Voces Contra el Imperio

De la necesidad de crear un liderazgo colectivo para la Revolución Bolivariana

La lealtad cuenta con el pueblo, y la traición con poderosos aliados.

Los enemigos del pueblo continúan allí, haciendo su juego a escondidas, resguardado de la luz. En sus madrigueras pactan y esperan el momento propicio para hacer su aparición formal. La traición es astuta e imperceptible, muchas veces se presenta encarnado como el más amable, leal y comprometido amigo, pero bajo sus mangas esconde el puñal que ha venido afilando en su escondite. Antes lo intentaron buscando rodear al camarada Presidente Chávez, ofreciendo un mundo de placeres y regalos, pero e estrellaron contra su muro de su moral y compromiso patrio. Ahora lo intentan de nuevo, pero esta vez de forma más sutil. Han aprendido del pasado.

Son muchos los privilegios y el venenoso poder que guarda el Estado burgués heredado por la Revolución. Tanto se ha hecho por transformarlo, pero allí sigue latiendo, y algunos pretenden conservarlo.

El delicado momento político por el que atraviesa la Revolución Bolivariana ha hecho de la unidad requisito indispensable. “La unidad y lucha de contrarios” es una de las máximas marxista. Pero la requerida unidad no exige dejar de lado la lucha de contrarios. Nadie aquí, ni allá (la derecha), es ingenuo. Los opositores a la Revolución Bolivariana, a la integración regional, al ALBA, al desmantelamiento del Estado burgués, el impulso de las Comunas y del Poder Popular y Obrero (gestión socialista en las empresas recuperadas), etc. también se encuentran entre nosotros, disfrazado de aliado. Esto lo sabemos, pero el momento apremia bajar nuestros impulsos, ser fríos y más responsables con las críticas para no dañar la unidad.

Las ideas que el camarada Presidente Chávez hizo germinar en muchos de nosotros, todavía necesitan madurar, debatir y ser probadas. Ellas se han hecho banderas para otros pueblos que hoy luchan contra la opresión de sus burguesías locales y foráneas. Las ideas y políticas de integración adelantadas por el gobierno revolucionario y los gobiernos aliados de la región hoy son reconocidas y vistas con mucha simpatía por otros pueblos que son victimas de los mecanismo mercantiles de la vorágine globalización capitalista. Nada puede ni debe truncar nuestras banderas, así como la crítica, el debate y la reflexión de las cuales depende el avance de toda genuina revolución.

Es previsible que el acecho imperial contra el gobierno revolucionario tienda a enconarse, aprovechando la actual coyuntura política generada por la enfermedad del camarada Presidente Chávez. Hasta ahora la actual dirección del gobierno ha sabido truncar los planes desestabilizadores e intervencionistas de la canalla nacional e internacional. Pero la requerida unidad para hacer frente a la traición, al imperialismo y su lacaya burguesía necesita enaltecer un espacio que, hasta ahora, ha sido un poco marginado. El Gran Polo Patriótico (GPP) debe ser ese espacio.

En las filas revolucionarias no existe nada ni nadie que se le pueda acercar al liderazgo del camarada Presidente Chávez. Su personalidad, carisma y amor por el pueblo y viceversa, su compromiso e ímpetu revolucionario, su arrojo son casi únicos y no encuentran iguales en la historia reciente del país. Chávez es un líder genuino, de esos que muy poco se repiten en la historia. Por ello, y mientras avanza la recuperación del Presidente Chávez, la Revolución Bolivariana está llamada a construir y fortalecer la dirección del GPP que, en la suma de sus miembros, genere un liderazgo colectivo.

El GPP debe trascender también, al igual que el PSUV, la coyuntura electorera y proponerse como el espacio verdaderamente democrático donde confluyan todas las ideas, las críticas y el debate de la militancia política revolucionaria de los diferentes partidos y movimientos sociales que apoyan a la Revolución Bolivariana. La dirección del GPP está llamada a conformarse como el Comité Central de la Revolución Bolivariana compuesta por miembros que, en su mayoría, no posean responsabilidades directas en la dirección del Estado. La libertad de la mayoría de sus miembros a las ataduras burocráticas del Estado permitiría al GPP reencontrarse consigo mismo y disponer de más tiempo para hacer verdadera política y atender las necesidades inmediatas: batalla mediática contra la desinformación promovida por la derecha y la escuela de formación y supervisión de cuadros.


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