La turulata derecha imperial insiste en sus traspiés mientras, el chavismo se afirma como proyecto país

“…el Presidente ante un hecho sobrevenido, podrá juramentarse ante el Tribunal Supremo de justicia…El artículo 231 prevé esta situación y reenvía al TSJ la facultad de decidir el momento en que el Presidente de la República pueda o no juramentarse y asumir su investidura plena. No olvidemos que aquí estamos hablando de investidura plena, pero también estamos hablando de investidura soberana. El Presidente, desde el punto de vista de la soberanía, es el Presidente, no hay otro, y no podría el poder constituido por un tema de una fecha en un momento determinado, revocar el mandato de la mayoría popular, porque sería sería tanto como violar un principio sagrado que está en el artículo quinto de la Constitución que dice que el poder reside en la soberanía del pueblo”.

Dr. Herman Escarrá Malavé


El debate que se ha suscitado en el país con relación al 10 de enero que es el día que señala la Constitución, en su Artículo 231, para que los Presidentes de la República Bolivariana de Venezuela hagan su juramento ante la Asamblea Nacional, dando inicio a cada período presidencial, ha servido para poner en evidencia una vez más, la errática manera que tiene la derecha imperial de conducirse en la política venezolana.

Esta derecha que es imperial en tanto que prisionera o sujeta de los designios que le marcan desde el Departamento de Estado de los EEUU y que, por esa misma razón, está imposibilitada para desarrollar o siquiera concebir una visión de país autónomo e independiente, es decir, es apátrida, pretende utilizar, aviesamente, la coyuntura que se presenta con motivo del delicado estado de salud del Presidente Chávez, hoy con la doble condición de: Presidente en Ejercicio, autorizado, unánimemente, por la Asamblea Nacional a estar en la hermana República de Cuba para atenderse la grave enfermedad que le aqueja y de Presidente Reelecto, mayoritariamente elegido por el voto del pueblo venezolano en las recientes elecciones del 07 de octubre de 2012; para crear un clima propicio a sus manifiestos propósitos de retornar al poder, con el fin de usufructuar las riquezas nacionales en combinación con los círculos económicos del capitalismo mundial.

Considera esta derecha que se le podría estar presentando una situación propicia para alcanzar el poder, no precisamente por la vía constitucional que desde hace 14 años le ha sido tan elusiva, recibiendo derrota tras derrota en las tantas veces en que ha optado electoralmente, sino recurriendo, nuevamente, a esos mecanismos perversos, en los que, por cierto, también, ha sido derrotada reiteradamente. Sí, es como ya han adelantado algunos analistas, esta derecha es como los Borbones, esa dinastía española que ni aprende ni olvida. La derecha venezolana, que como dicen en mi pueblo, allá en el Rio Caribe acogedor y eternamente añorado, quedó turulata y dando traspiés, desde la primera derrota que le propinó el Comandante Chávez al frente del pueblo venezolano en las elecciones de diciembre de 1998.

A partir de esa memorable oportunidad, la derecha no ha hecho sino dar traspiés, incapaz de pensar y sin cabeza propia, se ha conducido de manera incierta, del timbo al tambo, sin un manejo científico de la política pero con una visión obsesiva que le imposibilita razonar.

En los actuales momentos, su desorientación y despiste es más que manifiesto; no terminan de asimilar las dos derrotas que en menos de tres meses se les propinó en las mesas electorales, cuando ya comienzan, con sus consabidos traspiés, a elucubrar situaciones que están muy lejos de la realidad en que felizmente se desenvuelve el país.

La economía del país se observa sólida, en crecimiento progresivo, con el PIB por encima del 5,5 %, la inflación bajando a pesar de la escasez de productos propiciada por la burguesía acaparadora, el desempleo en descenso continuo, los servicios básicos como la vivienda, salud, educación, etc, concebidos y funcionando para satisfacer las necesidades de la gente, la alimentación y la nutrición de la población mejorando notablemente, los niveles de pobreza bajando permanentemente, la seguridad social expandiéndose ampliamente, la sensación de pueblo con expectativa de mejoramiento a flor de piel, la organización popular tomando cuerpo en múltiples y diversas expresiones organizativas, el nivel educativo, cultural y de formación y conciencia política acentuándose cada día más, la noción de la integración y de la solidaridad internacional avanzando notoriamente en el sentimiento del pueblo, la unión cívico-militar tomando cuerpo a lo largo y ancho del país, etc,; indicadores estos sustentados y fundamentados en informes del Banco Central y de organismos internacionales para nada dependientes del gobierno nacional.

Es decir, una realidad nada virtual que es lo que permite que se ganen elecciones con resultados tan firmes y categóricos y es lo que hace posible que el chavismo, que es la confluencia del ideario y la práctica del Comandante Chávez, amalgamados en un sentimiento de amor y compromiso militante con el pueblo trabajador, históricamente excluido y marginado, se afirme como Proyecto Político, como Proyecto País, orientado en los lineamientos históricos contemplados en el Plan Socialista de la Nación 2013-2019, base conceptual, política y práctica para inspiración y forjamiento de la nueva sociedad socialista del siglo XXI.

Mientras Venezuela se mantiene en un ambiente de absoluta estabilidad política y social, con todas sus instituciones funcionando normalmente, con un pueblo volcado hacia el trabajo y el estudio luego de las celebraciones decembrinas, solidariamente inquieto y preocupado por el estado de salud del Comandante Chávez, recibiendo muestras de reconocimiento y solidaridad de todos los rincones del mundo, de gobernantes y pueblos hermanos, la derecha imperial o, lo que es lo mismo, la élite venezolana desplazada del control del país y los círculos imperiales, se apresta a emprender, una vez más, el equivocado camino de la aventura y de los traspiés, llamando a un paro cívico, escudándose en una supuesta defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la misma que han desconocido y despreciado en todos estos años desde que está en vigencia por voluntad soberana del pueblo bolivariano.

La mentada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el partido político Conferencia Episcopal Venezolana, Fedecámaras, las grandes empresas privadas mediáticas, es decir, la misma alianza perversa, desestabilizadora y golpista de siempre, aunque ahora más disminuida, se han manifestado en la idea de que el país ha caído en una especie de vacío de poder, e intentando pescar en río revuelto, se aprestan a llenarlo, sin tener con qué.

Opiniones respetables como las del Dr. Herman Escarrá Malavé, quien, con la sobriedad que le caracteriza, ha fundamentado que en el país no hay ni habrá vacío de poder, no es escuchada sino más bien resulta vilipendiado por esta derecha descocada. Este connotado constitucionalista, que hasta hace pocas semanas, era de obligatoria, y reverenciada, consulta por parte de la oposición venezolana a la hora de fijar posición en torno a alguna materia jurídica de cierta envergadura; ahora, cuando su dictamen no es coincidente con los enfoques y planes de la derecha opositora, entonces, resulta que el profesor Escarrá no es más que un oportunista cuya opinión está mediatizada por su aspiración a ser elegido como Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia(TSJ), para lo cual requeriría del apoyo de los votos de los Diputados chavistas en la Asamblea Nacional, que es la instancia que designa a los miembros del Máximo Tribunal de la República, buena parte de cuyos integrantes les corresponde, por ley, ser nombrados en los próximos días; tamaña grosería sólo cabe en la mente torcida de una derecha disminuida, errática y divorciada de la realidad del país que no da pie con bolas desde hace años.

No hay dudas, con una derecha de esta naturaleza la Revolución Bolivariana está garantizada por muchos años. Dios bendiga a esta derecha turulata. Amén.



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