Notas de una charla de Franz J. T. Lee

Fundamentos teóricos del socialismo

Ciclo de conferencias introductorias en torno a la pregunta: ¿Qué es el
socialismo?

Charla de Franz J. T. Lee: fundamentos teóricos del socialismo

Franz Lee comenzó su charla con la observación que la tarea de tener que
explicar el socialismo es un asunto sumamente difícil. Para empezar, hay que identificar el concepto socialismo, y la identificación de cualquier concepto se lleva a cabo según un determinado método. Señaló, que existen dos métodos: el método lógico-formal y el método de la lógica dialéctica. Si queremos ser socialistas, tenemos que conocer la dialéctica, lo que implica entre otras cosas despejar nuestra mente y liberarnos de un montón de cosas inútiles que tenemos en nuestro cerebro y que nos impiden pensar dinámica y dialécticamente.

Nuestro punto de partida es lo que se llama un sistema cerrado, un universo, cuya lógica es la lógica formal, equivalente a una cárcel mental. En este sistema cerrado no existe contradicción, no existe movimiento, no existe dialéctica, no se establecen relaciones entre las cosas. Todo se reduce a una sola cosa, a una verdad absoluta, a un sólo postulado si se quiere. Sin embargo, para penetrar la realidad hay que relacionar las cosas: El sujeto con el objeto, la sociedad con la
naturaleza, la teoría con la práxis, el pensar con la acción.

Un sistema cerrado siempre separa los dos, lo que nos lleva precisamente
a la unilateralidad, a un mundo unidimensional.

Franz recordó, que el tí estí (=griego: ¿qué es?) socrático es la pregunta por la esencia de las cosas. La esencia, a su vez, no es otra cosa que la relación del conjunto de apariencias de una cosa. Los adjetivos “esenciales” que muy a menudos se utilizan para describir algo, son redundantes, como por ejemplo: la luz brillante, el agua mojada, o el socialismo nuevo.

La lógica no es otra cosa que la manera cómo relacionamos las cosas, en otras palabras, el modo de pensar. Y lo menos que han hecho nuestras escuelas y universidades es enseñarnos cómo pensar, cómo tener un método de pensar, una lógica, una ciencia, una filosofía, una cosmovisión. Al contrario, en todas las esferas, desde lo económico y político hasta lo social nos han enseñado
mentiras; y ésto es lo que se llama la ideología del sistema capitalista que impide que nos enteremos de sus verdades crueles. La mentira y la manipulación, al igual como la corrupción, son elementos inherentes al sistema capitalista en el que vivimos, y esto vale a lo largo de toda su historia, desde el
momento en que aparece la acumulación originaria del capital. Testimonio
de ello es Platón, quién, en su República, aconseja a las clases dominantes decir mentiras al pueblo para mantener a cada quien en su lugar, esto es, cimentar y perpetuar las clases sociales.

Franz indicó que si bien se puede identificar algo de diferentes maneras, siempre existe una regla básica para ello, que es la siguiente: Las cosas sencillas se explican de una manera sencilla, ya que se trata de identificar algo simple. Las cosas complicadas se explican de una manera complicada, ya que se se trata de diferenciar algo compuesto. Las cosas nuevas, todavía opacas, que apenas entran en nuestro horizonte, se explican de una manera experimental, con conceptos nuevos que sólo se forman al entrar en la materia. Aquí se trata de movilizar todo el arsenal disponible, de identificar, diferenciar, contradecir y relacionar, en otras palabras, se trata del verdadero pensar. De esta manera contamos con un espectro metodológico que abarca niveles, grados y mensiones del conocimiento, de la teoría y de la sabiduría.

Franz señaló que el sistema en que vivimos suprime el pensar y fomenta el aprendizaje de memoria y la repetición ciega de verdades absolutas y estáticas, todo en función de mantener el estatus quo 1 de las cosas y mantener intacto el velo ideológico que esconde la realidad. Luego procedió a explicar que lo específico de la identificación es que se trata de un acto artificial, en el que se cortan los lazos y las relaciones dinámicas para poder congelar o separar algo de su contexto. Enfatizó, que si bien esto es el primer paso necesario para poder identificar algo, no se debe quedar en este punto sino avanzar hacia otro grado. En este sentido especificó, que después de haber establecido el “qué es” de algo, hay que establecer lo que no es, para obtener el lado opuesto y complementario a la vez de la cosa a la que se quiere identificar. Señaló, que ciertamente hemos perdido esta vital facultad de pensar el no-es de una cosa. Explicó, que cualquier cosa tiene dos lados: lo que es, y lo que no-es, y señaló que el motor de algo es precisamente su no-es, su opuesto, su negación. Recordó, que el capitalismo se mueve a través de su negación, y si no la tuviera, tendría que inventarla para emplearla como “espanto” para asustar a las masas, como ayer fue el caso del
fantasma del comunismo y hoy es el caso del terrorismo internacional.

Luego y después de haber asentado esta base mínima de comprensión metodológica, Franz procedió a identificar el socialismo como negación del capitalismo, como esta parte del “no” que siempre ha sido ausente en nuestra educación y a que no estamos acostumbrados. Señaló que fue el marxismo el que tenía la tarea histórica de explicarnos el “no” de las cosas, su negación. Según explicó Franz y acorde a la dialéctica, la debilidad del capitalismo consiste en que no puede destruir su negación, el socialismo, sin autodestruirse a sí mismo. Luego explicó, que cualquier proceso en la historia se caracteriza por diferentes etapas, que son: nacimiento, evolución, cima, involución y muerte. (En palabras del filósofo alemán y maestro de la dialéctica, Georg Wilhelm Friedrich Hegel: “Todo lo que nace, merece perecer”.)

El capitalismo como semilla nace con el comienzo de la acumulación originaria del capital en Grecia Antigua, y su negación, la parte “socialista”, se expresa en aquél entonces en las revueltas de los esclavos. Esto es nada más que el germen de un largo proceso, caracterizado en cada una de sus etapas por luchas de clases, y que evoluciona milenios hasta entrar en escena por medio de una revolución: la revolución democrático-burguesa con sus dos partes: La parte política, la Revolución francesa, y su parte correspondiente económica, la Revolución industrial inglesa. Aquí tenemos la fruta, la cima del proceso, la misma época que impactó, con su ideas y su dinamismo, en el pensamiento de nuestros prócer es venezolanos y latinoamericanos.

Todo socialismo hasta esta misma época, anterior a la propia Revolución Industrial, es un socialismo pre-científico o utópico, a lo cual utopía significa “en ningún lugar” (viene del griego; u= no, topos = lugar). En otras palabras, es un socialismo todavía no científico.

Franz resumió, que el socialismo nace entonces junto al capitalismo como
la negación del mismo, e igual como el capitalismo se manifiesta en formas “prematuras” hasta llegar a su plena madurez. El socialismo constituye el motor dinámico del sistema y se basa en lo más avanzado de la sobreestructura del capitalismo: Primero, la ciencia natural moderna- burguesa con su fundamento
filosófico, que fue el materialismo mecánico, dirigido en contra del viejo orden feudal-religioso y que se colocaría después al servicio de la explotación industrial-económica. Segundo, la resistencia política en contra de la explotación y opresión de las clases pobres, que se manifestó en su expresión pre-científica como socialismo utópico. Tercero, la filosofía idealista clásica alemana en sus representantes Kant, Fichte, Schelling y sobre todo Hegel, con su lógica dialéctica. Cuarto, la economía nacional inglesa en sus representantes Adam Smith, David Ricardo y Thomas Malthus.

Es así como el socialismo se valió de lo mejor y más avanzado en lógica,
ciencia y filosofía del propio capitalismo, para poder negar a este último y constituirse en el materialismo científico, histórico y dialéctico de Carlos Marx y Federico Engels, quienes fueron productos de su tiempo y espacio histórico, esto es, del capitalismo industrial, liberal-competitivo. Franz llamó la atención sobre el hecho de que Marx, por haber explicado el funcionamiento del sistema capitalista, puede ser considerado como el economista más brillante del capitalismo, y es precisamente por esto que el propio sistema se valió de sus ideas para tratar de paliar las crisis y remediar las fallas.

2 En la segunda parte de la charla, Franz abordó el problema del concepto revolución, señalando que etimológicamente hablado, el prefijo “re-” apunta hacia atrás, hacia el pasado, como lo expresa bien la palabra re-gresar. En este sentido advirtió, que no podemos salir del sistema cerrado por medio de una re-volución. Tal cual como la burguesía en su lucha contra el orden social feudal en aquél entonces y los socialistas en su lucha contra el capitalismo iberal-competitivo, nosotros hoy necesitamos una nueva lógica, una nueva ciencia y una nueva filosofía, superior al capitalismo globalizado en su fase de involución. Visto de esta manera, extraña, que los socialistas nos valgamos del concepto revolución si este es el concepto por excelencia de la burguesía. La
revolución es propia del capitalismo, el primer modo de producción que se auto-revoluciona constantemente, tal y como lo constataron Marx y Engels ya en 1848 en el Manifiesto Comunista.

Entonces, ¿por qué hemos adoptado el concepto revolución como el nuestro, con todos sus postulados – libertad, fraternidad, igualdad – que no son otra cosa que mentiras en relación a los oprimidos de la tierra, a la clase trabajadora? Si la libertad no es otra cosa que la libertad del capital de moverse sin restricciónes alrededor del mundo; si la fraternidad no es otra cosa que la fraternidad entre las clases dominantes en su defensa común contra las aspiraciones de las clases oprimidas; si la igualdad no es otra cosa que la igualdad entre capitalistas de tener el derecho de explotar la fuerza de trabajo de los trabajadores; ¿para qué
nos sirve el concepto revolución? Si la democracia no es otra cosa que la dictadura de los pocos (la clase burguesa) sobre los muchos (los proletarios, los explotados y oprimidos), ¿por qué querer democracia?

Franz llegó a la conclusión que estrictamente y considerando lo dicho, tendríamos que ser “contrarrevolucionarios”, esto es, tomar posición en contra del concepto revolución y en pro del concepto emancipación. Tanto más así si consideramos que detrás de la revolución y en última instancia, siempre se esconde el reformismo y el respeto hacia el sistema establecido. Terminó con
la interrogante: ¿Qué es necesario, en este momento transhistórico, para que la Revolución Bolivariana avance hacia la emancipación humana y no regrese a la
continuidad del sistema capitalista establecido? En respuesta a esta pregunta, Franz sugirió estudiar las revoluciones pasadas y aprender de sus lecciones. Hay que estudiar y aprender de Lenin en lo concerniente al problema de la burocracia por ejemplo, o del partido de nuevo tipo. Hay que aprender de Trotsky, con su planteamiento de la revolución permanente. No debemos tener tabúes, no debemos tener miedo al marxismo. Debemos quitar los fantasmas del anti-comunismo y anti-marxismo, que todavía se esconden en nuestros cerebros, productos de la manipulación por medio de la ideología capitalista.

El marxismo es dinámico, puede aprender del bolivarianismo; hay que dinamizar el bolivarianismo para que aprenda del marxismo. Finalmente, Franz terminó diciendo que tenemos que romper la cárcel del sistema cerrado, que hay que salir con nuevas ideas, con nuevos conceptos, como por ejemplo “transvolución” y “exvolución”, con un nuevo modo de pensar y actuar, para trascender hacia la emancipación humana.

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Jutta Schmitt


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