Relato de los sucesos venezolanos del año 1816 (I)

La guerra de independencia venezolana comprende dos grandes etapas. La primera, entre 1810 y 1815, que corresponde al tiempo de la confrontación civil y de las numerosas derrotas sufridas por las tropas republicanas; y la segunda, entre 1816 y 1821, que corresponde al tiempo de la guerra de liberación nacional contra un ejército español invasor, y de las grandes y definitivas victorias obtenidas por esas mismas tropas libertadoras.

1816 fue así un año crucial, decisivo, un año donde sucedieron varios acontecimientos de extraordinaria incidencia en la evolución del conflicto por la independencia de Venezuela. Lo importante a destacar es que desde entonces, en razón de los efectos de tales acontecimientos, la guerra tomará un giro favorable a los independentistas, permitiéndoles en vista de ello otear allá en el horizonte la posibilidad del triunfo definitivo. En el caso personal de Bolívar, se iniciará para él su tiempo de mayor madurez política y militar, su tiempo de Jefe Supremo del Ejército Libertador, el tiempo de líder integrador de las diversas y dispersas guerrillas que hacían la guerra a los españoles dentro de Venezuela, el tiempo de sus triunfantes batallas libertadoras, el tiempo de sus agotadoras campañas militares a lo largo del continente suramericano, su tiempo de constructor de repúblicas, su tiempo de líder integrador continental, de pensador antimperialista.

Sin embargo, no todo fueron buenas noticias para El Libertador ese año dieciséis. Hubo también acontecimientos infaustos, que produjeron mucho pesar en su estado de ánimo y que lo obligaron a salir del territorio venezolano, a embarcarse una y otra vez y a navegar durante varios meses las aguas del Mar Caribe. Pero no pasaba por el pensamiento de Bolívar declararse derrotado. Su tenacidad, su valentía y su indomable voluntad de victoria lo hacían sobreponerse a eventuales adversidades para de inmediato continuar en la pelea.

Buena parte de esos doce meses los pasó Bolívar navegando sobre las aguas antillanas o exiliado en alguna de sus islas. Fueron muchos los días con sus noches que El Libertador pasó surcando las a veces tranquilas u otras veces tormentosas, aguas caribeñas. De tanto navegar esas azules aguas se hizo experimentado marinero. Aprendió a manejar los instrumentos de navegación y conoció las rutas seguidas por las embarcaciones, las más seguras, la de vientos más favorables, las de corrientes más rápidas. En esos meses caribeños visitó Tres islas: Santo Domingo, Margarita y Bonaire; cuatro islotes: la Beata, Saba, Vieques, los Frailes; nueve puertos: Jacmel, Puerto Príncipe, los Cayos, Juan Griego, Guiria, Carúpano, Ocumare, Choroní y Barcelona. Los kilómetros recorridos fueron miles esos doce meses. Los riesgos y los peligros fueron también abundantes. De tanto navegar parecía que no tenía un plan definido ese ir y venir desaforado.

El periplo caribeño se inició en Jamaica donde residió Bolívar desde el 24 de diciembre de 1815 hasta el 31 de marzo del año siguiente. De aquí partió esta última fecha en la Expedición de los Cayos, con destino Venezuela. Arribó a Margarita el 2 de mayo, pero el día 25 siguiente se embarcó rumbo a Carúpano, donde llegó el último día de este mes. Todo abril se mantuvo en estas tierras del oriente venezolano procurando sumar nuevas tropas para su ejército así como tratando de reunir bajo un solo mando las fragmentadas fuerzas militares que luchaban a favor de la independencia. El primero de julio zarpó de este puerto para recalar en Ocumare de la Costa el día 6. El dia 14 siguiente salió para Bonaire y dos días después desembarcó en tal isla. Al otro día partió rumbo a las playas de choroní y Chuao. Aquí estará entre los días 22 y 23, para dirigirse ahora lejos de las costas venezolanas. Pasó por Bonaire y continuó hacia Vieques, donde permaneció los días 5 y 6 de agosto. Se embarcó otra vez para atravesar el Caribe y recaló en Guiria el 16 de este mes. Aquí estará poco tiempo. El día 22 abordó de nuevo una embarcación y se dirigió hacia Haití, lugar al que llegó el 3 de septiembre. Varias semanas pasará en la compañía de su amigo, el presidente Petión, hasta que recibe de Venezuela una solicitud de sus compañeros de armas para que vuelva a su patria a tomar en sus manos la dirección de las tropas libertadoras. Se embarca entonces en el puerto de Jacmel el 21 de diciembre y cinco días después llega a Juan Griego, pero continúa hacia Barcelona, donde arriba el último día del año. Aquí termina, por fin, ese inquieto trajinar itinerante de Bolívar sobre las olas del mar antillano. Fueron más de cien días los que se mantuvo encima de un barco, cruzando el Caribe en distintas direcciones. Dejará atrás ese mar con sus olas, sus puertos y los barcos para adentrarse ahora en tierras de Guayana, montado en brioso caballo, donde le espera el gran Orinoco con sus espesas selvas. En este ambiente quedará atrapado durante los siguientes tres años, hasta diciembre de 1819, cuando se retira definitivamente de esta parte de Venezuela rumbo a la Nueva Granada.

Lo cierto fue que hasta ese año 1816 la guerra arrojaba unos resultados realmente catastróficos para las tropas libertadoras. Las batallas de los años catorce y quince se habían perdido en su mayoría. Por su lado, el territorio preferentemente afectado por la guerra mostraba un semblante catastrófico. Ruina, desolación y muerte era lo que se veía en los pueblos y ciudades. Por misma razón una buena parte de la población había muerto; la producción económica se había venido al suelo; haciendas y hatos destruidos; pueblos arrasados; familias enteras desaparecidas; comercio paralizado. Por su lado, buena parte de los oficiales del ejército republicano se encontraban fuera del país, obligados a huir y a refugiarse en alguna isla del Mar Caribe para poder salvar sus vidas. Se sumaba a las circunstancias desfavorables la presencia en territorio venezolano, desde abril de 1815, de las tropas de la "expedición pacificadora", enviadas a Venezuela por el rey Fernando VII con el encargo de acabar con la rebelión que contra el orden colonial tenía lugar en esta parte de sus dominios de ultramar. Tal expedición, integrada por sesenta y cinco buques principales de transporte y otros de menor calado, escoltados por el navío San Pedro de Alcántara de 74 cañones, más 16.000 efectivos militares, con su respectiva dotación de armas de fuego y blancas, municiones, pólvora y uniformes mostraba un aspecto invencible. La conducía Pablo Morillo y su misión consistía en aniquilar todos los focos de rebelión emancipadora existentes en territorio latinoamericano, comenzando por Venezuela, lugar donde la guerra se hacía con mayor ferocidad. Tan extraordinaria expedición reconquistadora, la mejor pertrechada y la más numerosa jamás enviada por la monarquía ibérica a tierras americanas, la despachaba el rey Fernando, en un momento cuando a España le iba muy bien en materia militar, pues así como le ganaba en su territorio peninsular la guerra al ejército francés, le ganaba también la guerra a los independentistas aquí en América. Todo hacía presagiar que el triunfo de los españoles sería definitivo.

Después de las derrotas sufridas en 1814, Simón Bolívar se vio obligado a huir del territorio venezolano, en septiembre de ese año, y a refugiarse casi todo el año 1815 en Jamaica, posesión británica para entonces. En este lugar dedicó esos meses a realizar diligencias ante el gobierno local en procura de ayuda para su proyecto de continuar la guerra por la independencia de Venezuela. Pero sus gestiones no tuvieron éxito. La excusa de las autoridades isleñas era que la situación europea había cambiado. Ahora los reyes de España y de Inglaterra eran aliados y el enemigo de ambos era el gobierno francés. Por tanto, Jamaica no podía contravenir las órdenes de su monarca e ir en ayuda de los enemigos de España. A Bolívar no le quedó otra opción que retirarse de esta isla. Se dirigió entonces a Cartagena de Indias pero en el camino le informaron que la ciudad había sido tomada por las tropas de Morillo y tuvo entonces que cambiar de ruta. En ese momento tomó la muy certera decisión de ordenar poner proa hacia Haití. Intuía que aquí las nuevas autoridades podían ser más receptivos a sus solicitudes de socorro, pues éstas, al igual que lo que comportaba la empresa de los patriotas venezolanos, había tenido que hacer su propia guerra de liberación colonial contra Francia. La república de Haití se levantaba victoriosa luego de una cruenta guerra de liberación nacional. Por tanto, era de esperar que las autoridades haitianas vieran con simpatía la lucha de los venezolanos.

Esperando entonces una buena acogida fue que muchos oficiales del ejército libertador, con Bolívar a la cabeza, se dirigieron a la isla de Santo Domingo, donde pudieron reunirse a comienzos del año 1816, luego de varios meses de calamitoso trajinar por el Caribe. Haití, la república de los negros libres se encontraba en esos momentos fragmentada en tres gobiernos independientes, uno de los cuales, el más importante, estaba presidida por Alejandro Petión, un guerrero anticolonialista, triunfador ante las tropas francesas y libertador de esclavos. Su solidaridad con los luchadores venezolanos fue inmediata y su colaboración con la causa de la libertad de nuestro territorio será desde ese momento bastante generosa. Será la primera vez que la lucha por la independencia de Venezuela reciba apoyo de un gobierno extranjero. Por lo demás, este apoyó será inmediato, reiterado y desinteresado. Fue éste un factor de gran incidencia en el cambio que desde este año se sentirá en el desarrollo de la guerra en Venezuela.

El Libertador arribó al puerto de Los Cayos, al sur del territorio haitiano, el día 24 de diciembre de 1815, y antes de finalizar el año desembarcará en Puerto Príncipe, sede del gobierno. El segundo día del nuevo año fue recibido por el presidente Petión en las oficinas del despacho ejecutivo. El visitante venezolano nos ofrece sus impresiones de dicho encuentro: "En este momento acabo de hacerle una visita que me ha parecido tan agradable cuanto Vd. puede imaginar. El presidente me ha parecido como a todos muy bien. Su fisonomía anuncia su carácter, y este es tan benévolo como conocido. Yo espero mucho de su amor por la libertad y la justicia. Aún no he podido hablar con él sino en términos generales. Luego que me sea posible entrar en materia, lo haré con toda la reserva y moderación que exige nuestra desgraciada situación" (Lecuna. T. I. 1960: 416). Fueron varias las conferencias realizadas entre ambos libertadores las semanas siguientes, y ya para fines de enero Bolívar había logrado concretar socorros para su próxima empresa de incursionar en Venezuela. Tales socorros consistieron en 4.000 fusiles, 15.000 libras de pólvora, 15.000 libras de plomo, una imprenta y dinero en efectivo. Hubo también varios comerciantes residenciados en la isla que abrieron créditos a nombre de Bolívar para financiar su proyecto expedicionario. Fueron estos los casos de Jean Pavageau, George Robertson, Miguel Scott, S. Campbell, Robert Sutherland y Benito Chasseriau.

Pero además del hecho de la ayuda material recibida por los venezolanos refugiados en la isla, ocurrirán en Haití, durante esos tres meses que duró la estadía de Bolívar en el lugar, otros eventos no menos favorables para la empresa libertadora jefaturada por el gran caraqueño. En primer lugar, debemos mencionar la incorporación a esta empresa de las siete embarcaciones integrantes de la escuadra del almirante curazoleño Luis Brión, además de las armas y dinero aportado por el mismo Brión. En segundo lugar está el reconocimiento a la jefatura de Simón Bolívar, acordada en una asamblea realizada en los Cayos el 7 de febrero, en la que estuvieron presentes, entre otros, los oficiales patriotas: Santiago Mariño, Manuel Piar, Mac Gregor, Bartolomé Salóm, Florencio Palacios, Luis Brión, Antonio Zea, Carlos Soublette, Briceño Méndez, Anzoategui, Marimón, Pedro León Torres, Ducoudray, Ambrosio Plaza, Justo Briceño, Pedro Chipia, José María Landaeta, Guillermo Palacios y Aury. En tal reconocimiento influyó mucho la condición impuesta por el almirante Brión para incorporarse él y sus embarcaciones a la empresa. Según el almirante, "Si el general Bolívar era designado para este cargo, él emplearía todo su caudal en beneficio de la empresa, pero sólo en este caso". Fueron estos dos eventos que, sumados a otros más adelante, irán tejiendo en conjunto el nuevo cuadro que presentará la geografía de la guerra venezolana en su último lustro, que sin duda alguna reunirá características favorables al triunfo de las armas republicanas.

Mientras los hechos anteriores estaban ocurriendo en Haití, en territorio venezolano, la guerra contra las tropas invasoras de Morillo era sostenida a duras penas en varios lugares por tropas a cargo de jefes locales, sin que entre ellos existiera ninguna comunicación ni coordinación. Cada quien se valía de los pocos recursos a su alcance para enfrentar al enemigo. Lo que faltaba eran armas y municiones. De allí que estos grupos estuvieran en constante movimiento, haciendo guerra de guerrillas, atacando y retrocediendo, sin enfrentar directamente al enemigo. Los jefes patriotas que mantuvieron esa desarticulada pero persistente resistencia interna fueron José Antonio Páez en los llanos apureños, Manuel Cedeño en la cercanía de Caicara, Juan Bautista Arismendi en la isla de Margarita, José Tadeo Monagas por los lados de Maturín, Pedro Zaraza en los llanos de Barcelona, y Jesús Barreto y José Rojas en los llanos orientales. Gracias a ellos se mantuvieron esos focos de resistencia que impidieron al "Pacificador" tomar todo el territorio venezolano.

Para fines del año 1815 la isla de Margarita era el lugar donde los patriotas se encontraban en mejor situación militar. Aquí había ocurrido una rebelión popular en contra de las autoridades españolas, que las obligó a refugiarse en el castillo de Santa Rosa, Pampatar, el único lugar seguro para ellos en ese momento. Esa rebelión conducida por Juan Bautista Arismendi no dio tregua a los realistas en los meses siguientes. En tales condiciones, Margarita era el lugar más apropiado de Venezuela para el desembarco de cualquier embarcación amiga de la causa republicana. Esta información cruzó el Caribe y llegó donde se encontraba Bolívar a punto de zarpar en su flota con destino a Venezuela. En conocimiento de esa circunstancia alentadora, no dudó El Libertador en dirigir sus barcos hacia la isla. Venía a apoyar la lucha de sus camaradas margariteños y a organizar aquí una base de operaciones desde la cual incursionar en tierra firme, ahora cuando los ejércitos en pugna habían sufrido un cambio en su composición social. Ahora la guerra en Venezuela ya no era una confrontación fratricida entre compatriotas. El ejército realista ya no se alimentaba con hombres del pueblo venezolano; tampoco los miembros del mantuanaje eran los que dirigían las tropas libertadoras. Lo que ocurrió a partir del año 1815, desde la perspectiva republicana, fue un enfrentamiento contra un ejército compuesto de tropas traídas de España. La guerra pasó a ser entonces una guerra nacional de liberación, con el pueblo armado integrando el ejército libertador. Y varios fueron los casos de hombres del pueblo encumbrados a la condición de comandantes de tropas, gracias a sus hazañas militares.

Esas nuevas condiciones fueron visualizadas por El Libertador y tratadas por él con la inteligencia exigida por el caso. El 31 de marzo zarparon desde el fondeadero de la isla la Beata, al sur de la isla Santo Domingo, con destino a Venezuela, las siete goletas que componían la escuadra del almirante Luis Brión. Abordo venían, además de Bolívar y los oficiales que lo acompañaban, unos 250 hombres, más pertrechos militares, comida y dinero. Retornaban a su tierra los derrotados de 1814. Venían a retomar la lucha. A partir de ahora no habría interrupción en los combates por la independencia. Los nombres de las siete goletas en que se trasladaban eran: Bolívar, Mariño, Piar, Constitución, Brión, Feliz y Conejo. (Continuará).

Posdata: ¿Y dónde quedó la celebración del bicentenario de las luchas venezolanas por la independencia?


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Sigfrido Lanz Delgado


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