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Es interesante preguntarse hasta que punto Venezuela ha sido, es, y puede ser, un país moderno, capitalista y con lo que llaman un estado moderno en sentido occidental, es decir, con una forma de gobierno demócrata-liberal burgués. Es interesante porque ha sido un hecho la difusión homogénea de los valores, patrones y cánones del capitalismo moderno, en una sociedad que heredó una desigualdad social producto de la división entre castas y clases que se instauró en la época colonial. Como ha dicho Noam Chomsky, el imperialismo, primero el español, luego el estadounidense, dividieron internamente cada país latinoamericano y a ellos entre sí, presentándose, por ejemplo en Venezuela, un cuadro social con minorías blancas económicamente favorecidas y por lo general urbanas, y las grandes mayorías afrodescendientes, indígenas, y pardos en general, pobres, habitantes del campo y de los progresivos cinturones de miseria que caracterizan a las urbes de indoamérica.
En este complejo cuadro social, tenemos una situación donde una minoría que participa de los beneficios económicos, políticos, jurídicos y culturales de la sociedad venezolana, los “Amos del Valle”, adquieren y profesan los valores del capitalismo sin que por eso se desenvuelvan en un país donde como parte de la nación, aporten recursos al estado que sean producto de su trabajo, de su esfuerzo personal, de su iniciativa, de su “espíritu de empresa” (aunque el proceso revolucionario este dando un giro a esa situación). Empero, esta élite puede acceder al estilo de vida que las empresas de difusión de interpretaciones inoculan a la sociedad en su conjunto sin distingo de clases sociales. Por lo general tienen un discurso liberal, adicto a la modernidad, figurando entre sus palabras más usadas las de desarrollo, progreso, crecimiento, tecnología, competitividad, rentabilidad, entre otras; lo que resulta paradójico es que este liberalismo exótico nunca logró industrializar a Venezuela, un país donde coexisten realidades feudales como el latifundio; un país, donde una peculiar “burguesía” antinacional, es “moderna” porque tiene “poder económico”, aunque esta pujanza se la deban a las facilidades que históricamente les dio la renta petrolera.
En países como Suecia, el estado depende del aporte económico de la nación; en el caso venezolano, es la nación, la que históricamente ha dependido de la distribución de la renta petrolera, es decir, de la actividad económica estatal. Y de esa distribución se han beneficiado muchos empresarios y comerciantes, muchos de ellos descendientes de extranjeros que llegaron aquí como consecuencia de genocidas conflictos internacionales. Todas estas particularidades sociológicas, hacen que el discurso de la modernidad así como el discurso del socialismo, no sean fácilmente asimilados en el segundo caso, y sean vulgarmente contradictorios en el primero. Discurso contradictorio es el que rezuma por todos lados Gustavo Roosen en entrevista concedida a la revista Contrabando, editada por Carmen Ramia y dirigida por Alonso Moleiro, en su primer número aparecido en abril de este año. No deja de ser interesante, notar como en una simple entrevista se expresa tan notoriamente la racionalidad capitalista asociada al ideario liberal burgués.
Una de las primeras cosas que llaman la atención, es lo que dice Roosen de la nacionalización de CANTV. Cuando Moleiro le inquiere sobre si sospechaba de las intenciones del gobierno de nacionalizar la empresa, aquel recordó la decisión de Verizon en abril de 2006 de vender el 28% de las acciones de la compañía a la empresa Telmex, de capital mexicano. Afirmó literalmente que “Yo creo que la posibilidad de que CANTV pasara a ser una empresa ciento por ciento propiedad de Telmex América Móvil si produjo una movida de queso para la compañía… CANTV iba a ser una subsidiaria enteramente poseída por una empresa mexicana. Eso pudo haber producido una reacción en el gobierno”. En este punto de la entrevista, Moleiro le reitera entonces que sí había pensado en la posibilidad de una nacionalización, a lo que Roosen contesta: “…una empresa totalmente subsidiaria de una empresa extranjera. Eso podría traer dificultades desde el punto de vista estratégico. Hubiera traído problemas, incluso, en un país más liberal”.
Vaya vaya, Roosen reconoce que hasta en Alemania vender una empresa telefónica a una transnacional extranjera no es conveniente desde el punto de vista estratégico. Pero cuando el periodista le afirma que según lo que él dice, lo que hizo el gobierno es explicable, le responde: “No, Lo que pasa es que hay otras maneras de defender la independencia de una empresa de telecomunicaciones”. Por supuesto que el Sr. Roosen no explica cuales son esas otras maneras de defender la independencia de la empresa, prácticamente justifica la nacionalización, pero dice que no es explicable porque hay “otras maneras”. ¿Cuáles son esas otras maneras? ¿Será que se refiere a la manera argentina? Sólo un estado fuerte, comprometido con el bienestar de la nación, consciente de la importancia estratégica de una empresa de telecomunicaciones podía impedir la entrega definitiva de la CANTV, y así ocurrió. Pareciera que el liberalismo de nuestras oligarquías tropicales tiene una peligrosa tendencia a transformarse en entreguismo.
Antes de continuar con este comentario, es bueno recordar algunos elementos que caracterizan al capitalismo y a su particular racionalidad. Para la mentalidad capitalista, lo individual prima sobre lo colectivo, lo técnico prima sobre lo político, la gente no es importante salvo como clientes consumidores, y el mercado con su falaz “mano invisible” tiene que primar sobre el estado; su idea de “desarrollo” y “progreso” se refiere al incremento del capital, de la rentabilidad de la empresa, de la tasa de ganancia. Industrialización y crecimiento económico para ellos se traduce en bienestar social, y esto es posible gracias a la tecnología, que para ellos es neutral y base de sentimiento de “progreso” desde un punto de vista eminentemente burgués. Pero la tecnología no es neutral, detrás de ella hay determinadas investigaciones científicas, que a su vez son impulsadas por determinadas decisiones de carácter político, que son a su vez articuladas de acuerdo a determinadas voluntades y relaciones de poder.
Entre otras cosas, por eso es que cuando Moleiro le pregunta a Roosen si se anima a contar que sensación tuvo el día en que Chávez anunció la nacionalización de la CANTV, contesta que pensó de inmediato en los clientes, pero no clientes como nosotros, sino en la banca privada. Sus razones, bueno, que si las competencias especializadas, que si la inversión en tecnología, que si la transmisión de data de esos clientes… pero en ningún momento mencionó a la ciudadanía, talvez porque ya intuía que la intervención del estado se traduciría en mejorar el acceso de la población a los servicios de telecomunicaciones afectando la particular y grosera plusvalía, o mejor, el robo descarado que significaban las tarifas de los servicios prestados por la “competitiva compañía”. La CANTV al servicio de la población es una contradicción en términos capitalistas.
Una nota jocosa. Moleiro le pregunta a Roosen si se ha sentido aludido por las constantes alusiones de Chávez a la oligarquía y al neoliberalismo, y en la misma pregunta también introduce una “acusación” hecha por Jorge Rodríguez en relación a la necesidad de reducir las tarifas e invertir en el sur del país. La respuesta fue: “Sobre el segundo punto…” El empresario se enfoca en responder lo referente a la red del sur, sin tocar el primer punto, definitivamente más interesante para el público y para el periodista, que prefirió hacerse cómplice de su evasiva y no volvió sobre el tema en el resto de la entrevista.
Las últimas cinco preguntas tienen como transnacional subtítulo “CANTV Global”. En esta parte, Moleiro pregunta si CANTV puede compararse en calidad con las telefónicas latinoamericanas, a lo que Roosen responde que la compañía ha adquirido niveles de calidad a escala mundial. Ya se intuía un final apoteósico para la entrevista con el rutilante gerente, que a continuación mostraría su rostro descarnado cuando a continuación le preguntan: ¿Qué piensa hacer ahora? ¿Se queda en Venezuela? El contesta que “Por supuesto”. Afirma que rebosa de proyectos personales. Eso esta muy bien. Pero luego empieza una especie de discurso político cuando habla de su interés en acercarse a las nuevas generaciones, para luego afirmar que “No logro entender el pesimismo y la apatía. Pertenezco a la generación de 1958, la generación que derrocó la última dictadura que vivió Venezuela”. Esta entrevista se la hacen a Roosen a principios de año, Chávez acababa de ganar las elecciones con más de 7 millones de votos. ¿A que juventud apática se refiere? A la de los hijos de la oligarquía. ¿Por qué afirmar que pertenece a una generación que derrocó una dictadura? Porque le está diciendo a sus jóvenes: aún tenemos poder, podemos salir de Chávez, cuenten con mi apoyo.
En ese mismo párrafo, el empresario se hace propaganda afirmando que su experiencia en CANTV le ha permitido viajar y conocer cada rincón de Venezuela dejándole esto un saldo de “relaciones establecidas”, se presenta como una persona que ha aprendido mucho, experimentada, que ha superado diversas etapas en la vida, y que se encuentra en un punto en el que se aventuraría por nuevos “derroteros” en virtud de que ese es el camino que el destino le tiene reservado, algo normal en una persona con tantas “inquietudes” y con tanta “curiosidad personal”. Roosen parece sentirse abrumado por la renovada y fortalecida posición del estado venezolano, y lo expresa cuando pone toda su experiencia en función de darle apoyo irrestricto a la iniciativa privada, que a su parecer ha perdido importancia y está en una posición de debilidad en comparación a otras épocas. Suena casi como un poema en prosa, las palabras que profiere son las de un liberal herido en sus ideales que en su velada frustración defiende al individuo y al mercado y que se postula sutilmente como un futuro candidato a la presidencia.
En la parte final hace llave con Moleiro al afirmar el entrevistado en el mismo párrafo: “La productividad, la competitividad, la eficiencia, la “actitud individual”, el trabajo en equipo, son fundamentales para el progreso de las naciones”. El periodista no se aguantó y no le preguntó sino que le reiteró que: “El gobierno manifiesta mucho desprecio por esos valores”, lo que Roosen confirmó, seguramente precipitándose: “Lo que pasa es que, en general, la óptica del rentismo es muy distinta a la del que ha tenido que levantarse trabajando y luchando por lo que necesita desde niño”.
En primer lugar, en el decálogo de “valores” que expone Roosen faltó el egoísmo y el individualismo, sutilmente contenidos en la expresión “políticamente correcta” de “actitud individual”, para no parecer un neoliberal declarado. En segundo lugar, es particularmente falso que el gobierno desprecie esos valores, Roosen afirma que estamos en una situación de blanco y negro porque se autoexcluye y no acepta que el socialismo no sólo no está reñido con la eficiencia sino que defiende la productividad en su propuesta económica, con la diferencia que esta productividad no se concentra en monopolios ni tiene tampoco como objetivo el mercado. La razón de la productividad en el socialismo es satisfacer las necesidades sociales, producir para la humanidad, no para entes abstractos. Respecto a “actitud individual”, debería él explicar a que se refiere concretamente; respecto a “trabajo en equipo”, el presidente Chávez ha reiterado la importancia para la emancipación de esta forma de trabajar, que en realidad es “trabajo colectivo”, expresión que no se permitió referir.
Los liberales, no aceptan que Chávez concentra en su discurso y sus políticas lo mejor de una revolución burguesa y lo más innovador y avanzado de una revolución orientada al socialismo, defiende la productividad, sí, pero también la cooperación; defiende la eficiencia, correcto, pero también la complementariedad; brega por el desarrollo de las potencialidades del individuo, sin dudas, pero brega también por el desarrollo social porque son cosas que no se pueden separar, no puede haber una escisión entre lo individual y lo social, así como no la puede haber entre lo económico y lo político. Negar a la sociedad es una aberración neoliberal y Roosen, que contrapone su visión a la del rentismo, no advierte que su lenguaje es excluyente, recortador de la realidad, blanco y negro, de poco alcance y basado en especulaciones mitológicas, por ejemplo, cuando al rentismo, que más que una visión es un problema estructural, le contrapone una robinsonada.
No resulta inteligente criticar un sistema económico que le ha permitido tanto a él como a muchos otros empresarios, enriquecerse y medrar, de la renta petrolera se nutre el Ministerio de Educación, PDVSA la administra, y el fabuloso crecimiento del mercado de las telecomunicaciones en Venezuela se debe en gran medida a la mejor redistribución de la riqueza petrolera, que por ejemplo, le ha permitido a Movilnet incrementar en millón y medio su clientela.
El socialismo compartió siempre con el liberalismo su optimismo tecnológico y la Fe en el progreso, de hecho en la teoría marxista el socialismo parte del capitalismo desarrollado, pero en Venezuela nunca hemos tenido una burguesía nacional revolucionaria sino más bien una oligarquía apátrida y una burguesía parasitaria. Claro, se identifican con el Ciudadano Kane, Bill Gates, o Natalio Botana, pero no llegan a Capones, Costellos o Corleones, es decir, a liberales más o menos mafiosos que viven y medran de la bonanza petrolera, las roscas, la corrupción y la lenidad del sistema judicial.
amauryalejandro@gmail.com
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