Sindéresis

Héctor Rodríguez, una nueva torta, esta vez en José Vicente Hoy

Él jamàs hubiera sido diputado sino es por que la cúpula pesuvista, mas perdida que el décimo planeta, lo unge en un estadio Bolívar donde arrasó la oposición y en donde en cualquier circuito electoral, Hèctor hubiera recibido sonora paliza. Porque siempre el muchacho en cuyo recipiente juvenil Chàvez depositó muchas esperanzas de liderazgo, casi todo lo ha hecho mal. Es mas conocido en el Ministerio de Juventud que Gonzalo Barrios inventó, como el mas joven ministro que nada hizo por ahí a su paso. Lo mas notable de su fugaz estadía en el Ministerio de Educación es que unos millares de maestros y profesores jubilados no han podido disponer sus aguinaldos decembrinos por una insólita dejadez en el cálculo de tales beneficios a tan golpeado sector laboral.

Pero la ceguera política del ahora exaltado a Jefe de la “bancada de la Patria”, raya en la impericia política mas precaria cuando desconoce en la mismísima cara de un José Vicente atónito, que no está en la palestra publica nacional el tema de la salida del presidente Maduro. Casi como decir que casi lo dice, que no hay grandes problemas económicos en el país. O hacerse el loco ante una realidad salarial en donde el cesta tickets es de mayor cuantía que el salario de un trabajador. Por eso es que la revolución esta en vilo. Una inepta dirigencia lejos de abordar con seriedad la problemática del país, pretende esconderlo como la gatita feliz hace de la caca en la alfombra de los ricachones. Y Héctor sobreabunda el desconocimiento de la realidad.

Así pasó cuando se desconoció la realidad que las encuestas indicaban antes del 6D. Y por eso pasó lo que pasó. Todo el mundo político, chavistas y no chavistas saben que el foco opositor está en la salida pronta del presidente. Es una realidad objetiva. Si las condiciones que la oposición presenta para tal fin son constitucionales, la defensa de la revolución debe estar en la misma onda, bajo claros preceptos de respetar, como Chávez lo hizo siempre, el soberano dictamen popular. Ganar con dignidad la voluntad popular generando esperanzas de progreso y calidad de vida debe ser el pronto objetivo de la revolución. Lo contrario generará una repulsa popular de tal magnitud, que por decenas de años la esperanza socialista quedará rezagada en la historia de Venezuela, escondiendo mal que nos pese con vergüenza, el rostro de los responsables.


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Neri La Cruz


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