Tres países…¿A cuál perteneces?

El viernes pasado fuimos testigos, por TV, claro, de dos eventos importantes: uno en el Palacio Federal Legislativo, donde la llamada “nueva mayoría” gozaba un puyero, fiel a su revanchismo sin límites, rechazándole, por aplanadora, el decreto de emergencia económica al presidente Nicolás Maduro. Al diputado “académico”, como le llaman, José Guerra, parado en la tribuna de oradores del hemiciclo, sólo le faltó saltar sobre sus pies pro no solo de contento sino también para ayudar a hundir al barco…

El otro episodio al cual asistimos ese día, gracias a que partieron la pantalla de VTV y pudimos estar en primera fila, se desarrollaba en un elegante salón de la sede de Petróleos de Venezuela en La Campiña. Un pomposo encuentro entre el Presidente de la República y los representantes del sector exportador del país, es decir, los que supuestamente nos van a salvar de la debacle. Más de 300 empresarios a los que les fue aprobado prácticamente todo lo que pidieron. Mientras veíamos aquello, reflexionábamos sobre el hecho cierto de que esa gente representa también a los “pelucones”, a los mismos que han recibido dólares preferenciales en el pasado y que por supuesta ineficiencia del gobierno, tal como se la cantaron en su cara a Maduro, no han podido producir pero ni una botella de plástico.

“Pedimos que se nos pase del Sicad 2 al Simadi”, dijeron: ¡Aprobado!, respondió Maduro; “Pedimos que se nos exonere de la licencia especial de exportación”: ¡Aprobado!; “Pedimos que se elimine el Rusad” ¡Aprobado!...Aquella palabra se repitió como un eco cinematográfico: ¡Aprobado, Aproba…Apro…! En medio de vítores y aplausos, el Presidente remató con algo que nos removió: “Este es el problema de un Estado que se creó para crear trabas para que no haya exportación, le hemos dado con una mandarria y al final la mandarria nos la hemos pegado nosotros mismos (…)” ¿Y quién era el que sostenía y usaba la tal mandarria?, nos preguntamos.

Entonces aquel viernes llegamos a la siguiente conclusión: Maduro le tomó la palabra a Hermann Escarrá y está pactando con los sectores o clases subordinadas que, sin tener el poder político pero sí el financiero y el económico, son las minorías que le pueden proveer de legitimidad y por ende, de gobernabilidad. Como la nueva mayoría revanchista de la AN no transige, hay que jugar a la división. Así decía Maquiavelo, por cierto uno de los autores favoritos de los adecos, aparte, claro, de las revistas hípicas y los billetes de lotería.

Llegó el sábado. Sábado de tedio. En la mañana fuimos al “super” a ver qué conseguíamos para llenar nuestra precaria despensa. En la tarde-noche asistimos (por TV) al Cuartel de la Montaña, donde se celebraba el “Congreso de la Patria”.

En el acto de Pdvsa Maduro estaba vestido para la ocasión: de riguroso traje oscuro, corbata impecable, lentes con montura dorada y ese ademán de sacárselos de la cara con descuidada elegancia y cierto estilacho, como si de pronto decidiera lanzarlos al público. En el Cuartel de la Montaña estaba el otro Maduro, el hijo de Chávez, el obrero, el chofer, sin paltó ni corbata, informal, acorde con el sitio y el auditorio. Se habló allí de las nuevas tres “R”: rebelión, renacimiento, renovación, y fueron designados (no sabemos con cuál metodología o criterio) 100 venezolanos y venezolanas con la tarea titánica de elaborar “la nueva agenda de la revolución”. Al momento de la juramentación nosotros, desde casa, levantamos la mano izquierda, es decir, nos autojuramentamos, para seguir resistiendo.

¿Qué tal si se hubiesen invertido los símbolos del poder? Es decir: llevar al Cuartel de la Montaña a los pelucones del sector exportador y a los 100 privilegiados del Congreso de la Patria al elegante salón de Pdvsa. ¿Por qué fueron tan distintos esos actos, tanto de forma como de fondo?

La semana anterior, el 15 de enero, estuvimos (por TV) en el hemiciclo de al lado, en el que llaman “Protocolar” (donde sesionó por primera ¿y última? vez el Parlamento Comunal), y en cadena nacional presenciamos cómo Henry Ramos Allup, trascendiendo por completo el objeto de aquella sesión, no sólo se burló del presidente Hugo Chávez, de Nicolás Maduro, de los diputados del Gran Polo Patriótico (a quienes incluso les recomendó supositorios de moringa), de los miembros del gabinete, sino del pueblo chavista. Aquel alarde de democracia y libertad de expresión, le ha salido caro al gobierno bolivariano. ¿No saben, acaso, que los medios son más de forma que de contenido? El canal VivoPlay transmitió en vivo el discurso del parlamentario y el “gancho” era: “Lo que no se vio en la cadena” y entonces se apreciaban las caras, gestos y reacciones de los diputados del GPP. Varias veces el presidente Maduro usó el lenguaje corporal para aplacar la razonable queja de sus compañeros, extasiado como estaba oyendo la perorata de “Pájaro Loco”, mientras su edecán, el teniente Escalona le pasaba un vaso de leche.

Y en este punto del relato debemos hablar de Carlos Monsiváis, periodista y escritor mexicano quien por cierto, para cuando murió, en 2010, tenía 13 gatos cuya suerte se desconoce.

En su obra “A Ustedes les Consta” escribió: “Hay todo un nuevo país que se empieza a cronicar y documentar: el México de masas y desempleo, de frustración y esperanza bajo la tierra. Todo está por escribirse, grabarse, registrarse. Entender, desplegar, reportear este nuevo país es primordial para el periodismo escrito, televisivo, fílmico, radiofónico (…)” Monsiváis abogó por la crónica que diera voz a los “proscritos y silenciados”, en un México que en los años 80’, trataba de salir de “entre las ruinas del desperdicio burgués, y la expansión capitalista”. ¿No estamos en lo mismo ahora?

A propósito de eso, hemos reseñado hasta ahora tres países: uno que está en la Asamblea Nacional y al cual por convicción y por ADN, nunca vamos a pertenecer; otro que vimos en el elegante salón de Pdvsa, absolutamente ajeno a lo que somos; el tercer país es el que nos mostraron desde el Cuartel de la Montaña.

Pero hay un cuarto país. El país silencioso, ese que observa, que analiza, que calla. Ese que salió a votar el 6D por conciencia y convicción, por amor a Chávez. Ese que no se ve en la foto ni en la reseña del noticiario de VTV; Ese que no ha sido convidado gracias al recalcitrante sectarismo chavista; ese que, aún sin ser convocado, trabaja, hace propuestas que nadie toma en cuenta, participa como puede y defiende, a veces, lo indefendible.

Ese es el país que, como dijo Monsiváis, se está “cronicando”, el que rechaza (ante el silencio complaciente de la mayoría chavista), por ejemplo, acciones como la del alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, quien decidió regalar (en contra de lo dicho por el propio Maduro) bicicletas (que no sabemos si son bienes nacionales) al que siga su cuenta en tuiter para que él pueda llegar a los 800 mil seguidores. ¡Cuánto hemos banalizado nuestra revolución!

El cuarto país es el que intenta crecer desde las cenizas del desperdicio burgués, el de los “proscritos y silenciados”, el de los que esperan, el que no ha sido beneficiario de taxis, viviendas o bicis porque se niega a cosificar sus convicciones; el que anda de un lado a otro buscando los productos de primera necesidad o algo tan simple como el alimento de la gata…En otras palabras, el que sigue recibiendo los golpes de la mandarria aquella.

Y Usted: ¿a cuál país pertenece?

Leer original en: https://cotayorosebud.wordpress.com/2016/01/30/tres-paisesa-cual-perteneces/


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Luisana Colomine

Profesora de géneros periodísticos y periodismo de investigación en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Comunista.

 @LuisanaC16

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