Nuestra lucha para salir del mercado

Me acuerdo que había un “mercado” en mi infancia que se pintaba en sus variados colores. Allá en mi ciudad brasilera de Serra se denominaba a ello como a una instancia que servía a la venta, sobre todo de carne de buey después de ser éste descuarlizado en partes. En otros sitios, se daban otros imaginarios para evocar “irse al mercado”.

Siempre que uno busca entender de ello se va a pasar algo como si uno estuviéra fuera del air, de la comprensión porque nos hamos aconstumbrados a que “nademos” en normalidad entre sus formas incustionables pero absurdas -como hoy día ya lo sabemos todos. Así es respecto a este “mercado” como lugar de “ascenso de la vida”, de “subir”; una vida que se funda en la explotación del hombre por otro y que no carga importancia en términos de otros sentidos; su “lógica” está basada en la acumulación de bienes, de dinero, o sea, de “patrimonio” sacado siempre del ser ajeno, y que luego van a parar en nuestras manos y que vamos aceptar como cosa normal de hasta suponer como algo innamovible; que no se desprende de nosotros: como una hipótesis que no sea posible imaginarse su contrario.

¿No habría quién estuviera por trás de esse “manejo”, volviendo imposible hasta mismo el soñar?

Veamos pues afirmativamente que ¡sí!. El hecho es que desde niños fuimos bombardeados (condicionados) por nuestros “padres”, “profesores y profesoras” de primaria hasta la universidad, por “curas”, “comerciantes”, “delegados de policía”, y todo más para que pudieramos reaccionar en la dirección requerida por ellos, los oligarcas. De nuestros padres, por ejemplo, estuvimos captando y sacando las innumerables disposiciones de los denominandos primeros “represores” con los cuales ajustamos el quehacer a paritir o desde adentro de la misma sociedad: si deseamos hacer algo hay que serlo, como dice el difundo Florestan Fernandes, “dentro del orden”, lo mismo que permite que se diga de una “teoría de la bolsa” de que “se ha nacido desde una bolsa”: de conformidad con las creyencias de los padres, primero (si “católicos” o “protestantes”, “evangélicos”, también les seguiremos los pasos); ...no hay posibilidad de “conversión” en “budista”o “musulmán”... victimados y victimadas históricos que hemos insertado por el Occidente). Seguirán ellos ( padre y madres) hilvanando, en acuerdo con el orden dominante, de una insertación a su “mundo acabado”, prefijado según hilos tejidos por la dominación imperialista de turno: de griegos a romanos; españoles, portugueses; ingleses, norteamericanos, etcétera. ¡Al final, son muchos los que nos van a llevar a ese “corredor del platonismo”, según cada época jamás ausente! así como proceden esas creyencias silenciosas o sectas.

Así se da la cosa. Luego de pasada la fase de la “dependencia directa” tanto de la “madre” o del padres, en términos de esta teoría de la bolsa, a fase de lãs “transgresiones” en contra de nuestros padres y de “su” mundo hierarquizado. Ha llegado la hora de irse a las “drogas” o al “partido de izquierda” (los pobres poco van a parar a la derecha suya -aunque lo vayan). Es decir, estamos en el seno de la “bolsa” de esa referida “normalidad” porque nos han “arreglado” con antecipo a ese juego -como de payazos que nos han vestido- para que todo se quedera como todo está, sin cambio, para el bien de la dominación del hombre por el hombre. Una vez más, nos volviemos los niños de la sociedad-ciudad y nos quedamos abajo de la mesa, sin buscar el sitio de “adulto” que nos compete para mirar la mesa en su totalidad.

Es decir, seguimos tomados en una bolsa que nos prende y limita la capacidad de ver, sentir la totalidad del mundo y todo que en él hay. Nos impide pues de ser revolucionarios y revolucionados.

Una segunda cosa o momento que nos ha impedido de ver con plenitud en igualdad de circunstancia se pauta en la vida que se ha vivido aquí en la ciudad después de la expulsión del campo, o sea, al pasarse uno a vivir forzado en la ciudad en condiciones las más abjetas que hay de ser ese amontonado de cuerpos humanos en que nos hallamos todos. La relación con la tierra la vamos a olvidar y reemplazarla por una reacción “artificial” (artificializada”) con los agentes del comercio como de la comprar arroz, la caraotas negras, la leche, em uma práctica que lleva todo ello a resumirse en la compra e venta en el “SUPERMERCADO” y con ello olvidando la relación efectiva con el campo: relación vital que desarrolla y emancipa al hombre, la mujer, los niños y niñas con toda su espiritualidad con toda su potencialidade -todo lo contrario de un “mundo acabado” que atrobella día trás día a uno con su “urbanidad”: -mala consejera del humano. Todo que se pasa en la urbe es un complot en contra de la vida que hemos echado en el campo. Se puede decir que todo acaece como si fuera de esa “naturaleza”: incluso, surtimos como “promocionados” por vivir la ciudad.

Mientras ciudadanos -someramente por el hecho de vivir forzados en la ciudad- superviene el más absurdo y insensato: nos quedamos insensibles, vulnerables, con la facilidad de prácticas de todas tonterías posibles; sin sitio cierto por donde quedar, como se decía en cristianismo, tal que: “...el hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza...”

Por allí va, por razón o fuerza de la necesidad, inculcamos lo más anticultural; nos hemos desobligados a pensar en una vida basada en la totalidad cultural que era para nosotros hasta algún tiempo atrás um hartura.

La cuestión es ¿Cómo sería la vida en un sociedad socialista?

No se trata a veces de romper con valores que se han encontrado mucho ocultados por este sociedad de exclusivismo capitalista -habría que imprimirle vigor. Por ejemplo y sin embargo, van a estar presentes, que antes no pudieran manifestar por razón de intromisión del inmediatismo en que se ha vivido, um sentido de poseción fundado en posibilidades del ejercicio del individualismo: un egoísmo que no se aparta de uno; cuya programática está volcada para el incesante “autoritarismo” de una posesión por bienes materiales bajo el dominio de intereses y ganancias hasta no más poder. Se puede anticipar diciendo que un pasado histórico debería estar aflorado basado en el recuerdo de relaciones sanas -aunque comprimidas en el encajes injustos (la esclavitud, por ejemplo), pero que contiene relaciones justas, pero reprimidas y cubiertas: clamores y reivindicaciones como es la “capoeira” desarrollada a la defensa del negro o “fiesta de San Benito”, en Brasil por ejemplo, que liberan las energías de “imágenes del tiempo de trabajo” en la tierra por el negro esclavizado. Hay necesidad de volverse al pasado de la gente quien trabaja, o no de quien vive esquematizada en el robo.

Pero hay que tener en cuenta un elemento que no puede faltar en el razonamiento en contra del mercado, en el sentido basada en la “economía de mercado” -como lo quierían los neoliberales representantes del capital actual-, no más que fundado en la economía de las transnacionales o las grandes empresas de explotación mundial (“grandes esquematizadoras”) actuales.

De modo que hay una aptitud, forzada por circunstancias capitalistas, que obligan a uno a decir que “no hay forma de vivir sen dinero”. Semejante reacción está más que aliñada en el agua del río que corre entre las montañas del sistema usurpador capitalista imperialista y no sabe cómo salirse de allí -aunque que esté fácil de librarse de ello, de su manipulación.

Se debe buscar que el socialismo es donde se debe encontrar una forma nueva de ver el mundo y la sociedad en que se vive. Lo qué es determinante pasa a ser la Cultura en esta nueva forma de vida, en el sentido descompromisado del “culturalismo” en que se carga su acepción académica flaca, herarquizada y capitalista.

Imagine usted que nuestra forma de vivir se cambie y se vuelva “socialista”. Es decir que todos deberemos vivir a la base de la cultura. Todo va a girar alrededor de cultura. No habrá más una cosa que no se resulta en cultura; el dinero, la plata, va a ser un somero “instrumento de pago”, es decir, se vuelve a ser un “medio” inventado por el hombre y nada más. Usted podería clasificar la inventividad humana como algo liberado para consumir bienes culturales: del tipo comida (almuerzo y sena); indumentarias culturales; recreación cultural; estudio cultural o laser cultural, etcétera..

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