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En el marco del debate generado en relación a la construcción del Socialismo del Siglo XXI, me permito reflexionar acerca de uno de los elementos esenciales para desarrollar esta importante y trascendental tarea: la transformación de la estructura del Estado. Es necesario un verdadero cambio revolucionario en los ministerios, alcaldías y gobernaciones, para adecuarlos y hacerlos útiles al sistema socialista que buscamos construir.
Es triste reconocerlo, pero se evidencia en algunos sectores de la administración pública, la ausencia del cambio revolucionario. Todavía siguen enquistados terribles vicios de la cuarta república y peor aún, siguen presentes las mafias fascistas que promueven y difunden dichos vicios. Estas mafias, las cuales sorprendentemente se han mantenido ejerciendo cargos de nivel y responsabilidad, sabotean y obstaculizan la gestión revolucionaria con tal desparpajo y cinismo, sin que nadie haga nada por detenerlos. Asimismo, irrespetan y desconocen la labor de los verdaderos funcionarios comprometidos con el proceso de transformación que vivimos día a día, los agreden y hacen burlas de una labor, que no tienen el nivel, ni la capacidad, ni la valentía de entender y asumir, y simplemente porque no les interesa el bienestar del país, ni mejorar las condiciones de vida del pueblo y mucho menos tomar para así el discurso de nuestro Presidente, cuando nos insta a construir el socialismo del siglo XXI entre todos, como responsabilidad colectiva que es.
En este sentido, es necesaria la transformación total de la organización pública, ya que así es imposible caminar hacia el socialismo autóctono y colectivo que necesitamos. Debemos neutralizar estas mafias, sacarlas de raíz, destruir de una vez por toda la vieja organización y construir una nueva, acorde al Proyecto de País, en el cual estamos avanzando. Con los fascistas adentro no podemos desarrollar un sistema socialista, ya que ellos estarán allí para obstruir nuestros planes, nuestros sueños. Hay que unirnos y vencer de una vez por todas al enemigo, expulsarlo de uno de los órganos vitales de nuestra revolución: El Estado.
No parece una tarea difícil, considerando que somos mayoría, que todos arropamos el mismo sueño de consolidación y profundización de la revolución, de que todos respondemos a los mismos ideales y luchamos por lograr el mismo objetivo: el Socialismo del Siglo XXI…..o me equivoco? ¿No todos los revolucionarios deseamos lo mismo? ¿No todos estamos del mismo lado? ¿No todos compartimos la misma lucha? ¿No todos queremos llegar al Socialismo como modelo supremo de bienestar integral para el pueblo?....Porque si no es así, confirmo algo, que me resulta desconcertante, y peor aún…peligroso: las mafias fascistas están y se mantienen allí con la anuencia y aceptación de un grupo de revolucionarios apóstatas.
alexikop@yahoo.es
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