Ni Chávez se va a morir, ni la Revolución va a caer

Desde principios de diciembre, la Revolución Bolivariana enfrenta uno de los momentos más difíciles de su devenir histórico: su máximo líder, Hugo Chávez, ha tenido que someterse a otra intervención quirúrgica debido a la reaparición del cáncer que se le detectó, por vez primera, en junio de 2011. La presente coyuntura debe profundizar la unión de los movimientos sociales del proceso venezolano y neutralizar la campaña insidiosa de la derecha con respecto a la salud del Jefe de Estado.

Las necedades discursivas de la plutocracia al esgrimir figuras jurídicas como la de la “falta absoluta”, para intentar propiciar un “coup d’état” técnico contra el Presidente reelecto, dejan al descubierto el innegable analfabetismo funcional reinante en los predios oposicionistas. La “pléyade” de abogados, intelectuales y constitucionalistas de la élite burguesa, pone de manifiesto la aberrante incompetencia lectora de quienes destruyeron este país por cuatro décadas.

Sin haber estudiado Derecho, cualquiera puede echar un vistazo a la Constitución de 1999 y constatar que la “oh-posición” ha tratado de hacer una tormenta en un vaso de agua. Más diáfanos no pueden ser los artículos 231, 233, 234 y 235, del texto de marras. En especial, el 231 reza: “Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental certificada por una junta médica (…); el abandono del cargo (….); así como la revocación popular de su mandato (…)”. Desde luego, ni Chávez ha muerto; ni ha renunciado; ni ha sido destituido por el TSJ; ni ha sido declarado incapaz –física o mentalmente- por una junta médica; ni ha abandonado el cargo; ni mucho menos ha sido revocado su mandato por consulta popular. Hugo Chávez es un presidente en ejercicio que fue ratificado en las urnas el 7-O pasado. Además, si el Presidente no logra juramentarse ante la Asamblea Nacional, el 10E, lo puede hacer ante el Tribunal Supremo de Justicia, según lo estipula el artículo 231. C’est-à-dire, el disparate de los leguleyos de la derecha no resiste el más mínimo análisis coherente.

Lo preocupante es que varios “camaradas” en Aporrea y otras plataformas, hayan estado hablando de Chávez como si hubiese fallecido. También platican de su “testamento político” (¿?), o de convocar a elecciones de una vez con Nicolás Maduro de candidato (¡!). Algunas tesis se mueven entre el titular amarillista para apuntarse más lecturas por segundo en Aporrea, verbigracia, y el sospechoso afán de desplazar al Comandante dentro de la Revolución. Chávez es un hombre fuerte y esta amarga adversidad en la salud no será la excepción para desplegar su magnanimidad, su tozudez imbatible. Porque un verdadero revolucionario debe ser obstinado en el anhelo de vida, en la esperanza de cambio, en la búsqueda eterna de la justicia social. Sin duda, estas inquietantes circunstancias –desde 2011- nos han impregnado de una lección demoledora: Chávez no es eterno y la Revolución debe ir cimentado una novel generación de cuadros que asuma la vanguardia en el instante perentorio. Pero al Comandante le queda todavía mucho por hacer en estas tierras y regresará para gobernar.

Si Chávez escapó de una muerte inequívoca el 13 de abril de 2002, fue por algo. Si ya ganó varias batallas al cáncer y le propinó derrotas aplastantes a la “oh-posición” el 7-O y el 16D, fue por algo. Los agoreros, de lado y lado, se volverán a quedar con los crespos hechos. ¡Viva Chávez!

@rpkampuchea

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