El Dogma Filosófico de la Insurrección

En el mundo moral, como en el físico, no hay nada más que una ley que proteja la existencia de los seres. Y es aquella que los hace propender a mejorar de suerte cuando se hallan en una situación violenta o adversa. Bolívar nos lo enseña recalcando un juicio que se ha ido constituyendo en legítima conducta de manera universal para aquellos pueblos que padecen de “penosa existencia”.

El Libertador considera el planteamiento como una de las leyes primitivas de la naturaleza que “ninguna institución humana tiene derecho a contradecir”, y apunta que “el hombre social puede conspirar contra toda ley positiva que tenga encorvada su cerviz”; y da “el nombre de insurrección a toda conjura que tenga por objeto mejorar el hombre, la patria y el universo”.

Estas reflexiones las hace el Padre de América en un preclaro documento publicado en el Correo del Orinoco No. 92, de enero 20 de 1821 y el No. 93 del 27 del mismo mes y año al que tituló Dogma Filosófico de la Insurrección.

De manera brillante, luego de definir el concepto de insurrección y otorgárselo al levantamiento americano para significar la justeza y legitimidad del mismo, Bolívar establece la diferencia con los “golpes violentos dados a las leyes de un país por los facciosos”. En palabras que no dan lugar a equívocos, expresa que existe una delimitación entre la resistencia contra la autoridad soberana, legítimamente establecida, y la resistencia contra los crímenes del trono y de la Inquisición. No se puede confundir “a los hombres generosos que se han creado una patria con los facciosos que pretenden darle muerte” dice textualmente Bolívar, y para diferenciar a unos de otros, explica que “una barrera eterna separa la insurrección generosa del crimen de la rebeldía”

En nuestros días las acepciones de cada palabra se asemejan, y el concepto de rebeldía no entraña la acción del faccioso, entendido éste como el individuo que se rebela para imponer el despotismo de sus pasiones. De ahí que el rebelde sea asumido con la misma dimensión altruista que el insurrecto, y que en el lenguaje de los Revolucionarios, insurrección y rebelión se enmarquen en el sentido general de la resistencia a las injusticias de la administración política del Estado.

Los legisladores, gobernantes y el Estado en nombre de las clases poderosas, se han empeñado en eliminar la rebelión como delito político, han acabado con la categoría misma de delito político asemejando todo alzamiento, protesta o desacuerdo con el Estado a terrorismo, desestimando que -como explica el autor de El Dogma Filosófico de la Insurrección- “además de la palanca del poder había otra para mover al mundo social, es decir la de la razón”. Así, los fascistas en nuestra patria, para evitar que los hombres animosos, indignados por las cadenas se sigan tomando la libertad de oponerse en resistencia, levantándose contra los juguetes estúpidos o sanguinarios de su imaginación (disociación psicótica o “síndrome de la gata loca”), hacen intervenir ya no al cielo, sino al omnímodo sujeto militarista yanqui declarando que su gesta la cual evoca a Dios, no tiene otro propósito que el de “la defensa de la democracia”.

El Estado formalista liberal burgués, aún intacto en la Revolución Bolivariana, encierra “un poder esencialmente perverso” que ha declarado la guerra al Pueblo, no dejándole otra opción que la resistencia y la insurrección pues está claro que tal estigma (“terroristas”, “hordas castro-comunistas”, “marginales”, “tierrúos”...) aplicado a la insurgencia (elevación del nivel de conciencia popular), no es sino otro artificio de los “señores de la gran propiedad” que buscan sostener códigos y poderes "que no soportan la mirada de la razón e insultan la naturaleza humana”.

Frente al poder de las clases dominantes que nos condena a la miseria, al deshonor y a la muerte “es pues, la insurrección por su naturaleza un acto legitimo”, porque “cuando el poder es opresor, la virtud tiene derecho para anonadarlo”.

La insurrección es un derecho, la insurrección es un deber, es un digno y legítimo comportamiento que engrandece al hombre. De ahí que ante los resultados del 2 de diciembre, salgamos fortalecidos y dispuestos a asumir la legitimidad de la única insurrección capaz de hacernos levantar de la coyuntural postración que nos aflige... La de la formación político-ideológica de las multitudes que le proporcione a éstas convicciones firmes y radicales ante los cantos de ballena del gallo pelón del enemigo carente de líder (Chávez), idea (que no ideología aún: Socialismo del Siglo XXI) y de proyecto (Constitución de 1999).

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