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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI

Ser con otros: una consigna para la pedagogía popular
Por: Pedro Manuel Corros B.
Fecha de publicación: 29/07/07
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La educación popular es imprescindible como movimiento que privilegia la dimensión cultural de los procesos, impulsar la constitución de un sujeto como protagonista de sus propia educación, así como de la transformación de la sociedad.

Nuestros esfuerzos pedagógicos deben ser entendidos como herramientas que apuntan a la construcción de realidad a partir de procesos colectivos, en los que se reconozcan las capacidades de interpretación y actuación sobre la realidad de los sectores populares. Nuestra práctica pedagógica se basa en una profunda confianza en el Pueblo, sus experiencias y capacidades para constituirse constantemente a partir de su lucha cotidiana en los sujetos de la transformación revolucionaria de la sociedad los cuales, a su vez, elaboran un pensamiento comprometido y responsable con las luchas de liberación. Este mensaje recoge una de las máximas enseñanzas y esfuerzos del Padre Camilo Torres, en su ejercicio político y revolucionario.

La educación popular inscribe su proyecto en la línea estratégica de transformación de los movimientos populares en sujetos colectivos portadores del poder popular. Es una metodología que despierta la iniciativa, el sentido crítico y la creatividad. Éste debe ser expresión de la lucha y de la creatividad del Pueblo, de sus intereses, de su cultura y de las formas organizativas que en los sectores populares se dan; la educación popular debe ser un intento de colectivizar y orientar esa lucha del Pueblo, no de acallarla.

Transformar la realidad es generar poder. De esta manera, la educación popular aporta elementos y experiencias importantes para la construcción de poder popular, en tanto, su punto de partida es la realidad y la actuación sobre ella para transformarla, mediada por procesos de reflexión. La praxis, en este sentido, es una parte consustancial de los modelos pedagógicos de educación popular. No se limita a interpretar sino que se encamina a transformar. De esta manera, valoramos los siguientes aspectos como parte integral de la educación popular como herramienta para llevar a la práctica la consigna de ser con otros.

Debe ser portadora de una crítica radical a la cultura dominante

Nuestras experiencias pedagógicas, de las cuales muchos somos fruto, se enmarcan en las relaciones de dominación y dependencia política e ideológica que desde la clase dominante, se configuran desde instituciones y centros educativos y socializadores con el ánimo de conservar y mantener su poder y privilegios sociales y políticos. La realidad de éstos, de manera alienada se convierte en nuestra realidad. Las formas de intervención ideológica de nuestra sociedad, a partir de la cultura y modelos educativos, crean dispositivos y patrones culturales de resignación y pasividad que a su vez se expresan en la condición de sometimiento y relaciones de dominación.

Así, el modelo predominante pedagógico en todas las instituciones se basa en una matriz de transmisión y no de comunicación, que en su lógica excluye las posibilidades de la interlocución y diálogo. De esta manera, nuestros procesos de formación son un modelo estructurado sobre relaciones de poder, el cual se elabora desde el poder y contribuye a su consolidación; a su vez que reproduce las relaciones de dominación y dependencia.

Por su lado, el tipo de sujetos que produce el modelo educativo aún predominante tiende a la formación de personalidades subordinadas, con una marcada dependencia; así como un actitud conformista, pasiva, acrítica y cosificada de las relaciones sociales.

De esta manera, nuestro ejemplo pedagógico como organización, es apostarle a nuevas formas de construir relaciones pedagógicas que le hagan frente a los modelos educativos y aparatos ideológicos de dominación que en el país nos imponen; relaciones pedagógicas que reconozcan los saberes que circulan socialmente, que propendan por la constitución-construcción de sujetos con capacidad de critica; que recoja la experiencia de resistencia y lucha revolucionaria de los sectores sociales. Una relación pedagógica sobre una profunda base ética y libertaria que exprese sus deseos de lucha frente a la explotación, la dominación, la exclusión y la represión.

Establecer diálogos de saberes, que en su desarrollo y contenido nos permitan la construcción de realidades colectivas a partir del diálogo y comunicación entre distintas formas de interpretar y actuar sobre la realidad. Saber que somos proyecto político revolucionario, y que nuestra consiga es ser con otros nos dibuja un escenario interesante, en tanto experiencia que nos enseñaría nuevas cosas, nuevas formas de relacionarnos y entender la población; es decir, en la práctica más que ir a enseñar, estos modelos pedagógicos nos van a enseñar y nos van a mostrar las rutas y trazos que debemos construir en los escenarios del poder popular.

Quizás uno de los obstáculos en el desarrollo de las prácticas de nuevos modelos pedagógicos es que los sujetos no se reconozcan como tales, con una cultura y unas prácticas sociales, llenas de experiencias y ejemplo para la búsqueda de la transformación social. Sin embargo, este es nuestro reto: llevarlos a que se reconozcan como sujetos, y que sus prácticas son valiosas para el proceso revolucionario y para la construcción de un nuevo país.

Así, la educación popular tiene un soporte fundamental en la metodología participativa de la elaboración de proyecto colectivo, a saber: 1) La alternativa dialéctica parte del enfoque de saber que los sectores populares poseen una concepción e interpretación espontánea de la realidad 2) el educador popular posee también un conjunto de conocimientos adquiridos de diversas fuentes 3) Ambas formas de saber poseen contradicciones producto de los modelos culturales dominantes.

La posibilidad de construir pensamiento propio. Memoria histórica y la construcción de poder.

Si reconocemos que los modelos educativos tradicionales y dominantes se basan sobre relaciones de poder, fundamentalmente de dominación, debemos entender que allí mismo, en esos escenarios es que debemos dar las luchas, demostrar y visualizar que el Pueblo en sus largos años de lucha y sobre vivencia ha acumulado diversas experiencias y formas de conocer, de interpretar y de actuar sobre la realidad, la sociedad y la naturaleza. Y para ello debemos demostrar al Pueblo que nuestra historia ha sido una historia de lucha, de resistencia e indignación ante las injusticias; pero, que en el marco de la dominación esas cosas no se saben, han sido borradas, sepultadas, descalificadas y deformadas de nuestra memoria, de la memoria del Pueblo explotado y dominado.

Por eso, uno de nuestros objetivos es articular la historia no contada de nuestros pueblos. Volverlos memoria e historia de nuestra larga lucha por la liberación de los pueblos. La historia de resistencia de nuestros pueblos, la historia hecha por los de abajo. Recoger las experiencias y acumulados de nuestro Pueblo y los acumulados de 43 años de lucha revolucionaria y de construcción del Socialismo.

La construcción de nuevos liderazgos

Éstos deben basarse sobre una profunda confianza en los valores y experiencias del Pueblo los cuales, progresivamente, les hacen descubrir sus capacidades y potencialidades. La vida personal de cada nuevo liderazgo que se construya debe ser ejemplo. Debe corresponderse con coherencia a lo que se enseña, lo que predica y lo que practica. Desarrollar en la práctica todas las capacidades intelectuales y teóricas de las cuales hace gala y con las cuales, se pretende generar el acercamiento con los sectores sociales y populares excluidos y dominados. El nuevo liderazgo debe ser portador de una ética liberadora, que en su dinámica articula la teoría, la práctica y está ligada a la política. El sujeto social desarrolla capacidades creativas en un contexto histórico y en relación con la realidad.

En su relación con el poder, los sectores populares se deben apropiar de ese poder que han generado y construido históricamente; ya que ellos son protagonistas principales de un proceso de transformación y propuesta de alternativas; confiar más en las capacidades del Pueblo que en sus lideres; el proceso de cambio se construye desde abajo.

La tarea del educador consiste en crear las condiciones para que los sectores populares con los que trabaja sean sujetos de poder, el objetivo estratégico es que lo movimientos populares se apropien de su poder a nivel económico, político, y cultural. Como producto de un largo proceso de lucha, organización y autoeducación crear un proyecto colectivo y popular de alternativa que transforme los espacios de dominación.

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Pedro Manuel Corros B.


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