“La revolución es sentido del momento histórico”.
Fidel Castro Ruz
A lo largo del siglo XX las distintas “revoluciones”
que se suscitaron, especialmente, en el este de Europa y algunos países
de Asia, tuvieron una lectura desarrollista. Esta apreciación se debe
particularmente a la creencia de que cambiando la base material de la
sociedad se alcanzaría la alborada de un mundo mejor. Esta concepción
mecánica y reduccionista conllevó al desvío y al estancamiento de
dichos procesos, máxime cuando el gran capital mundial tentaculizaba al
globo terráqueo con sus artimañas culturales y patrones de conductas.
La
tradición de más de dos milenios de explotación descarada sobre los
seres humanos pudo más que el intento de transformar por vía revolución
esa realidad. Ello se debe, creemos, a la ausencia de una cosmovisión
de la totalidad que aborde desde el viraje del conjunto de relaciones
de propiedad y de poder hasta el sistema de valores que caracteriza a
la civilización actual. Superar el dogmatismo nacionalista y la
ortodoxia “teoricista” es una
tarea ineludible en la actualidad. Para ello, se hace
extraordinariamente necesario configurar una propuesta fresca y
auténtica, que se vincule a las realidades de los sectores populares, a
fin de democratizar el debate y la construcción revolucionaria.
La Revolución Bolivariana,
terreno donde se despliega el más preponderante juego de ajedrez entre
las mayorías empobrecidas y el imperialismo en este hemisferio, es
carente de un programa que se discuta colectiva y democráticamente
entre quienes apuestan a la esperanza y a la dignidad nacional. Sin
embargo, los avances son múltiples. Existen diversos espacios de
cardinal importancia como los consejos comunales, los comités de
tierras y de salud, las mesas técnicas de agua y de energía, el
denominado Partido Socialista Unido de Venezuela con sus respectivos
batallones socialistas, así como los distintos frentes de lucha,
llámense; el estudiantil, el campesino, el indígena y el obrero. Estos
espacios ya erigidos sobre la base material de que estamos en presencia
de un real proceso de cambios en el país y de que por ventaja
fundamental contamos con el liderazgo fortalecido de la figura del
Presidente Chávez, se constituyen en un autobús histórico que era
impensable unas décadas atrás.
Las condiciones históricas, sociales, políticas, jurídicas e internacionales están dadas para desplegar la gran BATALLA DE IDEAS,
combate éste que debe enfocarse en la educación masiva de cuadros
políticos que sean capaces de combinar todas las formas de lucha por la
construcción del socialismo y para derrotar al capitalismo en todos sus
ámbitos de acción.
Edificar
un nuevo orden civilizatorio pasa inexorablemente por identificar en
primer lugar las características principales y secundarias del modelo
de convivencia actual: el capitalismo en el siglo XXI.
Así mismo, es extremadamente necesario acercarse a las realidades de
los más desposeídos, esto significa desde nuestra humilde opinión,
compartir sus más profundas necesidades y acompañar el proceso que
vislumbre las distintas resoluciones a éstas. Por tanto, saber donde
estamos situados y educar a partir de ese diagnóstico real en la praxis
resolutiva es una concepción que debe estar arraigada en esta BATALLA DE IDEAS.
Lo
reivindicativo como tránsito hacia la politización y la elevación de
los niveles político-organizativos de los sectores populares es otra de
las aristas que debe recubrir esta campaña. Por otra parte, esta
empresa debe conducirse con una gran mística y una estética alusiva a
nuevos valores que rescaten nuestras tradiciones pero que capten la
atención de las mayorías. Esto requiere superar con urgencia el trabajo
arcaico y rudimentario en todos los terrenos de la vida política, ya
sean lo propagandístico y lo comunicacional como lo organizacional en
su conjunto.
La
calidad del mensaje y la manera de provocar la discusión en el sujeto
político de la actualidad debe cambiar definitivamente: pasar de un
concepto coercitivo e impositivo a un paradigma que estimule las
perspectivas críticas de los llamados a derrotar al capitalismo. Lo
antes señalado es una tarea de inmensas dimensiones, puesto que gran
parte de los errores cometidos en lo que va de Revolución Bolivariana
se debe a la manera de comunicar nuestro proyecto con miras al
socialismo.
De igual manera, esta gran
BATALLA DE IDEAS
debe emprender un proceso de reflexión profunda sobre el momento
histórico que vive América Latina y el Caribe. Para ello, la crítica
fraterna y la propia autocrítica debe impregnar los campos y las
ciudades. La crítica y la autocrítica deben ser liberadas
definitivamente del chantaje otorgado por quienes se niegan a aceptar
que tenemos marcados errores y que debemos superarlos rápida y
efectivamente por el bien de la Revolución Bolivariana y del pueblo
venezolano. La crítica no se puede entender únicamente como un proceso
interno. ¡Para nada! Es también un proceso frontal contra el enemigo
del pueblo: el capitalismo. Debemos denunciar las distintas
problemáticas que genera el capitalismo en la actualidad. El desempleo,
la delincuencia y la inseguridad, la exclusión de la salud y la
educación, la miseria y el hambre, la pobreza, el desabastecimiento y
el acaparamiento de los productos de primera necesidad, entre otros,
son generados por el capitalismo. Debemos decir que el socialismo busca
en primera instancia erradicar esas situaciones y que incluso temas
como la burocracia y la corrupción son hijas del cáncer individualista
y consumista propias del orden capitalista. Esta crítica, este
desmontaje al sistema actual no se ha hecho, mientras que la oligarquía
denuncia nuestros errores con su gran potencial comunicacional y
desequilibra nuestra capacidad de convencimiento y movilización.
Tampoco
hemos sabido explicar con claridad que transitamos una revolución en
plena vigencia de un ordenamiento jurídico-político que impiden salir
de estas problemáticas, y en gran medida, el fracaso en el marco del
referéndum de diciembre pasado se debe a no saber explicar que para
superar la pobreza, para poder aniquilar la burocracia y la corrupción,
que para poder tener trabajo, tierra, comida, salud, educación y
vivienda para todos por igual es necesario trascender ese ordenamiento
jurídico. Por lo tanto, también es una tarea potenciar los medios de
comunicación alternativos, bien sea creando unos nuevos o fortaleciendo
los ya existentes, inscritos en lo antes señalado sobre la mística y la
estética que debe caracterizar al sujeto revolucionario.
Bolívar
tiene las botas puestas y tiene que hacer en América todavía. Los
pueblos del mundo ven en América Latina y el Caribe el reto por
excelencia que propone la liberación definitiva y la redención de los
seres humanos. El imperialismo y las oligarquías vienen por nosotras y
nosotros. ¿Qué hacemos? Luchar, luchar y más luchar. ¿Basta casi diez
años de los pobres en el gobierno con Chávez o basta combatir toda una
vida para alcanzar la verdadera paz con justicia social e igualdad
entre quienes habitamos estas milenarias tierras? El engorroso camino
del socialismo no es nada fácil y sabemos que es sumamente duro, pero
definitivamente es el único camino que nos llevará a la independencia
total y a la libertad suprema. Sólo nos queda configurar una portentosa
arma que aniquile todo vestigio del individualismo y el egoísmo. Sólo
nos queda armarnos de coraje contra la codicia de quienes se creen los
policías del mundo. Sólo nos queda unirnos para ser invencibles en esta
gesta gloriosa por una tierra sin explotadores, sin explotados. Basta
con echar a andar la gran BATALLA DE LAS IDEAS y de contribuir militantemente con el Comandante Chávez, la Revolución Bolivariana, el Socialismo y la causa de los pueblos.
¡PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE!
¡Seguro que VENCEREMOS!