El poder económico y las armas del capitalismo

Introducción

La cuestión del poder, un tema generalmente incomprendido por el común de la gente, a veces desestimado por algunos intelectuales posmodernos, siempre enmascarado por ciertos propagandistas de la burguesía, es sin dudas un tema fundamental que debe dilucidar y comprender todo proceso que pretenda ser revolucionario.

Siendo como es un conjunto complejo de relaciones de fuerzas sociales, económicas, políticas, militares, culturales, mediáticas, y pare usted de contar, él no admite un análisis parcial o desprevenido. No obstante que, y obviamente de una manera equivocada, muchos políticos y opinadores perece que sólo entienden el poder como una cuestión meramente política, exclusivamente relacionada con algunos de los poderes instituidos, o con determinados movimientos sociopolíticos.

De tal manera que, ya sea deliberada o inconscientemente, esta visión parcial sólo les permite ver la acción de algunos factores políticos destacados, mas no todo el conjunto de relaciones sociales que interactúan de un modo concreto en cada sociedad. Es por ello que las conclusiones a las que arriban no son siempre satisfactorias.

Prevenidos de tal error, con este escrito queremos llamar la atención sobre un aspecto que, no obstante siendo fundamental, parece estar oculto o disimulado en ciertas críticas y análisis de la realidad socioeconómica mundial o nacional: se trata del poder económico capitalista y sus herramientas de dominación.

Es cierto que este tema que ya fue abordado antes por los clásicos de la economía, pero resulta que los métodos para llevar a la práctica el dominio del poder económico por parte de las empresas privadas han “evolucionado”. En este sentido, es tal vez la escritora y periodista francesa Viviane Forrester, en un ensayo conmovedor, elocuente y sobre todo premonitor, publicado por primera vez en 1996, quien describe de una manera más actualizada este capitalismo realmente existente, con sus armas de poder y sus políticas artificiales.

Por nuestra parte, debe destacarse que Venezuela sigue siendo una economía mayormente capitalista, pero enfrentada a un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, cuya Constitución propugna unos valores muy superiores y distintos a los valores esenciales de la economía capitalista. Por supuesto, este enfrentamiento tenía que originar una pugna inevitable entre esos factores, cada uno de los cuales está batallando con sus propias armas. Los ataques devaluacionista a la moneda nacional, el acaparamiento de bienes, la especulación con los precios y otros métodos de presión de la economía privada, por una parte; y las regulaciones, inspecciones y decomisos, como medidas de fiscalización y control legales por parte del Estado, no son sino las escaramuzas de una batalla mayor e inevitable por el poder.

¿Qué es el poder?

“Sucede que el Estado no es lo mismo que el poder. Este último (que se burla de los Estados, que suele entregarlos en concesión y delegarlos para administrarlos mejor) nunca cambió de manos. Las clases dirigentes de la economía privada en ocasiones perdieron el Estado, pero nunca el poder” (V. Forrester, 1997; 53)

Desde una concepción semántica más amplia: Poder se entiende como la capacidad de una persona o de un grupo de personas para influir en los resultados, de tal forma que sus preferencias tengan prioridad sobre las preferencias de los demás. Desde el punto de vista epistemológico, se entiende el poder como un rasgo propio de las relaciones, como un proceso social que influye en los resultados de las acciones, como la forma en que el sistema opera poniendo en ventaja a unos y en desventaja a otros, dando así prioridad a unos valores sociales sobre otros (S. Strange, 2001; 38-47), o privilegiando los intereses de una clase o sector de clase que resulta hegemónico. Esta relación hegemónica dominante y de dominación se expresa concentradamente sobre la base de una múltiple y compleja madeja económica, cultural, ideológica y política que atraviesa todo (I. Rauber, 2006; 36-37).

El poder se entiende entonces como el resultado de un conjunto de relaciones de fuerzas sociales. Tres son los factores de poder determinantes en esa compleja madeja de relaciones: 1) El primero de ellos es el poder real económico, que cuenta con sus propias estructuras, tejidos y metabolismo; 2) otro es el poder político, que comprende tanto el poder instituido del estado como el poder constituyente del pueblo; y 3) el tercer poder está representado por el sistema sociocultural, cuyos rasgos esenciales caracterizan un particular modo de vida.

En efecto, tal como señala Isabel Rauber en el libro antes citado, ya sea que se trate de una formación social capitalista consolidada o de una en transición, estas relaciones no se reducen a la esfera del poder político, se asientan en las relaciones económicas establecidas por el dominio del capital, que se reafirman y reproducen a través de un complejo sistema sociocultural que define a un determinado modo de vida.

Así entonces, el Estado, aunque fundamental, es sólo una parte del poder político, y del Poder. Frente al estado, o junto a él, se yergue el verdadero poder económico. Efectivamente, el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económica dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante (Lenin, 1975; 14). Este dominio pude y suele ejercerse de manera directa o indirectamente. Engels, citado por Lenin en el mismo texto, sostiene que en la república democrática la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la corrupción directa de los funcionarios y, en segundo lugar mediante la alianza del gobierno con la Bolsa.

En la actualidad -prosigue Lenin-, el imperialismo y la dominación de los bancos han “desarrollado”, hasta convertirlos en una arte extraordinario, estos dos métodos adecuados para defender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren (Lenin, ob. cit.; 15).

¿Las armas del poder?

“La economía privada jamás las perdió. A veces vencida o amenazada, siempre supo conservar sus herramientas, en particular la riqueza, la propiedad, las finanzas. En caso de necesidad, supo renunciar por un tiempo a ciertas ventajas, por otra parte muy inferiores a aquellas de las cuales no se desprendía” (V. Forrester, ob. cit.; 52).

Obviamente, hoy día el poder económico de la burguesía ha diversificado mucho más sus métodos, hasta llegar al extremo de desarrollar prácticas verdaderamente mafiosas en áreas fundamentales de la economía, con las que persiguen chantajear o presionar a los gobiernos, para que permitan “la plena libertad de los mercados y el capital”; o en su defecto, para desestabilizarlos y derrocarlos cuando ellos no se doblegan a los intereses y propósitos de la burguesía.

Un buen ejemplo de esas prácticas se puede observar actualmente en Venezuela, donde a pesar de los controles que aplica el Gobierno Nacional a las empresas procesadoras, almacenadoras, distribuidoras y comercios de alimentos, algunas incurren en ilícitos e incumplen con las leyes para crear una mala imagen del Estado y obtener una elevada suma de beneficios. Como una prueba de tal afirmación, diversos medios periodísticos han identificado algunas de esas prácticas en comercios para crear fallas en el abastecimiento de alimentos y otros rubros. Tales prácticas son: el desequilibrio en la distribución, el acaparamiento, el desabastecimiento, la especulación, el mercado negro informal, el contrabando, el cierre temporal de empresas y la manipulación mediática (Ver p. e. el reportaje de Howard Díaz, 21-01-2013).

Contradiciendo las declaraciones de representantes de gremios empresariales y economistas de la derecha, quienes atribuyen el desabastecimiento y la escasez a los controles oficiales y a la falta de divisas para la importación de insumos, el Gobierno Nacional a través del Plan Conjunto de Inspección y Fiscalización informa haber incautado en los meses de diciembre y enero últimos más de 19 mil toneladas de alimentos acaparados que pretendían ser expendidos en tiempo indeterminado y con sobreprecio (Ver declaraciones de la ministra de comercio Edmée Betancourt, 26-01-2013).

Por supuesto, la escasez real o provocada de bienes origina el consiguiente aumento en la demanda como en los precios de los mismos. Así, destaca J. C. Gambina (2013), los precios suben y los ingresos populares no alcanzan. Es una situación que genera insatisfacción y habilita conflictos en la disputa por la apropiación de la renta y la riqueza socialmente creada.

Otra práctica importante es la que consiste en la gran presión que ejercen los factores económicos de poder para que el gobierno periódicamente ajuste el tipo de cambio y se consuma una devaluación lineal y sustancial de la moneda nacional. En este sentido –explica el economista Simón Andrés Zúñiga (08-02-2013) en un esclarecedor artículo-, los ataques cambiarios que se inician en el último trimestre de cada año, representa un mecanismo de control y dominio en las decisiones de política económica del Estado Nacional. Entonces, la política económica, y especialmente la macroeconómica, se convierte en un campo de batalla donde se libra una confrontación por la renta petrolera.

¿Quiénes se benefician y quiénes se perjudican con la devaluación?

Según Zúñiga, el venezolano es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.

Evidentemente los grandes beneficiados con las devaluaciones son: la banca privada, los monopolios comerciales y productivos, los grandes tenedores de títulos públicos en dólares (incluyendo, hay que decirlo, no pocos funcionarios públicos bien ubicados y con divisas extranjeras), quienes saldrán fortalecidos y no sólo tendrán más bolívares, sino que tendrán más fuerza para pedir más devaluaciones. Mientras que por el otro lado, la devaluación afecta la dimensión social, en la medida que produce desempleo y caída de ingresos, a partir de los sectores productivos que salen perjudicados.

Argumentos para explicar la inflación y la devaluación siempre existirán en abundancia, para eso está esa íntima coalición de sectores mediáticos y de economistas liberales que todo el tiempo buscan racionalizar y justificar la codicia y el fraude por parte del poder económico-financiero. Aunque, tal como apunta Gambina, en un sano juicio debe reconocerse que:

“Es cierto que los precios se modifican por circunstancias globales que inciden en los importes en que se comercian las materias primas y los alimentos, tanto como en las variaciones del tipo de cambio, que es también un precio, el de las divisas contra una moneda nacional”… Que “no todos los países manifiestan del mismo modo las variaciones globales de precios, ya que existen los Estados nacionales y sus “políticas económicas” para mediar e intervenir en el mercado de compra venta, local, regional, o del mundo”.

“En todos los casos es una cuestión de poder, sea en el mercado o en el estado, de poder fijar precios, de potestad para imponer precios, de ocupar posiciones que permiten vender bienes y servicios a esos precios elevados”…“Es una cuestión de poder, y la inflación es también una cuestión de poder, de poder subir o reducir los precios. Es una batalla, y ya se dijo que en ese combate lideran los patrones y las mediaciones legales, políticas, incluido el propio Estado”… “Como batalla que es, expresa una correlación de fuerzas”… “Sin afectar esas relaciones de dominación resulta difícil dominar la inflación”–concluye Gambina-.

Febrero 09 de 2013

Introducción

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Referencias:

[1] Forrester, Viviane (1997). El horror económico, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires; También se puede leer en: bibliotecasolidaria.blogspot.com/2012/08/el-horror-economico-de-viviane-forrester.html

[2] Strange, Susane (2001). La retirada del Estado, Icaria Editorial/Intertmón Oxfam, Barcelona.

[3] Rauber Isabel (2006). América Latina, Poder y Socialismo en el siglo XXI, Vadell Hermanos Editores, Valencia.

[4] Lenin, V. I. (1975). El Estado y la Revolución, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín.

[5] Díaz, Howard (2013). Identifican irregularidades en comercios para crear fallas en abastecimiento de alimentos, Fuente: AVN/Correo del Orinoco/Noticias 24, Fecha de publicación: 21-01-2013.

[6] Betancourt, Edmée (2013). Plan Nacional de Inspección y Fiscalización ha incautado un total de 19 mil 460 toneladas de alimentos, Fuente: AVN/Correo del Orinoco, Fecha de publicación: 26-01-2013.

[7] Gambina, Julio C. (2013). Inflación, conflicto social y poder, Fuente: Rebelión, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162897, Fecha de publicación: 27-01-2013.

[8] Zúñiga, Simón Andrés (2013). Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema? Fuente: Rebelión, http://rebelion.org/noticia.php?id=163508, Fecha de publicación: 08-02-2013.

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