¿No volverán?

“No volverán”, como se sabe, es una consigna que se vocea, con un intenso fervor, con una indiscutible pasión revolucionaria, en todos los actos políticos organizados por el chavismo. Y se hace, y se vocea esa consigna casi con una convicción religiosa, como una especie de oráculo que fatalmente tendrá que cumplirse, sin importar que los encargados de hacerla realidad hagan o dejen de hacer.

Lamentablemente no compartimos ese optimismo desmedido y hasta cierto punto irracional que la alta dirigencia del Proceso se ha encargado de inculcar o infundir entre los seguidores del mismo. Y no lo compartimos, repito, porque no hay nada en la realidad que permita sustentarlo. Todo lo contrario, la oposición cuenta, según los últimos resultados electorales, con un elevado respaldo de la colectividad que no se puede ignorar y mucho menos negar, como alegremente se ha hecho, porque podría depararle al país desagradables sorpresas, entre ellas, su desaparición como nación soberana e independiente. De allí que como venezolano, preocupado por el destino de este mi país, vea con no poca inquietud la infinita cantidad de errores y omisiones del gobierno, y que con toda seguridad están en la base de esa fortaleza artificial que exhibe la oposición y de los ataques que ésta dirige contra aquel.

Por ejemplo, la gente estrechamente ligada al gobierno se disgusta porque tanto puertas adentro como en el exterior se denuncia que en Venezuela no existe independencia de Poderes, que es, como se sabe, el dispositivo institucional que mejor define una República y también, por supuesto, una democracia. ¿Tienen razón nuestros dirigentes y gobernantes en disgustarse en la forma tan exaltada como lo hacen ante estos señalamientos? Desde luego que no. Entre otras cosas, porque son ellos mismos los que por ignorancia o por lo que sea, han dado y están dando lugar a esas denuncias.

Expliquémonos. El artículo 21 en su ordinal tercero de nuestra Constitución expresa textualmente lo siguiente: “Sólo se dará el trato oficial de ciudadano o ciudadana, salvo las fórmulas diplomáticas”. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que el trato entre los funcionarios del estado y los de éste y la población debe ser, por mandato constitucional, como hemos visto, el de ciudadano. Y sin embargo, qué es lo que observamos: que el jefe del Ejecutivo se dirige al presidente de la Asamblea, llamándolo “camarada y compañero” Diosdado. Y por su parte, el presidente de la Asamblea se dirige al jefe del Ejecutivo en los mismos términos, o sea, “camarada y compañero”. “Camarada y compañero Hugo Chávez o Maduro, según sea el caso.

Pero eso no es todo, porque como hemos visto tanto los que se encuentran al frente de los Poderes ejecutivo y legislativo no tienen ningún inconveniente en aparecer juntos y abrazados en un mitin del partido del gobierno y llamándose mutuamente como lo hemos dicho camarada y compañero. Es decir, que no sólo violan la disposición constitucional, sino que también demuestran un desprecio inaudito por la formalidad republicana, que no por formalidad deja de tener una importancia de primer orden en las relaciones entre las distintas instituciones del estado. Tanto es así, que Julio César, al responder a algunas personas que le pedían que suspendiera el juicio de divorcio incoado contra su esposa, les dijo: “la esposa del César no sólo tiene que ser honesta sino parecerlo”. Con lo cual se demuestra la importancia que la forma y el protocolo tienen como un medio para enfatizar la importancia que algunos actos tienen para subrayar la autenticidad de los mismos. Y de acuerdo con lo que hemos visto y relatado, aquí pareciera que existe de todo menos la mencionada independencia de Poderes. A mí, por lo menos, no me lo parece. Y lo que es peor, a los enemigos del Proceso, que se la pasan recurriendo a toda clase de argucias y falsos argumentos para tratar de descalificarlo, tampoco.

Pero además de esto, existen desde el comienzo mismo de este ensayo político graves errores y desviaciones que han provocado y todavía continúan provocando graves divisiones dentro del mismo. Al punto de que el todo poderoso y omnipresente dedo presidencial, al ponerse a apoyar en la dirección del MVR a sujetos y “sujetas” carentes por completo de escrúpulos, provocaron la casi desaparición del Partido y la entronización de Manuel Rosales como el cacique indiscutible de la región. Menos mal que gracias al apoyo recibido por Pablo Pérez, cuya desastrosa gestión de gobierno fue repudiada hasta por su misma gente, el chavismo ha vuelto a recuperar tímidamente algunos espacios, que gracias a los amigos de Chávez en el MVR se habían perdido. Sin embargo, aun quedan algunos municipios, como Maracaibo, que aun están por rescatar. Lo que no resultará nada fácil hacerlo debido al grave problema del agua que inexplicable e injustificablemente sufre esta ciudad. Como la expulsión de Tascón, por ejemplo.

Esta forma autocrática y personalista de dirección del Proceso se mantuvo más o menos confinada dentro del Partido de gobierno, aunque de vez en cuando se dejaban entrever situaciones que las hacían presumir y hasta constatar. Como la expulsión de Tascón, por ejemplo. Pero ahora, esos esfuerzos en disimular y ocultar un estado de cosas que constituían un atentado contra la credibilidad en el carácter democrático del chavismo se han echado a un lado, y ese contenido antidemocrático de dirección se ha manifestado en toda su crudeza con motivo de la designación de Maduro como encargado de la Presidencia.

En efecto, en la intervención que el Presidente Chávez le dirigiera al país con ocasión de anunciarle su viaje a Cuba, donde se sometería a una nueva intervención quirúrgica, entre las cosas que dijo ante sus epígonos y mientras juguetea con la espada de Bolívar, fueron las siguientes: “Si se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República, bien sea para terminar los pocos días que quedan (un mes) y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, Nicolás Maduro no sólo debe concluir el período, sino que mi opinión FIRME, PLENA, IRREVOCABLE, ABSOLUTA Y TOTAL, es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, como lo manda la Constitución, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido de corazón”. Como se ve, lo que le faltó decir, para emular a Gómez, fue ordeno y mando o porque me da la gana.

Y la pregunta es: ¿por qué Maduro Presidente? Y lo preguntamos porque para hacer una elección de esa naturaleza, en la que estaba de por medio la suerte del País, tenía que haber una razón muy poderosa. Y sin embargo, no la explicó, Presidente; a pesar de lo trascendental del asunto, no dijo nada al respecto Presidente. Y hago estas reflexiones porque para todo gobernante auténticamente patriota todas y cada una de sus actuaciones tienen que estar inspiradas en el mejor interés de la nación. Lo cual me obliga a preguntar de nuevo: ¿responde esta designación a los mejore intereses del país? Si era así, ha debido decirlo, explicarlo, ha debido razonar esa designación, Presidente. Entre otras cosas, para evitar suspicacias y malos entendidos. Para evitar que personas tan mal pensadas como yo crean que la designación de Maduro, como tantos otros nombramientos y designaciones que se han hecho, se han realizado pensando más en el beneficio del amigo que en el del país. Perdone que se lo diga, Presidente pero alguien tenía que hacerlo, ya que esta lacra del amiguismo, que es el cáncer del Proceso, es lo que está en la base de la enorme deficiencia que exhibe la gestión gubernamental. Es lo que hace que Maracaibo, que es la segunda ciudad de Venezuela, pero que perfectamente podría ser la primera, no cuente con un adecuado servicio de agua. Y no cuenta con ese vital servicio porque al frente de Hidrolago usted mantiene a un sobrino de su mejor amigo, Rodríguez Araque, que desde el punto de vista de la moral administrativa es una verdadera calamidad (para no utilizar calificativos).

Por otra parte, no hay nada que atente más contra la necesaria unidad del Proceso que esta forma tan autoritaria y personalista de dirección. Y ello, porque además de odiosa y antidemocrática, son muy pocos los que estén dispuestos a participar en una situación en el que haya uno que mande y ordene –el capataz- y otros que obedezcan y acaten –los peones. No es necesario ser un zahorí o un adelantado para entender que hechos como este, tan contrarios a los principios que se proclaman, podrían generar descontento y hasta divisiones como los que ya ha provocado. Aquí en el Zulia, por ejemplo, el MVR se dividió porque el Presidente, contrariando la voluntad de la militancia, la cual jamás fue tomada en cuenta, se empeñó en poner al frente del Partido un par de sujetos proveniente de AD que, como era de esperarse, casi logran la desaparición del Chavismo. Ahora, gracias a los “invalorables servicios” de Pablo Pérez, está mostrando, con excepción de Maracaibo, signos de una cierta recuperación.

Pero regresando a la designación del sucesor de Chávez a la Presidencia, creo que lo mejor hubiera sido haber dejado que los ministros y algunos dirigentes del Partido –algunos, no todos- escogieran libremente y sin presión el candidato. Eso era lo más razonable para evitar herir susceptibilidades y para preservar la armonía en el equipo gobernante. Y porque, además, eso era lo que más estaba acorde con la índole democrática del Proceso. De tal manera, que o se acaba con el dedo o no se podría evitar el indeseado regreso.

Estamos seguros que esta no será la última devaluación que se produzca en el país. La situación financiera de las empresas quebradas del aluminio de Guayana y los altos sueldos en Corpoelec, presionan para que medidas como estas se repitan en el futuro. Maravillas del Control Obrero.

Todos los gobiernos cuando toman medidas contrarias al interés de la población, en este caso contra el salario real de los trabajadores y el poder adquisitivo de las personas, tratan de justificarlas diciendo que las mismas se adoptan para garantizar la prosperidad y bienestar del país. Cuando la realidad es que las devaluaciones lo que provocan es el encarecimiento de los bienes y, por lo tanto, empobrecimiento. Si las devaluaciones fueran un recursos para superar crisis y generar prosperidad y progreso, como lo afirma el ministro Jaua, todos lo países vivirían devaluando todos los días. Lo de este ministro es un monumento al cinismo.

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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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