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Manuel Pérez Martínez expresó: "Camilo murió en febrero y en julio era mi ordenación de sacerdote. Cuando llegamos a Colombia (Domingo Laín, José Antonio Jiménez Comín, Manuel Pérez Martínez), Camilo estaba fresquitico y todo el mundo trabajaba con Camilo, Camilo era la gran herramienta para la Pastoral, estaba en marcha el movimiento Golconda de sacerdotes colombianos. Al frente de estos sacerdotes, como unos cincuenta, estaba el Obispo Monseñor Valencia Cano... Estábamos descubriendo todo: la experiencia de Camilo, el Concilio Vaticano II, las mismas izquierdas..."
En el Seminario Hispanoamericano, Manuel Pérez y sus compañeros tuvieron conocimiento de Camilo Torres, del Frente Unido. Reconocieron a Colombia en su imaginación, supieron que esa era la patria que guardaba de sus huesos. Camilo se volvió un símbolo y su ejemplo los guió por el camino sin retorno de su compromiso con los pobres. Muerto el símbolo comprendieron que el amor por sus hermanos los llevaría, al igual que a Camilo, hasta las últimas consecuencias.
Con Golconda el compromiso se hace permanente: Se crean formas organizativas en los barrios; se confronta en la calle al ejército; se generan cabildos abiertos en el centro de Cartagena con participación de todos los estamentos urbanos. Como respuesta, los sacerdotes son detenidos y se les comunica la decisión del gobierno de expulsarlos del país.
Agotadas las instancias legales se abrió paso la necesaria reflexión: " ¿qué haría uno de esos hombres del pueblo si fuera tratado en las mismas condiciones que ellos lo fueron?" Claramente se veía que para acompañar, para ser uno más del pueblo, no había sino tres opciones: ser encarcelado, ser asesinado o irse para las montañas a luchar por la liberación. Esta última opción se hizo realidad: El camino de la guerrilla y la lucha armada estaba decidido.
Se reunieron con once compañeros sacerdotes de Golconda para comunicarles la decisión e invitarlos a caminar con ellos. Todos, de una manera colectiva, aprobaron y se reunieron en la misma esperanza. Convinieron que harían pública su presencia en la guerrilla después de estar vinculados al ELN.
A las largas jornadas guerrilleras, Manuel Pérez dedicaba buena parte de su tiempo. Sin descuidar en absoluto su responsabilidad de comandante, dialogaba con los combatientes, educándolos para el estudio, el trabajo, el deporte, la cultura, el combate. Donde llegaba sembraba capullos del hombre nuevo y difundía la urgencia de luchar por un sistema social, económico y político radicalmente opuesto al capitalismo. Con qué interés, calor y alegría acogía al campesino, al obrero, a las mujeres, a los jóvenes; cómo los escuchaba y aprendía de ellos.
Como internacionalista consumado amó a plenitud la causa popular colombiana y latinoamericana, la que hizo suya sintiéndose colombiano como el que más, sin dejar de amar y reconocer su origen aragonés (español), sintiéndose ligado con especial cariño a su Alfamen natal, sus gentes, sus costumbres, su familia. Padre y Jefe, Manuel Pérez recorrió Colombia: la estudió, la comprendió, se sentía uno más entre sus gentes.
Manuel Pérez Martínez murió el 14 de febrero de 1998 a las 6:13 p.m. Ese frío soplo de la muerte apagó físicamente a un valiente y noble espíritu; paralizó un incansable y cálido corazón humanista, tierno, internacionalista, solidario, fraterno, exigente, laborioso, guerrero, profético, amoroso, patriótico, deportista, hacedor, constructor, un corazón que vibró con todo su vigor en la defensa de la causa justa de la lucha popular y en defensa incansable de la Revolución Continental.
pedrocorros@hotmail.com
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