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    Ideología y Socialismo del Siglo XXI
Desde la otra orilla
El nuevo sujeto del cambio revolucionario
Por: Daniela Saidman
Fecha de publicación: 05/03/07
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El viejito Marx siempre termina teniendo razón: la revolución posible e imprescindible debe hacerla el pueblo. El problema, en este siglo XXI recién inaugurado, es que los dirigentes "revolucionarios" no han entendido que debe necesariamente redefinirse el concepto del sujeto del cambio social. Con la flexibilización laboral y las altas tasas de desempleo, la transformación de los modos de producción y la tecnologización industrial, el obrero en unión con el campesino ha dejado de ser el único motor para la realización revolucionaria y el agente de la utopía del bienestar colectivo.

Hoy, cuando la mayoría de la población se encuentra ejerciendo la economía informal o en subempleos, los trabajadores formales representan un sector privilegiado de la sociedad, que busca mantener sus intereses de clase, muchas veces a costa del desangramiento de las empresas del Estado y en detrimento del patrimonio de todos los habitantes de la Nación.

Parte de la tarea revolucionaria es redefinir al sujeto social de la izquierda y tal vez por eso, el tercer motor constituyente, Moral y Luces, es imprescindible: se trata de formar los cuadros de la Venezuela socialista.

En estos tiempos de globalización y alienación a escala planetaria, el sujeto del cambio transgrede el límite de las clases sociales y se vuelca vertical y horizontalmente a toda la sociedad.

Si la Constitución se asienta en la multietnicidad y pluriculturalidad de la República, son justamente estos movimientos sociales conjuntamente con los buhoneros y desempleados, incluyendo por supuesto a los grupos que reivindican las diferencias de género y las agrupaciones ecológicas, amén de los pueblos y comunidades indígenas, los nuevos actores revolucionarios. Se trata entonces, de hacer un replanteamiento en el precepto clásico de la luchas de clases y abrir espacios efectivos para la participación de los marginados y excluidos de todas nuestras repúblicas.

La patria necesaria, la América en Mayúsculas, está sujeta a la creación de un nuevo modo de sentipensar la realidad, porque ya no son los campesinos, porque nuestros campos están desiertos; ni muchos menos los sindicatos de trabajadores, que han vendido la reivindicación social para mantener sus privilegios y tener siempre un poco más. La lucha está en un pueblo que empieza a tener rendijas para hacerse escuchar con toda la dignidad de los pueblos indígenas, por ejemplo, y con todo el apego a la palabra de una Constitución que ha nacido de sus entrañas y que ojalá nunca deje morir en el tintero.

daniela_saidman@yahoo.com


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Daniela Saidman


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