Nosotros sabemos que
la lucha del proletariado contra el capitalismo se desenvuelve en tres
frentes:
El económico, el político
y el ideológico. La lucha económica tiene tres fases: de resistencia
contra el capitalismo, esto es, la fase sindical elemental; de ofensiva
contra el capitalismo para el control obrero de la producción; de lucha
para la eliminación del capitalismo a través de la socialización.
También la lucha política tiene tres fases principales: lucha para
contener el poder de la burguesía en el Estado parlamentario, es decir,
para mantener o crear una situación democrática de equilibrio entre
las clases que permita al proletariado organizarse y desarrollarse;
lucha por la conquista del poder y por la creación del Estado obrero,
es decir, una acción política compleja a través de la cual el proletariado
moviliza en torno a sí todas las fuerzas sociales anticapitalistas
(en primer lugar la clase campesina), y las conduce a la victoria; fase
de la dictadura del proletariado organizado en clase dominante para
eliminar todos los obstáculos técnicos y sociales, que se interpongan
a la realización del comunismo.
La lucha económica no
puede separarse de la lucha política, y ni la una ni la otra pueden
ser separadas de la lucha ideológica.
En su primera fase sindical,
la lucha económica es espontánea, es decir, nace ineluctablemente
de la misma situación en la que el proletariado se encuentra en el
régimen burgués, pero no es por sí misma revolucionaria, es decir,
no lleva necesariamente al derrocamiento del capitalismo, como han sostenido
y continúan sosteniendo con menor éxito los sindicalistas. Tanto es
verdad, que los reformistas y hasta los fascistas admiten la lucha sindical
elemental, y más bien sostienen que el proletariado como clase no debiera
realizar otra lucha que la sindical. Los reformistas se diferencian
de los fascistas solamente en cuanto sostienen que si no el proletariado
como clase, al menos los proletarios como individuos, ciudadanos, deben
luchar también por la democracia burguesa; en otras palabras, luchar
sólo para mantener o crear las condiciones políticas de la pura lucha
de resistencia sindical.
Puesto que la lucha sindical
se vuelve un factor revolucionario, es menester que el proletariado
la acompañe con la lucha política, es decir, que el proletariado tenga
conciencia de ser el protagonista de una lucha general que envuelve
todas las cuestiones más vitales de la organización social, es decir,
que tenga conciencia de luchar por el socialismo. El elemento "espontaneidad"
no es suficiente para la lucha revolucionaria, pues nunca lleva a la
clase obrera más allá de los límites de la democracia burguesa existente.
Es necesario el elemento conciencia, el elemento "ideológico",
es decir, la comprensión de las condiciones en que se lucha, de las
relaciones sociales en que vive el obrero, de las tendencias fundamentales
que operan en el sistema de estas relaciones, del proceso de desarrollo
que sufre la sociedad por la existencia en su seno de antagonismos irreductibles,
etcétera.
Los tres frentes de la
lucha proletaria se reducen a uno sólo, para el Partido de la clase
obrera, que lo es precisamente porque asume y representa todas las exigencias
de la lucha general. Ciertamente, no se puede pedir a todo obrero de
la masa tener una completa conciencia de toda la compleja función que
su clase está resuelta a desarrollar en el proceso de desarrollo de
la humanidad, pues eso hay que pedírselo a los miembros del Partido.
No se puede proponer, antes de la conquista del Estado, modificar completamente
la conciencia de toda la clase obrera; sería utópico, porque la conciencia
de la clase como tal se modifica solamente cuando ha sido modificado
el modo de vivir de la propia clase, esto es:
“Solo cuando el proletariado
se convierta en clase dominante”.
Y tenga a su disposición
el aparato de producción y de cambio y el poder estatal. Pero el Partido
puede y debe en su conjunto representar esta conciencia superior; de
otro modo, aquel no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas,
no las guiaría, sino que sería arrastrado. Por ello, el Partido debe
asimilar el marxismo y debe asimilarlo en su forma actual, como leninismo.