Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin.
Basta con echar una rápida mirada a la situación de nuestro planeta
ante la llegada del nuevo año para ver la corrección de esta
afirmación. Crisis económica, guerras, terrorismo, convulsiones
políticas, hambre, enfermedad y pobreza no son un fenómeno aislado e
inconexo. Sólo son los síntomas externos de la crisis global del
capitalismo.
El año 2007 finalizó con el asesinato
de Benazir Bhutto, que desencadenó manifestaciones de masas, revueltas
y huelgas por todo Pakistán. En Kenia, que se supone era uno de los
ejemplos de éxito económico de África y un faro brillante de
democracia, el amaño de las elecciones llevó a una explosión sin
precedentes de lucha comunal, derramamiento de sangre y masacres. Las
guerras en Iraq y Afganistán también se han convertido en cenagales
sangrientos sin final a la vista.
No son hechos aislados sino sólo
síntomas de la crisis general del capitalismo, que, como explicaba
Marx, hunde sus raíces en la contradicción entre el desarrollo de las
fuerzas productivas y la propiedad privada de los medios de producción
y la existencia del estado nacional.
El sistema capitalista hace tiempo que
dejó de jugar un papel progresista. Es incapaz de desarrollar las
fuerzas productivas como hizo en el pasado (lo que no significa que no
exista nada de desarrollo). La actual crisis mundial es una expresión
de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y
los estrechos límites de la propiedad privada y el estado nacional.
El capitalismo cumplió su función
histórica, el desarrollo del estado nacional y la creación del mercado
mundial en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial. Toda la
historia del mundo desde aquel momento es un reflejo de la rebelión de
las fuerzas productivas contra los estrechos límites que imponen sobre
ellas la propiedad privada y el estado nacional.
En el pasado, como explicaban Marx y Engels en El Manifiesto Comunista,
el capitalismo jugó un papel revolucionario en el desarrollo de las
fuerzas productivas. Desde la época de la revolución industrial, el
mundo capitalista se ha transformado totalmente con unas tasas de
crecimiento económico que no tenían precedentes en la historia de la
humanidad. Los fuegos artificiales de la expansión económica en el
período de la posguerra, después de la Segunda Guerra Mundial, fue el
último avance real del capitalismo, se pudo ver la transformación del
globo y el dominio total del mercado mundial. Para situar las cosas en
perspectiva, la economía mundial creció en términos de porcentaje en
los veinte años comprendidos entre 1950 y 1970 tanto como en los mil
años entre los años transcurridos entre el año 500 y el 1500 d. C.
El desarrollo de la economía
norteamericana en el último ciclo económico para muchos era una prueba
irrefutable de la vitalidad del capitalismo. El impresionante ritmo de
la innovación tecnológica, los asombrosos niveles alcanzados por la
bolsa que parecían no conocer límites, el aumento de los beneficios, el
incremento del número de millonarios y multimillonarios. Seguramente
esta era la respuesta final a todos aquellos que cuestionaban la
economía de mercado, el regalo de EEUU al mundo del siglo XXI.
La explotación del mercado mundial
("globalización") proporcionó al moribundo sistema capitalista un
respiro temporal situando en su órbita a millones de personas de Rusia,
Europa del Este y China, abriendo nuevos mercados y fuentes de mano de
obra barata y materias primas. Este proceso no ha eliminado las
contradicciones centrales del capitalismo, sino que sólo las ha
reproducido a una escala aún mayor que en el pasado. Está preparando
las condiciones para una recesión mundial de una gravedad sin paralelos
en el futuro.
Ahora vemos la otra cara de la moneda.
La economía norteamericana se desacelera y la economía mundial está al
borde de la recesión. Los males económicos afectan a todo el planeta.
El terrible sufrimiento humano, el hambre, la malnutrición, el
analfabetismo y la enfermedad atormentan a América Latina, a pesar de
sus recursos casi ilimitados. El abismo que separa a los ricos de los
pobres se ha ampliado hasta convertirse en un abismo insalvable. Esta
situación produce una mezcla explosiva que socaba la estabilidad y
provoca frecuentes convulsiones sociales y políticas.
La inestabilidad en los mercados
mundiales indica el nerviosismo de la burguesía. Un solo
acontecimiento, el asesinato de Benazir Bhutto, fue suficiente para
provocar una profunda caída del precio de las acciones no sólo en Asia,
sino en el resto del mundo y disparó los precios del petróleo. Esta
situación desencadenó una clásica huida de capital hacia activos que se
consideran paraísos seguros en tiempos de inestabilidad global. En los
mercados financieros internacionales, el oro y los bonos del gobierno
suben mientras que los futuros bursátiles cayeron tras las noticias del
asesinato.
Las perspectivas para la economía
mundial en 2008 son sombrías. Sin embargo, hace tiempo Lenin explicó
que no existe nada parecido a la "crisis final del capitalismo". El
capitalismo entiende la historia como una lucha de fuerzas vivas, no
como un esquema abstracto con un resultado predestinado. Si la clase
obrera no lo derroca, el sistema capitalista siempre encontrará una
salida. Pero la clase obrera se enfrenta a obstáculos enormes, y no el
menos importante son las direcciones reformistas de las organizaciones
de masas en cada país.
¿Existe una analogía histórica?
Es posible e instructivo, en general,
hacer uso de las analogías históricas, pero sólo si se reconocen los
límites de dichas analogías. ¿Existen paralelos entre el declive y
caída del Imperio Romano con la situación actual? ¿Es posible hacer una
analogía histórica con la crisis global del capitalismo senil? Sí, hay
muchos paralelismos, como también los hay con el período de declive del
feudalismo. En los tres casos vemos los mismos síntomas: crisis
económica, guerras y conflictos internos, decadencia moral y crisis de
las ideas, reflejado en una pérdida de la fe en la vieja religión y
moralidad, acompañado por un ascenso de las tendencias místicas e
irracionales, un sentimiento general de pesimismo y falta de confianza
en el futuro, decadencia del arte y la cultura.
Algunos comentaristas no marxistas han
observado este incómodo paralelismo. Julian Fenner, de la Universidad
de Manchester, escribe lo siguiente:
"El occidente industrializado moderno
parece compartir varias de las características que predominaron durante
la ‘edad dorada' del Imperio Romano. Un creciente sentimiento de
negatividad que existe ahora y existía entonces, como la obsesión por
la violencia (los deportes sangrientos en Roma, las películas de
Hollywood y los videojuegos ahora), el sexo y los vicios. Otro
paralelismo interesante es el crecimiento de las religiones orientales
que aparecieron en Roma como un intento de llenar el vacío espiritual y
el creciente nuevo edadismo. La creciente popularidad de las religiones
místicas también es un signo de la influencia cada vez mayor de las
clases inferiores sobre las clases superiores y, por tanto, representan
una especie de ‘barbarie' de la cultura". (To what extent were economic factors to blame for the deterioration of the Roman Empire in the Third Century A.D.? Julian Fenner).
Estas son las características que uno esperaría encontrarse en una
sociedad que ha agotado su papel progresista y es incapaz de
desarrollar las fuerzas productivas como hizo en el pasado. En cada
caso, existe un sentimiento de que el "final del mundo se aproxima". En
la antigua Roma esta creencia encontró su reflejo en la religión
cristiana que pensaba que el mundo era algo así como un incendio de un
día para otro. En el período de declive del feudalismo, las sectas
flagelantes marchaban por las ciudades y aldeas pronosticando el final
del mundo. En ambos casos, lo que se acercaba no era el final del mundo
sino la desaparición de un sistema socio-económico definido
(esclavismo, feudalismo)
En su famoso libro The Waining of the Middle Ages, Johan Hulzinga escribe:
"Un sentimiento general de inminente calamidad pende sobre todos. En
todas partes prevalece un peligro perpetuo [...] El sentimiento de
inseguridad general que fue provocado por las guerras crónicas, por la
constante amenaza de las clases peligrosas, por la desconfianza en la
justicia, agravada aún más por la obsesión del inminente final del
mundo, por el temor al infierno, a los hechiceros y los demonios [...]
En todas partes se avivan las llamas del odio y reina la injusticia.
Satán cubre una Tierra lúgubre con sus sombrías alas".
Pero hay una diferencia importante. El
desarrollo sin precedentes de la ciencia y la tecnología, que por un
lado proporcionan a la humanidad las bases materiales para la creación
de una nueva civilización, también han creado un potencial de
destrucción sin precedentes. La codicia de los capitalistas por el
beneficio amenaza el futuro de la propia raza humana. La destrucción
del medio ambiente, el envenenamiento del aire que respiramos, la
comida que comemos, el agua que bebemos, representa una amenaza
terrible para futuras generaciones.
Conclusiones revolucionarias
El capitalismo no es eterno, no es el
sistema socio-económico dado por Dios que es para muchas personas. En
realidad es un fenómeno muy reciente con un pasado turbulento, un
presente débil y sin ningún futuro. Ha sobrevivido a una infancia
turbulenta, su confianza y madurez optimista también son algo del
pasado. Ha entrado en una fase de declive terminal y decadencia que
podría durar aún algún tiempo, como el declive de Roma que duró mucho
tiempo. Y las consecuencias negativas de este proceso presionarán muy
fuerte sobre los hombros de la humanidad.
Las reconfortantes ilusiones del
pasado, la noción de que la economía de libre mercado era la clave que
podría abrir todas las puertas que se interponían en el camino hacia el
progreso y la felicidad universal, todas se han desvanecido. De una
manera imprecisa, los ideólogos de la burguesía sienten que el sistema
que defienden está llegando a su fin. Naturalmente, no pueden aceptar
esta situación. Un hombre que está al borde del precipicio no es capaz
de pensar de una manera racional. La extensión de las tendencias
irracionales, el misticismo y el fanatismo religioso es la misma cosa.
En esta fase del capitalismo, los
períodos de crecimiento no aliviarán las contradicciones a escala
mundial, sólo las exacerbarán hasta un grado infinitésimo. Y las
recesiones amenazarán al mundo con las catástrofes más terribles.
En el período de declive del Imperio
Romano la gente creía que se aproximaba el fin del mundo. Esta idea
tuvo su expresión más clara en la religión cristiana y en el Libro de las Revelaciones.
En el período de declive del feudalismo la misma idea fue reavivada por
los flagelantes y otras sectas milenarias que esperaban confiadas el
Día del Juicio Final, cuando el planeta y todos sus habitantes serían
consumidos por el fuego. Pero en realidad lo que se acercaba no era el
fin del mundo sino sólo el final de un sistema socio-económico
particular que había agotado su potencial de progreso.
La crisis del capitalismo ha producido
una reacción contraria. Existe ahora un creciente interés en las ideas
marxistas. El llamado movimiento antiglobalización y la oleada de
manifestaciones "anticapitalistas" demuestran la existencia de un
fermento entre los jóvenes de la pequeña burguesía. El estudiante y el
joven de clase media reflejan las contradicciones que están madurando
en las entrañas de la sociedad. Incluso antes de que la crisis haya
madurado adecuadamente, hay un cuestionamiento general del tipo de
sociedad que puede generar tales horrores.
En lugar de la anterior euforia tenemos
un sentimiento general de presentimiento e incertidumbre. Los
moralistas pequeño burgueses tienen una visión superficial de la
situación: "¡que mundo tan terrible!" dicen ellos. Estas personas sólo
son capaces de tener una idea superficial e impresionista del mundo. No
tienen una comprensión de los amplios procesos históricos. Los mismos
horrores que vemos ante nosotros, como hemos visto, han acompañado a la
decadencia de cada uno de los anteriores sistemas socio-económicos:
Roma, feudalismo, etc., Son síntomas de una sociedad en medio del
declive terminal.
Esta es la agonía mortal del
capitalismo. Más exactamente, es un sistema podrido que debería haber
muerto ya. Es totalmente anticientífico, antidialéctico y antimarxista
quejarse de las terribles consecuencias de la decadencia del
capitalismo. Es como un médico que se queja de los desagradables
síntomas de una enfermedad pero no ofrece ningún diagnóstico ni cura.
Es necesario decir lo que es: la
propiedad privada y la producción por el beneficio hace mucho que se
convirtieron en obstáculos para el libre desarrollo de las fuerzas
productivas y, por lo tanto, de la cultura humana y la civilización. En
el próximo período la humanidad los eliminará e instaurará un sistema
económico racional basado en la planificación socialista democrática de
la producción. El primer paso en esta dirección necesariamente debe ser
la nacionalización de la tierra, los bancos, las instituciones
financieras y las industrias clave.
La revolución venezolana en peligro
La revolución venezolana ha inspirado a
los trabajadores, campesinos y jóvenes de toda América Latina y a
escala mundial. Las masas revolucionarias han conseguido milagros. Pero
la revolución venezolana no está terminada, no se puede completar hasta
que expropie a la oligarquía y nacionalice la tierra, los bancos y las
industrias claves que permanecen en manos privadas. Después de casi una
década esta tarea no se ha realizado y representa una amenaza para el
futuro de la revolución.
En esencia este es un problema de
dirección. Hugo Chávez ha demostrado ser un luchador valiente
antiimperialista y un consistente demócrata. Pero no es suficiente. La
oligarquía venezolana se opone encarnizadamente a la revolución. Detrás
está el apoyo del poderoso imperialismo norteamericano. Tarde o
temprano la revolución venezolana se enfrentará a la siguiente
alternativa: o... o. E igual que la revolución cubana fue capaz de
llevar adelante la expropiación del latifundismo y el capitalismo, la
revolución venezolana se encontrará con la decisión necesaria de seguir
el mismo camino. Esa realmente es la única salida.
En toda esta situación están jugando un
papel pernicioso los reformistas, los estalinistas y los burócratas que
han ocupado puestos clave en el movimiento bolivariano y que intentan
poner frenos a la revolución, paralizarla desde dentro y eliminar todos
los elementos de genuino socialismo. Estos elementos le dicen
constantemente a Chávez que no vaya demasiado rápido, que sea "más
moderado" y que no toque la propiedad privada de la oligarquía. Desde
que por primera vez Chávez planteó la cuestión del socialismo en
Venezuela, los reformistas y los estalinistas han concentrado todas sus
energías en revertir la dirección socialista de la revolución, alegando
que la nacionalización de la tierra, los bancos y las industrias sería
un desastre, que las masas no están "maduras" para el socialismo, que
la expropiación de la oligarquía alejaría a la clase media y otras
cosas por el estilo. Si él les escucha, la revolución estará en un
peligro extremo.
La derrota del referéndum
constitucional fue una advertencia de que las masas comienzan a
cansarse de una situación donde se habla de modo interminable sobre el
socialismo y la revolución, pero que no ha supuesto un cambio
fundamental en sus condiciones de vida. Si continúa esta desilusión de
las masas, esta situación llevará a la apatía y la desesperación.
Preparará una contraofensiva de las fuerzas de la reacción que puede
socavar la revolución y preparar una derrota seria.
Una época de apostasía
La supuesta superioridad de la economía
de mercado es un mito y se puede demostrar muy fácilmente en el
siguiente ejemplo histórico. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando
Gran Bretaña se encontraba en una situación muy peligrosa después de la
caída de Francia en 1940, ¿qué hizo la burguesía británica? Ellos
dijeron: "¿Debemos descentralizar la economía, eliminar todas las
restricciones y permitir que la ‘mano invisible del mercado' haga
milagros?" ¡No! Centralizaron la producción, pusieron la industria bajo
el estricto control gubernamental, introdujeron el racionamiento y la
dirección del trabajo. En una palabra, introdujeron una economía basada en el principio de la planificación central.
Es verdad que bajo el capitalismo no es posible una planificación real.
La economía de guerra en Gran Bretaña no era socialismo sino una
variante de "capitalismo de estado". Pero la cuestión es que cuando se
vieron contra la pared, la burguesía prefirió la planificación
centralizada que la anarquía del mercado porque daba mejores resultados.
La avalancha de ataques a la noción de una economía planificada
nacionalizada no está basada en la ciencia sino en el cálculo. La
burguesía no tiene en absoluto confianza en el futuro de su sistema.
Teme la revolución y está decidida a inocular a la nueva generación
contra ella. Para esta tarea cuenta con la ayuda de un ejército de
prostitutas a sueldo en las universidades y, en especial, de aquellos
renegados que han abandonado el marxismo y el comunismo como las ratas
que abandonan un barco que se hunde.
A pesar de todos los horrores del
estalinismo, la Revolución de Octubre en Rusia demostró en la práctica
la superioridad de una economía nacionalizada y planificada. Demostró
que era posible gestionar la economía de una inmensa economía sin
terratenientes, banqueros y capitalistas privados. En las palabras de León Trotsky, demostró la superioridad del socialismo, no en el lenguaje de El Capital de Carlos Marx, sino en el lenguaje del cemento, el hierro, el acero, el carbón y la electricidad.
Gracias a las ventajas colosales de una economía nacionalizada y
planificada, la URSS hizo avances notables en educación, ciencia, arte
y cultura. Una tierra donde grandes sectores de la población antes de
Octubre era analfabeta, experimentó una revolución cultural no vista
antes en la historia. Eso es algo que la clase dominante desea borrar
de la conciencia de la nueva generación. Quiere convencerles de que no
hay alternativa viable al capitalismo, que este es el "fin de la
historia". En realidad, la verdadera historia humana, la historia del
libre desarrollo de hombres y mujeres, no ha comenzado todavía.
Ex-izquierdistas, ex-comunistas y
ex-marxistas arrepentidos han entrado en competencia para ver quién
puede superar a los otros en calumniar el socialismo. En esta tarea
están principalmente motivados por principios mercenarios, pero también
hay un elemento moral. Para renunciar a las creencias que ellos tenían
en el pasado, y quizá salvar una conciencia culpable, deben renunciar a
su propio pasado, convenciéndose de que esos fueron (citando a Heinz
Dieterich) los "pecados de juventud".
La lucha por la teoría marxista
En una retrospectiva histórica, la
caída del estalinismo será vista como sólo un episodio, como la
anticipación de una caída aún más aplastante, la del propio
capitalismo. Incluso durante el presente boom, se está preparando un
nuevo período en la historia del capitalismo. Un período de crisis sin
precedentes y convulsivo a escala global, que hará sonar el toque de
difuntos por este sistema decadente de opresión y explotación, pondrá
en el orden del día la transformación socialista de la sociedad y la
creación de un nuevo orden mundial socialista.
El capitalismo ha revelado en todas
partes su naturaleza reaccionaria. Esta crisis global ha provocado un
amplio cuestionamiento del capitalismo en un país tras otro. Aquellos
que carecen de una comprensión científica sólo ven los horrores del
capitalismo, el hambre, la injusticia, las constantes convulsiones, las
guerras, etc., Pero debemos comprender la otra parte de la imagen.
Junto a los elementos reaccionarios están madurando los elementos
revolucionarios. Fuera de este caos está emergiendo una nueva fuerza.
La salida sería inmensamente más
sencilla si los trabajadores y jóvenes avanzados estuvieran armados con
las doctrinas científicas del marxismo: la dialéctica y el materialismo
histórico, la economía marxista (la teoría del valor). Esta es la
filosofía más moderna de todas que corresponde perfectamente a las
necesidades del siglo XXI. Proporciona todas las herramientas básicas
necesarias para analizar y comprender la realidad que vivimos,
entender, no como una seria de "datos" o acontecimientos secos, sin
relación y sin sentido, sino como un proceso dinámico, impulsado por
sus contradicciones internas, eternamente cambiante y con un contenido
indefinidamente rico.
Aquellos que rompen con el marxismo
necesariamente deben rechazar sus postulados teóricos más básicos. Eso
significa sobre todo un rechazo del materialismo dialéctico, la base
filosófica sobre la que está construido el marxismo que le proporciona
su metodología científica. No es casualidad que todos los enemigos del
marxismo (Popper, Hook, Burnham y otros) siempre concentren sus ataques
en este punto.
No es casualidad que la tendencia que
ha defendido sistemáticamente el marxismo contra los ataques de la
burguesía ahora esté bajo el ataque de personas que han sido totalmente
incapaces de comprender la respuesta a los argumentos de los ideólogos
del capitalismo, que han capitulado completamente ante la ideología
burguesa y pequeño burguesa. Estos ruidosos enemigos de la corriente
marxista son antiguos estalinistas y trotskistas. Pero están
absolutamente unidos en su odio hacia los genuinos marxistas.
La razón de este odio es bastante
clara. Es el destacado éxito de la CMI a escala mundial, el
conocimiento de que una gran parte de su éxito fluye de la autoridad
política que hemos conquistado con la publicación de libros como Razón y Revolución, Rusia de la revolución a la contrarrevolución, Bolchevismo: el camino a la revolución, La revolución venezolana y otros muchos que han conseguido un eco importante en las filas de los trabajadores organizados y jóvenes revolucionarios.
Incapaces de producir libros de teoría marxista, enredan y alborotan
sobre este o aquel detalle como si fueran gallinas en un corral.
Deberíamos tener una escoba para darles un escobazo a su debido tiempo.
Pero no deberíamos desviarnos de nuestra tarea central que es la
defensa de la teoría marxista, sobre todo el materialismo dialéctico, y
responder a los argumentos de la burguesía y los reformistas.
Hace mucho tiempo Engels explicó la
importancia vital de la teoría para la vanguardia proletaria. "Sin la
filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de
Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único
socialismo científico que ha existido. De haber carecido los obreros de
sentido teórico, este socialismo científico nunca hubiera sido, en la
medida que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y lo
inmenso de esta ventaja lo demuestra, por una parte, la indiferencia
por toda teoría, que es una de las causas principales de que el
movimiento obrero inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente
organización de algunos oficios, y, por otra, lo demuestran el
desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma
primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma
caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los
italianos". (Engels. Prefacio a La guerra campesina en Alemania).
En la lucha por la teoría revolucionaria es imposible construir la
tendencia revolucionaria. Las grandes ideas de Marx, Engels, Lenin y
Trotsky son una brújula que nos orienta de modo infalible en la
dirección correcta. En este o aquel detalle, podría ser necesario
introducir algunas modificaciones. Pero lo verdaderamente asombroso es
el grado en que estas ideas han preservado toda su frescura, veracidad
y vitalidad. A través de las páginas de www.marxist.com somos capaces de transmitir estas ideas a una audiencia mundial que abarca cada continente y que crece rápidamente
La velocidad con la que nuestros artículos sobre el asesinato de
Benazir Bhutto se tradujeron al hebreo, árabe, persa, indonesio,
español, italiano, portugués, urdú, sindhi, alemán, holandés y otras
lenguas, fue una prueba de esto. El primer artículo fue reproducido en The Lahore Post,
junto con extractos largos del programa socialista del PPP de 1970.
También fue publicado en el principal periódico diario en Sindh.
Otros que pretenden ser marxistas han
arrojado por la borda la teoría como si fuera un lastre inútil. Por eso
van a la deriva desesperadamente, incapaces de analizar el movimiento
de masas en Pakistán, México, Venezuela, Australia, o en ninguna otra
parte y, por tanto, son totalmente incapaces de intervenir de una
manera eficaz en él.
Las sectas ultraizquierdistas son como
"un loco que construye su casa sobre la arena. La lluvia cae y llegan
las inundaciones, el viento sopla y golpea esa casa, y se cae". Pero la
Corriente Marxista Internacional fundada por el compañero Ted Grant es
fuerte, gana fuerza cada día, porque está fundada sobre una roca, la
roca de la teoría marxista y en primer lugar, el materialismo
dialéctico.
Optimismo revolucionario
El capitalismo no es eterno ni fijo. En
realidad, es menos fijo que cualquier otro sistema socio-económico de
la historia. Como cualquier otro organismo vivo cambia, evoluciona y
por tanto pasa a través de una sería más o menos de etapas claramente
discernibles. No hace falta tener una inteligencia especial para ver
que la sociedad actual está enferma de muerte.
La cuestión del socialismo nunca ha tenido tanta urgencia como en
el momento actual. Marx dijo que la elección de la humanidad era
socialismo o barbarie. En el período de decadencia senil del
capitalismo la cuestión se puede plantear aún más claramente: la
elección de la humanidad es socialismo o la extinción final de la vida
en el planeta.
No tenemos derecho a abandonar la lucha por un mundo mejor. No tenemos
derecho a abandonar a la humanidad a su destino. A los cobardes y
escépticos nosotros les respondemos con las palabras que escribió León Trotsky en 1901 cuando tenía 21 años de edad:
"¡Dum spiro spero! [¡Mientras hay vida, hay esperanza!]
"... Si yo fuera uno de los cuerpos celestiales, miraría con total
indiferencia esta miserable bola de polvo y suciedad... Brillaría del
mismo modo sobre el bien y el mal... Pero soy un hombre. La historia
mundial a la que tú, desapasionado glotón de ciencia, a ti, tenedor de
libros de la eternidad, parece sólo un momento insignificante en la
balanza del tiempo, ¡para mi lo es todo! Mientras respire, lucharé por
el futuro, ese radiante futuro en el que el hombre fuerte y maravilloso
¡se convertirá en el amo de la corriente de su historia y la dirigirá
hacia el horizonte sin límite de belleza, gozo y felicidad!
"El siglo XIX en muchos sentidos ha
satisfecho e incluso tiene aún más formas de engañar las esperanzas del
optimista... Le ha obligado a transferir la mayor parte de sus
esperanzas al siglo XX. Donde quiera que el optimista se enfrenta a un
hecho atroz él exclama: ¡Qué pasa, esto puede ocurrir en el umbral del
siglo XX! Después mira hacia las maravillosas imágenes del futuro
armonioso y las sitúa en el siglo XX.
"¡Y ahora ese siglo ha llegado! ¿Traerá consigo el comienzo?
"En Francia, la espuma venenosa del
odio racial [La referencia aquí es al escándalo Dreyfuss]; en Austria
el enfrentamiento nacionalista...; en Sudáfrica la agonía de un pueblo
minúsculo que está siendo asesinado por un coloso [La Guerra Boer]; en
la misma isla ‘libre', el himno triunfante a la codicia victoriosa de
los corredores de bolsa patrioteros; ‘complicaciones' dramáticas en
oriente; rebeliones de las masas populares hambrientas en Italia,
Bulgaria, Rumania... Odio y asesinato, hambre y sangre...
"Parece como si el nuevo siglo, este
gigante recién llegado, en el mismo momento de su nacimiento estuviera
inclinado a llevar al optimista hacia el absoluto pesimismo y el
nirvana cívico.
"¡Muerte de la utopía! ¡Muerte de la
fe! ¡Muerte del amor! ¡Muerte de la esperanza! Truena el siglo XX en
salvas de fuego y el estruendo de las armas.
"Ríndete patético soñador. Aquí estoy yo, el largamente esperado siglo XX, tu ‘futuro'.
"No, responde el optimista rebelde. Tú, tú eres sólo el presente".
Otros pueden abandonar la lucha
revolucionaria por el socialismo. Nosotros seguimos firmes en nuestras
convicciones, firmes en las ideas científicas del marxismo, en nuestra
fe inquebrantable en la clase obrera y en el futuro socialista de la
humanidad. ¡Únete a nosotros en la lucha!
Londres, 7 de enero de 2008