cada doctrina o ideología le confieren, determinan
el efecto que tiene, o pueda llegar a tener su uso, sobre los intereses
populares(o, si lo vemos desde la orilla contraria, sobre los
intereses capitalistas).
Ahora vamos
a emplear como estrategia pedagógica el método comparativo,
para observar las diferencias entre el socialismo y la ideología liberal
burguesa en la forma como se conciben la propiedad, la libertad y la
democracia.
Lo que
significa la Propiedad, la Libertad y la Democracia desde el punto de
vista de la ideología liberal:
A modo de
introducción al pensamiento Liberal, es importante destacar su papel
histórico en la abolición del yugo monárquico que pesaba sobre los
países europeos y sus colonias al momento de su surgimiento como doctrina
filosófica y política de gran difusión. Estamos hablando de hace
casi tres siglos (S. XVIII). La filosofía liberal inglesa, francesa,
alimentada además por el aporte de filósofos norteamericanos durante
la época en que se dio la Independencia norteamericana (1786), inspiró
a Bolívar y en general a los próceres de los procesos independentistas
de nuestra América Latina a principios del siglo diecinueve, gracias
a la forma como interpretaron las obras de quienes se consideran los
padres del Liberalismo Político: Hobbes, Rousseau, Montesquieu, entre
otros. En aquel momento la realidad social y política de lo que se
conoce como el “mundo occidental”, estimuló el ascenso de una idea
esencial: El papel del hombre en el universo, a diferencia de la preponderancia
ideológica que durante los siglos anteriores se le otorgó a lo divino
y lo religioso como eje fundamental de todos los asuntos humanos. Ello
no se dio al azar. Coincidía con una serie de cambios materiales y
espirituales de repercusión global (en relación con lo económico,
lo científico, demográfico, político y cultural). Era la antesala
de la Revolución Industrial que marcaría la germinación definitiva
del capitalismo no sólo como sistema económico sino como orden estructurador
de la sociedad moderna. Sin embargo, los seres humanos de fines del
siglo dieciocho, no alcanzarían a experimentar las contradicciones
sociales de este nuevo orden, y la filosofía de aquel entonces se impregnó
principalmente de las promesas de un porvenir de prosperidad, desarrollo
científico y cultural, pero sobre todo de autonomía individual, ante
lo que se venía percibiendo como una larga historia de tabúes, y represión
autoritaria asociadas a la vida tradicional y sus instituciones: La
jerarquía eclesiástica, la familia y el Estado en primer lugar. Sin
embargo en el siglo siguiente el Marxismo o Socialismo científico,
emergería como teoría social, económica y política, que explicaría
la raíz de las contradicciones de la nueva sociedad capitalista y cuestionaría
el exagerado énfasis de la filosofía liberal en el interés individual,
especialmente dentro de lo que se conoce como Liberalismo Económico.
Es así como tiene lugar la crítica a la Economía Política
dominante en aquel momento. Entre tanto el Liberalismo Político se
refugiaría en los grandes ideales de Libertad, Fraternidad y Justicia,
y en otros, pero, con la siguiente característica: Una fuerte tendencia
a negar o restarle importancia a las causas del deterioro de esos valores
en la sociedad moderna. De ahí se deriva su tendencia marcada a considerar
los derechos civiles desde un punto de vista individualista, a detenerse
más en unos derechos que en otros, o ha enfatizar de manera exclusiva
determinados aspectos puntuales de un derecho universal como lo es sin
lugar a dudas, el de la Soberanía. Ello genera varias interrogantes,
por ejemplo, el siguiente: ¿Los derechos se pueden poner en práctica
sólo cuando se trata de derechos individuales, o acaso también es
necesario vincular el derecho individual a un conjunto de derechos colectivos?
Las inconsistencias
fundamentales de la filosofía liberal pudieron haberse solventado mediante
aportes filosóficos posteriores dentro de la misma, de no ser porque
la filosofía liberal se habría de convertir en la excusa perfecta
de todo gobierno anti-popular, y de todo “títere” que desde la
oposición o desde la presidencia (No me refiero a la Venezuela actual
por supuesto), actúe a favor del capital transnacional. La excusa perfecta
para “defender” la libertad, la soberanía, y la igualdad, mientras
se condena a la mayor parte de la población a no tener nada, y por
ende a desembocar, finalmente, en la esclavitud. Un rico (o un fuerte
candidato a serlo) que quiera gobernar, jamás va a ser sincero en lo
que realmente pretende. Hablará de libertad, de “mejorar las condiciones
de vida”, de autonomía, etc., pero jamás dirá: “Lo que quiero
es ganar la mayor cantidad de dinero, de la manera más fácil e instantánea”.
Lo anterior
explica en parte, la razón por la cual se afirma que el liberalismo
es la ideología propia de la clase dominante. Por ello no le conviene
aceptar públicamente la explotación de una enorme clase popular por
una reducida clase dominante. Observemos que esto no es ajeno a la realidad
incontrastable del capitalismo: Los ricos cada vez más ricos, y una
inmensa mayoría de pobres a nivel planetario que cada día crece más
y más.
Pero a pesar
de que el Liberalismo es la ideología de la burguesía, ha tenido un
enorme éxito en venderle sus vanas ilusiones, y sus valores, al resto
de la población. ¿Por qué ocurre esto? Porque apela al egoísmo que
todos guardamos por dentro.
La Escuela
de Formación Ideológica y Política avanzará posteriormente en el
análisis de las diferentes ideologías, y específicamente, en lo que
respecta al origen y la influencia del Liberalismo y el Neoliberalismo
en la realidad actual del continente y del mundo. Pasemos entonces a
referirnos a la propiedad, la libertad y la democracia, desde la visión
liberal-burguesa.
Propiedad
La propiedad
es sin lugar a dudas un derecho inalienable de toda persona, la cuestión
es que el discurso que ha venido predominando, desde hace décadas en
los medios de comunicación (canales de televisión, prensa escrita,
internet, imágenes publicitarias, etc.) no suele reconocer la enorme
diferencia existente entre los bienes de uso y de consumo personal,
y la gran propiedad privada de los monopolios y los oligopolios de la
producción y la comercialización.
Los bienes
de uso y de consumo coinciden con los derechos esenciales de todos los
seres humanos:
Derecho a
la vida, al trabajo, a una vivienda digna, a la educación, y a la salud,
y a la sana recreación y el esparcimiento.
Libertad.
La Libertad
es un derecho vital, más importante incluso que la propiedad, o por
lo menos es un requisito indispensable para que ésta se pueda desarrollar.
La filosofía
liberal ha vinculado la libertad con la propiedad, afirmando que la
propiedad es necesaria para realizar el ideal de la libertad, lo cual
no está del todo mal. El problema viene dado por el empeño de la clase
dominante en negar que toda sociedad humana presenta un choque de intereses,
lo cual se da por que esos intereses son contradictorios entre sí,
y ello ocurre con más razón cuando se trata de una sociedad capitalista
como la actual, donde las contradicciones se agudizan cada vez más,
generando los grandes desequilibrios que hoy por hoy se pueden observar
en un mundo donde realidad humana y natural parece deteriorarse continuamente.
Tales desequilibrios
solo encuentran solución en una serie de cambios estructurales en todos
los órdenes. Una transformación de semejante magnitud nos exige ante
todo un cambio trascendental de los paradigmas más arraigados que haya
podido albergar nuestro ser. Es un esfuerzo colectivo y al mismo tiempo
individual. Estamos hablando de la manera de alcanzar la Libertad. Hasta
ahora la libertad no se ha dado efectivamente, ni en los espíritus,
ni en los pueblos empobrecidos de América Latina, que precisamente,
en éste momento, se encuentran atravesando una de las etapas cruciales
de su proceso de liberación.
En la doctrina
liberal se confunde la búsqueda eterna de la libertad absoluta inherente
a todo ser humano, con una definición que termina reduciéndola a aspectos
funcionales de la acumulación de capital: La libre empresa, y el libre
comercio, con el inconveniente de no ubicar en su justa dimensión
el problema de la explotación del hombre por el hombre, del que se
derivan todo una gama de injusticias que sólo encuentran respuesta
desde el punto de vista liberal, en otro de sus grandes soportes filosóficos:
El concepto de competencia, elevado al rango de máximo
valor por encima de la solidaridad humana. Fijémonos de nuevo en algo:
Si consideramos
la libre empresa y el libre comercio, al igual que la competencia, no
observamos para nada un carácter negativo o “maléfico”. Pero no
hay que perder de vista el énfasis que suele hacer en éstos,
la sociedad actual a nivel mundial, con una absoluta falta de claridad,
y podríamos decir que con altas dosis de hipocresía:
¿Cómo podemos
explicar que se pretenda presentar como normal la competencia “natural”
entre los grupos empresariales más poderosos del planeta con empresas
nacionales que se encuentran “a miles de años luz de distancia”
de aquellas, en lo concerniente a tecnología, o capital por ejemplo,
sobre todo cuando se trata de empresas medianas y pequeñas, o incluso
microempresas familiares o cooperativas que apenas acaban de crearse
con los modestos ahorros de sus socios?
El sistema
capitalista en lugar de fomentar la capacidad productiva y el libre
acceso de las personas a la propiedad, lo que hace es quebrar a las
empresas menores, y condenar a sus integrantes a la incertidumbre crónica
del desempleo o a convertirse prácticamente en esclavos que deben
limitarse a obedecer las órdenes de sus potenciales rivales comerciales.
Y lo hace bajo la promesa de disminuir el precio de los productos.
Entre las
múltiples inquietudes que el capitalismo o liberalismo salvaje (léase
neoliberalismo) suscita, surge otra muy común:
¿Cómo se
explica que en el maravilloso mundo del libre mercado, se estimule la
libre circulación de mercancías (lo cual no es cierto, pues lo que
en realidad ocurre es que se tiende a facilitar el paso de productos
provenientes de los países desarrollados hacia el resto del mundo,
pero no en dirección inversa) y al mismo tiempo se le coloquen cada
vez mayores obstáculos al acceso de las personas provenientes de los
países pobres o dependientes, a los llamados “países del primer
mundo”?
Democracia
Los Estados
Unidos de América invaden o presionan a la mayoría de las naciones
del mundo declarándose defensores de la Libertad y la Democracia. El
Liberalismo Político se ha encargado de darle “un rostro humano al
capitalismo”. Los símbolos han sido fundamentales para dicha ideología
desde sus orígenes en el siglo XVIII: No es casualidad que la meca
del capitalismo mundial se identifique con la estatua de la Libertad.
La democracia
desde el punto de vista liberal no es más que una democracia formal.
Es decir “pura forma” y nada de fondo. Los liberales consideran
como una “democracia sólida o estable” los sistemas políticos
de cualquier país en el que se hayan realizado “elecciones libres”
durante veinte, treinta, o más años. No importa que se trate de países
con indicadores aterradores en el tema de los derechos humanos (records
en el asesinato de periodistas y sindicalistas, por ejemplo), regímenes
monopartidistas, o bipartidistas absolutamente corruptos, con gobernantes
impuestos a través de la intimidación de grupos fascistas, o mediante
el fraude electoral y la compra de conciencias, o simplemente países
donde cualquier protesta social tiende a ser criminalizada y fuertemente
reprimida a pesar de que la mayor parte de sus habitantes se hallan
justo en el límite que separa la pobreza de la miseria.
Lo que
significa la Propiedad, la Libertad y la Democracia desde el punto de
vista de la ideología socialista:
Propiedad
Hay que hacer
énfasis en la propuesta de reforma constitucional hecha por el Presidente
en 2007, que poco a poco se irá retomando, pero que solo se hará si
las venezolanas y los venezolanos comprendemos la esencia de ese gran
cambio. Recordemos que el proyecto socialista que está poniendo en
práctica el gobierno bolivariano, y que además necesita ser profundizado,
jamás ha contemplado la eliminación de la propiedad privada.
Lo que ha hecho es sencillamente, proponer, junto a la propiedad privada,
otros tipos de propiedad, que en la mayoría de los casos ya existen
en la realidad, sólo que con la reforma constitucional se les daría
reconocimiento por parte del Estado, para garantizar que se respeten
en el futuro, y en todo el territorio nacional, independientemente de
que se dé la posibilidad de que algunos gobiernos municipales o estadales
no compartan el proyecto revolucionario. Hacemos referencia a la
propiedad estatal pública (o propiedad social indirecta), la propiedad
social directa y la propiedad comunal y ciudadana. Con respecto a la
propiedad privada, hay que ser repetitivos hasta el cansancio en esto:
no podremos comprender en qué consiste el socialismo sin conocer
dos conceptos que le son totalmente contrarios: el concepto de Monopolio
y Oligopolio. En tal sentido,
hagamos mención de un caso concreto, que fue citado con anterioridad
en uno de los talleres semanales de la Escuela de Formación Ideológica
y Política del Sur de Valencia: la reciente nacionalización del Hato
“El Frío”, que consta de 63.000 hectáreas pertenecientes a una
sola familia, o a lo sumo a una pequeña junta de socios. Se trata de
un medio de producción estratégico para los intereses del país: La
tierra. ¿Será lo mismo monopolizar la tierra a través de los Latifundios,
que poseer una propiedad, digamos de veinte hectáreas? La información
es poder: Sepamos que de los 26 millones de habitantes que tiene Venezuela,
ni siquiera un millón cuentan por lo menos con una hectárea de terreno
para la producción, el esparcimiento o para uso de vivienda. Pero voy
más allá: La mayoría de los venezolanos no cuenta ni siquiera con
treinta metros cuadrados de vivienda, y ese gran conjunto de personas
se tiene que conformar con recurrir al alquiler o habitar una
vivienda precaria, y soportar de ese modo las inclemencias del ambiente
prácticamente a la intemperie. La prohibición de los monopolios está
contemplada en la constitución de 1999.
Libertad
Una de las
estrategias más usuales de los sectores de derecha, es apropiarse de
nuestro lenguaje. ¿Qué tanto nos hemos percatado de ello?
Durante una
de las grandes rebeliones populares de la historia universal, la Revolución
Francesa, que tiene como episodio crítico en sus inicios a la toma
de la cárcel de La Bastilla en 1789, la libertad emergió como concepto
revolucionario que permitió acabar con el dominio de la Monarquía
sobre el pueblo. Pero no tardaría en serle arrebatado por la nueva
oligarquía burguesa, una vez eliminada del juego la aristocracia vinculada
al poder Real, y la realeza como tal. La reacción de los nuevos sectores
dominantes ante la marea popular desatada en aquellos tiempos en aquel
país europeo, condujo a la implantación de un régimen que eliminó
por completo a quienes encabezaban el movimiento revolucionario dentro
del gobierno francés. La gran revolución popular desembocó finalmente
en algo distinto: Lo que sería años más tarde, el gobierno imperial
de Napoleón Bonaparte. Sin embargo los vencedores de aquel entonces
se siguieron valiendo del lema “Libertad, igualdad y fraternidad”
para legitimar su dominio. A partir de ese momento histórico,
la derecha no solo en Francia, o en Venezuela, sino a nivel mundial,
esconde su desaforado afán de lucro con un falso discurso en pro de
la libertad y la democracia, y otros grandes valores de la humanidad,
como la justicia.
Una vez devaluada
la palabra “Libertad” (como tantas otras, especialmente la palabra
“democracia”), las luchas libertarias (la revolución cubana entre
ellas, y los procesos independentistas del Africa) de los últimos cincuenta
años adoptaron un término que se deriva de ella: “liberación”,
lo cual resultó bastante pertinente, puesto que la libertad no es algo
dado de antemano, sino que se va alcanzando mediante un proceso que
concierne además, al espíritu.
Democracia
Para el socialismo
la democracia no se limita a lo puramente electoral, va más allá,
pues el socialismo es una doctrina que ha venido comprendiendo, a lo
largo de la evolución que ha experimentado en su teoría y sus métodos
(puestos a prueba y mejorados de manera permanente bajo la realidad
de los distintos pueblos), que la participación del pueblo no se reduce
a votar, u opinar a favor o en contra de las decisiones que otros toman,
sino que es necesario partir de la organización de tod@s aquell@s
que basan su porvenir y el de su familia, principalmente en el
trabajo propio ( y no en el trabajo de los demás). Con mayor
razón aún si se encuentran desempleados. Este pueblo mayoritario,
explotado, o desempleado, debe ser el que dictamine que tipo de acciones
debe tomar un gobierno, sea éste nacional, estadal, municipal, etc.,
y debe llevar a cabo con eficiencia la supervisión de toda gestión
gubernamental, y sustituir dicha gestión en la mayor medida posible,
para que no quede en manos de una burocracia lenta e incapaz, o en manos
de actores privados que lo único que pretenden es enriquecerse a través
de los ingresos del Estado. Todo esto se expresa en la idea (que no
podemos aceptar que se desgaste perdiendo su valor y sentido original)
de que la sociedad requiere pasar, de la democracia representativa de
la vieja república, a la democracia participativa y protagónica. Por
eso es necesario entender que el peor enemigo de la Revolución (más
peligroso que la acción del mismo imperio y la oligarquía vende-patria)
es que los revolucionarios caigan en la apatía, o el desencanto por
las acciones u omisiones de nuestros compañeros, o simplemente de otros,
que a pesar de vestirse de rojo, jamás lo han sido. Es muy fácil caer
en la pasividad. Nuestro adversario no se detiene, y obtiene enormes
beneficios de la pasividad de quienes no se organizan o intentan hacerlo,
pero decaen en cuanto aparece la primera dificultad.
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