¡Yo soy un pendejo!

Cumplí durante el período 209-2013 la responsabilidad de ser Alcalde del Municipio General Manuel Cedeño del estado Bolívar. Caicara del Orinoco, el epicentro de la Patria como la calificó nuestro eterno y amado Comandante. Disculpen que escriba estas notas en primera persona, pero quería compartir esta experiencia. A veces ando en la calle, o estoy en cualquier lugar público y oigo como, de manera poco disimulada y en tono de burla, algunos murmuran: mira como quedó el pendejo ese, ¡¡limpio!!. Algunos mas osados se atreven a decirme en tono sarcástico ¡pa' lo que quedaste Milthon Tovar!.

Inclusive, a lo interno del PSUV, un grupo empujado por el odio, el resentimiento, la ambición y la codicia que se organizó para emprender un plan de linchamiento moral y político en mi contra, uno de los argumentos que utilizaron y aun utilizan para reclutar aliados y apoyo, es que al entregar el gobierno se dejaron en las cuenta de la Alcaldía más de quince millardos de los viejos. Le dicen a los compañeros, “mira como quedaste, en lugar de repartir ese dinero se lo dejó a Falcón”... “En lugar de utilizar esa plata en la campaña, no lo hizo y perdimos como unos pendejos”. Para algunos, cometí el pecado de no disponer una plata que no era mía, ni del PSUV, le pertenecía al pueblo.

No se cuantos serán los que dicen o piensan cosas como esa. No se si serán muchos o pocos. Lo cierto es que refleja una especie de subcultura perniciosa que tenemos los venezolanos. Es natural, normal y hasta lógico que quien haya estado en una posición de poder salga rico, obtenga bienes, fortuna o por lo menos deje de ser un pela bolas. Seguramente para los que dicen y piensan de esa manera, yo sería bien visto si tuviera fincas, casas, carros o bienes de fortuna. Sería una especie de héroe o de ejemplo a seguir si me paseara por las calles de mi pueblo en tremenda camioneta campaneando un whisky. En ese caso no tengo dudas que muchos de los que hoy intentan lincharme; los que hoy me cuestionan y me critican serían adulantes de primera fila.

Ahora, siempre dije que llegué a ejercer la responsabilidad de Alcalde no para hacerme rico. No para robarme los reales. Llegué, eso sí, para servir. Para ayudar un pueblo en el que nací, me crié, donde vivo y al que amo profundamente. Para dar mi modesto aporte en función de un sueño. De un ideal que encarnó y encarna Hugo Chávez. Sin poses. Sin demagogia hipócrita. Allí estan los hechos. Alli está una gestión, con errores, sin dudas, pero también con muchisimos aciertos, resistiendo cualquier manipulación perversa.

Hoy ando por las calles de mi pueblo con la frente en alto. Con la satisfacción del deber cumplido. Vivo de mi salario como trabajador de la Universidad de Oriente. No tengo vienes de fortuna. Tengo la misma casa que tenía antes de ser Alcalde. Muchas veces ando a pie o utilizo el transporte público para movilizarme. Hago mi cola en el banco, en el mercado, en la farmacia, para comprar el gas,en el Mercal o PDVAL. Cuando enfermo o algún miembro de mi familia tiene un problema de salud vamos al hospital público o al CDI. Sufro las penurias y angustias que sufre cualquier ciudadano en estos tiempos de crisis. En fin, tengo el mismo estilo de vida que tenía antes de ser Alcalde. No me quejo de eso, por el contrario, siento la tranquilidad espiritual de haber hecho lo correcto. De obrar de acuerdo a mis principios y a mi conciencia.

Pero esa forma de pensar y sentir; esos valores o antivalores; esas creencias, ¿son casualidad?. ¿No obedecen a una ideología, a una concepción del mundo que se impone por distintos y poderosos medios? Que es asumida por muchos como algo normal y legítimo. Que se incorpora sin mayor resistencia al sentido común de nuestro pueblo y termina siendo aceptada pasivamente y, lo que es peor, guiando su vida cotidiana. La misma concepción del mundo que nos lleva a pensar que no podemos ser gobernados por un obrero, por un chofer de autobus. Que el gobierno es cosa de doctores. De seres superiores. Es la misma concepción del mundo que llevó a Gonzalo Barrios a decir que “en Venezuela no había razones para no robar” y la misma que parió la famosa frase “a mi no me den, ponganme donde hayga”.

En estos tiempos de guerra de cuarta generación que vivimos en Venezuela, la aniquilación premeditada de la conciencia. La imposición de antivalores por distintas vias pareciera ganar la batalla, que en el fondo es la batalla del socialismo contra el capitalismo. La enfermedad de la codicia, el enriquecimiento fácil y el individualismo permean y empapan muchos estratos de la sociedad y nuestro liderazgo luce débil para enfrentarlo. Es necesario Revisar, Rectificar y Reimpulsar. Es absolutamente impresciendible hacer un esfuerzo por elevar la conciencia de los humildes; con nuestras mejores armas, el amor y la solidaridad, dar la batalla en el campo de la ideología; de lo contrario, tipos como yo seguiremos siendo vistos como unos pendejos. Unos pajuos, pues...

Militante de la Revolución Bolivariana. Chavista hasta la médula espinal.


milthontovar@gmail.com

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