¡Qué pena dan los repetidores que no entienden

La verdad es que da pena, mucha pena, que los padres –imagino que algunos fallecidos- de los que se denominan economistas, hayan perdido dinero en la formación de sus hijos en esa carrera criticada durante décadas, porque el objetivo de unos cuantos que han andado pisoteando las universidades venezolanas, no han ido mas allá de repetir las teorías y los modelos con que las grandes naciones capitalistas les han estado manoseando por años.

Y resulta que esas teorías económicas han estado dirigidas únicamente a optimizar el modelo de apropiación de los recursos naturales del mundo, sin importar en donde estuviesen, su conversión en la mas variada cartera de productos o artículos y su optimización especulativa a través de esas otras herramientas desviadas, como son el mercadeo y la publicidad, la misma que también -por desviada que ha sido- es utilizada como propaganda de ciertos valores que nada tienen que ver con las personas sino con el aprovechamiento de la fuerza de trabajo productivo que tiene todo ser.

Así, el ser humano se convierte en un sujeto, individuo, que tiene mucha capacidad para producir, que en efecto lo hace y a quien la organización que lo utiliza suele revertir una parte de lo que produce y con la certeza de que el trabajador entra lo mas pronto posible y con pocas posibilidades de devolverse, al viciado círculo del consumo, salvo que pueda adquirir la suficiente conciencia política que le permita apartarse de esa maraña capitalista que lo convierte en un porfiao citadino, de esos que se agolpan en los centros comerciales a dar vueltas como un trompo o a los que creen alimentarse bien al entrar en un local de comida basura, sin olvidar a los maniatados por la publicidad que les hace consumir una andanada de mensajes diarios, reforzadores del consumo.

¡Sin olvidar a esa publicidad política que los hace decir sandeces vía twitter o Facebook!
La cuestión está, lamentablemente, en que tenemos un sector de la población que debe ser curado de las mordidas mentales que le ha dado el capitalismo a través de la publicidad, la televisión, el cine y unos cuantos medios de incomunicación impresos y audiovisuales que hacen nido en la corriente fascista venezolana y latinoamericana. Entonces, tenemos a unos cuantos tontos retorcidos, que repiten y mal repìten sin cesar frases, párrafos e ideas que ellos mismos no comprenden y que hay que rescatar de donde los arrojaron.


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