Puntos de vista

Hablando de dignidad

El 4 de febrero no puede analizarse jamás sin considerar otros factores. El 4 de febrero es parte de un proceso histórico que desencadenó en la historia que hoy vivimos los venezolanos y que nos orienta hacia la construcción de la patria socialista, esa que anhelamos donde queden verdadera y efectivamente erradicados los vicios del capitalismo.

El 4 de febrero tiene que ver con el 24 de julio de 1783, con el 19 de abril de 1810, con el 15 de febrero de 1819, con el 24 de junio de 1821, tiene que ver también con el 4 de mayo de 1962, con el 27 de febrero de 1989 y con muchas fechas que son expresión del proceso histórico que han encaminado los patriotas y las patriotas venezolanas de todos los tiempos.

La lucha contra los modelos de dominación ha sido causa común a través de los años en esta tierra heroica, solo que el 4 de febrero le dio rostro nuevo al reclamo de un pueblo burlado durante décadas y al ímpetu libertario de los hijos del Bolívar.

El 4-F una rebelión cívico militar que marcó la historio y permitió comenzar a reescribirla con señales de irreversibilidad. Es el día de la dignidad, el día de la verdad, el día de la esperanza. Por eso, hablando de verdades, de dignidad y de esperanzas, todos y todas las revolucionarias debemos aprovechar la fecha para renovar nuestro compromiso de lealtad, de unidad, pero sobre manera de dignidad. Hagamos política con dignidad, con humanismo, deslastrada de las zancadillas y vivezas criollas tan comunes a la vieja política.

No podemos ser dignos sino somos honestos, no podemos ser dignos sino somos leales, no podemos ser dignos si convertimos la irreverencia y la divergencia en traición. Lo digo en este momento porque el día de la dignidad debe celebrarse con el corazón, rodilla en tierra para asumir tal como lo dice una de nuestras consignas más tarareadas recientemente: “todos somos Chávez”.

Para ser Chávez debemos tener conciencia plena de nuestro rol en la historia y de nuestros camaradas. Para ser Chávez, debemos asumir, tal como él lo hizo aquel 4 de febrero de 1992, las responsabilidades inherentes a nuestro papel dentro de la revolución. Para ser Chávez debemos consolidar las instituciones que requiere la revolución para seguir construyendo la patria socialista.

Para ser Chávez debemos sumar esfuerzos para acelerar el proceso de desmontaje del modelo capitalista y la instauración de un modelo propio donde prive la solidaridad, el humanismo y los mecanismos de integración necesarios para que seamos, tal como lo añoraba Bolívar, fuertes y dignos. “Me consideraría un hombre indigno si fuere capaz de asegurar lo que no estoy cierto de cumplir”, escribió Bolívar en 1812.

Para ser como Chávez debemos salvaguardar la crítica y la autocritica como instrumentos de fortalecimiento del proceso revolucionario y no como mezquina herencia de la política de cafetín. Para ser como Chávez y hablar con moral sobre el 4 de febrero debemos reivindicar las razones de aquel alzamiento patriótico que encarnó a un pueblo entero que estaba cansado de ser sometido a las recetas del FMI, un pueblo que solo recibía migajas de la oligarquía gobernante, poderosa y manipuladora.

Para ser como Chávez debemos asumir sin titubeos las tareas pendientes y urgentes para la construcción del nuevo Estado Comunal. No podemos hablar de poder popular ni a nombre de él sino hemos hecho lo que nos toca para que germinen las comunas. Los desleales no son dignos, así que el 4 de Febrero no tienen nada que celebrar. Los patriotas celebramos y reflexionamos e invocamos la lealtad como valor fundamental de esta nueva sociedad socialista. Este 4 de febrero, una vez más reviso mi compromiso revolucionario y, en el día de la dignidad, me declaro radicalmente chavista.

@natachainatti / [email protected]

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