El combate de la pobreza como promotor de desarrollo

La lucha contra la pobreza, además de ser un deber político de todo Estado, representa una poderosa estrategia para promover el desarrollo y el bienestar.
Hoy nadie duda que la Pobreza limita las capacidades productivas de la sociedad en general, y por este motivo, también restringe las posibilidades de expansión económica de manera sostenida. Mientras más pobre sea una población, no sólo será menor su capacidad de consumo, sino también su capacidad para producir y crear.

Por ello, combatir la pobreza mediante la instrumentación de políticas orientadas a atender las necesidades básicas insatisfechas de los excluidos de la sociedad, es una vía efectiva para expandir las capacidades productivas de dicha sociedad en todos los órdenes. Las políticas públicas que logran este efecto terminan generando una vigorosa espiral de crecimiento y bienestar caracterizada por un incremento de las expectativas y de la motivación. Ello irremediablemente no puede sino conducir a la sociedad a un mayor estado de felicidad, tal como en efecto se ha registrado en Venezuela en los últimos años según los estudios internacionales especializados

La explicación de esta situación debemos buscarlas tanto en la dinámica social como en la dinámica económica que la inversión social logra activar; y en el nivel de eficiencia de programas sociales en áreas sensibles como la salud, la educación, el agua, el transporte y la vivienda.

A veces, por ignorancia y otras por motivaciones políticas, los gobiernos que procuran el desarrollo distribuyendo mejor la riqueza por medio de la Inversión Social son llamados “populistas”. Las políticas sociales pueden producir, en amplios grupos humanos tradicionalmente excluidos de la sociedad capitalista, la magia de convertirlos, además de consumidores, en ciudadanos, en actores sociales productivos y en promotores de proyectos de toda índole.
Las políticas de seguridad alimentaria, atención médica gratuita las 24 horas del día y el mejoramiento y abaratamiento del transporte colectivo, por nombrar algunas, mejoran la salud física y mental de los trabajadores, incrementa la capacidad para trabajar, para crear, para interactuar socialmente, y por ende, poseen mayor motivación para vivir y ser felices. Esto último ocurre cuando se logra elevar la autoestima, la cual favorece las actitudes que actúan como resortes propulsores del mejoramiento personal y colectivo, incluyendo el hábitat.
Ese motor que impulsa a la sociedad a ser mejor, es necesario mantenerlo encendido en el largo plazo. Para ello es fundamental la implementación de políticas económicas, financieras, comerciales, científicas y tecnológica, culturales y recreativas; entre otras, todas ellas inclusivas, integrales y complementarias.

Impulsar el desarrollo desde una perspectiva social es poner al Hombre en el centro de de la acción del Estado. Para ello la defensa e instrumentación de los Derechos Humanos y del Derecho al Desarrollo, en particular, como un derecho humano individual y colectivo, deben convertirse en objetivos rectores de la política económica. Esto representa, además de un desmarque respecto al paradigma economisista neoliberal, una opción de redención para una humanidad urgida de opciones ante una globalización capitalista excluyente que facilita la concentración de inmensas fortunas en pocas manos y pobreza para la mayoría.

Hoy en día es ampliamente aceptado que el capitalismo es el sistema económico que más riqueza produce, pero no puede pretender representar un ejemplo cuando hablamos de distribución de la riqueza. Tal como lo indica estudios recientes de las Naciones Unidas, nunca como hoy el mundo ha producido tanta riqueza y nunca como hoy ha existido en él tanta pobreza.
Por ello, millones de silentes observadores están pendientes de lo que ocurra en Venezuela. La Revolución Bolivariana es un experimento en marcha, donde unos y otros le apuestan, mientras pocos resultan indiferentes.
Los venezolanos, con Bolívar a la cabeza, tuvimos un siglo XIX de brillo gracias a un pueblo y a un liderazgo que supo luchar con valor por su liberación política. El Siglo XXI también lo será. Para ello debemos ser capaces de producir la liberación ideológica imprescindible para construir un “otro modelo posible” – el nuestro - que el Presidente Chávez ha denominado Socialismo del Siglo XXI.
Es la hora de profundizar y afinar el modelo societal que nos regalamos los venezolanos con la Constitución Bolivariana de 1999. En este proceso de definiciones que delineará nuestro futuro será de importancia capital retomar nuestra historia, analizar debidamente nuestro tiempo y visualizar la sociedad que queremos y podemos construir.

Es la hora de los desafíos, de pensar con visión propia y latinoamericana. Visualizo una patria alegre, solidaria, tolerante, democrática, participativa, ejemplo de real convivencia social, promotora de la paz mundial y de un futuro para todos; con un modelo inédito, propio, bolivariano y latinoamericano para del siglo XXI y los que vendrán. Una Venezuela Socialista que preserve el principio rector de poner al hombre en el centro de la política económica. Bienvenida la discusión. Llegó la hora.

Juan Arias
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