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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI
Reflexión Marxista a propósito de la Reforma y el PSUV
De regreso a las raíces
Por: Genaro Matus
Fecha de publicación: 20/12/07
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El día 27 de marzo de 2005 en el programa “Alo Presidente” el presidente Chávez hacía un llamado a inventar el “socialismo del siglo XXI”. Para esto según su opinión había que regresar a las raíces, es decir a las ideas de Marx y Engels. Hoy, casi tres años después luego de los comicios del 2-D, en los que la propuesta de profundizar la Revolución Socialista Bolivariana fue postergada, quiero traer unas líneas de uno de los más grandes pensadores del marxismo del siglo XX. Desde hace ya casi 8 años tuve la fortuna de conocer uno de esos viejos marxistas ortodoxos o “perros marxistas” como lo llamaban en la universidad, el cual me condujo al estudio de la única ciencia que en mi concepto (y el de muchos otros) ha podido desentrañar la verdadera lógica de nuestra sociedad capitalista.

Aunque he intentado participar en algunos espacios de discusión, siempre me he estrellado con los muros de la soberbia, el triunfalismo o el extremismo lo que ha hecho que este camino sea infructuoso, aunque afortunadamente me ha llevado a otros donde he visto que es realizable la práctica marxista al servicio del pueblo. Pienso que estos comportamientos dentro del proceso revolucionario son lógicos y necesarios pero no positivos. Marx afirma que no solo es suficiente con entender la realidad, el fin último es transformarla. Así que el pensamiento y la práctica revolucionaria, transformadora van de la mano, son una unidad dialéctica, es decir no puede existir la una sin la otra. Lejos de querer hablar de culpas, de lo cual ya se ha hablado mucho presento a continuación un fragmento del libro Historia y Conciencia de Clase, escrito por Georg Lukaks entre 1918 y 1930, quien hace una reflexión acerca de los escritos de Rosa Luxemberg. Estas dos personas grandes pensadores de las corrientes marxistas de comienzos del siglo XX, se caracterizaron por su acción política dirigida a la superación de la sociedad capitalista. Decidí retomarlas pensando en aquellos que piensan que la revolución ha sido “derrotada” y que no asimilan que ésta es solo una fase del proceso histórico de nuestra sociedad. También está dedicada a quienes aún no han entendido que para asegurar una transformación social se debe emprender una nueva forma de acción política que debe tener como eje central la ética socialista y el conocimiento de nuestra sociedad, el cual desde mi perspectiva solo es posible alcanzar mediante el uso de la ciencia marxista; ó como afirma el presidente Chávez, a través de una ética que esté sustentada en la moral y las luces.

“La situación del proceso histórico que imprime a la consciencia de clase del pueblo un carácter de postulado, un carácter latente y teórico, tiene que cobrar forma como realidad correspondiente, e intervenir como tal en la totalidad del proceso. Esta forma de consciencia popular es el partido. No es casual que precisamente Rosa Luxemburg, la cual reconoció antes que muchos otros y con mayor claridad la naturaleza espontánea de las acciones revolucionarias de las masas, haya puesto en claro, antes que muchos otros, la función del partido en la revolución. Para los vulgarizadores mecanicistas el partido era una mera forma de organización, y también era un mero problema de organización el movimiento de masas, la revolución. Rosa Luxemburg ha visto tempranamente que la organización es más consecuencia que presupuesto del proceso revolucionario, por el hecho mismo de que el pueblo no puede constituirse en clase más que en el proceso y por él. En este proceso [el revolucionario] que el partido no puede ni suscitar ni evitar, el partido tiene en cambio una función muy alta: ser portador de la consciencia de clase del pueblo, conciencia de su misión histórica. Mientras que el punto de vista aparente y superficialmente más práctico y, en todo caso, “mas real”, que atribuye al partido principal o exclusivamente tareas de organización se encuentra reducido, ante el hecho de la revolución, a la posición de un fatalismo insostenible, la concepción de Rosa Luxemburg llega a ser la fuente de la actividad verdadera, de la actividad revolucionaria. Cuando el partido asume la responsabilidad de que en cada fase y en cada momento de la lucha la suma del poder presente, ya desencadenado, actuado, del proletariado se realice y se exprese en la posición de lucha del partido, de que la táctica de la socialdemocracia no esté nunca, en cuanto a decisión y energía, por debajo del nivel de la efectiva correlación de fuerzas sino que se anticipe más bien a ella, entonces el partido transforma su carácter de postulado [principio], en el momento de la revolución aguda, en una realidad activa, introduciendo en el movimiento de masas espontáneo la verdad que alienta en él y levantándolo de la necesidad económica de su origen hasta la libertad de la acción libre. Y esta mutación del postulado en realidad se convierte en palanca de la organización verdaderamente clasista, verdaderamente revolucionaria del pueblo. El conocimiento se hace acción, la teoría se hace consigna, la masa que actúa de acuerdo con la consigna se inserta cada vez más robustamente, consciente y firmemente en las filas de la VANGUARDIA organizada. De las consignas adecuadas nacen orgánicamente los presupuestos y las posibilidades incluso de la organización técnica del pueblo combatiente.

La consciencia de clase es la “ETICA” del pueblo, la unidad de su teoría y de su práctica, el punto en el cual la necesidad económica de su lucha libertadora muta dialécticamente en libertad. Al reconocerse al partido como forma histórica y portador activo de la consciencia de clase, el partido se convierte al mismo tiempo en portador de la ética del pueblo en lucha. Ésta su función tiene que determinar su política. Aunque su política no esté siempre en armonía con la realidad empírica [material] del momento, aunque sus consignas no sean seguidas en tales momentos, no solo le dará satisfacción la marcha necesaria de la historia, sino que, además, la fuerza moral de la verdadera consciencia de clase, de la correcta acción de clase, tendrá también sus frutos desde el punto de vista del realismo político.

PUES LA FUERZA DEL PARTIDO ES UNA FUERZA MORAL: se alimenta de la confianza de las masas espontáneamente revolucionarias, obligadas a sublevarse por la evolución económica. El partido vive del sentimiento que las masas tienen de que es la objetivación [materialización] de su más propia voluntad, que ellas mismas no tienen en claro, la forma visible y organizada de su propia consciencia de clase. SÓLO CUANDO EL PARTIDO SE HA CONQUISTADO Y MERECIDO ESA CONFIANZA PUEDE SER DIRIGENTE DE LA REVOLUCIÓN. Pues sólo entonces se lanzará el impulso espontáneo de las masas, con toda su fuerza y con instinto cada vez más claro, en la dirección del partido, en la dirección de su propia llegada a consciencia.

Los oportunistas, a causa de su división de lo que es inseparable, se han privado de este conocimiento, del conocimiento activo del pueblo. Por eso sus portavoces se burlan –de modo auténticamente pequeño burgues y librepensador- de la “fe religiosa” que según ellos subyace al bolchevismo [en nuestro caso, al chavismo], al marxismo revolucionario. Esa acusación es al mismo tiempo confesión de su importancia. Su patológico escepticismo, vaciado y corroído por dentro, se disfraza en vano con la distinguida capa de una fría y objetiva “cientificidad” [recordemos los “expertos” de la oposición y sus medios de comunicación]. Pero cada palabra y cada gesto revelan la desesperación de los mejores entre ellos y el vacío interno de los peores: el completo aislamiento respecto del pueblo, sus caminos y su misión. Lo que llaman fe e intentan rebajar con el nombre de “religión” no es más ni menos que la certeza de la ruina del capitalismo, la certeza de la victoria final popular. No puede haber garantía “material” de esa certeza. Solo metódicamente –por el método dialéctico- nos está garantizada. Y ESA GARANTÍA NO PUEDE PROBARSE NI CONSEGUIRSE MÁS QUE MEDIANTE LA ACCIÓN, MEDIANTE LA REVOLUCIÓN MISMA, MEDIANTE LA VIDA Y LA MUERTE POR LA REVOLUCIÓN. No puede haber marxistas en el sentido de la objetividad del laboratorio, del mismo modo que tampoco puede haber una seguridad de la victoria de la revolución mundial con la garantía de las “leyes naturales”.

La unidad de la teoría y la práctica no se da sólo en la teoría, sino que subsiste también para la práctica. Del mismo modo que el pueblo como clase no puede conquistar su consciencia de clase ni mantenerla más que en la lucha y en la acción, del mismo modo que sólo en ellas puede levantarse hasta el nivel, objetivamente dado, de su tarea histórica, así tampoco puede el partido y el combatiente individual hacerse verdaderamente dueños de su teoría más que si son capaces de introducir esa unidad en su propia práctica. La llamada fe religiosa no es en ese caso más que certeza metódica de que, PESE A TODAS LAS DERROTAS Y RETIRADAS MOMENTÁNEAS, EL PROCESO HISTÓRICO SIGUE SU CAMINO HASTA EL FINAL EN NUESTROS ACTOS, POR NUESTROS ACTOS. Para los oportunistas vuelve a presentarse aquí el viejo dilema de la impotencia; ellos dicen: puesto que los comunistas están previniendo la “derrota”, tienen que abstenerse de toda acción, o reconocerse aventureros sin consciencia, políticos de la catástrofe. En su minusvalía intelectual y moral, los oportunistas son precisamente incapaces de verse a si mismos y al instante de su acción como momento de la totalidad, del proceso: incapaces de ver LA DERROTA COMO CAMINO A LA VICTORIA.

[…]Esa certeza sin ilusiones mueve a Rosa Luxemburg en sus luchas por la liberación del pueblo, por su liberación económica y política de la servidumbre material del capitalismo y por su liberación ideológica de la servidumbre intelectual del oportunismo. Como gran dirigente intelectual del pueblo, su lucha principal se orientó contra este último enemigo, que es el más peligroso, por más difícil de superar. Su muerte a manos de sus enemigos más reales y sanguinarios, los Scheidemann y los Noske, es por lo tanto, la coronación consecuente de su pensamiento y su vida. El que se quedara con las masas y compartiera su destino cuando la derrota del levantamiento de enero –claramente prevista por ella misma hace años en el plano teórico, y también en el momento mismo de la acción-, es tan directa consecuencia de la unidad de la teoría y la práctica en su conducta como el merecido odio mortal de sus asesinos, los OPORTUNISTAS socialdemócratas”.


MARX VIVE!

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE….VENCEREMOS!

genaromatus@hotmail.com
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Genaro Matus


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